La conquista normanda de la Italia meridional fue una serie de campañas llevadas a cabo en el , en las que guerreros normandos, originarios del norte de Francia, tomaron el control de gran parte del sur de Italia y de Sicilia, suplantando a los poderes locales existentes (bizantinos, lombardos y musulmanes). Fue un proceso desarrollado durante varias décadas del , involucrando muchas batallas y conquistadores independientes.

Fuerzas itinerantes vikingas o normandas, procedentes del norte, se asentaron como mercenarios en el sur de la península itálica al servicio de lombardos y bizantinos, comunicándose ágilmente con sus lugares de origen con noticias sobre oportunidades en el Mediterráneo. Con el tiempo, estos grupos se acumularon en varios lugares, estableciendo feudos y sus propios estados, que tras ser unificados y derrotar a las fuerzas locales lograron su independencia de facto, como muy tarde en 1017. Entre los más notables de estos aventureros normandos se encontraban los hijos de Tancredo de Hauteville, quienes establecieron su dominio sobre las regiones de Calabria y Apulia en la década de 1050, y sobre Sicilia en las décadas siguientes.

A diferencia de la conquista normanda de Inglaterra, que tomó unos pocos años tras una batalla decisiva, la conquista del sur de Italia implicó décadas de batallas sin coordinación, ninguna de ellas decisiva. Muchos territorios fueron conquistados independientemente y solo después se unificaron en un estado organizado, por parte de Roger II de Sicilia, nieto de Tancredo de Hauteville. Este estado, que abarcaba el tercio meridional de Italia con la única excepción de Benevento, llegó a arrebatar Sicilia y Malta a los árabes. En 1130, estos territorios de la Italia meridional se unieron como el Reino de Sicilia, que incluía la isla de Sicilia, el tercio meridional de la Península itálica (incluyendo Benevento, que estuvo sometido brevemente en dos ocasiones), el archipiélago de Malta y partes de África del Norte. En el espacio continental, además, la conquista no supuso únicamente la sustitución de unos dominadores por otros, sino también la reorganización de condados y de relaciones aristocráticas ya existentes, cuya articulación resultó decisiva para la consolidación política del reino.

Llegada de los normandos miniatura|izquierda|Mapa político de Italia hacia el año 1000, en la víspera de la llegada normanda. El área conquistada comprende todo el territorio al sur del Sacro Imperio (demarcada por la línea negra) y Sicilia, así como territorios del sur de los Estados Pontificios y el Ducado de Spoleto La fecha más temprana sugerida para la llegada de los normandos es 999, año en el que de acuerdo a varias fuentes, peregrinos normandos, siguiendo una ruta de peregrinaje que se presume ya había sido usada por compatriotas suyos, volvían del Santo Sepulcro de Jerusalén a través de Apulia, haciendo escala en Salerno. Ahí disfrutaron de la hospitalidad del príncipe Guaimario III. Durante su estancia la ciudad se vio atacada por piratas sarracenos del África musulmana, que exigieron un pago por retirarse. Mientras el príncipe comenzó a reunirlo, los normandos, indignados con la falta de valor de los lombardos, lideraron un asalto contra los piratas, que huyeron dejando abundante botín. Agradecido, Guaimario pidió a los normandos que se quedaran, cosa que rechazaron aunque prometieron dar parte de los regalos del príncipe a sus compatriotas y contarles la búsqueda salernitana de mercenarios. Algunas fuentes añaden que Guaimario envió emisarios a Normandía buscando tropas. Esta leyenda es a veces llamada la «Tradición Salernitana».

Amatus de Montecassino recogió esta tradición por primera vez en su "Historia de los Normandos" (Ystoire de li Normant) entre 1071 y 1086. Amatus recogió mucha de la información que cuenta de Pedro el Diácono, que continuó el Cronicón del monasterio de Montecassino (Chronicon Monasterii Casinensis), de Leo de Ostia, en el siglo .

La «Tradición Salernitana» comenzó a ser la aceptada generalmente a partir de los "Anales Eclesiásticos" (Annales Ecclesiastici) de Caesar Baronius, escritos en el siglo . Su exactitud ha sido cuestionada periódicamente a partir de entonces, pero es aceptada con algunas puntualizaciones. Tanto F. Chalandon como J.J. Norwich ofrecen una historia combinada resultado de considerar tanto la versión salernitana como la de Gargano. H. Houben toma la salernitana como un hecho.

Otra versión de la primera llegada de normandos a Italia, recogida por los cronistas, es la «Tradición de Gargano». En ella, peregrinos normandos que visitaban el santuario de San Miguel Arcángel en el monte Gargano (en la Apulia, al norte de Bari), se encontraron con el noble lombardo Melo de Bari, que les convenció para unirse a él en un ataque contra el gobierno bizantino en el sur de Italia, el llamado catapanato de Italia. Esto ocurrió en 1016, casi veinte años después de la historia salernitana, aunque los cronistas que la mencionan la toman como la primera vez que los normandos intervienen en Italia.

Algunos académicos han combinado ambos relatos: Lord Norwich sugiere que el pacto entre Melo y los mercenarios normandos podría haberse acordado gracias a los contactos de Guaimario III, ya que Melo había estado en Salerno poco antes de su visita al Monte Gargano. F. Chalandon defiende una conexión similar entre ambas historias.

Otro relato se centra en el exilio de un grupo de hermanos de la familia normanda Drengot. Uno de ellos, Osmundo según el cronista británico Orderico Vital (o Gilberto según Amatus de Montecassino y Pedro el Diácono), había asesinado a Guillermo Repostel (Repostellus) ante el duque de Normandía Roberto I, por sus supuestas alusiones a deshonrar a su hija. Este crimen les obligó a dejar Normandía para escapar a la pena de muerte, y la familia Drengot huyó a Roma, donde uno de los hermanos tuvo una entrevista con el papa, tras la cual se unieron a Melo de Bari. Amatus no involucra al papa. Según él los hermanos eran Osmundo, Ranulfo, Ascletin y Ludolfo (Rodolfo para Pedro el Diácono).

Las fuentes se dividen en cuanto a qué hermano lideraba la expedición. Orderico y Guillermo de Jumièges en su Historia de los duques normandos (Gesta Normannorum Ducum) hablan de Osmundo. Glaber cita a Rodolfo. León de Ostia, Amatus, y Adhemar de Chabannes hablan de Gilberto. De acuerdo a la mayoría de las fuentes italianas, el líder del contingente en la Batalla de Cannas del año 1018 fue Gilberto, aunque si el Rodolfo que citan es el Rodolfo de la historia de Amatus, quizás pudo ser este el líder.

Existe otra hipótesis moderna sobre la llegada normanda basada en las crónicas de Glaber, Adhemar y León de Ostia (que no aparece, sin embargo, en la continuación de la historia por Pedro el Diácono). Según ellos, una fuerza normanda (que pudo ser una banda de apenas 40 miembros o una multitud de alrededor de 250), bajo Rodulfus (Rodolfo), huyendo de la ira del duque Ricardo II de Normandía vino a ver al papa Benedicto VIII, que les envió a Salerno o Capua para servir como mercenarios contra los bizantinos, con quienes estaba en conflicto por la invasión del territorio pontificio de Benevento. Ahí se encontraron con los primados (o líderes) lombardos: Landulfo V de Benevento, Pandulfo IV de Capua, y posiblemente Guaimario III de Salerno y Melo de Bari. Según la crónica de León de Ostia, Rodolfo debería ser Rodolfo de Tosni.

Si la primera acción militar normanda (al menos es la primera confirmada), fue su servicio bajo Melo de Bari en la batalla contra los bizantinos de mayo de 1017, debieron partir de Normandía entre enero y marzo de ese mismo año.

Revuelta lombarda, 1017-1022 miniatura|Prisión de Pandulfo IV de Capua, el lobo de los Abruzos, tras la campaña del emperador Enrique II en 1022 El 9 de mayo de 1009, una insurrección tuvo lugar en Bari contra el catapanato de Italia, la administración regional del Imperio bizantino en Italia. Liderada por Melo, un noble lombardo local, pronto se extendió a otras ciudades dominadas por los bizantinos. Más tarde en ese año o a principios del siguiente (1010), el catapán, Juan Curcuas, murió en batalla. En marzo de 1010, su sucesor, Basilio Mesardonites, desembarcó con tropas de refuerzo y sitió a los rebeldes en la ciudad de Bari. Los ciudadanos griegos de Bari negociaron con Basilio y lograron hacer huir a los líderes lombardos de la revuelta, Melo y su cuñado Dato. El catapán Basilio entró en la ciudad el 11 de junio de 1011, restableciendo así la autoridad bizantina sin tomar más represalias que enviar a Constantinopla como rehenes al hijo de Melo, Argyro de Bari, y al resto de su familia. Basilio Mesardonites murió en 1016 tras varios años de paz en Italia.

Su sucesor, León Tornikio Kontoleon, llegó en mayo de ese año. Tras la muerte de Basilio, Melo se había vuelto a sublevar, esta vez con la ayuda de una banda de mercenarios normandos que habían sido enviados por el papa o contratados con la ayuda de Guaimario III en el monte Gargano. León Passiano fue enviado con un ejército contra los rebeldes, encontrándoles a las orillas del río Fortore, cerca de Arenula. El resultado de la batalla fue indeciso (según Guillermo de Apulia) o una victoria para Melo (de acuerdo a León de Ostia). El catapán León Tornikio tomó entonces el mando personalmente, y libró una segunda batalla cerca de Civita. El resultado fue una victoria para Melo, aunque Lupo Protospatario y el cronista anónimo de Bari hablan de derrota. Una tercera batalla, ya definitivamente una victoria de Melo, tuvo lugar en Vaccaricia, tras la cual toda la región entre el río Fortore y el puerto de Trani quedó en manos de Melo. León Tornikio fue relevado de su cargo en favor de Basilio Boioanes, que llegó al mediodía italiano en diciembre de 1017.

A petición del nuevo gobernador, se envió un destacamento de la guardia varega, fuerza de élite bizantina, para derrotar a los normandos. Las dos fuerzas de origen vikingo se encontraron en el río Ofanto, cerca de Cannas, lugar de la histórica batalla de Aníbal del año 216 a. C. El resultado fue una decisiva victoria bizantina, que el catapán Basilio Beoanes aprovechó construyendo una fortaleza en los Apeninos que protegiera esa entrada a Apulia. En 1019, Troia, como fue llamada la citada fortaleza, recibió una guarnición normanda, pues los nórdicos ya habían comenzado a actuar como mercenarios en ambos bandos.

Asustado por el cambio en la situación en el sur, el papa, quien como se menciona antes podría haber respaldado la entrada normanda en el mediodía italiano, se dirigió en 1020 al norte, atravesando los Alpes para reunirse en Bamberg con el emperador del Sacro Imperio Enrique II. El emperador no tomó inmediatamente partido, pero los sucesos del año siguiente le decidieron a intervenir. El catapán bizantino de Italia, Basilio Boioanes, se había aliado con Pandulfo de Capua y ambos marchaban contra Dato de Bari (el cuñado de Melo), entonces al mando de una guarnición de tropas papales en el ducado de Gaeta. Dato fue capturado el 15 de junio de 1021, y según las crónicas, fue atado en un saco junto a dinero, un gallo y una serpiente y arrojado al mar. En 1022 un gran ejército imperial marchó al sur para atacar la fortaleza de Troia. Aunque no cayó, todos los príncipes lombardos fueron atraídos al bando imperial y Pandulfo terminó en una prisión alemana. Fue el final de la revuelta lombarda.

Servicio mercenario, 1022-1046