El Principado de Bulgaria fue una de las dos unidades administrativas que se crearon en el Imperio otomano tras la derrota de este en la guerra ruso-turca y el posterior Congreso de Berlín de 1878, para tratar de conciliar el creciente nacionalismo búlgaro. El principado fue autónomo dentro del Imperio (un Estado vasallo del Imperio otomano) y pocos años después se unió a la otra unidad búlgara, el territorio de Rumelia Oriental, para formar la moderna Bulgaria independiente.
Antecedentes En 1393 los turcos otomanos tomaron Tarnovo, capital del Segundo Imperio Búlgaro. Era el comienzo de la dominación otomana. La zona de Bulgaria se levantó varias veces contra el dominio otomano, destacando los levantamientos de Tarnovo (1598 y 1686) y la rebelión de Karposh (1689). Sin embargo, el levantamiento más importante se producirá en el .
La Cuestión Oriental afectaba a la zona oriental europea, donde el Imperio otomano se enfrentaba a una profunda decadencia como potencia y a las continuas presiones del Imperio austrohúngaro y el ruso, deseosos de influenciar a los pueblos cristianos sometidos a los otomanos.
La política exterior rusa sobre el Imperio otomano tenía varios objetivos: alcanzar un puerto libre de hielo en invierno para su flota, expandirse por el Danubio y Asia y dirigir la independencia de los pueblos cristianos ortodoxos sometidos a los turcos. La guerra de Crimea (1853-1856) frenó estos deseos rusos, pero las potencias vencedoras impusieron al Imperio otomano la aplicación de unas reformas que respetaran a los pueblos cristianos a cambio del apoyo prestado en la guerra. La situación cambió a partir de 1870: la derrota francesa ante Prusia permitió a Rusia influir nuevamente en la cuestión oriental, que obtuvo la independencia religiosa de Bulgaria frente al patriarca griego de Constantinopla, primer paso de su política de intervención en la región.
Por su parte Austria-Hungría, alejada de los asuntos alemanes (derrota en la guerra de 1866) e italianos (unificación de Italia) se centró en los Balcanes y decidió influir en los principados de Serbia y Rumanía como manera de frenar la política expansionista rusa en la zona.
Por su parte el Imperio otomano no pudo hacer frente a las reformas impuestas en la Paz de París de 1856 y se enfrentó a varias rebeliones (Creta en 1866, Herzegovina en 1875 o la guerra con Serbia en 1876) y a la bancarrota en 1875. Ante el cariz que tomaba la situación, un grupo de funcionarios se rebelaron contra el sultán Abdülaziz I sustituyéndolo por Murad V. El país fue dotado de una Constitución en 1876. Sin embargo, el nuevo sultán Abdul Hamid II acabó con la reforma y restableció la monarquía absoluta.
Cuando la rebelión contra el Imperio otomano estalló en Bosnia en 1875, esta se extendió hasta Bulgaria al año siguiente, donde fue conocida como la sublevación de abril. El apoyo popular al alzamiento fue escaso. A pesar de que las autoridades controlaron fácilmente la rebelión, los turcos desataron una brutal represión, en la que participaron los bachibozuks, que realizaron numerosas matanzas (5000 muertos en Batal y Peshtera) y devastaron el país. Otros países europeos se indignaron y denunciaron la brutalidad y los “horrores búlgaros”.
En 1876, se convocó por parte de las grandes potencias la Conferencia de Constantinopla, sin embargo sus decisiones fueron rechazadas por las autoridades otomanas, al considerar que la publicación de la Constitución de 1876 garantizaba los derechos de las minorías del Imperio. Mientras tanto, Rusia seguía siendo hostil a los otomanos e inició una serie de contactos con Austria-Hungría para garantizar su neutralidad frente a un posible proceso bélico (reparto del Imperio otomano concertado en la conferencia informal celebrada en 1876).El príncipe Gorchakov, canciller del Imperio ruso se reunió con el canciller Andrássy (Austria-Hungría) en Berlín para obtener de Austria-Hungría la neutralidad en caso de guerra contra los turcos, a la vez que se planeaba el reparto de los territorios turcos en Europa: Montenegro y Serbia se repartirían Bosnia y Herzegovina, Rusia volvería a sus fronteras en Besarabia y se extendería por el Cáucaso. Grecia obtendría Creta y Tesalia. Albania, Rumelia y Bulgaria sería independientes y Constantinopla sería ciudad libre. Recogido en Historia del Mundo Contemporáneo tomo I, editorial Guadarrama. 1960 Finalmente Rusia declaró la guerra en junio de 1877 e invadió el país con el apoyo de los rumanos y de una legión búlgara. En febrero de 1878, los ejércitos rusos llegaron a las puertas de Constantinopla.
El Tratado de San Stefano (3 de marzo de 1878) estipuló la creación de un extenso principado autónomo de Bulgaria y el desmantelamiento de los territorios europeos del Imperio otomano. Austria y Gran Bretaña temían que se rompiera el equilibrio en los Balcanes y que el nuevo Estado se convirtiese en un satélite ruso en los Balcanes y forzaron a Rusia a firmar el Tratado de Berlín, por el que el equilibrio se mantuvo a costa de las aspiraciones nacionales búlgaras: el principado autónomo de Bulgaria se mantuvo, pero muy reducido y sometido al vasallaje oficial a Constantinopla, lo que le impedía establecer relaciones diplomáticas o comerciales formales con otras naciones.
Aunque el Tratado de San Stefano nunca se materializó más allá del papel, se convirtió en una referencia para los nacionalistas búlgaros, porque remitía al antiguo reino de Simeón I. Los sucesivos Gobiernos búlgaros buscaron la unificación de lo que consideraban territorios búlgaros, teniendo como objetivo las fronteras de San Stefano. En las décadas siguientes Bulgaria consiguió nombrar obispos búlgaros en Macedonia (parte del Imperio otomano durante esta época).
Historia En 1879 una asamblea constituyente reunida en la ciudad de Tarnovo adoptó una Constitución para Bulgaria (muy democrática para la época, pero que apenas fue aplicada, aprobada gracias al triunfo de la postura del Partido Liberal y a la aquiescencia rusa) y eligió como príncipe a Alejandro de Battenberg, sobrino de la zarina de Rusia. El nuevo soberano había sido en realidad escogido por las grandes potencias. En la provincia de Rumelia Oriental, las potencias europeas elaboraron los estatutos orgánicos del Congreso de Berlín y fue nombrado un gobernador en representación del sultán otomano y que fue aceptado por la asamblea. La nueva capital el principado autónomo se fijó en la ciudad de Sofía, cruce de caminos y cercana a Macedonia, por elección de la autoridad transitoria rusa que controlaba el territorio tras la guerra.
La Constitución de 1879 Las características principales de la nueva Constitución se debieron a la victoria de los liberales de Petko Karavelov frente a los delegados conservadores. La nueva Constitución instituía una Asamblea Nacional formada por un representante por cada 10 000 votantes, con sufragio universal masculino e inmunidad parlamentaria para sus miembros. El principal poder era el legislativo, por influencia de los Liberales. El príncipe podía promulgar legislación, pero había de obtener el posterior respaldo de la Asamblea. El control presupuestario, la aprobación de nuevos tributos y de legislación quedaba en manos del Parlamento, que había de mantener al menos una sesión anual de dos meses, aunque el príncipe había de convocarla. El príncipe mantenía, sin embargo, gran poder: no sólo la convocatoria del Parlamento, sino el nombramiento de los ministros del Gobierno y de los funcionarios, los ministros quedaban responsables tanto ante las Cortes como ante él, era jefe de las fuerzas armadas y cabeza de la diplomacia búlgara. Además, el rey podía disolver la legislatura a voluntad para convocar nuevas elecciones y no tenía porqué consultar con las Cortes el nombramiento de los ministros. Tras la conversión en reino en 1908, en 1911 se ampliaron aún más los poderes del soberano, permitiéndosele firmar acuerdos internacionales secretos sin el control de la asamblea legislativa.
El país quedaba dividido en departamentos (), distritos () y comunas (municipios, ). El prefecto era nombrado por el príncipe y estaba asesorado por un consejo electo. Los distritos, subdivisiones de las prefecturas, quedaban a cargo de los subprefectos, que dirigían la policía y eran responsables del orden público. Las comunas, de gran relevancia durante el periodo otomano, contaban con un concejales elegidos que, a su vez, elegían al alcalde y dos tenientes de alcalde, gozando el país de una amplia autonomía en el gobierno local, poco común en los países vecinos.
Aunque se proclamaba la separación del poder judicial y el respecto a los derechos civiles, la aplicación de estos artículos fue muy deficiente.
A pesar de su carácter democrático, la Constitución no garantizó la instauración de una democracia liberal en el principado. Por el contrario, la historia política del periodo se caracterizó por el afianzamiento de la corrupción y la paulatina concentración del poder en manos primero del primer ministro Stefan Stambolov tras la crisis que llevó a la expulsión del primer príncipe y, más tarde, del nuevo príncipe, Fernando. Diversas prácticas (soborno, intimidación del electorado, anulación arbitraria de resultados...) pervirtieron los resultados electorales de la época.
La elección del jefe del Estado Alejandro de Battenberg, primer príncipe búlgaro, acabó abdicando por la hostilidad de Rusia a pesar de su popularidad.|thumb|right Como en el caso de la mayoría de los nuevos Estados balcánicos, fueron las grandes potencias quienes escogieron al nuevo gobernante búlgaro. El elegido, Alejandro de Battenberg, era sobrino de los zares, príncipe de Hesse y había recibido formación militar. El nuevo príncipe, sin embargo, recibió una posición incómoda y no vio con buenos ojos la nueva constitución liberal y la limitación de sus prerrogativas. Pronto entró en conflicto tanto con los políticos búlgaros, al elegir un primer ministro conservador en vez de liberal, y con el nuevo ministro de Defensa, un general ruso, que decidió participar en la política nacional apoyando a estos. El cónsul general ruso, sin embargo, recibió instrucciones de apoyar al príncipe, creándose una situación confusa ante la política errática de los representantes rusos, la principal fuerza en el país.
Evolución política y enfrentamiento con Rusia El príncipe, cada vez más convencido de la necesidad de deshacerse de la constitución y apoyado por los conservadores, logró suspenderla cuando, tras el asesinato de Alejandro II de Rusia, ascendió al trono ruso el reaccionario Alejandro III. El acuerdo entre ambos duró poco: gobernantes orgullosos, Alejandro III veía a Bulgaria poco más que como a otra provincia rusa, mientras que el príncipe búlgaro no aceptó someterse a su poderoso protector. En el Ejército, donde los puestos de capitán en adelante se habían reservado a militares rusos, la cooperación tampoco fue sencilla, y ya en 1883 los partidos políticos búlgaros decidieron cooperar en respaldar a su príncipe para acabar con la influencia rusa. El príncipe, por su parte, accedió a restaurar la constitución de 1879, que había suspendido en 1881, lográndose una unidad de la política nacional contra el zar que, a su vez, decidió deshacerse de Alejandro y vetar la unión con Rumelia.
Unión con Rumelia Oriental Los territorios autónomos búlgaros en el seno del Imperio otomano tras el Congreso de Berlín de 1878: al norte, el principado; al sur, Rumelia Oriental.|miniatura|upright=2|izquierda