El mundo sin nosotros (título original: The World Without Us) es un libro científico que trata del impacto que tendría sobre la Tierra la desaparición de los seres humanos. Su autor es el periodista estadounidense Alan Weisman y fue publicado por St. Martin's Thomas Dunne Books en el 2007.

La obra es una versión expandida del artículo «Earth Without People» del mismo autor, publicado en la revista Discover en febrero de 2005. Redactado primordialmente a manera de experimento mental, El mundo sin nosotros resume, por ejemplo, la forma en que las ciudades y hogares se habrían de deteriorar, cuántos artefactos artificiales prevalecerían y cómo evolucionarían las formas de vida restantes sin la presencia del ser humano. Weisman concluye en que los barrios residenciales pasarían a convertirse en bosques dentro de un período no mayor a 500 años y que los desechos radiactivos, las estatuas de bronce, los plásticos, así como el monte Rushmore, quedarían entre las pruebas más perdurables de la presencia humana en el planeta.

Tras escribir previamente cuatro libros y numerosos artículos para revistas, Weisman viajó a varios lugares para entrevistar a académicos, científicos y otras autoridades. Una vez hecho esto, usó las citas de dichos diálogos para explicar los efectos resultantes en la naturaleza y, a la vez, fundamentar las predicciones realizadas hasta ese momento en torno al tema. La obra ha sido traducida y publicada en varios países. En Estados Unidos alcanzó el puesto número seis en la lista de «Los libros más vendidos» de The New York Times y el primer lugar del San Francisco Chronicle en septiembre de 2007. Igualmente, ocupó el primer puesto entre los libros más comercializados de los listados elaborados por Time y Entertainment Weekly. En cuanto a críticas, el estilo de redacción y la manera de abordar los temas científicos fueron dos aspectos elogiados, aunque algunos periodistas, entre ellos uno de The Washington Post, manifestaron su desacuerdo respecto a la ausencia de un análisis antropomórfico del contenido.

Antecedentes Antes de El mundo sin nosotros, el autor, Alan Weisman, había escrito cuatro libros, entre los cuales se encontraban Gaviotas: una aldea para reinventar el mundo (en 1998), sobre una ecoaldea en Colombia, y An Echo In My Blood (publicado en 1999), sobre la historia de la inmigración de su familia desde Ucrania hasta territorio estadounidense. Además había colaborado como periodista para revistas internacionales y periódicos estadounidenses y al momento de escribir las obras mencionadas anteriormente era un profesor asociado de Periodismo y Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Arizona. Dicha profesión le obligaba solamente a dar una única clase durante cada semestre, en la época primaveral, por lo que el resto del año gozaba de libertad para viajar y llevar a cabo investigaciones.

thumb|left|Para escribir El mundo sin nosotros, Weisman recurrió a algunos artículos que él mismo había redactado previamente. Entre estos se encontraba «The Real Indiana Jones», cuyo contenido trata sobre la cultura maya. Adicionalmente el autor entrevistó al antropólogo Arthur Demarest, con tal de obtener más detalles sobre el apogeo de la civilización maya.

En 2003, Josie Glausiusz, editora de la revista Discover, le sugirió el concepto de El mundo sin nosotros.Weisman (2007), 277. Ella había estado considerando la idea desde hacía años, por lo que le pidió que escribiera un artículo sobre ello tras releer «Journey through a Doomed Land», un artículo publicado por él en la revista Harper's en 1994, cuyo contenido trata sobre el estado en que se encontraba Chernóbil a ocho años de su abandono. Su artículo para Discover, «Earth Without People», se publicó en el ejemplar correspondiente a febrero de 2005, y se reimprimió en la antología The Best American Science Writing 2006. En él describe la manera en que el medio natural ha prosperado en la abandonada zona desmilitarizada de Corea y cómo la naturaleza misma habría de abrumar el espacio urbano de la ciudad de Nueva York. Haciendo uso de entrevistas con paleoecologistas, el artículo especula que la megafauna regresaría y la cubierta forestal, como el Bosque de Białowieża en Europa, se extendería por todo el continente europeo y la región este de Estados Unidos. Asimismo, el ensayo plantea la posibilidad de la escasez de centrales energéticas, plantas químicas, embalses y tanques de petróleo.

Para ampliar este contenido en un libro, su agente encontró a un editor en St. Martin's Press; entre las veintitrés páginas de bibliografía hay dos artículos que escribió para la revista de Los Angeles Times —«Naked Planet», acerca de los contaminantes orgánicos persistentes y «The Real Indiana Jones», sobre la cultura maya— así como uno más publicado en Condé Nast Traveler —«Diamond in the Wild», que aborda el proceso de extracción de diamantes—, junto con «Earth Without People» de Discover.Weisman (2007), 289-311. Con tal de ampliar su investigación original, realizó un sondeo adicional en Inglaterra, Chipre, Turquía, Panamá y Kenia, donde entrevistó a académicos como el biólogo Edward Osborne Wilson para obtener información sobre la zona desmilitarizada de Corea.Weisman (2007), 129, 189-190. Recurrió también a especialistas, como el arqueólogo William Rathje, a quien entrevistó sobre la temática de los plásticos como residuos de desperdicio;Weisman (2007), 119-120. el botánico especialista en bosques Oliver Rackham, con quien habló sobre la cubierta vegetal en la región británica;Weisman (2007), 150-151. el antropólogo Arthur Demarest, para tratar sobre el final de la civilización maya;Weisman (2007), 224-229. el paleobiólogo Douglas Erwin, para conversar sobre cuestiones relacionadas con el proceso de evolución;Weisman (2007), 229-232. y el filósofo Nick Bostrom, para obtener detalles sobre el movimiento transhumanista.Weisman (2007), 240-244.

Sinopsis

El libro está dividido en diecinueve capítulos, con un prólogo, un epílogo, bibliografía e índice. Cada capítulo trata sobre un tema distinto, como el destino potencial de los plásticos, la infraestructura petrolera, las instalaciones nucleares y las obras de arte. Está escrito desde el punto de vista de un periodista científico, con explicaciones y testimonios que sustentan sus afirmaciones. Cabe destacar que no hay ninguna apreciación narrativa global tratada en un solo capítulo que cohesione o unifique el contenido en forma de tesis.

El experimento mental de Weisman se enfoca en dos cuestiones primarias: ¿cómo reaccionaría la naturaleza frente a la desaparición de la humanidad? y ¿qué legado dejarían los humanos en ella tras su ausencia? Para prever cómo podría continuar la vida sin la presencia humana, examinó áreas donde el ambiente natural existe con una mínima intervención humana, tales como el bosque de Białowieża, el arrecife Kingman y el atolón Palmyra. Asimismo, entrevistó al biólogo E. O. Wilson y visitó a los miembros de la Federación Coreana del Movimiento Ecologista, en la zona desmilitarizada de Corea, donde solamente una pequeña cantidad de personas han ingresado desde 1953.Weisman (2007), 183-188. Del mismo modo intentó concebir cómo la vida habría de evolucionar mediante la descripción de la evolución de plantas y animales prehistóricos, aunque Douglas Erwin advirtió al respecto: «no podemos predecir lo que será el mundo dentro de cinco millones de años con solo estudiar a los supervivientes».Weisman (2007), 232. Varios capítulos están dedicados a la megafauna, la cual predijo que habría de proliferar. En su análisis, examina muestras de tierra de los últimos dos siglos y extrapola las concentraciones de metales pesados y sustancias extrañas en un futuro donde no hay noción de insumos industriales. También examina los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera y sus implicaciones en el cambio climático.

thumb|300px|La ciudad abandonada de Prípiat, en Ucrania, ubicada cerca de Chernóbil.

Con material proveniente de sus artículos anteriores, utilizó el final de la civilización maya para ilustrar la posibilidad de una sociedad arraigada que va desapareciendo y cómo el ambiente natural oculta con rapidez cualquier rastro.Weisman (2007), 223-8. Para demostrar la forma en que la vegetación podría poner en riesgo la infraestructura creada por el humano, entrevistó a hidrólogos y empleados en el canal de Panamá, donde se requiere un mantenimiento constante para evitar el avance de la vegetación selvática y retirar el limo de las presas.Weisman (2007), 173-178. Para ilustrar ciudades que tendrían que ser abandonadas tras sucumbir ante los efectos del entorno natural, recurre a Chernóbil (Ucrania, abandonada en 1986) y Varosha (Chipre, abandonada en 1974). Sobre el tema, considera que las estructuras se desmoronan cuando el clima provoca daños que no son reparados y otras formas de vida crean nuevos hábitats en esos lugares. En Turquía contrastó las prácticas de construcción de la creciente ciudad de Estambul, que considera típicas de grandes ciudades en países menos desarrollados, con las ciudades subterráneas de Capadocia. Debido a la gran demanda de vivienda en Estambul, gran parte de la ciudad se ha desarrollado rápidamente con cualquier material disponible, por lo que podría derrumbarse ante un gran terremoto u otro desastre natural.Weisman (2007), 103-105. Contrariamente, las regiones subterráneas de Capadocia se construyeron hace miles de años sobre regiones donde hay toba volcánica, por lo que es más probable que sobrevivan durante varios siglos.Weisman (2007), 106-111.

El autor usó también a la ciudad de Nueva York como modelo para dar una idea general de la forma en la que el área urbana no mantendría su forma; en su obra explica que las alcantarillas se obstruirían, las corrientes subterráneas inundarían los pasillos del metro y el suelo bajo las carreteras se erosionaría y, finalmente, se destruiría. Sobre la base de sus entrevistas con miembros de la Wildlife Conservation SocietyWeisman (2007), 22-24. y del Jardín Botánico de Nueva YorkWeisman (2007), 28-32. predice que la vegetación nativa regresaría, dispersándose desde los parques y sobreponiéndose a especies invasoras. Sin humanos que proporcionen alimento y calor, las ratas y cucarachas se extinguirían.

left|thumb|200px|Fotografía de una casa abandonada a punto de derruirse.

Asimismo, explica que una casa habitual comenzaría a caerse tan pronto como el agua se filtrase por el techo o alrededor de los tapajuntas, provocando la erosión de la madera y la oxidación de los clavos, situación que conduciría a la caída de los muros y a un eventual derrumbe de la integridad de la estructura. Cinco siglos después, todo lo que quedaría en el lugar serían las partes de aluminio del lavavajillas, utensilios de cocina de acero inoxidable y asas de plástico.Weisman (2007), 18. Los utensilios artificiales de mayor duración en la Tierra serían los materiales radiactivos, cerámicos, estatuas de bronce y el monte Rushmore, mientras que, en el espacio exterior, las placas de la Pioneer, los disco de oro de las Voyager y las ondas radiofónicas durarían, incluso, más tiempo que la Tierra.Weisman (2007), 249-254.