Joaquín Rubio y Muñoz (Cádiz, 27 de julio de 1788-ibidem, 30 de noviembre de 1874) fue un escribano, notario, abogado, anticuario, numismático, bibliófilo y bibliógrafo español. Reunió una biblioteca de impresos y manuscritos raros y un gabinete numismático que él mismo cifró en 1855 en más de 25 000 piezas. En 1858 la Biblioteca Nacional adquirió unas 8300 monedas de su colección; esos fondos pasaron en 1867 al recién creado Museo Arqueológico Nacional. Parte de sus monedas se conserva también en el Museo Nacional de Dinamarca; en 1847 el rey Cristián VIII lo nombró caballero de la Orden de Dannebrog.
Biografía
Nació el 27 de julio de 1788 en Cádiz y fue bautizado cuatro días después en la iglesia de San Antonio. Su nombre bautismal completo fue Joaquín José María Nazario Juan Nepomuceno Rubio y Muñoz. No obstante, empleó habitualmente la forma Joaquín Rubio y aparece también en las fuentes como Joaquín María Rubio.
Sus padres, Juan Felipe Rubio Egea —nacido en Córdoba en 1740— y Ana Ramona Muñoz de Pedros —nacida en Casares, Málaga, en 1750— se habían casado en la catedral de Cádiz en 1774. Procedía de una familia vinculada al derecho: su padre, un hermano y uno de sus hijos ejercieron profesiones jurídicas.
En 1823 contrajo matrimonio en la iglesia de San Lorenzo de Cádiz con María Dolores Bosichy Pitaluga. La pareja tuvo dos hijos, María Dolores Rubio Bosichy y Joaquín Rubio Bosichy; la filiación del hijo Joaquín está confirmada por la bibliografía moderna. María Dolores casó el 31 de marzo de 1851 con el doctor José Zurita Goenaga, con el que tuvo dos hijos José Joaquín y Dolores.
Joaquín Rubio Bosichy estudió Derecho en la Universidad Central de Madrid a mediados de la década de 1840 y se casó con María Josefa de Artecona y de Lafuente, quien sucedió en el marquesado de Casa Rábago. La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando registra a Rubio Bosichy como tercer marqués consorte de Casa Rábago, y la Gaceta de Madrid identifica a María Josefa de Artecona como madre de Joaquín Rubio de Artecona. La abuela de María Josefa de Artecona, María Josefa Fernández de Rábago y O’Ryan, presidió durante más de treinta años la Junta de Damas de Cádiz y participó en iniciativas de enseñanza gratuita para niñas.
Trayectoria profesional e institucional
Ejerció como escribano público de número de Cádiz, secretario del Juzgado de Avenencias del Distrito Consular y escribano de Cámara honorario de la Audiencia de Sevilla. Antonio Roma Valdés lo caracteriza como un «abogado gaditano de tradición familiar» que también ejerció como escribano de tribunales. En 1843 aparece documentado como escribano público en Cádiz. El Nomenclator de los escribanos numerarios y notarios de reinos de 1859 lo registró como escribano numerario de Cádiz, en el distrito de Santa Cruz y dentro de la jurisdicción de la Audiencia de Sevilla. En documentación de 1865 figura asimismo como notario del colegio territorial y del distrito de Cádiz y como escribano de Cámara honorario de la Audiencia sevillana.
En 1839 figuraba como correspondiente en Cádiz de la sociedad arqueológica y numismática creada en Madrid, una de las asociaciones que participaron en la institucionalización de la arqueología española durante el reinado de Isabel II. La Guía de Cádiz de 1857 lo registró como presidente de la Diputación Arqueológica de la Provincia de Cádiz y académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Esta última condición consta también en el expediente abierto para la posible adquisición de su monetario.
También estuvo vinculado a la Academia de Buenas Letras de Don Alonso el Sabio, iniciativa cultural gaditana inaugurada en agosto de 1854, entre cuyos integrantes iniciales lo sitúa Manuel Ravina Martín. El calendario oficial danés de 1859 lo identificó además como secretario de la sociedad arqueológica de Cádiz.
Bibliofilia y redes eruditas
Durante al menos cuatro décadas reunió, además de monedas, una biblioteca privada de libros raros y manuscritos. Ravina Martín la incluye entre las colecciones privadas gaditanas destacadas de la época y presenta a Rubio como amigo y protector de Adolfo de Castro. En 1852 Basilio Sebastián Castellanos de Losada, conservador de la colección real de monedas y medallas, empleó la expresión «ilustrado anticuario y célebre coleccionista numismático» al referirse a un Joaquín Rubio; la homonimia entre padre e hijo aconseja no tomar por sí sola esta mención como una identificación concluyente. Adolfo de Castro había descrito en 1848 la librería de Rubio y Muñoz como «preciosísima» y a su propietario como poseedor de libros y manuscritos raros; entre ellos mencionó un tratado de caballería de comienzos del siglo XV escrito en provenzal.
Su relación con el escritor, bibliógrafo y crítico liberal Bartolomé José Gallardo está documentada desde la década de 1830. Las cartas conservadas tratan de libros, manuscritos y proyectos editoriales y muestran la participación de Rubio en la circulación de noticias bibliográficas. En 1875, después de la muerte de Rubio, su hijo Joaquín Rubio Bosichy —mencionado en el acta como marqués de Casa Rábago— remitió a la Real Academia de la Historia el conjunto epistolar que conservaba su padre. La Academia recibió cincuenta cartas dirigidas a varios corresponsales gaditanos; una nota archivística posterior contó 47 y la selección publicada por Pedro Sáinz Rodríguez incluyó veinticinco cartas dirigidas a Rubio.
Edición de la Historia de Cádiz
miniatura|derecha|page=333|alt=Lámina calcográfica con dibujos de monedas antiguas de Cádiz, dispuestas en filas y acompañadas por rótulos.|Primera de las cinco láminas del apéndice numismático de 1845, dedicada a series fenicias según la clasificación empleada en la obra.
Gallardo entregó a Rubio en 1844 un manuscrito de la Historia de la ciudad de Cádiz, escrita a finales del siglo XVI por Agustín de Horozco. Rubio propuso al Ayuntamiento de Cádiz su publicación y participó en la preparación de la edición impresa de 1845. El catálogo de la Biblioteca Virtual de Andalucía atribuye a Rubio el apéndice Medallas antiguas de Cádiz, formado por quince páginas y cinco láminas calcográficas plegadas. El Archivo Histórico de la Universidad de Sevilla conserva, además, la descripción de un expediente académico de Joaquín Rubio Bosichi fechado entre 1845 y 1849.
Colección numismática
Formación y alcance
Rubio formó durante unos cuarenta años una colección de monedas y medallas en la que destacaban series antiguas de Cartago, Grecia y Roma. Mantuvo relaciones con comerciantes, estudiosos y coleccionistas extranjeros. El catálogo preparado durante las negociaciones con el Estado registra adquisiciones realizadas en París, Londres y Viena a anticuarios como Marchand, Rollin y Christian Tuxen Falbe.
En una carta dirigida al numismático Antonio Delgado y Hernández el 26 de enero de 1855, Rubio afirmó que su gabinete superaba las 25 000 piezas, aproximadamente la mitad antiguas, reunidas durante unos cuarenta años. En aquella ocasión ofreció una selección de alrededor de mil monedas raras o casi raras, no la colección completa.
miniatura|izquierda|page=341|alt=Lámina calcográfica con dibujos de monedas gaditanas que muestran retratos, leyendas latinas y emblemas.|Lámina del apéndice de 1845 con las series denominadas «C. Balbus» y «Augustales» según la clasificación decimonónica.
Según Ravina Martín, Rubio preparó las láminas numismáticas de 1845 basándose en monedas de su gabinete; el propio apéndice menciona también otros gabinetes, por lo que las planchas no constituyen un inventario literal de propiedad.
Relaciones con Dinamarca
En abril de 1847 Rubio escribió a Falbe, intermediario de Cristián VIII, y propuso una donación selectiva o un intercambio de monedas, con tasaciones basadas en los repertorios de Théodore Edme Mionnet. El primer envío reunió 435 piezas. Tras su examen en Copenhague, 154 fueron devueltas —95 por duplicadas y 59 por considerarse inferiores— y 281 quedaron en Dinamarca: aproximadamente 171 en el gabinete privado del rey y 110 en la Real Colección de Monedas y Medallas. Kromann y Jensen señalan que la donación inicialmente propuesta no llegó a efectuarse y que el rey y Falbe prefirieron la compra.
El 16 de noviembre de 1847, a los 59 años, Rubio fue nombrado caballero de la Real Orden danesa de Dannebrog. El calendario oficial danés de 1859 registró la distinción. El catálogo danés publicado en 1979 atribuyó a Rubio 233 de las 669 monedas españolas allí reunidas. En el conjunto navarro estudiado posteriormente por Jens Christian Moesgaard, doce de las 38 monedas procedían de Rubio.
Adquisición estatal y destino museístico
En 1857 Antonio Delgado y Cayetano Rosell informaron sobre la posibilidad de adquirir conjuntamente el monetario para la Real Academia de la Historia y la Biblioteca Nacional. El 21 de noviembre se encargó a Francisco Bermúdez de Sotomayor que examinara en Cádiz el lote ofrecido. La compra principal se formalizó para el Museo de Medallas de la Biblioteca Nacional en mayo de 1858; según la investigación moderna, la Academia no pudo participar en ella por falta de presupuesto. De manera independiente, Rubio donó a la Real Academia de la Historia doce monedas de Carteia, que la memoria académica de 1857 describió como inéditas y de especial rareza.
Alfaro Asins cifra el lote estatal en 8295 piezas, mientras que otros registros de la Biblioteca Nacional y del Museo Arqueológico Nacional consignan 8298; la forma aproximada es, por tanto, unas 8300 monedas. El desglose publicado en 1994 comprende 187 piezas de oro, además de moneda griega y romana de plata y bronce, series hispanas y ejemplares medievales y modernos. Otro recuento, recogido en el catálogo de las monedas antiguas de oro, cifra en 190 las piezas de oro y en 117 las clasificadas como antiguas; ambas magnitudes deben atribuirse a sus respectivos inventarios en lugar de combinarse como si procedieran de un único recuento. Este lote no debe confundirse con las más de 25 000 piezas que Rubio había atribuido al conjunto de su gabinete tres años antes.
En 1867, al crearse el Museo Arqueológico Nacional, los fondos numismáticos de la Biblioteca Nacional fueron transferidos al nuevo museo. La Guía de Cádiz de 1871 señalaba que Rubio todavía conservaba y ampliaba otro monetario después de haber contribuido a las colecciones nacionales y académicas.
Últimos años y continuidad de la colección
El 19 de febrero de 1858, al cumplir setenta años, otorgó testamento. En él hizo constar que había entregado cantidades iguales y sustanciales a sus dos hijos con motivo de sus respectivos matrimonios. Poco meses antes había nacido su nieta María de los Ángeles, y su nieto Joaquín Rubio de Artecona ya tenía un año. En una carta de 1855, Rubio había señalado que su hijo no compartía su afición numismática. La venta del lote estatal no puso fin a su actividad coleccionista: en 1871, a los 83 años, la guía de Rosetty indicaba que su colección privada «todavía sigue creciendo».
Murió en Cádiz el 30 de noviembre de 1874, a los 86 años, donde pasó toda su vida.
Familia y transmisión del legado
La relación entre Rubio y su hijo Joaquín Rubio Bosichy está documentada tanto en estudios bibliográficos como en la entrega del epistolario de Gallardo a la Real Academia de la Historia en 1875. Bernardo Rodríguez Caparrini identifica, a su vez, a Joaquín Rubio de Artecona como hijo de Rubio Bosichy; en 1912 este sucedió a su madre, María Josefa de Artecona y de Lafuente, en el marquesado de Casa Rábago.
El historiador Pablo Antón Solé señaló que el abogado José Zurita y Rubio, nieto de Joaquín Rubio y Muñoz, e hijo del doctor José Zurita y María Dolores Rubio y Bosichy, heredó su biblioteca.
Obra
Referencias
Bibliografía
Enlaces externos
Ejemplar digital de la Historia de la ciudad de Cádiz de 1845 en Wikimedia Commons.