La República (en griego, Πολιτεία Politeia; en latín, Politia) es la más conocida e influyente obra de Platón, y es el compendio de las ideas que conforman su filosofía. Se trata de un diálogo entre Sócrates y otros personajes, como los discípulos o parientes del propio Sócrates. La obra está compuesta por diez libros, separados sin correspondencia con los cambios en los temas de discusión que se presentan.

Aunque la obra gira en torno al tema de la justicia, el texto contiene muchas de las doctrinas platónicas fundamentales, como la alegoría de la caverna, la doctrina de las ideas o formas, la concepción de la filosofía como dialéctica, una versión de la teoría del alma diferente de la expuesta en el Fedón y el proyecto de una ciudad ideal, gobernada según principios filosóficos. Escrita de forma dialógica, la República aborda aquello relacionado con la φιλοσοφία περὶ τὰ ἀνθρώπινα (‘filosofía de las cosas humanas’), e involucra temas como la ontología, la gnoseología, la filosofía política y la ética.

La República se presenta como una obra orgánica y circular. La obra se estructura en 10 libros y tiene como protagonista a Sócrates, pero un Sócrates que, como muchos estudiosos han señalado, es muy diferente al de los otros diálogos platónicos, especialmente los de juventud, y que sirve de alterego de Platón. En virtud de este proceso de escritura, el Sócrates de la República sostiene tesis que no son las defendidas por el Sócrates histórico, sino las de Platón.

Contenido

Libro I Sócrates y Glaucón visitan el Pireo, el puerto de Atenas, durante una fiesta, cuando son invitados por Polemarco a su casa. Ahí, encuentran al padre del Polemarco, Céfalo, lo cual comienza con la disputa sobre qué es la justicia.

Céfalo: la justicia es dar a cada uno lo que se merece.

Polemarco: la justicia es dar a cada uno lo que le es apropiado

Trasímaco: la justicia es lo que conviene al más fuerte.

Sócrates refuta las tres concepciones.

La justicia no puede ser dar a cada uno lo que se merece porque esto implicaría, por ejemplo, regresar un cuchillo al que nos lo ha prestado, pero, como el cuchillo sería ocupado para causar daño, regresarlo sería injusto.

La justicia no puede ser dar a cada uno lo que le es apropiado porque Polemarco propone como apropiado el hacer el bien a los amigos y el mal a los enemigos, pero esto llevaría a la injusticia.

La justicia no puede ser lo que conviene al más fuerte pues el más fuerte es el gobernante, y el gobernante no siempre hace lo que le conviene.

Trasímaco responde que, si el más fuerte se equivoca, entonces no es el más fuerte. Sócrates va más allá y afirma que la justicia no es para el gobernante, sino para el pueblo.

Tras esto, Trasímaco asegura que es mejor ser injusto que justo, lo cual Sócrates rechaza con tres argumentos. Trasímaco deja de argumentar, si bien Sócrates admite que sus argumentos son inadecuados pues no han dado una definición de justicia.

Libro II Glaucón y Adimanto argumentan contra la justicia, considerada ahora como un contrato para no hacerse daño entre hombres. Para ellos, entonces, la justicia pertenece a los bienes que se buscan por la recompensa porque ayuda a tener una buena imagen, pero, si no fuera por esto, la justicia sería desechada. Para reafirmar el punto, se presenta el mito del anillo de Giges, anillo que volvía invisible al portador asegurando que, si los hombres pudieran elegir, no escogerían la justicia.

Glaucón y Adimanto ruegan a Sócrates que defienda la justicia. Sócrates responde investigando el origen del estado ideal. En el principio del estado, cada trabajador se consagraba a lo que hacía, lo cual generaba bienestar y riqueza. Ya con estabilidad, el estado busca crecer, lo cual lo lleva a crear un ejército, originando así a la clase de los guardianes.

El capítulo cierra hablando de la educación de los guardianes y de la censura a la que se deben someter los discursos.

Libro III La censura va contra la cobardía, la violencia, la mentira, la lujuria, la avaricia y la injusticia que los hombres pudieran percibir en las representaciones.

Después, se dividen las narraciones en tres tipos, el género de tragedia y de la comedia, el género de la poesía, y el género mixto. En este estado ideal, se promueve sólo la tragedia y la comedia si son imitación pura del hombre de bien.

Para acabar con la educación de los guardianes, se regula la gimnasia para que no haya que acudir en demasía a médicos o jueces.

Tanto los guardianes masculinos como las femeninas recibirán la misma educación y ningún guardián tendrá nada como propio.

De los guardianes saldrán los gobernantes como los más ancianos, inteligentes y eficientes y que siempre piensan en el bien del estado. Los gobernantes serán educados desde pequeños en el trabajo y en no sentir miedo. Además, se les salvaguardará de la mentira, si bien el gobernante puede mentir por el bien de su pueblo.

Esta división de los cargos viene de la calidad del metal que cada persona tiene en su sangre. Los gobernantes tienen oro en la sangre, mientras los custodios tiene plata y los productores una mezcla de bronce y hierro. Se puede pasar de una clase a otra dependiendo del metal que se tiene en la sangre.

Libro IV Así es como el estado,

en conjunto como individualmente, alcanza la felicidad.

En cuanto a las riquezas, hay que buscar un punto medio entre la pobreza y la opulencia.

La supervivencia de este estado se garantiza por la educación de los niños.

Este estado es sabio, valiente, moderado y justo, como todos deben serlo. Este estado puede tener dos nombres, dependiendo del número de personas que lo gobiernen. Será monarquía si destaca uno, y aristocracia si son varios.

Libro V Polemarco pregunta sobre el rol de las mujeres y de los niños en este estado.

Sócrates dice que la mujer puede tener el mismo rol que el hombre en el estado. Para garantizar esto, se deben educar igual a niños y a niñas.

Hay esposas y niños comunes pues, a semejanza de los animales, se busca que sean los mejores los que se reproduzcan. Para no caer en el desenfreno, se promueven los matrimonios entre los mejores, mientras los peores tendrán menos mujeres. Se establece la mejor edad para procrear.

La fecha de nacimiento marca el título que se le dará a cada hombre o mujer. Por ejemplo, a todos los hombres que hayan nacido en una cierta fecha se les llamará “abuelos”, y éstos llamarán “hijos” a la generación debajo de ellos. Este compartir viene porque hace que todos sufran o se alegren por el mal o el bien del otro, porque se acopla al no tener bienes y porque genera temor y respeto hacia los más viejos, pues cualquiera podría ser el padre.

Al niño débil se le abandonará, mientras que el niño hijo de guardines debe ir a la guerra con sus padres para aprender el oficio. Se cuidará a los niños poniéndolos bajo la inspección de hombres sabios y enseñándoles a cabalgar para escapar en caso de necesidad.

Así, el guardián cobarde será destituido de su cargo, mientras el prisionero será abandonado pues es débil, en cambio, al valiente se le honra como a un buen atleta y al difunto se le enterrará como a un valiente.

Para no caer en la violencia, hay que distinguir entre guerra y disputa interna. La guerra es contra los bárbaros; la disputa interna, entre griegos. La disputa interna requiere enmienda amistosa, para no generar más guerras entre iguales, por eso, no puede haber esclavitud, ni pillaje, ni destrucción de campos o casas durante o después de la guerra. El único castigo será quitar la cosecha del año.

Esto es posible sólo si existe el rey filósofo.

Libro VI El filósofo goza, por naturaleza, de memoria, de facilidad para aprender, de grandeza de espíritu y de gracia, y es amigo y congénere de la verdad, de la justicia, de la valentía y de la moderación. Para explicar por qué el filósofo es despreciado por sus congéneres, Sócrates cuenta la alegoría del barco. El filósofo, al ser el dirigente del barco, tiene que ver las estrellas para poder guiarse, y sus compañeros lo tachan de loco e intentan hacerse con el control de la nave.

Pocos pueden ser escogidos para llegar hasta el título de filósofo, y aún menos terminan esta educación, pero es necesario que se siga con esta educación para que alguno pueda contemplar el sol del bien. Es aquí donde Sócrates utiliza la alegoría del sol y de la línea.

Libro VII El libro comienza con la alegoría de la caverna. En la caverna están encadenados los hombres y sólo el filósofo puede salir y contemplar las Ideas de las cosas. Sin embargo, debe regresar e intentar liberar a los esclavos.

Sólo el filósofo puede gobernar porque ha contemplado el bien. Para llegar ahí, se necesitan estudios complementarios a los de los custodios. Éstos son cálculo, geometría, estereometría, astronomía, armonía y dialéctica.

El estado debe vigilar que sólo los dignos se acerquen al estudio de la filosofía a la edad correcta, unos veinte años. A los treinta se enseña la dialéctica y a los cincuenta se puede comenzar a gobernar.

La mujer puede seguir este mismo proceso.

Libro VIII Se investigan otros cuatro tipos de gobierno, cada uno más corrupto que el anterior. Estos regímenes se corrompen por el pasar del tiempo, por la búsqueda de la riqueza y por mezclar sangres. El gobierno no es sino reflejo del estado de los hombres.

En la timocracia, el hombre es avaro y está corrompido por las malas compañías. El hombre busca el honor.

En la oligarquía, el hombre es escuálido y débil. El hombre busca las riquezas.

En la democracia, el hombre es pobre. El hombre busca el placer y la clase baja domina sobre las otras, si bien hay un cierto hombre.

En la tiranía, el hombre es el peor que se puede tener. El hombre busca la libertad, pero acaba esclavizado. El tirano sonríe, hace la guerra, elimina a los mejores, es violento y esclaviza. El poeta es buscado para elogiar al tirano.

Libro IX Se examina con más detenimiento al hombre tiránico, el cual es borracho, erótico o lunático. El tirano comete crímenes para mantener su modo de vida y comparte su modo de vida si el estado lo permite, aun así, no tiene amigos, sino secuaces. Esto es porque se ha dejado llevar por los placeres.

El capítulo cierra con la tripartición del alma en apetitiva, busca la comida, la bebida, el sexo y las riquezas, impetuosa, busca la victoria, el predominio, el renombre, y los honores, y filosófica, ama el aprender, parecidas a una bestia policéfala, a un león y a un hombre, respectivamente. Cada hombre decide qué parte gana.

Libro X Se censura la poesía imitativa pues no es sino una imitación de una imitación. Esto porque Dios es la fuente de las Ideas, el experto ve y reproduce la Idea, pero al artista no le queda sino imitar la imagen que ya plasmó un artista. La única poesía válida es la del que honra a los dioses y a los hombres valientes.

El libro cierra hablando de la inmortalidad del alma y de lo que le espera en la otra vida a los hombres con el mito de Er. Éste era un armenio valiente que murió y fue transportado a la otra vida, donde vio cómo los hombres eran juzgados, recibían un tiempo de descanso y después se les daba a escoger una nueva vida, demostrando así que el justo es feliz durante y después de la vida.

Temas centrales

Justicia miniaturadeimagen|339x339px|La relación del individuo con el Estado por John LaFarge, en el Capitolio del Estado de Minnesota, 1905. El cuadro representa a Sócrates discutiendo con sus amigos, como en el relato de la República de Platón. El tema central de la República es la reflexión sobre qué es la justicia y cómo se expresa en el hombre, lo que lleva a Platón a abordar la organización de la ciudad-Estado ideal.