El idioma francés es una lengua romance hablada en Francia, origen de este idioma, así como en Canadá, Bélgica, Luxemburgo, Suiza y otros cincuenta y un países, la mayoría de los cuales formaban parte del antiguo Imperio colonial francés, especialmente en África, así como la República Democrática del Congo, antiguo Congo Belga.

El francés evolucionó desde el bajo latín y el latín vulgar durante el primer milenio de la era cristiana y se convirtió en lengua jurídica y administrativa con la Ordenanza de Villers-Cotterêts en 1539. A partir de entonces, el francés, siempre en torno al núcleo parisino, se extendería en Francia, en Europa y en el mundo. Siguió una larga reforma de la lengua, promovida por los académicos, para regularizarla y reintroducir los términos latinos. El francés clásico de los siglos y se convirtió en el francés moderno del , la lengua franca de Europa. Con la colonización francesa, el francés se extendió a América del Norte en el y a África en el , convirtiéndose en una lengua franca. Sin embargo, el francés perdió su influencia en la segunda mitad del en favor del inglés.

Claude Hagège distingue tres periodos de influencia del francés: la Edad Media, desde finales del hasta principios del ; el periodo que va desde el inicio del reinado de Luis XIV hasta finales del ; y el periodo que va desde finales del , hasta principios del .

El término «lengua de oïl» puede ser en algunos casos, sinónimo de francés.

La lengua francesa tiene la particularidad de que su desarrollo fue en parte de obra de grupos intelectuales, como la Pléiade, o de instituciones, como la Academia Francesa. Es una lengua llamada «académica» y no una lengua ausbau (o «lengua por elaboración»). Sin embargo, el uso sigue teniendo sus derechos y muchas personas han mezclado esta lengua viva, ante todo Molière: se habla de la «lengua de Molière».

Ante la proliferación de préstamos léxicos del inglés, el gobierno francés intentó tomar medidas para proteger la integridad de la lengua. El 7 de enero de 1972, promulgó el Decreto n.º 72-9 sobre el enriquecimiento de la lengua francesa, que preveía la creación de comisiones terminológicas ministeriales para enriquecer el vocabulario francés. La ley Toubon de 1994 se basa en la misma preocupación. Su decreto de aplicación de 1996 estableció un sistema coordinado de enriquecimiento de la lengua francesa.

En Quebec, la Office québécois de la langue française se encarga de regular el uso de la lengua francesa, protegida por la Ley 101 de Quebec. También ofrece su Grand Dictionnaire terminologique en Internet.

Introducción La historia del francés puede dividirse de diferentes maneras, una división particularmente útil es la siguiente:Buckley, E. 2009, p. 32. Protorromance, hasta el final del Galorromance, desde el final del al Antiguo francés temprano, desde mediados del al Antiguo francés tardío, desde finales del a principios del . Francés medio (francés medio temprano), de mediados del a finales del . Francés clásico (francés medio tardío), de principios del a finales del . Francés moderno, de finales del a la actualidad.

Los registros escritos en francés empiezan a ser abundantes durante el período del antiguo francés, por lo que los cambios fonéticos y transformaciones de la lengua anteriores al deben ser básicamente inferidos a partir de evidencias indirectas como el método comparativo o la filología románica de otras lenguas cercanas.

Período formativo

El latín de la Galia (siglos a )

La historia de la lengua francesa empieza con la invasión de la Galia por el ejército romano bajo el mando de Julio César entre el 58 y el 50 a.C. Se considera que la Galia tenía unos 10 millones de habitantes. Después de la conquista, los soldados y los comerciantes romanos importaron con ellos el sermo cotidianus o latín vulgar. A pesar de la aparente similitud entre ambas lenguas (sintaxis, numeración, morfología...) el galo y el latín vulgar, la asimilación es lenta, ya que se adquiere después de varios siglos, probablemente después de la evangelización del medio rural bajo Dagoberto I.

El latín funcionó como lengua escrita y de la administración. Aunque el galo, de tradición oral, no se escribía, conservaba su función de lengua de intercambio hasta el en los centros urbanos que se habían desarrollado bajo los romanos. Por otra parte el avance de la romanización difirió notablemente de unas zonas a otras, fue más intenso y más rápido en la costa mediterránea y en las regiones alrededor de Lyon (Lugdunum), Autun (Augustodunum), Poitiers (Pictavii) y Reims (Remi) y notablemente más lenta Bretaña, Limousin y el sur de Champaña-Ardenas.

El sustrato prerromano A la llegada de los romanos, el territorio de la actual Francia estaba poblado por al menos cuatro grupos étnicos diferentes: Los celtas cuya presencia se remonta hacia el . Los celtas no eran un grupo homogéneo sino que se dividían en dos grandes grupos: los galos (latín gallī) y los belgas (lat. belgæ). Los galos hablaban diversas variantes de celta gálico, del que existen unas pocas inscripciones en alfabeto griego. Los galos fueron la primera incursión celta en el territorio de Francia, mientras que los belgas llegaron hacia el y entre ellos habrían existido algunos hablantes de lenguas germánicas. Galos y belgas aunque étnicamente diferentes compartían la religión druídica. Hacia el suroeste, los aquitanos hablaban probablemente una lengua precursora del vasco, pero que tampoco utilizaban en la escritura. En el sureste y entre los galos se encuentran los ligures, que parecen presentar una toponimia especial y de que se conoce poco sobre su lengua el antiguo ligur. En la zona de Massilia (la actual Marsella) los habitantes de las colonias griegas hablaban y escribían griego jónico, pero no lo difundieron más allá de sus colonias.

Todos esos idiomas y otros hablados en la antigua Galia fueron desapareciendo con la colonización romana y la progresiva implantación del latín. Se estima que en regiones aisladas y rurales el idioma galo pudo sobrevivir hasta mediados del El léxico del galo todavía es perceptible en el francés moderno, especialmente en nombres de árboles, plantas y términos agrícolas: arpent ‘arpende’, bief ‘saetín, tramo’, benne 'cubeta', bouleau 'abedul', charrue 'arado con avantrén', charpente 'marco de madera, carpintería', chêne 'roble'. También numerosos topónimos como: hidrónimos Marne, Sena, Oise; orónimos Cevenas, Vosgos y localidades Burdeos, Carpentras, Melun, Charenton.

El superstrato germánico y el adstrato britónico Con el declive del Imperio romano, una serie de pueblos de origen germánico llegaron a la Galia romana. Entre ellos, dos se establecieron de modo más consolidado: Los francos que se asentaron preferentemente en el norte. Su asentamiento comenzó en la crisis del cuando numerosos contingentes atravesaron el Rin para asentarse en lado romano. La mayor parte de los francos eran ganaderos necesitados de tierras, frente a visigodos y burgundios que practicaban el pillaje. Bajo la presión de los alamanes se desplazaron al sur fundaron el regnum francorum. Los visigodos que se asentaron en el sur, con el río Loira como frontera norte que los separaba de los francos. Estos pueblos entraron sobre todo a partir del cuando se establecieron como foederati en el 413 d.C. en Aquitania. Frecuentemente eran grupos dirigidos por algún tipo de caudillo militar, que a cambio de tierras y alimentos, prestaban apoyo militar a los galorromanos contra invasores hostiles. Con el debilitamiento del poder central romano aprovecharon para crear el regnum visigothorum un estado semiindependiente con capital en Toulouse. Este reino fue destruido en el 507 por los francos con lo cual los visigodos establecieron su capital en Toledo. La región de Novempopulania que había sufrido una romanización menos intensa, tuvo menor influencia germánica y en ella subsistieron hablantes de aquitano que es el antecesor del moderno vasco. Los burgundios que se asentaron preferentemente en el este.

Estos tres grupos germánicos hablaban lenguas diferentes. El fráncico era una lengua germánica occidental probablemente relacionada con las modernas bajogermánicas. Los visigodos y burgundios hablaban lenguas germánicas orientales, el gótico y el burgúndico. La influencia visigótica fue menor, y la influencia burgundia es difícil de valorar.

Los francos mantuvieron su lengua durante varios siglos, en el toda la aristocracia franca era bilingüe, y hacia el empezaba a darse el monolingüismo en romance en Neustria, por lo que los hijos de la aristocracia enviaban a sus hijos a las regiones donde el fráncico predominaba para que aprendieran esa lengua. Así el moderno neerlandés hablado en los Países Bajos y Bélgica sería un descendiente del antiguo idioma fráncico. Las formas léxicas dejadas en francés del superestrato fráncico frecuentemente están relacionadas con la vida rural: haie 'seto' (neerl. haag), halle 'mercado cubierto' (neerl. hall), jardin 'jardín', loge 'cabaña' (flamenco loove, loofe), hêtre 'haya (árbol)' (neerl. heester), aunque también abundan los términos asociados a la cultura feudal: baron, franc, lige, lief, marquis, ban y la guerra medieval heaume 'yelmo' (neerl. helm), guetter 'estar alerta', adouber 'preparar'.

También durante el , oleadas de celtas britónicos procedentes de las islas británicas ocuparon numerosas áreas del noroeste, en particular Armórica y su lengua predominó sobre la de los galorromanos, dando lugar al moderno bretón. Además las incursiones y asentamientos vikingos fueron numerosos, al punto que la región de Normandía recibe su nombre de los «hombres del norte», es decir, los nórdicos. También existieron asentamientos de otros pueblos como los alamanos en Alsacia o los sajones en la costa del canal de La Mancha, pero su influencia lingüística fue mucho menor. Finalmente los musulmanes omeyas que habían arrasado el reino de los visigodos en la península ibérica, invadieron esporádicamente el sur de Francia desde la región de Septimania que usaban como base de sus ataques.

Período galorromance

300px|right|thumb|Extensión de los territorios autóctonos de las lenguas galorromances Durante mucho tiempo, el idioma hablado en el norte de Galia (en realidad ya Francia) fue una variedad de latín, influido por el fráncico, idioma germánico hablado por los francos, que influyó fundamentalmente en la fonética del francés. Al sur, la evolución es diferente, por lo que poco a poco se van diferenciando dos lenguas con una frontera que en principio se marcará en el Loira, aunque a lo largo de la historia irá desplazándose cada vez más hacia el sur, debido al empuje político de una Francia cuyo centro político estaba en París y a que a partir de la Revolución francesa la lengua francesa pasó a ser un elemento identificador e igualador de todos los franceses. La langue d'oïl (oïl ha evolucionado en oui) se hablaba en la zona norte y el langue d'oc en el sur. La línea de separación iba del Macizo Central a la desembocadura del Loira en Nantes.