Los disturbios de Nabi Musa de 1920, también conocidos como Disturbios de Jerusalén de 1920 o pogromo de Jerusalén, tuvieron lugar en la parte británica del Territorio Enemigo Ocupado (OETA en sus siglas inglesas, que se convertiría en breve en el Mandato Británico de Palestina) entre el domingo 4 y el miércoles 7 de abril de 1920 en la Ciudad Vieja de Jerusalén y sus alrededores. Cinco judíos y cuatro árabes murieron como resultado de los disturbios y cientos más resultaron heridos. Los disturbios reciben su nombre de la festividad de Nabi Musa, con la cual coincidieron, que tenía lugar anualmente durante la Semana Santa, durante una época de creciente tensión entre las comunidades árabe y judía. Los hechos tuvieron lugar poco después de la batalla de Tel Jai y en el contexto de la presión cada vez mayor ejercida sobre los árabes nacionalistas de Siria durante la guerra franco-siria.

Algunos líderes religiosos árabes pronunciaron discursos durante el festival (en el que multitud de musulmanes se reunían tradicionalmente para realizar una procesión religiosa), que incluían consignas aludiendo a la inmigración sionista y a los enfrentamientos previos en torno a las aldeas judías en Galilea. El motivo que hizo que la procesión se convirtiese en una revuelta no está claro del todo; algunas pruebas parecen indicar que hubo provocaciones sionistas, pero también es posible (aunque no fueron documentados) que fueran actividades árabes las que desencadenaran los disturbios.

La administración militar británica de Palestina recibió críticas por retirar sus tropas del interior de Jerusalén, así como por su tardanza a la hora de recuperar el control.Conclusiones del Informe Palin La confianza mutua entre británicos, judíos y árabes se vio erosionada como resultado de los disturbios, y tuvo entre sus consecuencias un incremento en los esfuerzos de la comunidad judía para conseguir una infraestructura autónoma y un aparato de seguridad paralelo al de la administración británica, convirtiéndose en el germen de la Haganá.

Tras los disturbios, jeques de 82 pueblos alrededor de las ciudades de Jerusalén y Jaffa, que decían representar al 70 % de la población, publicaron un documento expresando su condena de las manifestaciones contra los judíos, aunque esta condena pudo haberse conseguido con sobornos. A pesar de la revuelta, la comunidad judía de Palestina participó en unas elecciones para la Asamblea de Representantes el 19 de abril de 1920, a excepción de la ciudad de Jerusalén, donde las elecciones se retrasaron tres días. Los disturbios también precedieron en el tiempo a la Conferencia de San Remo, que se celebró entre el 19 y el 26 de abril de 1920, en la que habría de decidirse el destino de Oriente Medio.

Contexto miniaturadeimagen|238x238px|Manifestación antisionista en la Puerta de Damasco, 8 de marzo de 1920 El contenido y las propuestas tanto de la Declaración Balfour de 1917 como de la Conferencia de Paz de París de 1919, que terminó con la firma del Tratado de Versalles, fueron objeto de intensos debates por parte de las delegaciones sionista y árabe, y a ambas comunidades se las informó ampliamente del proceso de las negociaciones. En concreto, el desmoronamiento del Imperio otomano llevó al compromiso de las potencias vencedoras, especialmente Gran Bretaña y Francia, de asumir la “sagrada misión de la civilización” en el vacío de poder de Oriente Medio. Según la Declaración Balfour, una patria para el pueblo judío debía crearse en Palestina. El principio de autodeterminación afirmado por la Sociedad de Naciones no se aplicaría, por lo tanto, a Palestina, dado el previsible rechazo de la comunidad sionista patrocinada por los británicos. Estos planes externos para Palestina y para otras comunidades árabes tras la conclusión de la Primera Guerra Mundial condujeron a una radicalización del mundo árabe.

izquierda|miniaturadeimagen|274x274px|Policía británica inspeccionando a ciudadanos árabes de Palestina (abril de 1920)

El 1 de marzo de 1920, la muerte de Joseph Trumpeldor en la Batalla de Tel Hai a manos de un grupo chií del sur del Líbano causó una profunda preocupación entre los líderes judíos, quienes hicieron numerosos llamamientos a la administración de la OETA para que se ocupase de la seguridad del Yishuv y prohibiese un mitin pro-sirio. Sin embargo, sus miedos fueron en su mayoría menospreciados por el Oficial Administrativo Jefe, general Louis Bols, por el gobernador militar Ronald Storrs y el general Edmund Allenby, a pesar de una advertencia del líder de la Comisión Sionista Jaim Weizmann de que “hay un pogromo flotando en el ambiente”, apoyada por los informes en la mesa de Storrs. Se habían redactado comunicados sobre previsibles problemas entre árabes y judíos, así como entre los propios árabes. A Weizmann y al resto de líderes judíos, estos acontecimientos les recordaban a las instrucciones que los generales rusos habían publicado a la víspera de los pogromos. Mientras tanto, las esperanzas de los árabes locales habían alcanzado cotas muy altas debido a la declaración de independencia de la Gran Siria en el Reino de Siria, proclamada por el Consejo Sirio con Faisal como su rey, que incluía el territorio dominado por los británicos dentro de las tierras reclamadas por el reino naciente. El día de la declaración de independencia siria y el día siguiente, 7 y 8 de marzo, hubo manifestaciones en todas las ciudades de Palestina, las tiendas cerraron y hubo numerosos ataques a judíos. Los atacantes gritaron eslóganes como “muerte a los judíos” o “Palestina es nuestra tierra y los judíos son nuestros perros”.

miniaturadeimagen|251x251px|Manifestación antisionista en la Puerta de Damasco (marzo de 1920)

Los líderes judíos solicitaron de la OETA autorización para armar a grupos de autodefensa judíos que compensasen la falta de adecuadas tropas británicas. Aunque esta petición fue denegada, Zeev Jabotinsky y Pinhas Rutenberg comenzaron a entrenar abiertamente a voluntarios judíos, un esfuerzo del cual la Comisión Sionista mantuvo informados a los británicos. Muchos de los voluntarios eran miembros del club deportivo Maccabi y algunos de ellos eran veteranos de la Legión Judía. Su mes de entrenamiento consistió principalmente en calistenia y combate cuerpo a cuerpo con palos. Hacia finales de marzo, se decía que unos 600 de ellos realizaban ejercicios militares a diario en Jerusalén. Jabotinsky y Rutenberg también comenzaron a organizar el pertrecho de armas.

La festividad de Nabi Musa era un festival musulmán de primavera que comenzaba cada viernes anterior a Viernes Santo y que consistía en una procesión al santuario de Nebi Musa (Tumba de Moisés), cerca de Jericó. Aparentemente, databa de tiempos de Saladino. El educador y ensayista árabe Khalil al-Sakakini describió cómo las tribus y las caravanas llegaban con sus banderas y sus armas. Las autoridades otomanas solían desplegar miles de soldados e incluso artillería para mantener el orden en las estrechas calles de Jerusalén durante el paso de la procesión de Nabi Musa. Sin embargo, si bien Storrs envió una advertencia a los líderes árabes, solamente desplegó 188 policías.

Disturbios miniaturadeimagen|Información sobre los disturbios de Nabi Musa en The Times (8 de abril de 1920) Sobre las 10:30 de la mañana del domingo 4 de abril de 1920, entre 60 000 y 70 000 árabes se habían congregado en la plaza de la ciudad para la festividad de Nabi Musa y diversos ataques contra judíos ya habían tenido lugar en la hora anterior en las calles de la Ciudad Vieja. Amin al-Husayni había enunciado proclamas antisionistas desde el balcón del Club Árabe, mientras que su tío Musa al-Husayni, alcalde de Jerusalén, había incitado también a la violencia desde el balcón del edificio consistorial.

El editor del periódico Suriya al-Janubia (Sur de Siria), Aref al-Aref, otro miembro del Club Árabe, pronunció su discurso en la puerta de Jaffa a lomos de su caballo. No hay acuerdo sobre la naturaleza de su discurso. Según el historiador israelí Benny Morris, sus palabras fueron “Si no usamos la fuerza contra los sionistas y contra los judíos, nunca nos libraremos de ellos”, mientras que el historiador judío británico Bernard Wasserstein escribió que “parece que él cooperó con la policía y no hay pruebas de que instigara activamente la violencia”. De hecho, Wasserstein añade que “los informes de los servicios de inteligencia sionista de ese periodo son unánimes al apuntar que habló repetidas veces contra la violencia”.

Se dice que la multitud gritaba “¡Independencia!, ¡Independencia!” y “Palestina es nuestra tierra, los judíos son nuestros perros”. La policía árabe se les unió con aplausos y la violencia estalló. La población árabe local saqueó el Barrio Judío de Jerusalén, incluida la yeshiva Torath Chaim, en la que los rollos de la Torá fueron rasgados y arrojados al suelo mientras prendían fuego al edificio. Durante las siguientes tres horas, 160 judíos resultaron heridos.

Khalil al-Sakakini fue testigo del estallido de la violencia en la Ciudad Vieja:

“(Una) revuelta comenzó, la gente empezó a correr y se lanzaron piedras contra los judíos. Las cierras se cerraron y hubo gritos… Vi a un soldado sionista cubierto de polvo y sangre… Después, vi a un paisano de Hebrón acercarse a un muchacho judío, un limpiabotas, que se escondió detrás de un saco en una de las esquinas de la muralla, al lado de la Puerta de Jaffa; el hebronita cogió su caja y le golpeó con ella en la cabeza. Él gritó y echó a correr con la cabeza sangrando, y el hebronita lo dejó huir y volvió a la procesión… La procesión llegó a su cénit. Todos gritaban “La religión de Mahoma nación con la espada”. … Yo me encaminé de inmediato hacia los jardines municipales… mi alma se deprime y siente náuseas por la locura de la humanidad”.

El ejército impuso un toque de queda el domingo por la noche y arrestó a varias docenas de alborotadores, pero se les permitió acudir a las oraciones de la mañana del lunes, tras lo cual fueron liberados. Los árabes siguieron atacando a judíos y entrando en sus casas, especialmente en los edificios mixtos de mayoría árabe. izquierda|miniaturadeimagen|250x250px|Manifestantes árabes palestinos en la puerta del ayuntamiento (1920) El lunes, mientras los problemas empeoraban, el ejército selló la Ciudad Vieja y no permitió que nadie saliera de ella. Se declaró la ley marcial, pero continuaron los saqueos, robos, violaciones y asesinatos. Se incendiaron varias casas y se destrozaron lápidas. Los soldados británicos descubrieron que la mayoría de las armas ilegales habían estado escondidas bajo las ropas de las mujeres árabes. El lunes por la noche, los soldados fueron evacuados de la Ciudad Vieja en un movimiento descrito por el Informe Palin como “un error de juicio”. Incluso con la ley marcial, las autoridades británicas necesitaron otros cuatro días para restaurar el orden.

La población judía de la Ciudad Vieja no había recibido ningún entrenamiento ni armas, y los hombres de Jabotinsky se encontraban fuera de los muros de la Ciudad Vieja, sellada por los británicos. Dos voluntarios consiguieron colarse en el Barrio Judío disfrazados de personal médico para organizar la autodefensa a base de piedras y agua hirviendo.

Cinco judíos y cuatro árabes murieron durante los disturbios. Doscientos dieciséis judíos y veintitrés árabes resultaron heridos, entre los cuales quedaron en estado crítico dieciocho judíos y un árabe. Unos trescientos judíos fueron evacuados de la Ciudad Vieja.

Acusaciones de complicidad británica miniaturadeimagen|Declaraciones en The Times de Herbert Samuel poco antes de conocerse la noticia