miniaturadeimagen|derecha|Representación artística en el que se ve una mujer delgada en un espejo, en el, ella se ve obesa Los trastornos alimenticios o trastorno de la conducta alimentaria (TCA) engloban varias enfermedades crónicas y progresivas que, a pesar de que se manifiestan a través de las conductas alimentarias anormales que afectan negativamente la salud física o mental de una persona, en realidad consisten en una gama muy compleja de síntomas entre los que prevalece una alteración o distorsión de la autoimagen corporal, un gran temor a subir de peso y la adquisición de una serie de valores a través de una imagen corporal, aunque hay ciertos trastornos alimentarios que hacen que una persona ingiera excesivamente los alimentos. Los tipos de trastornos alimentarios incluyen el trastorno por atracón, en el que el paciente come una gran cantidad de alimentos en un corto período de tiempo; anorexia nerviosa, donde la persona tiene un miedo intenso a ganar peso y restringe la comida o hace demasiado ejercicio para controlar este miedo; bulimia nerviosa, donde los individuos comen una gran cantidad (atracones) y luego intentan deshacerse de la comida (purgas); pica, donde el paciente ingiere artículos no alimentarios; síndrome de rumiación, cuando el paciente regurgita alimentos no digeridos o mínimamente digeridos; trastorno por evitación/restricción de la ingesta de alimentos en el que las personas tienen una ingesta de alimentos reducida o selectiva debido a algunas razones psicológicas; y un grupo de otros trastornos de la alimentación o de la alimentación especificado. Los trastornos de ansiedad, la depresión y el abuso de sustancias son comunes entre las personas con trastornos alimentarios. Estos trastornos no incluyen la obesidad. Las personas suelen experimentar comorbilidad entre un trastorno alimentario y el TOC. Se estima que entre 20 y 60% de los pacientes con un TCA tienen antecedentes de TOC.
Las causas de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son complejas y multifactoriales, involucrando factores biológicos, psicológicos y socioculturales. La idealización cultural de la delgadez y la presión social por alcanzar estándares de belleza poco realistas contribuyen significativamente al desarrollo de estos trastornos. Además, se ha observado una relación entre experiencias traumáticas, como el abuso sexual infantil, y la aparición de TCA, especialmente la bulimia nerviosa. Estudios indican que las mujeres que han sido víctimas de abuso sexual tienen aproximadamente un 35% más de probabilidades de desarrollar un trastorno alimentario en comparación con aquellas que no han sufrido tal abuso. Por otro lado, trastornos como la pica, caracterizada por la ingesta persistente de sustancias no nutritivas, son más frecuentes en personas con discapacidad intelectual severa. Investigaciones muestran que la prevalencia de pica en adultos con discapacidad intelectual institucionalizados ronda el 15%, siendo más común en individuos más jóvenes y con mayor grado de discapacidad.
El tratamiento puede ser eficaz para muchos trastornos alimenticios. Este tratamiento varía según el trastorno y puede incluir asesoramiento, régimen alimenticio, reducción del ejercicio excesivo y reducción de los esfuerzos para eliminar los alimentos. Se pueden usar medicamentos para ayudar con algunos de los síntomas asociados. Es posible que se necesite hospitalización en casos más graves. Alrededor del 70% de las personas con anorexia y el 50% de las personas con bulimia se recuperan en cinco años. Sólo el 10% de las personas con trastornos alimenticios reciben tratamiento y, de ellas, aproximadamente el 80% no recibe la atención adecuada. Muchos son enviados a casa semanas antes de la estadía recomendada y no reciben el tratamiento necesario. La recuperación del trastorno por atracón es menos clara y se estima entre un 20% y un 60%. Tanto la anorexia como la bulimia aumentan el riesgo de muerte. Cuando las personas experimentan comorbilidad con un trastorno alimenticio y TOC, ciertos aspectos del tratamiento pueden verse afectados negativamente. El TOC puede dificultar la recuperación de la obsesión por el peso y la forma, la insatisfacción y control corporal. Esto se debe en parte a que las cogniciones del TCA tienen un propósito similar a las obsesiones y compulsiones del TOC (por ejm., conductas de seguridad como alivio temporal de la ansiedad). Las investigaciones muestran que el TOC no tiene un impacto en el IMC (Índice de masa corporal) de los pacientes durante el tratamiento.
En los últimos 40 años, los TCA surgieron como enfermedades cada vez más frecuentes, sobre todo en los adolescentes. Los estudios sobre la frecuencia de estos trastornos muestran un aumento preocupante, principalmente en la población de mujeres jóvenes. Su prevalencia es más variada ampliamente, lo que refleja diferencias de género, edad y cultura, así como los métodos utilizados para el diagnóstico y la medición. En el "mundo desarrollado", la anorexia afecta aproximadamente al 0,4% y la bulimia afecta aproximadamente al 1,3% de las mujeres jóvenes en un año determinado. El trastorno por atracón afecta aproximadamente al 1,6% de las mujeres y al 0,8% de los hombres en un año determinado. Según un análisis, el porcentaje de mujeres que tendrán anorexia en algún momento de sus vidas puede ser de hasta el 4%, o hasta el 2% en el caso de bulimia y trastornos por atracón. Las tasas de trastornos alimenticios parecen ser más bajas en los países menos desarrollados. Estos trastornos se presentan diez veces más en las mujeres que en hombres, aunque en los últimos años se ha incrementado el número de varones que los padecen. Generalmente el inicio de los trastornos de la conducta alimentaria es de los 14 años hasta los 20. Las tasas de otros trastornos alimenticios no están claras.
Historia Existen varias descripciones que hacen alusión al ayuno practicado por hombres. Por ejemplo, en el , los llamados padres del desierto eran hombres que se retiraban a los desiertos de Egipto y Palestina para entregarse al ayuno y a otras formas de penitencia. Por todo esto puede decirse que en muchas culturas y religiones el ayuno ha sido considerado como una purificación para protegerse del mal y entregarse a Dios.
También existen descripciones, a partir de la Edad Media, donde se habla de mujeres y hombres entregados a la práctica del ayuno, sin embargo, lo que movía a la mayoría de estas personas para practicar una restricción alimentaria era de índole religiosa, lo que se conoce como “anorexia santa”. En esta las personas no presentaban las características de la anorexia nerviosa actual en la que la práctica del ayuno se encuentra en función de la belleza corporal.
En su libro El cuerpo como delito, Josep Toro hace un relato de algunas ayunadoras voluntarias. Entre ellas menciona el caso de santa Catalina de Siena y dice:
Es en el cuando se empieza a hablar de anorexia nerviosa como de un hecho puramente médico. Alrededor del 85% de los pacientes con Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) experimentan un intenso impulso para adelgazar, y en parte, su diagnóstico se confirma en función de la intensidad de dicho impulso (Ramacciotti et al., 2002).
En 1874 William Gull describió en la Real Academia de Medicina londinense un curioso trastorno al que denominó anorexia nerviosa, presentando a una serie de pacientes a las que había tratado con éxito. Un mes después, en París, Charles Lasègue hacía lo propio bautizando el trastorno en cuestión como anorexia histérica, calificativo que ya empezaba a constituirse en la tradición francesa. De esta forma se introdujo en la arena médica el más conocido y alarmante de los trastornos de la conducta alimentaria.
No obstante es conveniente recordar que algunos años antes, hacia 1860, otro médico francés (Marcé) ya se refería a este peculiar trastorno como delirio hipocondríaco. Y casi dos siglos antes, en Inglaterra, Richard Morton describió dos casos de una curiosa pthysis que afectaba a un muchacho y a una chica y que actualmente se consideran los primeros pacientes anoréxicos de la literatura médica.
Cuando Gull y Lasègue decidieron denominar anorexia a este trastorno, lo atribuían a la ausencia de hambre, a una perturbación del apetito que alteraba la conducta alimentaria. Se pensó entonces que debía tratarse de una enfermedad de origen nervioso o hipocondríaco.
Las pacientes descritas por estos médicos no parecían estar muy preocupadas por su cuerpo o su peso. Según rezan las descripciones no comían y perdían peso porque habían perdido el apetito y esto se debía a que la comida les producía repugnancia o porque si comían acababan vomitando al parecer involuntariamente.
En 1914, Simmonds, patólogo alemán describió un caso de una paciente caquéctica a quien al hacerle la autopsia se le encontró una destrucción de la hipófisis, y durante los siguientes 30 años reinó la confusión entre insuficiencia pituitaria (enfermedad de Simmonds) y anorexia nerviosa.
A partir de 1940 surgen las teorías de la causalidad psicológica influenciada por los conceptos psicoanalíticos que influyeron en los pensamientos psiquiátricos de la época.
H. Ey la clasificó entre los síndromes psicosomáticos bajo el nombre de anorexia mental. En los últimos 40 años la anorexia nerviosa adquirió entidad propia y diferenciada, etapa en la cual fueron importantes los escritos de Hilde Bruch.
El término bulimia aparece a finales del ; el Diccionario médico de Londres describe la bulimia como un trastorno en el que existe una preocupación por la comida, con periodos alternantes de ingesta desmesurada y de ayuno.
Existen informes que evidencian que ya desde el había personas que se provocaban el vómito, después de comer en forma excesiva. En 1940 este trastorno se consideró un síndrome y en 1980 la Sociedad Estadounidense de Psiquiatría incluyó la bulimia en el manual de psiquiatría como una enfermedad diferente a la anorexia.
Así como la anorexia ha estado asociada a los religiosos, que utilizaban la restricción de las comidas como penitencia, la bulimia ha estado relacionada con las clases altas, que eran las que se podían permitir comer abundantemente e incluso vomitaban para poder seguir comiendo.
TCA en México En la actualidad este tipo de trastornos han generado polémica en toda cultura y todo país. En México por su parte los TCA están siendo ampliamente estudiados.
En 1997 Ruipérez y Belloch realizaron una investigación en la que compararon enfermedades como la depresión y ansiedad con esquemas de TCA encontrando que muchos de los pacientes con trastornos alimentarios tenían también una de estas dos enfermedades o incluso ambas, esto también fue encontrado en una investigación por parte de Vega y colaboradores.
En 2003 se generó por parte de Baile y colaboradores una forma de escalar los trastornos de manera que en menor tiempo se lograra identificar la enfermedad y su peligro potencial en el paciente.
Hacia el año 2009, Bordas y colaboradores han intentado anticiparse a la enfermedad generando programas de prevención de trastornos de conducta alimentaria, mejorando de esta manera la nutrición de niñas de edad promedio 12.7 años. En México se han llevado a cabo diversos estudios para detectar dichas manifestaciones conductuales. Los hallazgos en muestras representativas de estudiantes de entré 14 y 24 años de edad han indicado que 1.1% de varones y 5% de mujeres en el estado de Morelos y 3.4% de varones y 9.6% de mujeres en la Ciudad de México refieren dichas conductas.
Fisiopatología
Los factores que pueden causar trastornos alimentarios son: Factores biológicos: Hay estudios que indican que niveles anormales de determinados componentes químicos en el cerebro (neurotransmisores) predisponen a algunas personas a sufrir perfecciones, pensamientos y comportamientos obsesivos y compulsivos. Estas personas son más vulnerables a sufrir un trastorno de la conducta alimentaria.