La batalla de Tolón o batalla del cabo Sicié fue un combate naval librado el 22 de febrero de 1744 frente a la costa francesa, cerca de Tolón, en el marco de la guerra de sucesión austríaca. Una armada combinada franco-española al mando de Juan José Navarro combatió contra la flota mediterránea británica bajo el mando del almirante Mathews en un combate de resultado indeciso. En la fecha de la batalla la armada británica dominaba el Mediterráneo occidental e impedía que desde España se enviasen refuerzos por mar al centro de Italia, donde España combatía contra austríacos y sardos. La principal fuerza naval española, 12 navíos al mando del almirante Juan José Navarro, se hallaba bloqueada en Tolón. Con la firma del Segundo Pacto de Familia entre Felipe V de España y Luis XV de Francia, este último país se comprometió a apoyar a España en la guerra. Una armada combinada franco-española se fue organizando en Tolón con el objetivo de arrebatar el control del Mediterráneo a los británicos.Browning, pág. 152
Aunque la escuadra franco-española logró acabar con el bloqueo de Tolón por parte de los británicos,Hume/Armstrong p.379 el resultado entre ambas escuadras fue indeciso,Waldegrave Head, p. 289Roskill, p. 60 si bien los franco-españoles decidieron estratégicamente la batalla al conseguir por unos meses el dominio del Mediterráneo.Black, pág. 94Alastair/Callo p. 268González p.196
En la literatura inglesa la batalla es vista desde diferentes puntos de vista, desde desgracia nacional británicaLindsay, p 430 a combate indecisivo, derrota estratégica británica, fiascoWillis, p. 62 o incluso en la literatura inmediata de la época como victoria menor británica.Browning, pág. 155
Otras, inglesas también, hacen referencia a que los navíos españoles, al mando de Juan José Navarro, que sostuvieron el peso del combate por parte de la flota combinada, fueron derrotados,Stephen, Tomo 37, pág. 45 mientras que la mala comunicación entre el almirante Thomas Matthews y su segundo al mando, Richard Lestock, habría impedido que los británicos obtuvieran un triunfo completo. Otras fuentes inciden en que, tras siete horas de combate, la aparición de la escuadra francesa, que habría dejado de combatir contra la vanguardia británica, determinó la retirada de Matthews hasta retomar la persecución el día siguiente. El almirante británico fue sometido a un consejo de guerra por su actuación e inhabilitado para el mando. A pesar del resultado poco claro, la batalla fue celebrada como un triunfo en España. La principal consecuencia del combate, sin embargo, fue el fracaso de los planes franco-españoles de transportar tropas a Italia por mar, como apuntan algunas fuentes.
Otros autores, por el contrario, hablan de una victoria estratégica para los aliados franco-españoles,González pág. 196 ya que Matthews dejó temporalmente el mar Mediterráneo occidental libre a los franco-españoles, que, aunque no pudieron trasladar al centro de Italia a los ejércitos del infante Felipe de España y el Príncipe de Conti como estaba previsto, aprovecharon para enviar algunos refuerzos y provisiones al mermado ejército de Jean Thierry du Mont, conde de Gages, mientras que Navarro, con diez navíos e izando su insignia en el Santa Isabel, realizó dos cruceros durante el verano, consiguiendo apresar algunos mercantes, hasta que una nueva escuadra británica de 21 navíos, bajo el mando de William Rowley le bloqueó en Cartagena,Dull, p.52Mathews, Thomas (1676-1751)". Dictionary of National Biography. 37. pág. 45. consiguiendo el dominio efectivo del mar durante el resto de la guerra y determinando de manera importante el resultado de la misma.
Antecedentes
thumb|left|150px|El almirante británico Thomas Matthews, por Claude Arnulphy, 1743. El 25 de octubre de 1743 los monarcas Felipe V de España y Luis XV de Francia firmaron el Segundo Pacto de Familia. El monarca francés se comprometía a declarar la guerra a Gran Bretaña y al Reino de Cerdeña y a apoyar las reclamaciones territoriales españolas en Italia.Mahan, págs. 232–233 En aquel entonces las campañas españolas en la región sólo podían progresar gracias al envío de tropas a través de la frontera francesa, pues la flota británica controlaba el Mediterráneo, mientras una escuadra española al mando del almirante Juan José Navarro —que debía apoyar las operaciones— se hallaba bloqueada en Tolón desde finales de 1742.
Los planes franceses consistían en transportar al centro de Italia un contingente de hombres al mando de Luis Francisco I de Borbón-Conti, príncipe de Conti, y parte del ejército español a las órdenes del infante Felipe de España en el norte de Italia para enlazar con el ejército del Conde de Gages en los Estados Pontificios. Para poder llevar a cabo dicho plan era imprescindible neutralizar la flota británica del Mediterráneo, al mando del almirante Thomas Matthews. Éste, por su parte, comenzó a percibir la gran actividad que se llevaba a cabo en el puerto de Tolón y, a principios de enero de 1744, desplazó su base de Villafranca a Hyères.
thumb|150px|Retrato de Juan José Navarro de Viana y Búfalo. Obra de Rafael Tejeo, 1828. La flota francesa se componía de 17 navíos de línea y tres fragatas al mando del almirante Claude-Élisée de Court de La Bruyère, un hombre anciano, pero vigoroso y flexible, mientras que la española disponía de 12 navíos de línea bajo el mando de Juan José Navarro, reputado por su actividad científica. De Court, que ostentaba el mando general, tuvo dificultades a la hora de organizar la flota combinada debido a los recelos existentes entre franceses y españoles. Para asegurar la cooperación de los navíos de éstos, de cuya eficiencia en combate tenía dudas, De Court propuso alternarlos con los franceses en la línea de batalla, pero Navarro se negó.Mahan, pág. 233Weigley, pág. 198
Dado que no existían hostilidades abiertas entre Francia y Gran Bretaña, De Court recibió órdenes de no abrir fuego contra la flota de Matthews a no ser que ésta lo hiciera primero. En caso de que los británicos no atacaran, los navíos españoles debían forzarlos a hacerlo, de manera que, ante la réplica británica, los buques franceses pudieran sumarse a la batalla para conseguir su objetivo de destruir la flota británica y hacerse con el dominio del Mediterráneo.Browning, pág. 153 Matthews, por su parte, temía que 21 navíos franceses, que estaban siendo alistados en Brest, intentaran reunirse con la escuadra franco-española en Tolón. No era el único problema que aquejaba a la flota británica, pues sus navíos estaban mal aprovisionados, en mal estado, y Matthews mantenía malas relaciones con su subordinado Richard Lestock.Browning, págs. 152–153
La batalla thumb|left|Grabado que representa las flotas franco-española y británica en la batalla de Tolón. La flota franco-española zarpó de Tolón el 19 de febrero, navegando hacia el sur en una línea de batalla que se extendía a lo largo de seis millas, con 9 navíos franceses en la vanguardia, 6 franceses y 3 españoles en el centro, y 9 españoles en la retaguardia.Mahan, pág. 234 De Court izó su insignia en el Terrible, de 74 cañones, mientras que Navarro hizo lo propio en el Real Felipe, de 114 cañones. La escuadra británica levó anclas al amanecer. El día 21 los 30 navíos británicos al mando de Matthews navegaban al este de la flota franco-española, maniobrando hacia el suroeste para aproximarse a la línea de batalla aliada. Matthews había dividido su flota en 3 divisiones: una vanguardia de 9 navíos al mando del contraalmirante William Rowley, un centro de 10 navíos bajo su mando directo y una retaguardia de 13 navíos al mando del vicealmirante Richard Lestock. La mañana del 22 de febrero, esta última división había quedado distanciada al menos a 7 millas del grueso de la flota, lo cual dejó a Matthews en inferioridad numérica frente a los franco-españoles.
Ambas flota navegaron en paralelo; los aliados borbónicos al oeste y los británicos al este, estando los primeros algo más avanzados. Pese a su ventaja, De Court, conforme a las órdenes recibidas, no atacó a la flota británica.Browning, págs. 153–154 Entonces, Matthews, viendo la inacción de Lestock, que no era capaz de reengancharse a la línea de batalla a pesar de sus llamamientos, dio la orden de ataque. Aunque las órdenes del almirantazgo recomendaban no hacerlo hasta que las dos flotas estuvieran alineadas, la decisión de Matthews fue correcta.Browning, pág. 154 A la una del mediodía, mientras la vanguardia franco-española se hallaba sin oponente, la vanguardia británica se batía con el centro francés y la división de Matthews hacía lo propio con la retaguardia al mando de Navarro. El momento parecía haber sido juiciosamente escogido, pues cinco navíos españoles, el Brillante, el San Fernando, el Halcón, el Soberbio y el Santa Isabel, habían quedado rezagados de la retaguardia, dejando al Real Felipe de Navarro con el apoyo de dos navíos, mientras otros tres seguían con los franceses.
thumb|right|Las dos flotas en combate (ilustración de Mesa Diego, ca. 1796–1797). La vanguardia franco-española, sin oponente, trató ganar el barlovento para doblar a la flota británica y ponerla bajo dos fuegos, pero la afortunada maniobra de tres capitanes británicos, los del Stirling Castle, el Warwick y el Nassau, que desobedeciendo órdenes mantuvieron sus posiciones, lo evitó.Beatson, Vol. 1, págs. 201–202 Entre tanto, Matthews, en el Namur, era apoyado por el Marlborough, que se cañoneaba con el español Santa Isabel, situado a popa del Real Felipe, y por el Norfolk, que hacía lo propio con el Constante. El Oriente, el América y el Neptuno apenas intercambiaron una salva con los navíos británicos y abandonaron su posición en la línea de batalla, dejando al Poder sólo enfrentándose a 4 navíos británicos.Beatson, Vol. 1, pág. 201 Esta acción fue muy criticada por el segundo capitán del Real Felipe, Lage de Cueilly, quien aseguró que la pérdida del Poder se debió a la defección de los tres navíos españoles.Laughton, pág. 249
Tras varias horas de combate, el Constante, puesto fuera de combate, también abandonó la línea.Beatson, Vol 1, pág. 202 Desde el Real Felipe se dispararon varios cañonazos contra el navío para evitar su defección, pero fue en vano. El Norfolk, dañado en sus aparejos, no pudo perseguirlo. Lo mismo sucedió con el Hércules, que, severamente dañado, abandonó su posición, dejando al Real Felipe en solitario frente al Namur y al Marlborough. El Poder todavía permanecía en su lugar, enfrentándose a varios navíos británicos que actuaron con reluctancia y se contentaron con responder desde lejos a sus cañonazos. Sólo el capitán Hawke, del Berwick, actuó con decisión. La primera salva del navío británico causó 20 muertos entre la tripulación del Poder y le desmontó varios cañones. 20 minutos después, el capitán Rodrigo de Urrutia se rendía.Beatson, Vol. 1, págs. 202–203
thumb|left|Combate entre el Real Felipe y el Namur cuando se le lanzó el brulote Ann Galley para incendiar el Real Felipe. Obra de José Manuel de Moraleda y Montero, 1783.