Cosme III de Médici (Florencia, 14 de agosto de 1642-Florencia, 31 de octubre de 1723), fue el Sexto Gran Duque de Toscana de 1670 a 1723.

Juventud Fue hijo de Fernando II de Médici y de Victoria della Rovere. Su padre, persona interesada en la ciencia y la literatura, habría deseado dar a su hijo una educación laica y científica, pero cedió a las presiones de su esposa, mujer beata, que exigía para el heredero una educación religiosa. Esta elección se reveló desastrosa para el joven príncipe y consecuentemente para el estado; Cosme desarrolló de hecho un carácter extremadamente beato y muy religioso. Desde joven rechazó todos los pasatiempos y divertimentos de sus coetáneos (la caza, el teatro, la equitación y las mujeres) dedicándose solo a las prácticas devocionales, peregrinajes y cantos religiosos. No obstante, no fue inmune a los intereses científicos, que caracterizaron a toda la rama gran ducal de los Médici. En particular, se interesó por las ciencias naturales, la botánica y la zoología. Patrocinó al médico Francesco Redi y, en sus villas fuera de la ciudad, se dedicó a coleccionar especies botánicas y animales provenientes de tierras lejanas, con particular atención, por las aberraciones, lo tórrido y lo grotesco -todo ello tan del gusto barroco-, con colecciones de plantas y animales deformes. Una parte de su colección se encuentra hoy en el Museo Nacional de Antropología y Etnología de Florencia, mientras quedan trazas pictóricas o arquitectónicas de sus colecciones en las villas mediceas de la Topaia y dell'Ambrogiana.

El difícil matrimonio En 1658 el gran duque Fernando II inició algunos sondeos en las cortes europeas con el objetivo de buscar una esposa al joven Cosme, esperando que el matrimonio pudiese desprender a su hijo de su extremada beatitud. Al final la elegida, después de largos intentos y maniobras protagonizados por el cardenal Mazarino (que deseaba el apoyo mediceo para la tan soñada tiara papal) y de don Piero Bonsi, un fraile toscano residente en París, fue Margarita Luisa de Orleans, prima del rey Luis XIV de Francia.

El enlace, celebrado en 1661, fue oficiado por Bonsi, que fue nombrado obispo de Béziers y después cardenal como recompensa por sus esfuerzos; por lo demás el matrimonio fue un completo desastre, tanto para Mazarino, muerto ese mismo año, como para los dos esposos. No era de hecho posible esperar un buen resultado de la unión entre el beato y misógino Cosme y Margarita Luisa, mujer culta, graciosa, de carácter alegre y acostumbrada al entorno festivo de la corte francesa.

Su matrimonio se caracterizó por los continuos litigios entre los cónyuges, por las huidas de la princesa a las villas mediceas de Poggio a Caiano y de Lappeggi; por los continuos viajes de Cosme por Europa para alejarse de su mujer, y por breves períodos de reconciliación, durante los cuales nacieron tres hijos: Fernando de Médici (1663), Ana María Luisa de Médici (1667) y Juan Gastón de Médici (1671).

En un intento por resolver las disputas familiares, el Gran Duque Fernando II alentó a Cosimo a abandonar Florencia para un largo recorrido por los tribunales europeos: el 28 de octubre de 1667 llegó a Tirol con su tía Anna de Medici, archiduquesa de Austria. Luego viajó por el Rin hasta Ámsterdam, la ciudad donde recibió homenajes de la comunidad artística y donde conoció a Rembrandt. Finalmente, desde Ámsterdam, Cosimo fue a Hamburgo para encontrarse con Cristina de Suecia. Regresó a Florencia en mayo de 1668.

Sin embargo, el viaje, en la medida en que ayudó a levantar el alma de Cosimo, no pudo calmar los conflictos con su esposa. Entonces, con permiso paternal, Cosimo se fue nuevamente en septiembre de 1668. En este segundo viaje, el príncipe visitó España, cuyo gobernante, Carlos II, lo recibió en una audiencia privada. En enero del año siguiente llegó a Portugal, desde donde zarpó hacia Inglaterra.

En Inglaterra, el príncipe visitó las universidades de Oxford y Cambridge, recibiendo honores por la protección otorgada por su padre a Galileo Galilei, conoció a Carlos II de Inglaterra y Samuel Pepys, quienes lo describieron como «un hombre muy alegre y fascinante», y finalmente, en el viaje de regreso, se presentó a Luis XIV, su suegra Margherita de Lorena y su cuñada Elisabetta d'Orléans, quien escribió sobre él:

Después de esta larga serie de viajes de representación, el joven Cosimo regresó a Florencia el 1 de noviembre de 1669.

Fernando II murió de un derrame cerebral el 23 de mayo de 1670 y fue enterrado en la basílica de San Lorenzo en Florencia. En el momento de su muerte, el Gran Ducado tenía una población de 721 594 habitantes.

La muerte de Fernando II provocó una amarga lucha entre la nueva Gran Duquesa, Margarita Luisa, y la Gran Duquesa Madre, Vittoria Della Rovere, por su participación en el poder. Cosimo, muy dedicado a su madre, resolvió la disputa otorgándole numerosas prerrogativas y excluyendo a Margarita Luisa. En los primeros años, Cosimo III gobernó con gran fervor: implementó una política de limitación de gastos para evitar la bancarrota, permitió a sus sujetos solicitar un arbitraje en disputas e intentó reformar la administración pública del Gran Ducado.

En 1675, la Diputación para la reforma de los Magistrados fue promovida, por voluntad del Gran Duque, compuesto por algunos de los principales funcionarios del Gran Ducado, como Emilio Luci y Francesco Feroni, con el objetivo de restaurar el poder judicial más importante del Estado. En 1680, a propuesta de la misma diputación, se creó la Rueda Criminal, un tribunal penal compuesto exclusivamente por jurisconsultos, cuyas competencias se superponían a las del magistrado tradicional y más antiguo de Otto di Guardia y Balia. Sin embargo, este interés del Gran Duque no duró mucho, ya que Cosimo III prefirió volver a sus prácticas devocionales habituales y delegó la mayoría de los asuntos de estado a la madre y a un consejo privado.

Al mismo tiempo, las relaciones entre Vittoria Della Rovere y Margarita Luisa empeoraron aún más, ya que se sentía aislada de cualquier influencia política y no podía soportar las frecuentes intervenciones de su suegra en la educación del príncipe Fernando. A pesar de esto, Cosimo se reconcilió nuevamente con su esposa, quien, en el primer aniversario de la muerte de Fernando II, dio a luz a un hijo varón, Gian Gastone.

La salida de Margarita Luisa La paz matrimonial recién descubierta, sin embargo, fue de corta duración ya que, muy pronto, las continuas intrusiones de Vittoria Della Rovere agotaron la paciencia de Margarita Luisa, tanto que esta, en enero de 1672, simuló estar enferma. Luego, Luis XIV envió a Alliot le Vieux, el médico personal de su madre, Ana de Austria, a la Toscana, para visitar a la princesa e intentar una nueva reconciliación con su esposo. A diferencia del duque de San Meme, el médico rechazó el deseo de Margarita Luisa de ser invitada a Francia para recibir tratamientos térmicos, al haber entendido que era un truco para escapar de Florencia, y logró convencer a Cosimo III de que concediera a su esposa la villa de Pratolino como residencia durante al menos unos meses.

Después de casi un año, Cosimo obligó a su esposa a regresar a Florencia, pero ella se negó y obtuvo con fuerte presión el derecho a vivir en la villa de Poggio a Caiano, incluso si el Gran Duque le impuso una escolta permanente de cuatro soldados y le ordenó cerrar las puertas y ventanas para evitar que se escapase.

El 26 de diciembre de 1674, después de haber fracasado en cualquier intento de conciliación, Cosimo III aceptó el deseo de su esposa de mudarse permanentemente al convento de Montmartre, en París, otorgándole la dignidad de alteza real y una pensión de libras. La Gran Duquesa abandonó la Toscana en junio de 1675 después de haber saqueado la villa de Poggio a Caiano de cualquier objeto valioso, sin ser particularmente lamentada por sus súbditos o su esposo, que recurrió a los placeres de la comida:

De nuevo con respecto a su glotonería, una leyenda dice que el tiramisú fue creado por algunos pasteleros de Siena con motivo de una visita de Cosimo III a su ciudad, un episodio del cual el tiramisú también habría tomado el apodo de sopa del duque.

Los años de reinado 250px|thumb|Cosme III de Médici, VI gran duque de Toscana En 1670 moría el gran duque Fernando y Cosme subía al trono. Los primeros años como gobernante no fueron decepcionantes: el nuevo gran duque se interesó personalmente por la administración y las finanzas de estado, animando a sus súbditos a dirigirse a él directamente para cualquier petición. Este sistema no duró mucho y prefirió volver a sus ocupaciones religiosas, mientras estallaba una fuerte rivalidad entre la gran duquesa consorte y la gran duquesa madre por el poder.

En 1672 Margarita Luisa abandonaba para siempre el palacio Pitti para refugiarse en la villa medicea de Poggio a Caiano y, en 1675, volvía definitivamente a Francia donde murió en 1721. Los sucesivos años de gobierno de Cosme III estuvieron caracterizados por su beatitud, que llevó a la Toscana al borde de la ruina: el gran duque ordenó quitar de la Iglesia de San Giovannino degli Scolopi la espada y el yelmo de Guglielmino Ubertini, el obispo guerrero de la diócesis de Arezzo muerto en la batalla de Campaldino, en 1289, que se encontraban allí desde los tiempos de la batalla, porque no consideraba conveniente recordar a un obispo dedicado a las armas; mandó también retirar del altar de la catedral de Florencia la escultura de Baccio Bandinelli que representaba a Adán y Eva desnudos porque la consideraba pornográfica, y prohibió la celebración de la antigua fiesta del Calendimaggio.

En la ciudad de Florencia, que entonces contaba con cerca de habitantes, residían más de religiosos, que ocupaban gran parte de los puestos del estado.

El gran duque redactó los edictos contra los judíos -que hasta ese momento habían gozado en Toscana y especialmente en Livorno de una gran tolerancia- prohibiendo cualquier contrato entre católicos y hebreos y ejerciendo presiones para inducirlos al bautismo. Estableció la institución del Ufficio del Decoro Pubblico, dotado de una guardia especial contra las prostitutas, los "amores ilícitos" y los sodomitas. Estableció una fuerte presión fiscal sobre el pueblo.

Frente a tanta piedad religiosa, contrastaban los exorbitantes gastos del gran duque, financiados con nuevos tributos que gravaban al pueblo, de los que los religiosos estaban exentos y del fasto de la corte con el fin de aparentar frente a los visitantes extranjeros (memorables y costosísimas fueron las celebraciones en honor del rey Federico IV de Dinamarca en 1709).

Cosme III había tenido siempre además la ambición de transformar el gran ducado en reino. Por este motivo la mayor parte de los ingresos se iban en gastos de representación. La correspondencia de Cosme III con sus embajadores en Madrid, París, Viena y Londres estuvo dominada por la ambición de obtener el llamado «tratamiento regio» (este tratamiento consistía exclusivamente en el hecho de que él, frente a los otros reyes, no debería quitarse el sombrero). Cuando a finales del 1600, Víctor Amadeo II de Saboya, siendo solo un duque, obtuvo el derecho al tratamiento regio, Cosme III inundó a las cortes europeas con cartas de protesta en las cuales afirmaba que, en la jerarquía italiana, el Gran Ducado de Toscana siempre había estado por delante del Ducado de Saboya. Para Cosme III fue como haber vencido una guerra cuando desde Viena, fue autorizado a usar la corona real y hacerse llamar «alteza real», pero en el transcurso de su vida tuvo que solventar varios incidentes diplomáticos con los estados que negaban ese tratamiento regio. Además, no dejó de gastar grandes cantidades hasta que obtuvo del papa el título honorífico de canonico del Laterano.

La persecución religiosa y el legado de Charles V, duque de Lorena