La Vía Francígena, también denominada Itinerario de Sigerico o Vía Romea-Francígena, es el nombre oficial que recibe una ruta que discurre de norte a sur por el centro de Europa. Comienza en la ciudad inglesa de Canterbury y finaliza en Roma, concretamente en la plaza de San Pedro de la Ciudad del Vaticano. Este nombre oficial deviene de la extensión a toda la ruta de la denominación de una parte de ella, la que va desde Vercelli hasta Roma y que desde el medievo se ha conocido como Vía Francígena (o “camino que viene de Francia”).

Este itinerario, en su trayecto completo, fue utilizado desde la Edad Media por los anglosajones como manera de llegar a Roma. Al camino se unían, en varios puntos de su recorrido, otras Vías Romeas usadas por peregrinos procedentes de diversas áreas del continente que también deseaban viajar a la ciudad de San Pedro.

La primera descripción completa que se dispone del itinerario es la que dejó el arzobispo de Canterbury Sigerico el Serio, quien lo utilizó para volver de Roma en el año 990. Otras crónicas de peregrinaciones y viajes medievales han descrito también las partes de esta ruta que recorrían una vez que se unían a la misma. Tras varios estudios anteriores del itinerario seguido por Sigerico, durante los años 1980 se pudo reconstruir el mismo en buena medida y en 1990 se editó la primera guía moderna del camino completo. A partir de entonces se ha desarrollado una infraestructura de marcado y señalización del recorrido, así como de adecuación de alojamientos que permite utilizar actualmente esta ruta como vía para llegar a Roma caminando o en bicicleta. Gracias a sus características, el Consejo de Europa la reconoció en 1994 como «Itinerario Cultural Europeo» y posteriormente —en 2004— la incluyó entre los nueve «Grandes Itinerarios Culturales Europeos» que hoy en día (2016) cuentan con esa distinción. Con todo, el estado actual de la Vía Francígena difiere sustancialmente entre los varios países que recorre y se da una clara contraposición entre las partes italiana y francesa. La primera está muy bien marcada, con buena infraestructura de alojamientos y disponibilidad gratuita de guías bien diseñadas; la segunda, en cambio, carece de una completa señalización, el alojamiento para peregrinos es escaso y las guías no son tan abundantes y detalladas como para Italia.

El itinerario se puede dividir en dos partes: una sería la «Vía Francígena» propiamente dicha que, como se ha mencionado, discurre en Italia entre Vercelli y Roma y proviene de un itinerario desarrollado por los lombardos en el ; la otra parte —entre Canterbury y Vercelli— sería una de las varias Vías Romeas que han existido en Europa, utilizadas por los peregrinos provenientes de diversas áreas geográficas para llegar a Roma y que convergían en el antiguo recorrido lombardo.

El itinerario es heredero de las rutas naturales que desde la antigüedad unían el mar del Norte con el Mediterráneo. Discurre uniendo notables lugares de la cristiandad, como Canterbury, Reims, Besanzón, San Mauricio, Pavía, Siena o Viterbo, y utiliza puntos estratégicos para salvar accidentes geográficos, como montañas y ríos. Atraviesa tres cadenas montañosas (macizo del Jura, los Alpes y los Apeninos) y pasa por 13 regiones actuales situadas en cuatro países europeos (sin contar la Ciudad del Vaticano). Su largo trayecto está jalonado por abundantes monumentos y entornos geográficos de notable belleza, algunos de ellos catalogados como Patrimonio de la Humanidad. También se sitúan en su recorrido un buen número de tumbas de santos, las cuales han sido en sí mismas destinos de peregrinación, carácter que mantienen actualmente algunas de ellas.

La ruta original tenía una longitud de ca. que Sigerico describió con la relación de 79 «estaciones» a lo largo de ella. Hoy en día recorre una distancia de ca. por los desvíos que el camino necesita hacer debido a que buena parte del trayecto original no puede ser recorrido a pie al ser actualmente autopistas, carreteras muy transitadas o vías de ferrocarril. Estos se pueden dividir en 86 etapas, por lo que se necesitan cerca de tres meses para recorrerlos. Su punto central es el paso alpino del Gran San Bernardo, que permanece cerrado entre octubre y mayo en función de las condiciones meteorológicas, algo que determina las posibles fechas de inicio del viaje si se quiere atravesar a pie este puerto.

Dado que en diversas partes de la ruta convergen Vías Romeas con origen en otras regiones europeas, también es posible realizar el recorrido de peregrinación hasta Roma iniciándolo en España. Para ello se utiliza un itinerario formado por tramos del camino jacobeo y otras rutas que, recorridas en un sentido, llevan a Santiago de Compostela y, en dirección contraria, conducen a la unión en diferentes puntos con la Vía Francígena.

En Italia, la Asamblea General Europea de la Vía Francígena ha acordado extender desde octubre de 2019 hacia el sur la Vía con un recorrido que llega hasta Santa María de Leuca.

Origen de la Vía Francígena 300px|miniaturadeimagen|derecha|Trazado de la Vía Francígena dentro de la red de calzadas romanas en la península itálica. La ruta surgió entre los siglos y para comunicar la capital lombarda, Pavía, con los territorios cercanos a Roma. El nacimiento de la Vía Francígena como itinerario específico de largo recorrido se sitúa entre los siglos y , en una época en la que Italia estaba dominada por bizantinos y lombardos y en la que los territorios de estos se encontraban divididos en dos partes separadas por los Montes Apeninos. Los lombardos necesitaron desarrollar una ruta que mejorase la comunicación entre sus dominios y que evitase los tradicionales puertos de la época romana en manos de los bizantinos. Para establecer el nuevo camino aprovecharon un antiguo paso de montaña de escaso uso en la antigüedad. Este punto acabó denominándose Mons Langobardorum y fue conocido posteriormente como la Via di Monte Bardone, que corresponde al actual paso de la Cisa que separa los Apeninos ligures de los toscanos. La ruta desde Pavía —la capital lombarda— hacia Roma se estableció centrada en este paso de montaña, lo que hacía que evitase las tradicionales vías romanas y solo las aprovechase cuando era posible y conveniente. 200px|miniaturadeimagen|izquierda|Adriano I solicitando la ayuda de Carlomagno, quien acabó derrotando a los lombardos y puso la ruta del Monte Bardone bajo la administración franca. Vercelli (Vercellae) era una población a unos de Pavía, donde confluían los caminos que, procedentes del ámbito franco, habían atravesado los Alpes por los pasos de Moncenisio, Monginevro, el Pequeño y el Gran San Bernardo, así como el del Simplón. Esta localidad situada junto al río Sesia era un punto que permitía su cruce para continuar por antiguas vías secundarias romanas hasta la citada Pavía (Ticinum) —donde también llegaba la ruta procedente del paso de San Bernardino— y posteriormente Plasencia, ciudad en la que se atravesaba el río Po para tomar la Via Emilia. El itinerario seguía esta importante vía romana hasta Fidenza, donde la abandonaba para discurrir por la cuenca del río Taro hasta Fornovo (Forum Novum). Tras cruzar este río, avanzaba por la Via di Monte Bardone para atravesar los Apeninos y llegar a la ciudad costera de Luni. Desde este puerto, seguía por la Vía Cassia hasta Lucca, donde la abandonaba para proseguir por las colinas de Toscana a través de la población de Siena (Sena Iulia) con el fin de llegar a Bolsena (Bolsinii Novi), ciudad en la que la retomaba para continuar por ella y llegar finalmente a Roma.

Tras la petición de ayuda por parte del papa Adriano I, Carlomagno derrotó a los lombardos en el año 774, se proclamó como su rey e incorporó sus territorios septentrionales al dominio franco. Con la región lombarda incluida en el ámbito carolingio, la ruta que atravesaba el paso de La Cisa se convirtió en una importante vía de comunicación administrada desde ese momento por la administración franca. La ruta comenzó entonces a conocerse con denominaciones que aludían a su origen en el ámbito franco y a su destino en Roma. La primera mención escrita conocida usa la denominación de «via Francisca» y se encuentra en un documento del año 876 en la Abbazia San Salvatore situada en el monte Amiata. Posteriormente, el nombre fue cambiando con los años: «strata Romea» en 990, «via Romea» hasta el y a partir de entonces, indistintamente «via Francesca», «strata Francigena» y «strata Francigenarum» hasta el .

La ruta entre el mar del Norte y Vercelli miniaturadeimagen|300px|derecha|Itinerario seguido por Sigerico entre Canterbury y Roma que ha servido de base para establecer el «Gran Itinerario Cultural Europeo» denominado Vía Francígena. Desde tiempos protohistóricos, el mar del Norte y el área mediterránea se han conectado a través de rutas naturales que aprovechaban cuencas fluviales y pasos de montaña. Una de estas rutas naturales partía de la costa y discurría por las cuencas del Somme y Marne para llegar al valle de los ríos Saona y Doubs. En ese punto cruzaba el Macizo del Jura por los pasos disponibles y alcanzaba la cuenca del Ródano en el lago Lemán, donde se unía con otra ruta similar que también venía desde el mar del Norte hasta esta zona siguiendo la cuenca del Rin. Proseguía río arriba por el curso del Ródano para internarse en los Alpes, donde lo abandonaba y se adentraba por los valles alpinos hasta el paso del Gran San Bernardo. Descendía la montaña por la cuenca del Dora Baltea y alcanzaba finalmente el valle del Po.

Sobre la anterior ruta natural se fue definiendo un itinerario formado por la unión de varios caminos regionales y que quedó como una vía estable dotada de infraestructuras como pavimentación, puentes y hospitales. Este itinerario era el más directo para los peregrinos anglosajones que querían alcanzar los Alpes y, por ende, el más utilizado por ellos. Partía desde los puertos en la costa francesa del canal de la Mancha en dirección a Arrás y posteriormente cruzaba la región de Champaña por Reims y Châlons-en-Champagne para dirigirse hasta Besanzón en el Franco-Condado. El tramo anterior era conocido como «Chemin des Anglais». Tras la citada Besanzón, el itinerario continuaba por la zona montañosa del Jura franco-suizo, la cluse de Pontarlier y alcanzaba la ciudad de Lausana junto al lago Lemán. En este lugar se unían las rutas de francos, alemanes, escandinavos e ingleses para afrontar la travesía de los Alpes. El cruce de la montaña se hacía partiendo del lago para subir por el valle del Ródano hasta Saint-Maurice, lugar en que se atravesaba el río para continuar hasta Martigny, donde se abandonaba su cauce para internarse por valles alpinos y alcanzar el Gran San Bernardo. El descenso de los Alpes se efectuaba por el valle del Dora Baltea pasando por Aosta hasta llegar a Ivrea en la llanura del Po, donde abandonaba el cauce del anterior río y se dirigía a Vercelli, punto de unión con otras rutas que llegaban de atravesar los Alpes para cruzar el Sesia.

El viaje de Sigerico miniaturadeimagen|200px|derecha|Sigerico el Serio. Sigerico el Serio fue arzobispo de Canterbury entre 989 y 994. Su mandato tuvo lugar bajo el reinado de Etelredo II y en unos años en los que la isla de Gran Bretaña volvía a sufrir los ataques vikingos, lo que hizo que aconsejase al rey el pago de un tributo —el llamado danegeld— para detener los asaltos (algo que finalmente resultó inútil).