Benito Arias Montano (Fregenal de la Sierra, c. 1525–1527 – Sevilla, 6 de julio de 1598) fue un humanista, teólogo y filólogo español, figura central del humanismo cristiano del y uno de los principales responsables de la edición de la Biblia regia o Biblia Políglota de Amberes (1568-1572). Vinculado a la corte de Felipe II, en la que ejerció el cargo de capellán real, desempeñó un papel relevante en la articulación entre erudición filológica y reforma católica en la Europa de su tiempo. Su trabajo en Amberes, en colaboración con el impresor Cristóbal Plantino, lo situó en el centro de las redes intelectuales europeas en el contexto de la producción de la Biblia Políglota. Por la amplitud de sus conocimientos y su actividad intelectual en diversos campos, ha sido considerado un polímata en el contexto del humanismo renacentista.
Su trayectoria no se limitó al ámbito intelectual, sino que estuvo estrechamente vinculada a la política de la Monarquía Hispánica durante el reinado de Felipe II. Mantuvo una relación cercana con el secretario de Estado, Gabriel de Zayas, a través de la cual participó en redes de información y asesoramiento en asuntos de gobierno. En este contexto, desempeñó misiones en los Países Bajos, Italia y Portugal, actuando como intermediario y consejero en cuestiones de carácter religioso y político. Diversos estudios han señalado su influencia en debates clave de la política filipina, como la gestión del gobierno del duque de Alba en Flandes, las relaciones con la Santa Sede o el proceso de incorporación de Portugal a la Monarquía en 1580.Paralelamente, su figura estuvo vinculada a algunos el principal espacio simbólico del humanismo hispánico, el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, siendo el responsable de la organización de la Biblioteca Laurentina y en la articulación de su programa intelectual, siendo considerado su primer bibliotecario entre 1576 y 1584.
A lo largo de su vida alternó su actividad cortesana con periodos de retiro en la Peña de Arias Montano, en Alájar (Huelva), un espacio de carácter eremítico donde desarrolló una intensa vida intelectual y espiritual. Allí promovió la adecuación del entorno natural mediante la creación de jardines y espacios de estudio, en consonancia con ideales humanistas y bíblicos. Este retiro no implicó un alejamiento de las redes intelectuales de su tiempo, sino que se integró en ellas mediante una intensa actividad epistolar y su relación con destacados humanistas, como fray Luis de León, así como con eruditos de su entorno vinculados a los estudios bíblicos y orientales, entre ellos Benito Sánchez Galindo y José de Sigüenza.
Biografía
Orígenes y formación universitaria: Fregenal, Sevilla y Alcalá miniaturadeimagen|Arco almohadillado de entrada a la Peña de Arias Montano, Alájar (Huelva) Benito Arias Montano fue hijo de Benito Arias, vecino de Fregenal de la Sierra y notario apostólico. La historiografía tradicional, apoyada fundamentalmente en expedientes de limpieza de sangre y en autores de los siglos y comienzos del , sostuvo que la familia Arias Montano procedía de un linaje hidalgo de origen montañés. Sin embargo, investigaciones más recientes, basadas en documentación fiscal, notarial e inquisitorial, han cuestionado esta interpretación y han señalado que el linaje Arias de Fregenal pertenecía a un activo grupo judeoconverso documentado desde finales del siglo XV, interpretando las declaraciones sobre un supuesto origen hidalgo como estrategias de ocultación social características del contexto del siglo XVI. Las fuentes disponibles no permiten establecer con certeza la identidad de la madre de Arias Montano, circunstancia que ya se refleja en las contradicciones y omisiones presentes en los testimonios contemporáneos. Entre sus hermanos se documenta Juan Arias de la Mota, figura destacada de la administración de su tiempo.
Su formación fue muy completa desde los primeros años de su infancia, indicando su formación en su propia familia de la mano de su padre y, más adelante, junto con el sacerdote frexnense Diego Vázquez Matamoros. En 1541, con catorce años y recientemente fallecido su padre, se trasladó a Sevilla. Allí se preparó para entrar en la universidad con Diego Vázquez de Alderete. Que su espíritu erudito ya estaba despierto lo confirma el hecho de que ya a esa edad había compuesto Arias su primera obra, un Discurso del valor y correspondencia de las monedas antiguas castellanas con las nuevas (1541). En Sevilla vivió en la casa de Álvaro de Alcocer, un antiguo secretario real, e Isabel Vélez de Guevara, matrimonio que con sus hijos, especialmente Gaspar, considerará como una segunda familia. También contó con la protección de Cristóbal Fernández de Valtodano y Juan Fernández Temiño. A los dieciocho años inicia sus estudios en la Universidad de Sevilla, en el desaparecido colegio de Santa María de Jesús, donde estudia Artes y Filosofía durante tres años, hasta 1547, y, sin acabar el último curso, decidió trasladarse a Alcalá de Henares.
En este periodo sevillano entró en contacto con el círculo intelectual encabezado por Pedro Mexía. Y, en casa de Diego Vázquez de Alderete, conoció a Juan de Ovando y Aguirre y Diego de Espinosa, que ocuparán posteriormente cargos importantes en la política española, y a Mateo Vázquez de Leca, que llegará a ser secretario privado de Felipe II. Pero para él sin duda la relación más fructífera que entabló fue la que sostuvo con el humanista y poeta latino Juan de Quirós, cura del Sagrario de la Catedral, interesándose por las ciencias físicas y médicas y, sobre todo, por la poesía, la música, la filosofía, la lingüística y la teología. Quirós le enseñó a hacer versos latinos y le inspiró un amor sin límites por la sacra poesía de los Salmos. En 1547 apareció un epigrama suyo y un soneto laudatorio en la Historia imperial y cesárea de Pero Mexía.
En junio de 1548 se trasladó a Alcalá de Henares para cursar estudios de Teología en su Universidad, ampliando además sus conocimientos en medicina, filosofía, lenguas clásicas (latín y griego) y las semíticas (árabe, hebreo y sirio). Allí entró en contacto con algunos de los principales maestros del humanismo complutense, como Cipriano de la Huerga o Ambrosio de Morales, y desarrolló una intensa actividad literaria en latín, que le valió ser coronado como poeta. Durante estos años estableció asimismo relaciones con otros estudiantes y humanistas, entre ellos fray Luis de León, con quien compartió intereses filológicos y teológicos y a quien dedicó composiciones poéticas.
Tras su ordenación sacerdotal, se retiró en 1559 a la peña que hoy lleva su nombre en Alájar (Huelva), donde inició una etapa de recogimiento dedicada al estudio intensivo de las Sagradas Escrituras. Este primer retiro, lejos de suponer un abandono de la actividad intelectual, marcó el inicio de una forma de vida que combinaría en adelante el estudio erudito con la contemplación, en línea con los ideales del humanismo cristiano de su tiempo.En esos mismos años mantuvo una relación estrecha con el cirujano frexnense Francisco Arceo, asentado entonces en Llerena, donde fue invitado a predicar la Cuaresma de 1557 experiencia que reforzó su vínculo con el médico y su interés por el saber práctico que más tarde contribuiría a difundir en Amberes.
Proyección internacional: Trento, Amberes y Roma thumb|Portada del primer volumen de la Biblia regia o Políglota de Amberes (1568-1572)|izquierda
En 1562, Benito Arias Montano obtuvo el hábito de la Orden de Santiago en el convento de San Marcos de León, circunstancia que se inscribe en los mecanismos de promoción social y reconocimiento característicos de la Monarquía hispánica del siglo XVI. Más allá de su dimensión honorífica, el ingreso en la orden implicaba la superación de pruebas de limpieza de sangre y reforzaba la integración del individuo en redes nobiliarias y de servicio a la Corona. En el caso de Arias Montano, este reconocimiento se ha interpretado como un indicio de su creciente proximidad a los círculos cortesanos y de su consolidación como figura de prestigio intelectual. Además, supuso la adquisición de la hidalguía, dato que posteriormente la historiografía tergiversaría, eliminando cualquier muestra del pasado judeoconverso de la familia Arias.
Ese mismo año, su reputación como humanista y teólogo llevó al obispo de Segovia, Martín Pérez de Ayala, a incorporarlo a su séquito en el Concilio de Trento, en su fase final. En este contexto, Arias Montano participó en los trabajos del entorno conciliar, especialmente en cuestiones relacionadas con la exégesis bíblica y las lenguas sagradas, ámbitos en los que ya destacaba por su formación filológica. Aunque no formó parte del núcleo de padres conciliares con voto, su presencia en Trento le permitió intervenir en los debates teológicos del momento y establecer contactos relevantes en el marco de la reforma católica.
A su regreso a España, su trayectoria quedó estrechamente vinculada al patrocinio de Felipe II, quien en 1566 lo nombró capellán real y lo integró en el programa cultural de la monarquía. En este marco, el monarca le encomendó la dirección de una nueva edición políglota de la Biblia destinada a superar la Biblia Políglota Complutense tanto en alcance como en aparato filológico.
Para llevar a cabo esta empresa, Arias Montano se trasladó a Amberes, uno de los principales centros editoriales de la Europa del momento, donde colaboró con el impresor Cristóbal Plantino. El proyecto, desarrollado entre 1568 y 1572, dio lugar a la denominada «Biblia Regia», considerada una de las cumbres del humanismo bíblico del siglo XVI. La edición incorporó mejoras significativas en la disposición de los textos y en el aparato crítico, incluyendo la revisión de la versión interlineal latina de Sanctes Pagnino y la elaboración de extensos tratados auxiliares sobre la Masorah hebrea, la cronología bíblica, la geografía de Palestina y diversos aspectos de la cultura material del mundo antiguo.
Estas innovaciones suscitaron, sin embargo, recelos en algunos sectores, especialmente por su relación con la tradición de la Vulgata y por el uso intensivo de fuentes hebreas. La obra fue objeto de críticas y denuncias, en particular por parte de León de Castro, lo que dio lugar a un prolongado examen doctrinal. En 1572 Arias Montano viajó a Roma para defender personalmente la utilidad y ortodoxia de la empresa ante la curia pontificia, gestión que culminó con la aprobación de Gregorio XIII mediante motu proprio y aseguró la legitimidad de la Biblia Regia dentro del marco de la ortodoxia católica.
Durante su estancia en Amberes, Arias Montano desarrolló una actividad editorial más amplia en estrecha colaboración con Cristóbal Plantino, con quien mantuvo una relación de amistad y trabajo sostenida también a través de la correspondencia. Además de la Biblia Regia, en la imprenta plantiniana dio a la luz varias obras propias, entre ellas los Rhetoricorum libri IV (1569), los Humanae salutis monumenta (1571), su versión poética latina de los Psalmi (1573) y el Itinerarium Benjaminis Tudelensis (1575), lo que confirma que la Officina Plantiniana fue el principal cauce de difusión europea de su producción intelectual. En ese mismo marco favoreció la difusión de obras científicas y médicas, entre ellas el tratado de cirugía de su paisano Francisco Arceo, que hizo anotar y publicar en la imprenta de Plantino, contribuyendo así a la circulación europea del saber médico hispano.
El Escorial, Portugal y el servicio a la Monarquía miniaturadeimagen|Real Biblioteca de San Lorenzo de El Escorial, 1565|258x258px