Julián Sanz del Río (Torrearévalo, 10 de marzo de 1814-Madrid, 12 de octubre de 1869) fue un filósofo, jurista y pedagogo español."Julián Sanz del Río, filósofo", video-reportaje de Radio Televisión de Castilla y León (09/10/2013). Consultado en agosto de 2014 Introductor del krausismo en España, fue maestro de Francisco Giner de los Ríos y amigo de Fernando de Castro. Su labor pedagógica resultó decisiva en la evolución del pensamiento español y la superación del sistema de enseñanza monopolizado por la Iglesia católica desde el . "Ideólogos, teorizantes y videntes" (1922), artículo de Santiago Valentí Camp (1875-1934). Revisado en agosto de 2014

Biografía

Formación Julián, nacido a comienzos del en una aldea soriana, fue hijo de Gregoria y Vicente, labradores pobres. En 1824, al quedar huérfano, fue recogido por su tío materno Fermín, sacerdote, que se encargó de su instrucción elemental en el Seminario Conciliar de San Pelagio de Córdoba, donde su tío era prebendado. Entre 1830 y 1833 siguió cursos de Derecho en el Colegio del Sacromonte, dentro de la Universidad de Granada, que continuó en 1834 en la Real Universidad de Toledo hasta obtener el grado de bachiller en Cánones, después de lo cual regresó a Granada. De nuevo en la capital andaluza, completó el sexto y séptimo años de Cánones en el Sacromonte, con lo que consiguió los grados de licenciado y doctor en aquella Universidad, donde inició su tarea como profesor de Derecho Romano.

En 1836 se trasladó a Madrid, en cuya Universidad Central finalizaría sus estudios de Derecho en 1840."En 1840, mediante oposición, gratuitamente por ser pobre, y con la calificación de sobresaliente, obtuvo la licenciatura en Jurisprudencia y poco después el grado de doctor en la propia Facultad. Sanz del Río había solicitado, sin poderlo conseguir, que le fuese encargada con carácter interino la cátedra de Filosofía Moral que quedara vacante en la Universidad de Madrid por haber pasado su titular a la magistratura. En 1841 Sanz del Río elevó al ministerio de la Gobernación, de cuyo departamento dependía a la sazón la Instrucción de un proyecto de establecimiento de una cátedra de Derecho en la que se refundieran el Derecho Natural, los Principios de Legislación Universal y los de Derecho Público general. De 1840 a 1843 desempeñó el cargo de substituto pro Universitate del sexto año de leyes, ejerciendo a la vez la abogacía." (Valentí Camp, en la obra y enlace referidos) Dos años después ejerció como profesor sustituto de leyes y en 1843 fue nombrado catedrático interino de Historia de la Filosofía de la Complutense. Ese mismo año fue enviado a Alemania por Pedro Gómez de la Serna, catedrático de Derecho Político y en ese momento ministro de la Gobernación.Semblanza de Julián Sanz del Río, a partir de un artículo de Giner de los Ríos. Consultado en agosto de 2014

La misión krausista A través de su amistad con Ruperto Navarro Zamorano, traductor de la primera edición de la Filosofía del derecho (1841) de Heinrich Ahrens, se entrevistó en Bruselas con este último, discípulo aventajado de Krause, conversaciones que quedaron recogidas en el cuaderno titulado Diario de viaje a Alemania (dentro de los Manuscritos Inéditos de Sanz del Río que se conservan en la Real Academia de la Historia).Semblanza de José Antonio Pérez Rioja. Consultado en agosto de 2014 En Heidelberg se reunió con otros pensadores alemanes del círculo krausista como el jurista Röder, el naturalista Leonhardi, el católico Schlosser, el historiador Gervinus, el escritor suizo Henri-Frédéric Amiel y en especial con Georg Weber ( en cuya casa llegó a hospedarse y cuyo Compendio de la Historia Universal traduciría años después), con los que mantuvo una interesante correspondencia a lo largo de sus vida.

La muerte en 1844 de Fermín del Río, su tío y protector, interrumpió su estancia en Alemania. Tras un periodo de aislamiento, se reincorporó a la universidad madrileña donde obtuvo en 1845 la Cátedra de Ampliación de Filosofía. Pero no tardó en renunciar a ella por no considerarse suficientemente preparado para ella.Semblanza de Julián Sanz del Río, a partir de un artículo de Giner de los Ríos. Consultado en agosto de 2014

Retiro en Illescas Entre 1845 y 1854 se retiró a Illescas (población toledana en la que Sanz del Río contraería matrimonio con Manuela Jiménez años más tarde, en 1856).Matrimonio efímero pues Manuela murió tres años después, en 1859. Desde allí animó a algunos colegas a la creación de una Sociedad Literaria para el estudio y discusión sobre la Ciencia Analítica, que dio como fruto el primer "Círculo Filosófico". Por fin, en 1854 se reincorporó a la docencia. Como profesor de Filosofía del Derecho, del Río suscitó entre sus alumnos tal admiración que les llevaría a poner en marcha un movimiento ideológico intelectual sin precedentes, que culminaría con una gran reforma en la educación, además de otros cambios relativos a la sociedad y a la política y la creación de la Institución Libre de Enseñanza en 1876; institución que, muerto en 1869, el profesor Sanz del Río no llegó a conocer.La Institución Libre de Enseñanza y su ambiente: Los orígenes de la Institución, por Antonio Jiménez-Landi Consultado en agosto de 2014

Persecución y expulsión de Sanz del Río La respuesta de las fuerzas conservadoras a la labor de europeización y renovación de Sanz del Río,"Filosofía, traducción y censura", por Ibón Uribarri Zenekorta; Universidad del País Vasco Consultado en agosto de 2014 hombre íntegro y religioso, pero considerado como una amenaza al monopolio docente de la Iglesia católica y "hereje recalcitrante", "Ideólogos, teorizantes y videntes" (1922), artículo de Santiago Valentí Camp (1875-1934). Revisado en agosto de 2014 fue una larga persecución con duras campañas (tan poco cristianas como jurídicamente inconsistentes) orquestadas por tradicionalistas y ultramontanos del "neocatolicismo",Militantes "neocatólicos", por denominación peyorativa, como Pedro de la Hoz (director del periódico carlista La Esperanza), Juan Manuel Ortí y Lara, Torre Vélez, Antonio Aparisi Guijarro, José María Claros, Cándido Nocedal, Gurmesindo Laverde, Pedro José Pidal, Francisco Navarro Villoslada, Félix Sardá y Salvany, o el propio Marcelino Menéndez y Pelayo (cuya reflexión más conocida a propósito de los "krausistas" fue definirlos como "Todos eran tétricos, cejijuntos, sombríos. Todos respondían por fórmulas hasta en las insulseces de la vida práctica y diaria").Isabel Pérez-Villanueva Tovar: La Residencia de Estudiantes: grupos universitario y de señoritas, Madrid, 1910-1936; Ministerio de Educación, 1990; pág. 191. una nueva facción ultraconservadora y tradicionalista, propiciada por la reciente encíclica de Pío IX.El 8 de diciembre de 1864, el papa Pío Nono publicó la encíclica «Quanta cura», acompañada del Syllabus de errores, condenando el panenteísmo, el naturalismo, el socialismo, el comunismo, el racionalismo y el liberalismo, entre otros demonios. Tal acoso y persecución, renovando quizá la furia de los procesos de la Inquisición, consiguió un expediente sancionador contra Sanz del Río en 1864 y su expulsión de la docencia en 1867, firmada por el ministro de Fomento Manuel Orovio Echagüe."En el extranjero, la airada medida de Orovio, sancionada por una gran parte de los elementos conservadores, fue recibida con asombro, y entre las manifestaciones de simpatía que se tributaron en aquella ocasión a Sanz del Río distinguióse la de la Universidad de Heidelberg, que dirigió al ilustre perseguido un mensaje redactado en términos afectuosísimos y suscrito por 63 profesores y publicistas, figurando entre ellos algunas de tantas celebridad como Wundt, Zeller, Gervinus, Helmholtz, Bluntschli, Oncken, Bunsen, Schosser, Kirchhoff y otros. La protesta de los profesores alemanes causó viva impresión, porque constituía un homenaje al que se asociaron personalidades de reputación universal, sin distinción de filiaciones, ya que unos eran católicos, otros protestantes y no pocos librepensadores. El Congreso de filósofos, reunidos a la sazón en Praga, dirigió también a Sanz del Río un mensaje de cariñosa admiración, protestando del atropello de que había sido víctima." Sanz del Río, lejos de sentirse derrotado ni intimidado por la conspiración, redactó su Carta y cuenta de conducta.<ref>Publicada inicialmente por Conesa en Madrid (1867), con edición comparada de 1989 a cargo de A. Jiménez en: "Un testo raro de Sanz del Río:Carta y cuenta de conducta", Anales del Seminario de Historia de la Filosofía núm. 7; pp. 254-280.</ref>

Asimismo, la expulsión de Sanz del Río de su cátedra llevaría a una reacción de repulsa contra los estamentos gubernamentales docentes entre sus discípulos y otros destacados krausistas, como Joaquín Costa, Francisco Pi y Margall, Rafael María de Labra, Ángel Fernández de los Ríos, Emilio Castelar, Nicolás Salmerón y Adolfo Camús.

Retorno y muerte El 19 de octubre de 1868, con el triunfo de la "Gloriosa", Sanz del Río fue repuesto en su cátedra y propuesto como rector de la Universidad madrileña. No lo aceptó, pero sí el nombramiento para decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad Central, tomando posesión el 1 de noviembre y renunciando un mes más tarde por motivos de salud. Retirado durante un año a su casa de Illescas, falleció en Madrid en el otoño de 1869, a los cincuenta y cinco años de edad. Cinco años después moriría también su colega Fernando de Castro; juntos descansan en el cementerio civil de Madrid.

«Eppur si muove» («Y sin embargo se mueve»)

Hacia 1850, tras tres siglos de monopolio eclesiástico en la distribución y explotación de la educación y la cultura en España, la inquebrantable integridad intelectual, fruto del análisis y desarrollo de la curiosidad filosófica y científica, pusieron a Sanz del Río en una situación similar a la que enfrentó a la Iglesia católica con el renacentista Galileo Galilei. Si el pecado del italiano fue decir que el sol no da vueltas alrededor de la Tierra, sino al contrario; el de Sanz del Río fue despertar el espíritu crítico del alumno lejos de la política y la religión y agudizar «la sensibilidad moral con respecto a la vida del pensamiento y a toda función pública» (ser honestos para ser libres) a partir de los postulados de la filosofía krausista.

El profesor Joaquín Casalduero, eminente cervantista, expone con una breve pincelada los méritos de Sanz del Río y las circunstancias en las que se produjo. Desde que Felipe II, por Real Decreto de 1559, prohibiera a los españoles estudiar en el extranjero, con excepción de las universidades católicas de Bolonia, Nápoles, Roma y Lisboa, tuvieron que pasar los mencionados tres siglos hasta que el ministro Pedro Gómez de la Serna, impulsor de la creación de la Facultad de Jurisprudencia, pensionó a Julián Sanz del Río para que fuese a estudiar a la universidad alemana de Heidelberg. Finalizaba así la triste hazaña de Felipe II —«monstruosamente criminal» en opinión de los observadores internacionales, y simple y llanamente criminal en el caso de los perseguidos y ajusticiados por el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición—, de librar a España de la Europa herejíaca. Sin proponerse ningún tipo de revancha, a partir de la renovación intelectual y moral de su universidad, Sanz del Río dio el primer paso para incorporar su país al resto del continente.

El talante humano de Sanz del Río quedó patente cuando, a su regreso de Heidelberg, precipitado por la muerte de su tío y tutor, y siendo consciente de que no estaba suficientemente preparado para ejercer su labor docente, renunció a su cátedra. Nueve años después, en 1854, cuando consideró que ya estaba en condiciones de desempeñar su tarea educadora, regresó... «Mucho más valioso que el vivaz deseo de conocimientos» que inculcó en sus alumnos, fue «la integridad intelectual que le acompañaba».

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