Pedro Abraham Valdelomar Pinto (Ica, 27 de abril de 1888-Ayacucho, 3 de noviembre de 1919) fue un escritor, poeta, periodista, dibujante, ensayista y dramaturgo peruano. Es considerado uno de los principales cuentistas del Perú, junto con Julio Ramón Ribeyro.
Nacido en Ica, a temprana edad se trasladó con su familia al puerto de Pisco, donde cursó parte de su educación primaria (1892-1898), culminándola en Chincha (1899). Se trasladó a Lima para cursar su educación secundaria en el Colegio Nuestra Señora de Guadalupe (1900-1904). Luego ingresó a la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Interrumpió sus estudios para incursionar en el periodismo, así como en la política, como partidario de Guillermo Billinghurst. Fue nombrado director del diario oficial El Peruano y pasó a Italia como secretario de la legación peruana (1913). Tras la caída de Billinghurst retornó al Perú (1914). Se consagró al periodismo y pronto se hizo conocido por su calidad de literato, al publicar sus primeros relatos y poesías en diarios y revistas. Fundó la revista literaria Colónida (1916) y publicó su libro de cuentos El caballero Carmelo (1918), que marcó el inicio de la modernidad en la narrativa peruana. Viajó a diversas ciudades del Perú e incursionó una vez más en la política, siendo elegido diputado al Congreso Regional del Centro (1919), durante el Oncenio de Augusto Leguía. Estando en Ayacucho, sufrió una caída accidental que le provocó la fractura de la columna vertebral, a consecuencia de lo cual falleció cuando apenas contaba con la edad de 31 años.
Valdelomar fue un escritor completo pues abarcó prácticamente todos los géneros literarios conocidos. Sin embargo, lo mejor de su creación ficticia se concentra en el campo de la narrativa cuentística. Sus cuentos se publicaron en revistas y periódicos de la época, y él mismo los organizó en dos libros: El caballero Carmelo (Lima, 1918) y Los hijos del Sol (póstumo, Lima, 1921). En ellos se encuentran los primeros cuentos neocriollos peruanos, de rasgos posmodernistas, que marcaron el punto de partida de la narrativa moderna del Perú. El cuento «El caballero Carmelo», que da nombre a su primer libro de cuentos, es un relato nostálgico ambientado en Pisco, durante su infancia, que versa en torno a una pelea de gallos. Su colección de cuentos Los hijos del Sol, se inspira en el pasado histórico del Perú, remontándose a la época de los incas.
Su poesía también es notable por su evolución del modernismo al postmodernismo, acercándose al vanguardismo. Esta poesía tiene como ejemplos notables a «Tristitia»Tristitia, el título del poema emblemático de Valdelomar es una palabra latina que significa «tristeza» y se pronuncia tristizia. Sin embargo, entre los escolares peruanos se ha difundido su pronunciación castellanizada. y «El hermano ausente en la cena de Pascua», los cuales presentan a su autor como un poeta dulce, tierno y profundo, que rememora a sus padres y hermanos con nostalgia hogareña.
Biografía Infancia y adolescencia Fue el sexto hijo de Anfiloquio Valdelomar Fajardo y de María Carolina de la Asunción Pinto Bardales. Hasta los cuatro años de edad vivió en una pequeña casa en la Calle Arequipa # 286 de su ciudad natal, Ica. Hasta el año 2007 podía apreciarse una placa recordatoria en dicha casa señalando el hecho; lamentablemente, el terremoto de aquel año provocó el derrumbe completo de esta primera casa de Valdelomar.
En 1892 se trasladó con su familia al puerto de Pisco, donde su padre encontró trabajo como empleado de la aduana. Allí empezó sus estudios primarios. Las experiencias de su infancia, vinculada al mar y al campo, influyeron decisivamente en su obra. En 1899 se trasladó a Chincha, donde concluyó su educación primaria.
En 1900 viajó a Lima donde estudió la secundaria en el Colegio Guadalupe, que por entonces tenía su sede en la actual avenida Abancay, colindando con la avenida Nicolás de Piérola y el Parque Universitario. Allí fundó y dirigió, junto con Manuel Augusto Bedoya Lerzundi, un periódico escolar denominado La Idea Guadalupana (1903). Tuvo también por condiscípulos a Felipe Cossío del Pomar, Santiago Antúnez de Mayolo, Eulogio Castillo, Enrique Basadre Pastor, Ciro Napanga, entre otros que después destacaron en el campo de las artes, las letras y las ciencias. En 1904 concluyó sus estudios secundarios y durante unos meses desempeñó el puesto de archivero en la Inspección Municipal de Educación de Chincha.
Vida universitaria. Primeras publicaciones En 1905 ingresó a la Facultad de Letras de la Universidad de San Marcos. Sin embargo, dejó las clases al año siguiente para trabajar como dibujante en las revistas Aplausos y silbidos, Monos y Monadas, Fray K. Bezón, Actualidades, Cinema, Gil Blas y El Fígaro.
Luego dio a luz sus primeras creaciones literarias a través de diarios y revistas. Sus primeros versos, de estilo modernista, los publicó en la revista Contemporáneos (1909); sus primeros cuentos aparecieron en 1910 en las revistas Variedades, Ilustración Peruana y Balnearios. miniaturadeimagen|200px|Abraham Valdelomar en 1910. En abril de 1910 se incorporó al ejército cuando hubo el peligro de una guerra con el Ecuador, durante el primer gobierno de Augusto B. Leguía. A raíz de ello empezó a escribir crónicas para El Diario de Lima, que envió desde la Escuela Militar de Chorrillos bajo el título de «Con la argelina al viento».
En julio de 1910 reanudó sus estudios en la Facultad de Letras de la Universidad Mayor de San Marcos. En agosto emprendió viaje con la llamada Expedición Científica Sanmarquina que recorrió Arequipa, Cuzco y Puno. Su fama literaria se consolidó al año siguiente con dos novelas cortas que dio a la luz: La ciudad muerta y La ciudad de los tísicos, publicadas por entregas en Ilustración Peruana y en Variedades, respectivamente (1911).
Dicha obra temprana (poemas, crónicas periodísticas y cuentos) está marcada por la influencia del modernismo y de Manuel González Prada; en sus novelas cortas se denota la influencia del italiano Gabriele D'Annunzio.
Partidario de Billinghurst. Viaje a Roma Una de sus primeras incursiones en la vida política de su país se dio en septiembre de 1911, cuando protestó públicamente, junto con el estudiantado universitario, contra la arbitraria detención de José de la Riva Agüero y Osma, joven como él, pero que ya empezaba a destacar como hombre de letras. Llegó a convertirse en uno de sus grandes amigos. En ese mismo año colaboró para el diario La Opinión Nacional, cuyo director era Andrés Avelino Aramburú Sarrio. Entre sus compañeros redactores figuraban Federico More, Antonio Garland y Zoila Aurora Cáceres.
En 1912 participó entusiastamente en la campaña presidencial a favor de Guillermo Billinghurst, apodado «Pan Grande». En retribución a su apoyo, el gobierno de Billinghurst lo nombró a director del diario oficial El Peruano (cargo que ejerció de 1 de octubre de 1912 a 30 de mayo de 1913).
Los estudiantes billinghuristas lanzaron la candidatura de Valdelomar a la presidencia del Centro Universitario de San Marcos (importante institución estudiantil, antecedente de la Federación de Estudiantes del Perú). Pero no logró el respaldo de los estudiantes limeños, opuestos a la politización de la Universidad. El líder de estos, Alberto Ulloa Sotomayor (hijo de Alberto Ulloa Cisneros), publicó un artículo de protesta en La Prensa. Valdelomar lo consideró difamatorio y retó a Ulloa a un duelo de espada. El duelo finalizó sin mayores consecuencias y sin que ambos rivales lograran reconciliarse. Tiempo después, Ulloa se amistó con Valdelomar y prologó su libro de cuentos El caballero Carmelo. Valdelomar no logró ganar la presidencia del Centro Universitario, por lo que decidió crear otro Centro, claramente político, donde él asumió la presidencia.
Días antes de ese duelo, y por Resolución Suprema N.º 484 de 12 de mayo de 1913, fue nombrado Secretario de Segunda Clase de la Legación Peruana en Italia. Se embarcó el 30 de junio de 1913 en el vapor Ucayali, con destino a Panamá, para luego continuar a Nueva York y enseguida a Roma. Una vez más debió truncar sus estudios universitarios, pero viajó con la intención de retomarlos en Italia (lo que no se concretaría). thumb|Abraham Valdelomar en Roma, 1914. Desde Roma escribió para el diario La Nación de Lima sus «Crónicas de Roma». Mantuvo un nutrido intercambio epistolar con su amigo Riva Agüero, en el que se puede ver una mutua admiración y respeto. En Roma escribió también su obra más importante, El caballero Carmelo, cuento con el que ganó el primer premio del concurso literario convocado por el mismo diario La Nación, que lo publicó en su edición del 13 de noviembre de 1913.
Retorno al Perú. Labor literaria En febrero de 1914, ocurrido el derrocamiento de Billinghurst por el coronel Oscar R. Benavides, Valdelomar renunció a su cargo diplomático y retornó al Perú. De nuevo en la capital peruana, sufrió una fugaz detención acusado de conspirar contra el gobierno de facto (julio de 1914).
Trabajó luego como secretario personal de Riva Agüero, bajo cuya influencia escribió La mariscala, biografía novelada de Francisca Zubiaga y Bernales (1803-1835), esposa del presidente Agustín Gamarra y figura destacada de la política del Perú de inicios de la República. De dicha obra hizo luego una versión teatral, con el mismo nombre, y en colaboración con José Carlos Mariátegui (1916).
Planeó también editar un libro de Cuentos criollos bajo el título de La aldea encantada, pero nunca llegaría a concretar ese proyecto. Dos de dichos cuentos criollos, aparecieron publicados en el diario La Opinión Nacional: El vuelo de los cóndores y Los ojos de Judas (en julio y octubre de 1914, respectivamente). Estos cuentos se consideran como lo mejor de su obra cuentística, junto con El Caballero Carmelo.
En 1915 empezó a trabajar como secretario del Presidente del Consejo de Ministros del segundo gobierno de José Pardo y Barreda, Enrique de la Riva Agüero (tío de José de la Riva Agüero). Se dedicó de lleno al periodismo y la literatura. Se erigió como un influyente líder de opinión y un portavoz de la modernidad intelectual.
Labor periodística. El Palais Concert Valdelomar colaboró sobre todo en el diario La Prensa, donde tuvo a cargo la sección «Palabras», dedicada a la crónica política, desde julio de 1915 hasta 1918. Se hizo popular por sus burlas hacia los políticos de entonces (entre parlamentarios y ministros). Allí fue donde hizo conocido su seudónimo de El Conde de Lemos.
Compuso también los llamados Cuentos chinos, una crítica hacia la dictadura de Óscar R. Benavides en forma de apólogos ambientados en China, que fueron publicados igualmente en La Prensa en 1915 y uno de ellos en la revista Rigoletto en 1916.
También publicó en La Prensa sus «Crónicas frágiles», sobre temas diversos; los «Diálogos máximos», que transmiten conversaciones líricas entre él y su amigo José Carlos Mariátegui representados bajo los nombres de Aristipo y Manlio, respectivamente; la columna «Fuegos fatuos», donde desplegó todo su humorismo e ironía; la columna «Impresiones», donde volcó estampas de paisajes, ambientes y personas; y finalmente sus comentarios sobre la Primera Guerra Mundial (entonces llamada Gran Guerra), aparecidos en 1917 bajo el rótulo de «Al margen del cable».
Ya por entonces llamaba la atención de la gente con su atildada indumentaria, sus públicas improvisaciones poéticas y sus galanterías en confiterías y salones de té, como en el famoso Palais Concert, situado en el jirón de la Unión, cerca del Palacio de Gobierno, lugar que cobijó a la juventud intelectual de la época. Por lo general formaba dúo con su gran amigo José Carlos Mariátegui, seis años menor que él. Algunos le negaron originalidad y lo acusaron de ser imitador del irlandés Oscar Wilde y del italiano D’annunzio.