La ciudad de Jaén, España alberga un gran número de leyendas muy imbricadas en el alma de sus gentes. Casas enduendadas, tesoros sorprendentes, relatos islámicos y judíos, tradiciones íberas... como las siguientes:

Lagarto de la Magdalena o Lagarto de Jaén

thumb|200px|El Lagarto de la Magdalena, icono de Jaén. Sin duda alguna, la leyenda más conocida es la del Lagarto de la Magdalena (es conocido incluso a nivel de España, como el lagarto de Jaén, y popularmente llamado «El lagarto de la Magdalena»), un animal que atemorizaba a los pastores a finales del comiéndose sus ovejas.

En el barrio de la magdalena había un temible lagarto que atacaba a todas las personas que pasaban por allí a por agua, pues Jaén es muy rica en agua. Los ciudadanos ya estaban hartos y pidieron al rey que enviase a alguien a combatir contra el lagarto. Un preso que estaba condenado se ofreció a cambio de que le liberasen. Pidió la piel de una oveja, pólvora, panes y un caballo. Fue hacía el raudal y empezó a tirarle los panes al enorme lagarto. llegó a una calle sin salida y le tiro la oveja con la pólvora dentro. El lagarto se la tragó. Al cabo de unos minutos explotó y el preso retomó su libertad.

Hay que tener en cuenta que en las crónicas antiguas no se habla de un lagarto sino de una gran sierpe, es decir, una enorme serpiente, o sea, típica denominación en los textos antiguos para este tipo de monstruos que no dejan de ser los legendarios dragones, lo que aparece en el escudo de la catedral de Jaén y lo que tradicionalmente se ha dicho asemeja la figura de la propia ciudad recostada alrededor del cerro de Santa Catalina.

La leyenda de la cueva del tesoro de la Puerta de Baeza Hay multitud de leyendas jiennenses que insisten en ello, en que las galerías y cuevas secretas de la ciudad poseen un tesoro, y en todo en un contexto misterioso y oculto que hay que respetar, para evitar terribles consecuencias. Tesoros que no tienen que ser siempre materiales, sino que serían sagrados y tendrían que ver con el secreto conocimiento que se guardaba en la ciudad santa del santo reino Jaén.

En la plaza de los Huérfanos de Jaén, en donde estaba una de las imponentes puertas de la muralla, la de Baeza, de la que ahora solo queda poco más que los cimientos, se sitúa una de las leyendas más curiosas y esotéricas que se conservan.

Se trata de un tesoro posiblemente propiedad de la familia judía que habitaba esa casa y que algún día volvería para recuperar sus propiedades tras la expulsión de los judíos de Jaén. Cuenta que unos ganaderos que estaban de viaje pidieron pasar la noche en una casa entre la plaza de los Huérfanos y la calle del mismo nombre. Aceptando la dueña por la generosa retribución que le ofrecían los pastores, estos se alojaron en el sótano, como ellos querían. A media noche la hija de los dueños se despertó y oyó unos extraños susurros que procedían de los sótanos de la casa, y sigilosamente descendió hacia ellos y vio, sin que los hombres se percataran de su presencia, como estos se encontraban alrededor de una vela encendida y pronunciaban unas palabras en un idioma que no comprendía. Tras las palabras y el ritual se abrió mágicamente uno raja en los muros; sin pausa, los pastores entraron por la grieta y al poco salieron cargados de monedas, joyas y otros objetos preciosos.

Apagaron la vela y entonces la brecha del muro se cerró. Al día siguiente los ganaderos abandonaron la casa, y la muchacha, que había memorizado las extrañas palabras que oyó pronunciar, pidió a su madre, tras decirle escuetamente lo que había visto, que la acompañara al sótano esa misma noche. Encendió la vela, que estaba ya muy pequeña por el uso de los pastores, y repitió el ritual que había observado, pronunciando las palabras mágicas; entonces, efectivamente, se abrió de nuevo el muro, ante el gran asombro de la madre. Mientras que la madre se quedó sosteniendo la vela, la hija entró en la cueva y deslumbrada ante el magnífico tesoro que cobijaba se entretuvo, la madre desesperada advirtió que la vela estaba a punto de apagarse, que cogiese cualquier cosa y saliera corriendo, pero la codicia de la joven la entretuvo hasta que por fin la vela se apagó sin que la muchacha reaccionara a tiempo ante los gritos de la madre que veía cómo la entrada a la cueva se cerraba. La madre, desesperada, se lanzó hacia el muro, pero este ya era de nuevo una sólida pared de piedra. Allí dentro se quedó la muchacha.

El castillo de Santa Catalina

Sobre el Castillo de Santa Catalina también versan varias leyendas, la mayoría relacionadas con fantasmas. Quizá la más conocida de ellas sea la de la amante del Condestable Iranzo, en cuya habitación se siguen escuchando ruidos y lamentos, y que se dice que se interpone cuando alguien intenta retratar a su amado.

Se cuenta que el Condestable Iranzo se enamoró de una mora y era correspondido. Los dos amantes se casaron y un día el Condestable tuvo que ir a combate. Los súbditos estaban celosos de ella, pues creían que el rey no pensaba en ellos. Quemaron y violaron a la mujer mora cuando estaba embarazada. Desde entonces se oyen sus lamentos, y si la veis estará moviendo los muebles.

Otra leyenda a destacar dice que en la época de los moros, el Castillo de Jaén tuvo un gobernador llamado Omar, valiente guerrero pero a la vez delicadamente enamorado de su esposa, Zoraida. Una tarde fue reclamado en la ciudad por el Cadí y partió al galope. No volvió y su esposa, tras una angustiosa noche, salió en su busca; lo encontraron con un puñal en la espalda en un altozano cercano al castillo. Tal era el dolor de la viuda que se abrazó al cadáver y rompió a llorar sin consuelo.

Cuando sus acompañantes intentaron separarla del cuerpo de su marido, cayeron en la cuenta de que había muerto también, pese a que seguía derramando abundantes lágrimas y que éstas, al caer al suelo, se fundían con aguas cristalinas que brotaban del suelo, en un lugar que siempre había sido seco. Allí se formó una fuente que hoy se conoce como Caño Quebrado. Desde entonces en las noches de febrero, aparecen dos figuras como espectros abrazados que se alejan hacia el castillo.

Nuestro Padre Jesús Nazareno (El abuelo) miniaturadeimagen|Nuestro Padre Jesús Nazareno "El Abuelo"

Otra leyenda también muy arraigada a la ciudad concierne a la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Cuenta la leyenda que un anciano fue acogido durante una noche en una casería a las afueras de la ciudad, y al ver un grueso tronco de olivo a la entrada dijo a los dueños que «buen nazareno saldría de ahí». Ante el comentario del anciano, le preguntaron «¿usted sería capaz de hacerlo?», él asintió y pidió únicamente que lo dejaran trabajar a solas en una habitación sin herramienta alguna, pues no tenía necesidad de ellas.

Los sorprendidos dueños accedieron a tan singular petición y dejaron al abuelo a solas con el tronco de olivo. Pasaron las horas y ningún ruido salía de la habitación. Preocupados, tocaron a la puerta por si le había pasado algo y al no obtener respuesta decidieron entrar... en la habitación no había rastro del abuelo y en lugar del tronco de olivo se encontraba ésta hermosa talla de cuerpo completo del nazareno. De ahí viene el nombre de esta procesión, conocida como "El Abuelo".

Catedral de Jaén

miniaturadeimagen|Catedral de Jaén La Catedral también posee varias leyendas:

El niño huérfano Hace más de medio siglo un niño pobre y huérfano de 5 o 6 años vivía en la Catedral. Una noche se durmió delante de un cuadro de una mecedora con una mujer y un bebé. Cuando cerraron, el chaval oyó unos llantos y un ruido de mecedora. Lo ignoró. Luego más fuertes. Los volvió a ignorar. Luego parecían estar detrás de sus oídos. Se giró y vio que el bebé no estaba, cuando volvió a ponerse como antes el bebé estaba delante de él. Se levantó y corrió hacia la puerta pero la madre lo mató.

Desde entonces se ve a un niño correteando a los minutos previos al cierre. Personajes notables como el ex-obispo de Jaén Santiago García Aracil afirman haber visto a este niño.

La mona de Jaén Si visitas la catedral de Jaén y te fijas detenidamente en la fachada noreste (la más antigua), encontraras en un friso exterior una figura de piedra un poco peculiar, "la mona de Jaén". Existen diferentes historias a cerca de su origen. Unos dicen que antaño existía una joven muchacha, conocida en toda la ciudad por su belleza equiparable a la de un ángel y su corazón tan puro como el oro refinado. Esto mismo fue lo que despertó la envidia de un malvado mago que quería adueñarse de ella, pero la mujer se resistió a los caprichos del mago y como castigo este la petrifico. Sin embargo la mujer , antes de ser petrificada, decidió pronunciar una maldición que afectara a todo aquel que se atreva a desafiarla o mirarle a los ojos. Se cuenta que, tras varios siglos de este suceso, los mayores advertían a sus hijos y parientes más pequeños a cerca de la maldición, aconsejándoles que no jugaran en la pequeña plaza situada en donde está ubicada la figura. Un día, un grupo de niños rebeldes decidieron ignorar las palabras de sus mayores ,creyendo que esto era una simple mentira. Comenzaron a tirarle piedras a modo de juego, ninguno atinaba por su mala puntería, hasta que un niño consiguió darle directamente a la nariz de la figura, mutilándola y haciendo que dicha parte se caiga al suelo. El niño con tranquilidad se retiró a su casa después de pasarse toda la tarde jugando, pero, en cuando dio el primer paso dentro de esta le comenzaron a entrar sudores fríos. El niño enfermo y empeoraba momento a momento, muy rápidamente, llegando hasta a convulsionar. Sus padres llamaron al médico lo más rápido que pudieron pero este no pudo encontrar ninguna explicación ni remedio a lo que le pasaba, hasta que, a las pocas horas, el niño falleció. Desde aquel entonces, el mirar a dicha figura ha representado siempre un mal presagio. Esto a dado lugar a costumbres como que los recién casados de la ciudad de Jaén no pasen cerca de la fachada donde está situada la mona, si no tendrán mala suerte durante su matrimonio.

Leyenda del Santo Rostro Este objeto sagrado conservado en el santuario catedralicio, está rodeado de leyendas por su presunto origen y presencia en Jaén. Se dice que es uno de los tres dobleces del paño en los que se imprimió la imagen de la cara de Cristo cuando su dueña, Verónica, quiso secarle el sudor y la sangre camino del Calvario; pero seguramente se trata de una pintura medieval al estilo de los iconos bizantinos, pintado sobre una imagen sagrada aún más antigua e ignota.

El santo rostro fue sacado de Jaén en varias ocasiones. Cuenta la leyenda que una de ellas fue devuelto a su diócesis por el obispo Nicolás de Biedma (1368-1378 y 1381-1383), pues el rey santo lo había dejado en Sevilla tras encontrarlo en Jaén en unas catacumbas del barranco de los Escuderos, muy cerca de la Catedral, donde había permanecido oculto desde la conquista árabe.

Leyenda de San Eufrasio