miniatura|La rosa roja, símbolo internacional de la socialdemocracia debido al color rojo asociado con el socialismo. La socialdemocracia es una ideología política, social y económica, de centro-izquierda, que busca apoyar las intervenciones estatales, tanto económicas como sociales, para promover mayor equidad económica e igualdad social en el marco de una economía capitalista. Es un régimen de política que implica un compromiso con la democracia representativa, medidas para la redistribución del ingreso y regulación de la economía en las disposiciones de interés general y estado de bienestar.

Tiene como objetivo crear las condiciones para que el capitalismo conduzca a mayores resultados democráticos, igualitarios y solidarios; y se asocia a menudo con el conjunto de políticas socioeconómicas que se hicieron prominentes en el norte y el oeste de Europa —particularmente de organización social de los países nórdicos— durante la segunda mitad del .

La socialdemocracia moderna se caracteriza por un compromiso con políticas destinadas a reducir la desigualdad, la discriminación de los grupos desfavorecidos y la pobreza, incluido el apoyo a servicios públicos universalmente accesibles como atención a personas mayores, cuidado infantil, educación, atención médica y mejoras laborales. El movimiento socialdemócrata también tiene fuertes conexiones con el movimiento laboral y los sindicatos y apoya los derechos de negociación colectiva para los trabajadores, así como medidas para extender la toma de decisiones democráticas más allá de la política hacia la esfera económica en forma de codecisión para los trabajadores y otros sectores económicos interesados. Se diferencia de otras concepciones del socialismo por la manera que interpreta el significado e implicaciones de ese término, especialmente en materia política, ya que los socialdemócratas se caracterizan por sus políticas reformistas ligadas a la participación ciudadana, protección del medio ambiente e integración de minorías sociales en las democracias modernas, y abordan los valores sociales desde un prisma progresista.

En algunos casos se asocia la socialdemocracia, con la tercera vía, una ideología que se desarrolló en los años noventa y que aparentemente quiere fusionar la economía liberal con las políticas de bienestar socialdemócratas, aunque algunos analistas han categorizado esta la tercera vía dentro del movimiento social liberal.

En sentido estricto, la socialdemocracia es una tendencia política que surgió en Europa en la segunda mitad del , como una ideología política de izquierdas de carácter europeísta que promueve un socialismo democrático y reformista. Es una versión socialista peculiar de países altamente desarrollados. Es un fenómeno del norte de Europa —Finlandia, Suecia, Noruega, Alemania, Austria, Dinamarca— que obedece al avance del movimiento obrero de los países nórdicos. La socialdemocracia sostiene que la autoridad pública debe intervenir para restablecer el equilibrio y la libertad económica. «Competencia donde sea posible, planificación donde sea necesaria», fue la proclama del Partido Socialdemócrata de Alemania en su Programa de Godesberg de 1959.

Historia Como ya destacó Alberto Ruiz Miguel en 1992 «la socialdemocracia, en cuanto concepto histórico y político, ha sufrido diversos y no leves cambios de significado en su ya secular recorrido... A la doctrina socialdemócrata le ha cabido una muy compleja historia: desde su influencia teórica lassalleana, pero también, y sobre todo, marxista, hasta su primitiva convivencia tanto con posiciones revisionistas y declaradamente reformistas (Bernstein) como posiciones revolucionarias (Luxemburg); desde su crisis tras el estallido de la Primera Guerra Mundial y el posterior aplastamiento de la revolución espartaquista hasta la crítica leninista a la supuesta traición socialdemócrata; en fin, desde la exclusión de la inspiración marxista en el programa de Bab Godesberg del Partido Socialdemócrata de Alemania hasta la continuidad en los logros de los partidos socialistas escandinavos y centroeuropeos y del laborismo británico». Orígenes (1848-1880) miniatura|izquierda|Louis Blanc en 1848. miniatura|Desarrollo de la socialdemocracia alemana antes de la Segunda Guerra Mundial.

Fue Friedrich Engels quien, en el segundo capítulo de su artículo de 1844 «The Condition of England», acuñó por primera vez el término "socialdemocracia" mientras describía el futuro del sistema político inglés. Posteriormente, el término "socialdemocracia" apareció en Francia durante la revolución de 1848 en el entorno de los seguidores del socialista Louis Blanc. Karl Marx tradujo el nombre de su "Partido Socialista Democrático" (en francés: Partie Democrat-Socialist) al "Partido de la Socialdemocracia" (en alemán: Partei der Sozialdemokratie), y lo utilizó en su célebre obra El 18 Brumario de Luis Bonaparte, cuya primera edición se publicó en Nueva York en 1852, para designar la propuesta política del que llama partido socialdemócrata formado tras las «jornadas de junio» por la unión de la pequeña burguesía democrática con la clase obrera socialista. «A las reivindicaciones sociales del proletariado se les limó la punta revolucionaria y se les dio un giro democrático; a las exigencias democráticas de la pequeña burguesía se las despojó de la forma meramente política y se afiló su punta socialista. Así nació la socialdemocracia». Según Karl Marx, en esta alianza predominaba la ideología de la pequeña burguesía: «su carácter peculiar» estribaba «en el hecho de exigir instituciones democrático-republicanas, como medio no para abolir los dos extremos, capital y trabajo asalariado, sino para atenuar su antagonismo, convirtiéndolo en armonía», o lo que es lo mismo, «la transformación de la sociedad por vía democrática, pero una transformación dentro del marco de la pequeña burguesía». miniatura|izquierda|Los dirigentes de las diferentes vertientes del socialismo alemán en sus inicios: (arriba) August Bebel, y Wilhelm Liebknecht; (en medio) Karl Marx;(abajo) Carl Wilhelm Tölcke y Ferdinand Lassalle.

Sin embargo, según el marxista revisionista alemán Eduard Bernstein, el término había sido acuñado tras la revolución de 1848 por el poeta alemán Gottfried Kinkel. Y lo cierto es que el primer grupo que se autodenominó socialdemócrata fue un partido alemán fundado en 1863 por Ferdinand Lassalle con el nombre de Asociación General de Trabajadores de Alemania (Allgemeiner Deutsche Arbeiterverein) y cuyo periódico se llamó La Socialdemocracia. Este grupo se fusionó en 1875 con el Partido Socialdemócrata Obrero de Alemania (Socialdemokratische Arbeiterpartei), de inspiración marxista, creado por Wilhelm Liebknecht y August Bebel en 1869, dando nacimiento al Partido Obrero Socialista de Alemania (Sozialistische Arbeiterpartei Deutschlands), que años después adoptó el nombre definitivo que mantiene en la actualidad de Partido Socialdemócrata de Alemania (Sozialdemokratische Partei Deutschlands, SPD). El nuevo partido intentó aunar las dos herencias de las que había surgido, la lasselleana y la marxista, mediante el Programa de Gotha aprobado el año de su fundación (1875) pero este fue objeto de una dura crítica por el propio Karl Marx —en un famoso opúsculo titulado Crítica del Programa de Gotha—. Este decía que a la sociedad sin clases no se podría llegar con «lindas menudencias» democráticas meramente «burguesas», sino tras un período de «dictadura del proletariado» que pusiera fin a la «lucha de clases». En efecto, en el programa de Gotha se recogían objetivos de «raigambre lassalleana» como la «organización democrática del Estado nacional que aceptara reformas concretas como el sufragio universal, la milicia popular, la educación obligatoria o la restricción del trabajo de mujeres y niños», y en un plano más general, la finalidad última del reparto igualitario del poder político, social y económico. Una posición reformista «volcada sobre todo en la acción del Estado».

Tras el SPD alemán se fundaron el Partido Socialista Obrero Español (1879), el Partido Obrero Belga (1885), el Partido Socialdemócrata de Austria (1889), el Partido Socialdemócrata Húngaro (1890), el Partido Socialista Polaco (1892), el Partido Socialista de Rumania (1893), el Partido de los Socialdemócratas Búlgaros, el Partido Socialdemócrata de los Trabajadores de Holanda (1894), el Partido Socialista de Argentina (1896), y el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (1898). Un desarrollo político muy importante tuvieron los partidos socialdemócratas escandinavos (Partido Socialdemócrata de Dinamarca, 1871; Partido Laborista Noruego, 1887; Partido Socialdemócrata Sueco, 1889). En Inglaterra y algunos otros países los partidos socialistas adoptaron el nombre de laborista.

El «periodo clásico» de la socialdemocracia (1880-1914) miniatura|Friedrich Engels, cofundador del marxismo, en 1893, dos años antes de su muerte. Entre 1880 y 1914 la socialdemocracia asumió plenamente las tesis marxistas, por lo que ese período también ha sido llamado «la edad de oro del marxismo». Sin embargo, la interpretación del marxismo que hizo la corriente mayoritaria («ortodoxa») de la Segunda Internacional, fundada en 1889, acentuó los aspectos mecanicistas y materialistas del marxismo («economicismo») convirtiéndolo «en un dogma, que mediante el análisis de las relaciones productivas, era considerado capaz de prever, en sus grandes trazos al menos, el inexorable curso de la historia», que culminaría con la «inevitable victoria del proletariado» como consecuencia del desarrollo del propio capitalismo que llevaba consigo la progresiva concentración del capital en unas pocas manos y la creciente miseria de la clase obrera. Esta concepción del inexorable derrumbe del capitalismo era la que sostenían August Bebel y Karl Kautsky, en Alemania; Paul Lafargue y Jules Guesde en Francia; Achille Loria y Enrico Ferri, en Italia; y Jaime Vera y Julián Besteiro, en España.

Pero existía una contradicción entre la teoría revolucionaria que defendía la corriente «ortodoxa» y la práctica política reformista que aplicaba. El principal teórico de la socialdemocracia alemana Karl Kautsky creyó encontrar el apoyo a esta política en el que se consideró el testamento político de Engels, la «Introducción» a la edición de 1895 de la obra de Marx La lucha de clases en Francia. Allí el cofundador del marxismo y principal depositario de la herencia de Marx (muerto doce años antes) defendía el sufragio universal como un medio para conseguir la victoria del socialismo tras una «labor larga y perseverante» de las masas, aunque Engels también preveía que las fuerzas burguesas acabarían violando su propia legalidad para impedir su triunfo, lo que entonces legitimaría otros medios de alcanzar la sociedad socialista.

Aparición del «revisionismo» dentro del movimiento socialdemócrata

Uno de los primeros en señalar la contradicción entre teoría y práctica fue el alemán Eduard Bernstein en una serie de artículos publicados en Die Neue Zeit entre 1896 y 1898 y sobre todo en su libro de 1899 Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia. En una Alemania a punto de convertirse en la primera potencia industrial europea Bernstein constató que las predicciones de Marx no se estaban cumpliendo pues ni se vislumbraba el colapso del capitalismo víctima de sus propias contradicciones ni el proletariado vivía en unas condiciones cada vez más miserables. Así pues, Bernstein procedió a «revisar» buena parte de las tesis marxistas —como la teoría del valor-trabajo o la de la polarización social entre burguesía y proletariado que haría desaparecer a las clases medias—, —y en consecuencia defendió las políticas reformistas para alcanzar el socialismo—, con lo que la contradicción entre teoría y práctica desaparecía.