La guerra peruano-bolivianafue un conflicto militar que enfrentó a la República Peruana contra la República de Bolivia durante 1841 y 1842, tras la disolución de la Confederación Perú-Boliviana. El enfrentamiento se originó a partir de las tensiones heredadas de la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana y de la doctrina política expansionista del presidente del Perú Agustín Gamarra, quien aspiraba a anexar Bolivia al Perú bajo un sistema centralista. Durante la guerra se libraron enfrentamientos decisivos, como el combate de Mecapaca (21 de octubre de 1841), que permitió la ocupación de La Paz por parte de las fuerzas peruanas, y la batalla de Ingavi (18 de noviembre de 1841), en la que las fuerzas bolivianas, dirigidas por el general José Ballivián, derrotaron al Ejército peruano y dieron muerte a Gamarra.
Tras la victoria en la Ingavi, el Ejército boliviano inició la ocupación de territorios del sur del Perú, tomando ciudades como Tacna, Arica y Moquegua. Sin embargo, la resistencia peruana logró organizarse, derrotando a las tropas invasoras en los combates de Arica, Altos de Chipe, Tarapacá, Sama, Motoni y Orurillo, lo que llevó a la retirada boliviana y al establecimiento del frente previo al conflicto. Aunque la guerra no devino en cambios territoriales permanentes, consolidó la independencia de Bolivia y frenó definitivamente el proyecto expansionista de Gamarra hacia el Altiplano boliviano.
Antecedentes
Después de la estrepitosa caída de la Confederación Perú-Boliviana en 1839, el entonces Presidente del Perú Agustín Gamarra quiso evitar a toda costa que el mariscal boliviano Andrés de Santa Cruz retornara nuevamente a Bolivia y retomara el poder, pues lo veía como un grave peligro para la existencia misma del Perú como república unitaria.
miniaturadeimagen|izquierda|260px|El gran mariscal de Zepita Andrés de Santa Cruz y Calahumana (1792-1865), Protector de la Confederación Perú-Boliviana desde 1836 hasta 1839, luego de su derrota y exilio continuó intrigando para recuperar su poder, siendo ello una de las causas de la guerra.
Ya con la definitiva derrota de las tropas "crucistas" o seguidores de Santa Cruz en la Batalla de Yungay, en Bolivia se había reunido una asamblea constituyente que proclamó al general José Miguel de Velasco como nuevo presidente de Bolivia. Para salvar su vida, Santa Cruz decidió salir del país y se autoexilió en la ciudad de Guayaquil en Ecuador, desde donde siguió fomentando intrigas contra los gobiernos de Perú y Bolivia.
Hombre honrado, pero de limitados alcances, Velasco tuvo que enfrentar múltiples sublevaciones militares, excitadas principalmente por Santa Cruz. Otro de sus rivales fue el general José Ballivián, que en un principio lo apoyó, pero luego se enemistó con él al no ser elegido como vicepresidente de Bolivia. Ballivián planeó entonces realizar un levantamiento militar contra el gobierno de Velasco.
Aprovechando el descontento de los militares bolivianos "crucistas", Ballivián logró convencer a estos de realizar una rebelión contra el gobierno, logrando de esa manera reunir a más de 3000 hombres para su cometido. Sin embargo, esta rebelión militar fracasó debido a que el coronel Narciso Irigoyen lo traicionó a último momento pasándose al bando gubernamental. Viéndose en clara desventaja frente a la superioridad de las tropas del Ejército de Bolivia y para no provocar más derramamiento de sangre, Ballivián decidió entonces entregar sus pocas tropas al gobierno sin disparar un solo tiro.
Ballivián decidió salir de Bolivia el 21 de julio de 1839, autoexiliándose en el Perú. Pero no fue a la ciudad de Lima ya que no quería estar muy lejos de su patria y por eso eligió a la ciudad de Puno (muy cerca de Bolivia), en donde vivió por alrededor de dos años hasta septiembre de 1841. Ballivián era desde hacía muchos años muy amigo de Agustín Gamarra y también compartían las mismas ideas, pues ambos rechazaban rotundamente el retorno de Santa Cruz a Bolivia.
En el Perú se desató la alarma ante las intrigas que Santa Cruz, desde el Ecuador, alentaba tanto en Perú como en Bolivia con el propósito de facilitar su retorno. Esas intrigas se vincularon con las expediciones venidas desde Ecuador y que llegaron a Piura bajo el mando de Angulo y Céspedes. Fue por ese motivo que el Consejo de Estado Peruano declaró a la patria en peligro y autorizó la guerra contra Santa Cruz «hasta obtener seguridades de que no sufrirán detrimento la tranquilidad, independencia, unidad y libertad de la República Peruana» (6 de julio de 1841). Cabe señalar que la declaratoria de guerra formal de Perú a Bolivia se daría meses después, el 27 de diciembre de ese año, o sea, después de la batalla de Ingavi.
Fue entonces que el presidente Gamarra, para prevenir un posible retorno de Santa Cruz a Bolivia, tomó contacto con el general Ballivián y ambos se pusieron de acuerdo. El plan concebido era que, con ayuda del ejército peruano, Ballivián tomaría el poder en Bolivia y solo así acabaría con los crucistas. En 1841, en Bolivia se vivía una total anarquía y caos ya que existían tres gobiernos. Gamarra aprovechó esta situación y ordenó a las tropas de Ejército del Perú que se concentraran en la ciudad de Puno con la intención de invadir Bolivia.
Unos cinco días después y estando ya en la población de Tiahuanaco, Ballivián, junto a algunos de sus seguidores más, se autoproclamó como el nuevo Presidente de Bolivia el 27 de septiembre de 1841. Ante la inminente invasión peruana a Bolivia, la opinión pública boliviana de esa época empezó a ver Ballivián como "El Salvador" de Bolivia y todo el país se unió en torno a su figura.
Invasión peruana a Bolivia La guerra tuvo un primer frente marítimo, en Cobija, pues ya desde marzo el Prefecto de Moquegua, Manuel de Mendiburu, había indicado por carta al Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores la necesidad de tomar medidas para evitar que Santa Cruz regresase a Bolivia; pedía no sólo tropas en su departamento sino un buque de guerra en Arica. El 21 de julio de 1841 por decreto prefectural ordenó impedir por la fuerza el desembarco del Mariscal Santa Cruz, en cumplimiento de la ley de 21 de setiembre de 1839, que facultaba a tomar a Santa Cruz vivo o muerto en territorio peruano. En consecuencia, reunió y luego embarcó cuanta tropa pudo conseguir en Arica y es así como el 7 de septiembre de 1841 la barca de guerra Limeña llegó a Cobija, donde el coronel Carlos Lagomarsino notificó al Gobernador de dicha localidad su intención de desembarcar. Las tropas, dos compañías de infantería, una de bolivianos ballivianistas y otra del Ejército peruano, empezaron a desembarcar al día siguiente con el beneplácito de las autoridades bolivianas. Posteriormente, el bergantín de guerra peruano Constitución, salido de Arica el 28 de setiembre, llegó a Cobija en los primeros días de octubre. La operación fue de gran importancia ya que se evitó la llegada de Andrés de Santa Cruz. El caudillo ya se había embarcado en Guayaquil en el barco Ludomilia y después de varias infructuosas tentativas se vio obligado a regresar a su lugar de partida.
Ocupación peruana de La Paz 300px|miniatura|Cuadro de pintura del joven mariscal de 36 años de edad y Presidente de Bolivia José Ballivián Segurola (1805-1852) junto a sus generales en el campo de batalla, pasando la última revista (inspección) a las tropas del Ejército de Bolivia solo pocos minutos antes del comienzo de la terrible batalla de Ingavi en donde se enfrentaron sangrientamente peruanos y bolivianos. El 1 de octubre de 1841 Ballivián ingresó a la ciudad de La Paz, desde donde envió una carta al presidente peruano Gamarra señalando que no existía motivo para un conflicto entre ambas naciones, y que estaba dispuesto a establecer un tratado de paz. Sin embargo un día después, el 2 de octubre, Gamarra a la cabeza del Ejército peruano, invadía Bolivia desde Puno, bordeando el norte del lago Titicaca, ingresando a Huaycho, pasando por Carabuco, Ancoraimes y Achacachi, para así llegar a La Paz.
En Ancoraimes Gamarra respondió a la carta de Ballivián recordándole el pacto entre ambos y que por tal motivo no había razón para detener la invasión. Ballivián reaccionó enviando una comisión conformada por Dámaso Bilbao la Vieja y Martín Cardón para que se entrevistara con Gamarra y le presentara una protesta sobre su invasión en Bolivia. La comisión no tuvo éxito alguno.
Desengañado Ballivián, se dirigió a su cuartel en Laja donde estaba reclutando fuerzas para su tropa, y realizó una proclama el 7 de octubre convocando a todos los bolivianos. El 8 de octubre, Velasco, previo a enterarse de la proclama y consciente del peligro de la invasión peruana, decidió enviar a gran parte del Ejército del Sur —constituida en su mayoría por caballería— a Ballivián por estar más cerca de Gamarra, junto a una carta que señalaba que él «no será el Orbegoso de Bolivia» (aludiendo al presidente peruano Luis José de Orbegoso, quien, cuando se produjo la invasión boliviana al Perú de 1835, se alió con Santa Cruz).
En los siguientes días Ballivián movió su ejército entre Huarina, Achacachi y Ventilla, cambiando constantemente de posición según los movimientos del Ejército peruano. El 9 de octubre mientras el Ejército peruano se dirigía a tomar Huarina, dos indígenas observaron el avance peruano y dieron aviso a los vigías de Ballivián, el comandante Juan José Pérez y el teniente coronel Mariano León, quienes estaban encargados de observar al jefe del Estado Mayor peruano. Estos se adelantaron con sus tropas, capturaron al oficial peruano y lo condujeron al cuartel de Pucarani, secuestrando así distintos documentos sobre las fuerzas militares y sus tácticas.
El Ejército peruano siguió avanzando hacia el sur, obligando a las fuerzas bolivianas a retroceder hasta Calamarca. Se dio la toma de Chonchocoro el 14 de octubre y al día siguiente el combate de Ventilla, en el que cuatro oficiales fueron capturados. El día 19 Gamarra tomó Collpani y el 20 marchó hacia La Paz y la tomó sin combate alguno, estableciendo un campamento en las afueras.
Paralelamente continuaron las negociaciones entre representantes de ambos países. El 21 de octubre, los plenipotenciarios José Gregorio Paz Soldán (Perú) y Andrés Quintela (Bolivia) acordaron en principio un armisticio de treinta días, mientras permanecía ocupada el departamento de La Paz por el ejército peruano, exceptuando la ciudad de La Paz, que se declararía neutral, sin perjuicio de la presencia en ella del presidente peruano, y hasta la firma de la paz definitiva.
Las autoridades locales y funcionarios afines a Ballivián abandonaron La Paz y se refugiaron en Mecapaca. Gamarra ordenó a un contingente perseguirlos, mientras que Ballivián envío a otro contingente para defenderlos. La columna peruana, al mando del coronel Miguel de San Román, ocupó el pueblo de Mecapaca. Fue entonces atacada por sorpresa por el Batallón 5.º y un destacamento de coraceros bolivianos, el día 21 de octubre. Se libró así el combate de Mecapaca en donde las tropas bolivianas salieron derrotadas, dándose a la fuga a toda velocidad y en desorden. Ese mismo día una multitud tomó por asalto el hospital paceño donde se encontraban los heridos y enfermos del Ejército Peruano, generando más muertos que los producidos hasta ese momento en la contienda.
El triunfo de Mecapaca envalentonó a Gamarra, quien, en las negociaciones para el armisticio, exigió a los bolivianos que reconocieran la ocupación total de La Paz, lo que no fue aceptado. Las negociaciones se cerraron el 26 de octubre, sin llegar a ningún acuerdo. Ese mismo día Gamarra posesionó a un prefecto en el departamento de La Paz para consumar la anexión al Perú; también se eligieron a distintas autoridades, todas llegadas desde Cuzco.
Los peruanos abandonaron su plan de avanzar hacia Oruro y decidieron establecer sus cuarteles de invierno en las inmediaciones de La Paz.