Leonor de Arborea (en sardo, Elianora de Arbaree;Carta de Logu en italiano, Eleonora D'Arborea, Molins de Rey, hacia 1340CASULA, Francesco Cesare. Eleonora, regina del Regno di Arborèa. Delfino Carlo Editore & C. snc (2004).ISBN 8871383060 - Oristán, 1404) fue jueza de Arborea desde el año 1383 hasta su muerte en 1404. Fue una de las últimas jueces sardas, además de las más poderosas y significativas. Promulgó la Carta de Logu, considerada una de los primeros ejemplos de constitución en el mundo.

Leonor era la hija de Mariano IV de Arborea, quien se había convertido en el año 1346 en juez de Arborea, en la costa occidental de Cerdeña, y su esposa Timbora de Roccabertí. La casa de Arborea, cuyo poder se extendía sobre alrededor de un tercio de Cerdeña, fue la única parte de la isla independiente en aquel momento de su historia.

Primeros años Leonor nació en torno al año 1340 en Molins de Rey. Era hija de Mariano IV de Arborea y de su esposa Timbora de Rocabertí, noble catalana de Perelada. Era hermana de Hugo III de Arborea y Beatriz.

Pasó los primeros años de su juventud en Oristán. Cuando en 1347 murió el juez Pedro III de Arborea sin descendientes, la Corona de Logu del juzgado (una asamblea de los nobles, prelados, funcionarios de la ciudad y de las villas) eligió juez al padre de Leonor: Mariano IV, hermano del muerto, que gobernó el juzgado de 1347 a 1376.

Relaciones dinásticas izquierda|Boda de Eleonora d'Arborea y Branca Doria Leonor se casó antes de 1376 con el cuarentón Brancaleone Doria, del célebre linaje genovés. Su matrimonio entraba dentro del diseño más amplio de una alianza entre los Arborea y los Doria, que ya controlaban vastos territorios de Cerdeña en función antiaragonesa. Tras la boda, vivió en Castelgenovese (la actual Castelsardo), donde nacieron sus hijos Federico y Mariano. Parece por tanto acertado que en 1382 Leonor había concedido un préstamo de 4000 florines de oro a Nicolò Guarco, dogo de la república de Génova, y que este por su parte se empeñó en devolver la suma en el término de diez años; en caso contrario, habría pagado el doble. Casualmente fue firmada la condición de que si en el transcurso alcanzara la pubertad Federico (hijo de Leonor), la hija del dogo Bianchina habría debido casarse con él y, en el caso en que tal matrimonio no se hubiese podido celebrar (por causa de muerte u otro caso fortuito), el acto sería nulo.

Un préstamo similar a una potente familia de Génova y la cláusula del contrato señalando un diseño dinástico de Leonor, la cual acordando tal crédito mantuvo alto el prestigio de su familia y reconoció la importancia de los intereses de los ligures. Asimismo, sentó la base concreta para una alianza que le habría consentido el recurso logístico y la unión (mediante la potente flota doriana) de buena parte de los puertos del Mediterráneo. En conclusión, si introdujo con rango paritario en el juego de la política europea.thumb|Boda de Leonor de Arborea y Brancaleone DoriaCuando Hugo III de Arborea enfermó, aprovechándose del problema de su sucesión Leonor escribió al rey de Aragón para que apoyase el reinado de su hijo Federico, en lugar del vizconde de Narbona, viudo de su hermana Beatriz, muerta en 1377. En 1383 Hugo fue asesinado en su palacio de Oristán y su regicidio podía tener diversos motivos e intereses.

Las razones exteriores eran los aragoneses y los enemigos de Arborea, y las internas podían identificarse en el descontento de las clases de los propietarios y de los mercanderes, en reacción a su actitud autoritaria y por las vejatorias contribuciones; necesarias para mantener los mercenarios alemanes provenzales y borgoñones, que Hugo había contratado más que nada para evitar que fueran contratados por otros.

La sucesión a juez de Arborea En este clima de crisis y de descontento, con Aragón ya abiertamente intencionado a conquistar toda la isla, en 1383 Leonor escribió al rey una relación sobre condiciones de Cerdeña y pidió que reconociese a su hijo Federico como legítimo sucesor de Hugo. Envió después a su marido Brancaleone a tratar directamente con el rey. Al mismo tiempo escribió a la reina, pidiéndole intercesión al rey a favor de su hijo para que pudiese así terminar el desorden que reinaba en la isla.thumb|left|Juzgados sardos.Leonor pretendía reunir en la mano de su hijo que los dos tercios de la Cerdeña que Hugo había ocupado antes de su asesinato. Este diseño hizo sospechar al rey, que no consideró conveniente tener una familia tan poderosa en su reino, tanto así que no siendo heredero directo masculino de Hugo, esas posesiones "iuxta morem italicum" habrían debido ser confiscadas. Brancaleone fue retenido con el pretexto de hacerlo reentrar en Cerdeña cuando se organizara una flota, pero efectivamente se había convertido en un auténtico rehén e instrumento de presión contra la jueza rebelde.

Leonor no perdió el ánimo y confirmó su política de guerra: pasó a la acción y apenas reentró en Oristán, castigando a los conspiradores y se autoproclamó jueza de Arborea según el antiguo derecho regio sardo, el cual le daba la capacidad de acceder al trono al padre o al hermano. En la práctica, la práctica electiva era la opuesta al feudalismo y chocaba con la línea política aragonesa. Los Arborea se rehicieron por el contrario en la antigua autonomía de origen alto medieval y al ejercicio de una plena soberanía de los propios territorios.

Así pues, Arborea estuvo cuatro años en guerra contra la Corona de Aragón, que reclamaba la isla. Perdió gran parte de sus posesiones sardas en beneficio de Leonor. Arborea obtuvo casi toda la isla durante esta guerra. Después de reunir a las fuerzas sardas, Leonor fue capaz de negociar un tratado favorable. Su hijo mayor, Federico, falleció durante esta guerra y fue sucedido por el hijo menor de Leonor, Mariano V. Se formó una alianza con Génova que apoyó la independencia de Arborea durante otra generación.

La política de Leonor de Arborea En lo que concierne a la política, la jueza se aferró directamente en la esperanza del padre, abandonado definitivamente la política autoritaria del hermano Hugo III, garantizó la defensa de la soberanía y de los confines territoriales del juzgado y realizó un trabajo de reordenamiento y sistematización definitiva de las ordenanzas y de las instituciones judiciales locales que daban vida a la Carta de Logu.

Leonor no mostró nunca la visión absolutista del señor al vértice de una oligarquía y más allá de las razones del pueblo, pero en su lugar la de quien considera tener la propia legitimación para reinar por sí mismo en la nación. Por razones políticas, se consideraban los mismos derechos a la sucesión, adoptado el pretexto de que los Arborea eran hijos "bastardos", pero las razones dinásticas parecieron tener por ley menor valor de la legitimación popular y habrían tenido vigor para aquella parte de los territorios recibidos del rey a título personal y no por los que formaban parte del juzgado.

Los intereses de la jueza fueron legados a los del estado con un nudo gordiano y siempre devolvió la ley y el orden para poner freno al devenir de la violencia de los sardos durante la guerra. Las reglas y las leyes garantizaron la paz, es decir, el orden en el tiempo, el futuro.

Con este orden y a estas reglas está relacionado el tema de la independencia, el dilema "vasallos o propietarios". Todavía se entreteje a esto el tema de la tierra y de la nación, de la gente y del territorio estado en el que se garantiza la tierra a todos, en el que la tierra es de todos. Leonor fue reina de un estado cuya legitimación estaba en el pueblo y, única fuerza en la Europa de la época, no se creía en el rey y en la institución de la monarquía en general. Se sintió siempre de la parte de su pueblo y se mezcló con la propia gente, y escuchó también a escondidas las razones.

No ceder jamás el poder fue para Leonor un punto vital. El poder era verdaderamente la diferencia entre la vida y la muerte, no solo por sí mismo sino por toda la isla. Tras conseguir completar el proyecto de su padre de reunir casi toda la isla bajo su poder de jueza regente, poniendo en jaque y reaccionando a los márgenes de la isla (en alguna fortaleza en la costa) las tropas de una monarquía potente como la aragonesa, vio derrumbarse su proyecto por "malignidad de la fortuna", por una imprevisible incógnita de la suerte: la peste, que dejó sin capacidad de combatir Cerdeña a los aragoneses.

La Carta de Logu

miniaturadeimagen|1ª página de la Carta de Logu, que promulgó Leonor. thumb|right|Estatua de Leonor en Oristán. Sostiene la Carta de Logu. Analizando la Carta de Logu no se puede negar la apertura a la modernidad de algunas normas y la sabiduría judicial que contiene elementos de la tradición romano-canónica, de la bizantina, de la jurisprudencia bolonesa y del pensamiento de los glosaristas de la misma cultura curial catalana, sobre todo de la elaboración judicial local de las costumbres sardas elaboradas del derecho sardo de tipo municipal.

Se trataba de un cuerpo de leyes que se hicieron obligatorias a partir de abril de 1395. La pena para la mayor parte de los delitos era una multa, y se protegía los derechos de propiedad de las mujeres. Estas leyes permanecieron obligatorias en Cerdeña hasta la unificación de Italia en 1861.

Los soberanos de Arborea, en la reacción a las tentativas de feudalización aragonesas, emanaron una nueva disciplina judicial en los territorios, que también estaban en un estado de continua agitación política. Tal legislación se señaló como el componente de una política más amplia ajustada al desarrollo del estado arborense y estaba netamente avanzada respecto a la legislación judicial y administrativa del tiempo.

Leonor demostró con su regencia querer salir del medievo apuntando a la liberación de los siervos, "los lieros", y de volver a usar la propia lucha de tipo nacional, más allá de las tropas mercenarias, la de ser sus conciudadanos.

Se trata del periodo en que de la historia antigua se pasa a la medieval y en que el concepto territorial de Cerdeña está por mutar en el estatal, con la isla dividida en varias entidades políticas soberanas. Los cuatro juzgados de Cagliari, Torres, Gallura y Arborea, son construcciones complejas singulares institucionales, insólitas en la Europa del año 1000. Más que elementos preexistentes, parece haberse originado de la "capacidad de los sardos, libres de dominaciones extranjeras a autogestionarse" mediante formas más complejas que las del sistema curatorial, la administración constituyente de las "coronas de logu".

La prerrogativa regia judicial, que no se halla en ningún territorio continental de formación bizantina o bárbara, tiene una connotación tal de quitar importancia a los orígenes y hace de ellos una original organización de gobierno.

Entre los juzgados sardos, solo el de Arborea se propuso construir una nación totalmente sarda. Como todos los estados centrales, Arborea tenía siempre que combatir para no sucumbir a las presiones de los estados limítrofes. Uno de las características de su guerra fue el de ser de preferencia ofensiva más que defensiva y de concebir una política de conquista procurando promover un papel propulsivo que consiguiera agregar en torno a sí también la energía local de los otros juzgados.

Los otros juzgados no supieron entender la petición y la compresión hasta que las poblaciones pujantes pertenecientes a los gobiernos de Cerdeña y Córcega de los aragoneses se volvieron en contra de la incomodidad provocada por el dominio y se unieron a Arborea para realizar por primera vez en la historia de la isla un estado completamente sardo basado en la voluntad del pueblo, o de la antigua nación sarda, bajo la insignia del albero desraizado (escudo de armas arborense).

La residencia de Leonor

La ubicación de la residencia de Leonor de Arborea ha dado lugar a muchas discusiones entre los historiadores.