La iglesia de la Natividad de Nuestra Señora es un templo católico ubicado en la localidad conquense de Carrascosa del Campo. Su construcción se desarrolló entre finales del y el (aproximadamente entre 1480 y 1582). Fue inaugurada por Felipe II en 1577, cuando el monarca acudió desde el monasterio de Uclés, donde había pasado la Semana Santa de ese mismo año.

En el año 1578, los vecinos de Carrascosa —que pertenecía al Sexmo del Campo de la ciudad de Huete— respondieron a la Relación del monarca:

La iglesia fue declarada Monumento Histórico-Artístico Nacional en 1972 y bien de interés cultural de Castilla-La Mancha en 2005.

Historia El fue especialmente favorable para Carrascosa. A mediados de ese siglo contaba con casi setecientos vecinos, lo que equivalía a unos tres mil habitantes. En 1537 obtuvo el villazgo de manos del rey Carlos I, logrando también mantenerse en el realengo y salir de la jurisdicción de Huete. Con la incorporación de términos despoblados y la roturación del nuevo alfoz, la localidad experimentó un activo crecimiento que culminó en la decisión de acometer la construcción de una nueva iglesia parroquial.

El principal impulsor de la obra fue Miguel de Carrascosa, natural de la villa, canónigo de la Catedral de Cuenca, arcediano de Moya, señor de Balazote y gobernador del Obispado de Cuenca en una época de prelados absentistas. Fue un personaje influyente en la corte vaticana y el vecino más ilustre de Carrascosa. Contaba con rentas de unos 5.000 ducados anuales, que destinó al pago de maestros y operarios, mientras que la localidad se ocupaba del acarreo y suministro de materiales.

Entre los maestros que intervinieron destacan dos canteros vizcaínos. El primero fue Juan Pérez de Azcueta (o Azqueta), que ejecutó la mayor parte de la estructura, incluida la cabecera, la tribuna y la sacristía, y que introdujo soluciones renacentistas más avanzadas. El segundo fue Martín de Homa, quien trabajó en la construcción de la torre.

Las obras comenzaron hacia 1500, con el cambio de siglo. En la primera fase, bajo la dirección de un maestro desconocido, se trazó una iglesia que presentaba ya elementos renacentistas, como la planta, la cabecera plana o los fustes cilíndricos, pero que mantenía un alzado arcaico con regusto gótico, visible en las tres naves de distinta altura cubiertas por crucerías simples y terceletes. En este momento se construyeron las portadas sur y oeste, ambas de pleno estilo gótico isabelino, probablemente obra de un artífice muy apegado a las tradiciones constructivas locales. Esta primera etapa, en la que se levantaron los cinco tramos de las naves —es decir, la mayor parte del edificio— se prolongó hasta la década de 1530. La obra se detuvo entonces, quizá debido a la muerte de Miguel de Carrascosa, ocurrida hacia 1538.

En la segunda fase, ya bajo la dirección de Juan Pérez de Azcueta, se levantó la cabecera, la tribuna y la sacristía. La cabecera, curiosamente, constituye la parte más moderna del edificio, cuando lo habitual era lo contrario. En ella se distinguen perfectamente los rasgos renacentistas en las bóvedas, los arcos y las columnas compuestas. Algunos indicios, como la mayor potencia de los cuatro pilares inmediatos a la cabecera, apuntan a que se proyectó una estructura de mayor altura y peso, posiblemente un cimborrio o una linterna, que finalmente no se ejecutó. De esta fase también son la torre, en la que trabajó Martín de Homa, y la tribuna, que en 1569 aún estaba por concluir. El retablo mayor ya se encontraba colocado por entonces. En 1571 la iglesia estaba prácticamente terminada, a falta de detalles menores y con deudas pendientes, aunque el contexto económico de la villa ya era menos próspero. La iglesia fue inaugurada por Felipe II en 1577, cuando el monarca acudió desde el monasterio de Uclés, donde había pasado la Semana Santa de ese mismo año

Según el archivo parroquial, en sus primeros años la iglesia estuvo dedicada a la Asunción de Nuestra Señora, pero a partir del pasó a estar consagrada a la Natividad de Nuestra Señora, advocación que conserva en la actualidad.

Descripción arquitectónica izquierda|miniatura|Nave central El templo es una iglesia columnaria de tres naves, separadas por seis pilares a cada lado, con la nave central algo más alta que las laterales. El techo está cubierto con bóvedas de crucería, y las bóvedas se enriquecen progresivamente hacia la cabecera. En las naves laterales, los tres tramos a los pies se cubren con bóveda cuatripartita simple, mientras que el resto presenta terceletes. El falso transepto se cubre con bóvedas estrelladas y la cabecera con bóvedas de casetones, las más tardías y evolucionadas del edificio. El coro se sitúa a media altura y posee una bóveda baja central, de la segunda fase de obras, que presenta diseños de florones variados, sin repetir ninguno.

La torre, de planta cuadrada, consta de varios cuerpos: los inferiores son de mampostería y el tercero, de sillería perfectamente escuadrada, obra de Martín de Homa. En este cuerpo superior se aprecian medallones renacentistas de gran belleza, aunque muchos están deteriorados o perdidos. Destacan también los cuatro ventanales de medio punto que albergan las campanas.

Portadas La iglesia conserva tres portadas, cada una de un estilo distinto.

right|150px|thumb|Portada del Mediodía o del Sur (estilo plateresco). La portada del sur o del Mediodía es la actual entrada principal. De estilo plateresco, combina elementos góticos y renacentistas. Consta de un arco conopial isabelino con triple arquivolta carpanel, enmarcado por columnas, y se cubre con una pequeña bóveda de cañón. Su decoración es híbrida: incluye elementos claramente góticos y otros propios del grutesco renacentista. Sobre ella se encuentra el escudo de armas de Miguel de Carrascosa, compuesto por una carrasca, un florón y unas zapatas, rematados por un sombrero cardenalicio con cordones.

La portada del norte se encuentra en la parte posterior del templo. De estilo neoclásico, daba acceso al cementerio que existió entre los siglos XV y XVIII y en el que aún pueden observarse algunas sepulturas.

izquierda|miniatura|Portada de San Martín o del Oeste (estilo gótico-isabelino) La portada del oeste o de San Martín fue la entrada principal desde la construcción del templo hasta el . Se trata de una portada de estilo gótico isabelino, más arcaica aún que la meridional, sin elementos renacientes, lo que no le resta belleza. Resultó dañada durante la Guerra de la Independencia en 1809, cuando los habitantes de Carrascosa capturados en el monasterio de Uclés escaparon y se refugiaron en la iglesia, siendo atacados allí por las tropas francesas. La puerta, seriamente dañada, daba acceso a la antigua plaza del Mercado, que desapareció tras la Desamortización, cuando fue adquirida por un particular que construyó en su lugar la Casa de los Escribanos. Finalmente la portada fue tapiada para evitar su derrumbe y hoy permanece oculta, tanto al interior como al exterior.

Mobiliario y obras de arte El templo albergaba un rico mobiliario, gran parte del cual fue destruido en la guerra civil española.

El retablo mayor, destruido el 28 de julio de 1936, era un retablo plateresco tardío de la década de 1560. Gracias a una fotografía conservada en la base de datos de imágenes de libre acceso Bildindex podemos conocer como era.Fotografía del la iglesia y el retablo previa a 1936, Base de datos Bildindex. Constaba de tres calles, cuatro entrecalles, cuatro cuerpos, predela y sotabanco, con guardapolvo en los extremos. De planta plana y cabecera recta, incluía un programa iconográfico de temática mariana: un Calvario con los dos ladrones crucificados coronaba el conjunto, acompañado de una Coronación de la Virgen en el ático, una Asunción en la calle central y una Virgen con San José y el Niño mostrando al pequeño San Juan Bautista. La predela representaba el Prendimiento y la Oración del Huerto. El resto del retablo se completaba con lienzos de difícil identificación, aunque probablemente incluían escenas habituales como el Encuentro de San Joaquín y Santa Ana ante la Puerta Dorada, el Nacimiento de la Virgen, la Presentación en el Templo, la Anunciación, la Visitación, el Nacimiento de Jesús o la Adoración de los Reyes. Entre las esculturas de las entrecalles se distinguían un San Miguel y un San Sebastián, además de cuatro figuras mitradas que podrían representar a los Padres de la Iglesia o a los evangelistas. El conjunto estaba enmarcado por una decoración minuciosa de grutescos. El sagrario y el tornavoz del púlpito eran añadidos barrocos posteriores. Algunas fuentes señalan que el retablo estuvo presidido por un Santiago Matamoros, aunque no aparece en las fotografías conservadas.

También desaparecieron en la guerra un órgano del y los ricos ornamentos de seda, brocado y carmesí descritos en 1578. Sin embargo, se conserva una de las piezas más valiosas: un Cristo en la Columna, obra de Francisco Salzillo, el escultor más importante del español y una de las principales figuras del Barroco.

Referencias

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