Rafael del Riego y Flórez (Tuña, 7 de abril de 1784-Madrid, 7 de noviembre de 1823) fue un militar y político liberal español, que en 1820 encabezó el pronunciamiento que lleva su nombre y que condujo a la pérdida definitiva de los territorios americanos del Imperio español, además de poner fin al absolutismo de Fernando VII en España, dando paso a un régimen constitucional.
Riego también dio nombre al famoso himno decimonónico conocido como Himno de Riego, adoptado por los liberales durante la monarquía constitucional y, más tarde, por los republicanos españoles. Murió ahorcado tras la restauración del absolutismo que puso fin al Trienio Liberal (1820-1823).
Biografía Primeros años thumb|izquierda|190px|Placa conmemorativa en la casa natal en Tuña (Asturias)
Rafael del Riego Flórez nació en el seno de una familia hidalga asturiana, el 7 de abril de 1784. Su padre, Eugenio Antonio del Riego y Núñez, era administrador general de Correos y poeta. Su madre se llamaba Teresa Flórez Valdés. Estudió en la Universidad de Oviedo donde obtuvo el título de bachiller y donde también estudió parte de la carrera de Leyes y el primer año de Cánones.
En 1807 se trasladó a Madrid para emprender la carrera militar, como tantos otros hijos de la baja nobleza asturiana venida a menos (las otras alternativas eran la administración civil y la Iglesia; esta última es la que eligió su hermano mayor Miguel del Riego, canónigo). Tras presentar las preceptivas pruebas de limpieza de sangre ingresó en la Guardia de Corps (concretamente en la Compañía americana de tropas de la Real Persona). Cuando en marzo de 1808 estalló el motín de Aranjuez, su unidad se encontraba allí.
Guerra de la Independencia y cautiverio en Francia Cuando se produjo el levantamiento del 2 de mayo en Madrid, Riego se encontraba confinado en Aranjuez por haber desobedecido las órdenes del mariscal Joaquín Murat, que comandaba las tropas napoleónicas en España. Consiguió escapar disfrazado de pastor con la intención de llegar a Asturias y hacer frente desde allí a la invasión francesa. Cuando llegó a Villalpando (Zamora) fue encarcelado acusado de ser un espía francés («el aspecto de caballerete de buena familia que se advertía tras su indumentaria de pastor puso en guardia a aquel grupo de patriotas»). Gracias a que lo reconoció un franciscano que había vivido en su pueblo natal pudo abandonar la prisión y proseguir su viaje a Asturias. En León se encontró con su hermano el canónigo que estaba allí como enviado de la Junta Suprema de Asturias que había sido creada para organizar la resistencia contra los franceses.
Al llegar a Oviedo fue nombrado capitán del regimiento de Infantería de Tineo y se incorporó al estado mayor del general Acevedo, que estaba organizando un ejército para unirse a las tropas comandadas por el general Blake. A principios de noviembre, el ejército de Acevedo fue derrotado en la batalla de Espinosa de los Monteros (Burgos) y el 13 de noviembre el capitán Riego fue hecho prisionero en Reinosa por las tropas francesas que perseguían a los restos del ejército español. «Al parecer, el joven oficial tuvo ocasión de huir antes de la llegada de los franceses, pero prefirió quedarse junto al general Acevedo, gravemente herido, aun a riesgo de caer en poder del enemigo, como así fue».
Fue deportado a Francia donde pasó el resto de la guerra. Se le confinó en los «depósitos» de Dijon, de Mâcon y, finalmente, de Chalon-sur-Saône, cerca de la frontera suiza. Allí vivió con muchas privaciones en un régimen de semi-libertad —subsistía gracias al dinero que le enviaba su familia, cuando efectivamente llegaba el «deseado socorrillo»—. «Era una existencia parecida a la de un exiliado político». Se discute si fue durante el cautiverio en Francia cuando Riego adoptó el ideario del liberalismo e incluso si ingresó en la masonería. El historiador Juan Francisco Fuentes recuerda que «las ideas ilustradas y una cierta cultura liberal formaban parte del ambiente familiar en que se había educado». En cuanto a su afiliación a la masonería, señala que existen testimonios a favor y en contra. Lo que sí hizo durante su cautiverio fue aprender francés e inglés y tomar algunas lecciones de comercio.
A finales de 1813 consiguió escapar de Chalon-sur-Saône a Suiza y, tras atravesar Alemania, en Holanda logró embarcar a Londres en enero de 1814. De Londres viajó a Plymouth y allí cogió un barco que le llevó a La Coruña. Llegó a tiempo para jurar la Constitución de 1812 ante el general Lacy, antes de que en mayo fuera derogada por el rey Fernando VII, tras su vuelta del cautiverio en Francia, restableciendo así la monarquía absoluta. Durante el sexenio absolutista (1814-1820) Riego pasó por diversos destinos (Madrid, Bilbao, Logroño, La Carolina), hasta que en noviembre de 1819, con el grado de teniente coronel, fue nombrado jefe del 2º batallón del Regimiento de Asturias acantonado en Las Cabezas de San Juan, a la espera de ser embarcado para América, con el fin de sofocar la rebelión de las provincias. Tenía entonces treinta y cinco años. «Sus biógrafos dan por seguro que había ingresado ya en las sociedades secretas, en caso de no haberlo hecho en Francia durante su cautiverio», afirma Juan Francisco Fuentes.
Pronunciamiento de 1820
thumb|Plaza de la Constitución de Las Cabezas de San Juan, con el Ayuntamiento al fondo. Fue el lugar donde inició el teniente coronel Rafael del Riego su pronunciamiento.
El 1 de enero de 1820 Rafael del Riego sublevó al 2º batallón del Regimiento de Asturias que se encontraba acantonado en Las Cabezas de San Juan y que formaba parte del cuerpo expedicionario reunido por el gobierno de Fernando VII para sofocar la sublevación de las colonias de América.El ejército de Ultramar o Grande Expedición que se concentraba en Cádiz y en San Fernando estaba compuesto de 20 200 infantes, 2800 jinetes y 1370 artilleros con 94 piezas de campaña, otras de menor calibre y abundante parque. Había catorce escuadrones de caballería. Las fuerzas navales, al mando de Francisco Mourelle, que debían escoltar a los transportes estaban formadas por cuatro navíos de línea, tres a seis fragatas, cuatro a diez bergantines, dos corbetas, cuatro bergantines goleta, dos goletas y treinta cañoneras. La tripulación se componía de 6000 marinos. El total de hombres se discute pero se habla de 14000, 20000, 22000 o 25000. Unos historiadores dicen que el plan era dirigirlo a Venezuela, otros que debía desembarcar cerca de Montevideo y apoderarse de Buenos Aires. Otros, por último, afirman que iría a México, asegurando lo más valioso de la monarquía, siendo el Río de la Plata un montaje para el engaño, tal como pasó con la expedición de Pablo Morillo a Venezuela. Pero, según Gustavo Vidal Manzanares (Masones que cambiaron la historia, ISBN 978-84-414-1953-7, p. 166), el pronunciamiento de Riego evitó la partida de la Grande Expedición, desmoronó la resistencia española en América y permitió el avance irrefrenable de los movimientos independentistas americanos. Como comandante de la expedición se designó a Enrique José O'Donnell, conde de La Bisbal, pero tras ser acusado de participar en una de las conspiraciones para sublevar la expedición fue relevado por el capitán general de Andalucía, Félix María Calleja del Rey, antiguo virrey de México. Les lanzó a los oficiales y a los soldados bajo su mando la siguiente arenga a favor de la Constitución de 1812 —Riego se pronunció, de ahí el término «pronunciamiento» que nació entonces—:
thumb|Mapa del pronunciamiento de Riego. La línea negra muestra el recorrido que hicieron las tropas sublevadas desde Las Cabezas de San Juan. Aparecen también las ciudades cuyas guarniciones se fueron sumando al pronunciamiento. Tras haber fracasado en la toma de Cádiz (previamente habían detenido en Arcos de la Frontera al general en jefe del ejército expedicionario, el conde de Calderón), las tropas sublevadas por Riego iniciaron el 27 de enero una difícil y larga marcha por Andalucía, proclamando la Constitución de 1812 y deponiendo a las autoridades absolutistas en las localidades que atravesaban. No encontraron mucha resistencia, pero no tuvieron noticias de otras guarniciones que se hubieran sumado a la sublevación. Para mantener alta la moral uno de los oficiales, el futuro general Evaristo Fernández de San Miguel, compuso un himno patriótico que pronto sería conocido como el Himno de Riego (que ciento once años después se convertiría en el himno oficial de España durante la Segunda República). El estribillo decía:
thumb|Rafael del Riego seguido de los militares que han secundado el pronunciamiento en Andalucía. Estuvieron deambulando por Andalucía durante casi dos meses y cuando el 11 de marzo ya se dirigían a Portugal, dando la causa por perdida —la columna de Riego había quedado reducida a unos cincuenta hombres—, recibieron la noticia de que el rey Fernando VII dos días antes había aceptado restablecer la Constitución después de que el gobierno absolutista hubiera sido incapaz de sofocar las sublevaciones de varias guarniciones de la periferia que habían seguido el ejemplo de Riego. El día 10 de marzo, el rey publicó el Manifiesto del rey a la Nación española en el que mostraba su apoyo a la Constitución: «Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional». Comenzó así el Trienio Liberal.
Trienio Liberal thumb|Balcón en Tineo desde el que el general Riego dirigió su discurso el 4 de octubre de 1820.En este balcón se dirigió al pueblo de Tineo en su famoso discurso: «El amor a la patria me decidió a ponerme a la cabeza de los dignos españoles que despreciando los cadalsos juraron libertad o muerte...»
Como ha destacado Juan Francisco Fuentes, tras el pronunciamiento Rafael del Riego pasó de ser «un oscuro teniente coronel, de treinta y cinco años, al mando de un destacamento a punto de embarcar para América, a convertirse en símbolo viviente de la revolución liberal española». Cuando el 13 de marzo se enteró de que el rey Fernando VII había aceptado jurar la Constitución, Riego, todavía convaleciente de sus heridas, se trasladó a Sevilla donde fue recibido como un héroe. Su retrato fue paseado en procesión por las calles. Este retrato se realizó por una suscripción de entusiastas. La obra se encargó a un tal Chavarria, que recibió 8000 reales de vellón. El cuadro se reducía «a una base cuadrilonga con una inscripción relativa al restablecimiento del sistema constitucional; sobre ella estaba un libro abierto y escrita la palabra Constitución; y sobre el libro un velo que levantaba por un lado una matrona sentada que representaba a la verdad, y por el otro el general Riego en pie y con el mismo traje con que entró en Sevilla...Coronaba el cuadro la religión con sus atributos, y al pie estaban como horrorizadas por el suelo tres figuras que al parecer representaban el fanatismo, el despotismo y la ignorancia».
Después de Sevilla se sucedieron los homenajes y las procesiones cívicas, en las que en muchas ocasiones se tocaba y cantaba la marcha compuesta por Evaristo San Miguel durante la expedición por Andalucía y que enseguida fue conocida como el Himno de Riego. El himno también formó parte de las funciones patrióticas que se organizaron, como la que se celebró en La Fontana de Oro de Madrid. En Cádiz, a donde Riego llegó a principios de abril, un grupo de personas desengancharon los caballos de su carruaje para tirar de él durante el recorrido por la ciudad. Poco después Riego, como otros de los militares sublevados, fue ascendido a general («Mi Rey es feliz, mi patria libre: este es todo mi premio», le escribió a Fernando VII intentando inútilmente rechazar su nuevo empleo).