miniatura|Casas tradicionales cántabras en la localidad de Asón, Soba. Se puede apreciar el balcón o solana cubierto por un alero prolongado. En muchas viviendas, esta solana se apoya sobre muros de sillería llamados cortafuegos que enmarcan un soportal o estragal.
La arquitectura de Cantabria ha evolucionado desde un medievo en el que prevalecía el ingenio en obras civiles sin desmesuradas pretensiones frente a la exaltación de la individualidad artística; pasando por una Edad Moderna en la que surgieron notables sagas de canteros montañeses y arquitectos del tardogótico, plateresco y renacimiento; hasta una época contemporánea en el que se ha evolucionado desde un regionalismo arquitectónico hacia las más diversas influencias modernas internacionales.
En lo que respecta a la arquitectura popular tradicional montañesa, aún con variedades locales diferenciadoras, esta ha conservado hasta nuestro días un acervo constructivo significativo, basado en un modo de entender la arquitectura, de aplicar los materiales, de simbiosis con el medio y clima cántabro y de estar al servicio de usos y costumbres ancestrales. Dentro de esta arquitectura vernácula destaca como más tradicional y propia de Cantabria la casa rural en sus diferentes variantes. Esta va desde las humildes chozas de pastor, invernales y chuzones, hasta las hidalgas casonas montañesas y nobles palacios, pasando por la conocida casa tradicional montañesa o las modestas cabañas pasiegas.
Hay que tener en cuenta que en la arquitectura tradicional la línea definitoria entre dos tipologías de edificios a menudo es difusa y difícil de establecer porque, por ejemplo, un mismo tipo de casa, pero de diferente tamaño, puede corresponder a niveles económicos diferentes, como es el caso entre las casas y casonas o la casona y el palacio.
Arquitectura castrense
Cantabria, al igual que otras autonomías del norte de España, conserva los restos de diversos poblados castrenses, especialmente de la segunda Edad del Hierro, muchos de los cuales están aún por descubrir. Entre estos castros, habitados aún durante la dominación romana, destacan los de la Espina del Gallego y el de Castilnegro, ambos rodeados por triples círculos de murallas.
Arquitectura romana Tras las guerras cántabras los romanos ocuparon Cantabria, aunque no llegaron a romanizarla del todo, y crearon en su territorio nueve ciudades, algunas de las cuales aún no descubiertas y estando varias en lo que hoy son otras autonomías. Dentro de la Cantabria actual destacan la ciudad principal, Julióbriga, Octaviolca y Flaviobriga (Castro-Urdiales), que entonces quedaba fuera del territorio cántabro.
La arquitectura prerrománica
miniatura|Interior de Santa María de Lebeña En Europa el arte prerrománico se desarrolló desde le al durante la Alta Edad Media. Esta corriente arquitectónica será precursora de las formas que el subsiguiente arte románico desarrollará desde el .
En Cantabria el arte prerrománico existente se insertaría dentro de la tercera etapa del periodo prerrománico hispano, denominada época de repoblación,Antiguamente denominada época mozárabe. y cuya cronología pertenece a los siglos y .
Los restos arquitectónicos de este oscuro periodo que más abundan en la región y más conocidos son las denominadas iglesias rupestres. Estos emeritorios hipogeos estaban excavados en una roca blanda que permitía su fácil excavación manual disponiendo únicamente de herramientas simples, como picos, palas y equipamiento similar. Suelen ser templos de una única nave, con arco triunfal, algunas veces de herradura, y ábside abovedado. Tumbas también excavadas en la roca y edículos suelen completar estos conjuntos eremíticos.
Geográficamente se extienden fundamentalmente por el valle de Valderredible, sobrepasando los límites de la región hacia el norte de Burgos, cerca de Aguilar de Campoo. Una excepción a esta distribución espacial lo encontramos en la ermita rupestre de San Juan de Socueva, sita en Arredondo, en el valle de Ruesga. El valle de Valderredible alberga la mayor agrupación de iglesias rupestres de toda España, documentándose más de cincuenta iglesias rupestres, necrópolis y otras cavernas, con la posibilidad de que muchas más permanezcan sin descubrir.
Pero quizá el testimonio más notable de la arquitectura prerrománica cántabra encuadrada dentro del arte de repoblación sea la iglesia de Santa María de Lebeña. Un templo situado en el desfiladero de La Hermida, en la comarca de Liébana, fundado en el 924. Junto a él otro de los máximos exponentes es la ermita de San Román de Moroso, en Bostronizo.
La arquitectura románica
miniatura|Espadaña monumental exenta tardorrománica asociada a la iglesia de San Juan Bautista en Aldea de Ebro ()
El inició un despertar económico en la Europa medieval, lo que hace surgir el primer arte internacional: el románico. El éxito de esta corriente vino en gran medida por la expansión de la mano de la orden cluniacense y las peregrinaciones que difunden sus peculiaridades.
En contraposición a otras corrientes artísticas posteriores mucho más "urbanas", el arte románico en general, y su arquitectura en particular, se desarrolló fundamentalmente en el mundo rural, teniendo su manifestación más importante en los edificios monacales. En esta época los monasterios poseyeron una función multifuncional, eran centros religiosos, culturales y de productividad agraria, dentro todo ello del contexto feudal del momento.
Sus características en la arquitectura eran el uso del arco de medio punto y las bóvedas de cañón y de arista. Así mismo, se requirieron de grandes y pesados muros, con apenas vanos, que pudieran soportar el peso de estas bóvedas, todo ello reforzado con gruesos contrafuertes en el exterior. Asociados a la arquitectura y rematando el edificio no faltaron ejemplos de esculturas de talla tosca y popular en claustros, portadas, capiteles y canecillos.
Debido a las razones de influencia en materia de política y economía de Castilla, estilísticamente hablando el románico montañés estuvo relacionado con el de Burgos y Palencia, si bien aquel no alcanzó la calidad de estos salvo en casos aislados. Su cronología cántabra abarca los siglos y , pero en los territorios más remotos, alejados de los lugares de paso, aún se extendería hasta incluso el .
La distribución geográfica de la arquitectura románica en Cantabria es laxa y diversa, pudiéndose agrupar en zonas por similitud estética, como el románico de los valles de Campoo y Valderredible, el de la cuenca del Besaya, el de Liébana o el de la costa. Entre los edificios más representativos están las Colegiatas de Santillana, Castañeda, Cervatos y Elines, las iglesias de Piascas, Bareyo, Silió y Yermo.
La arquitectura gótica miniatura|Ábside de la iglesia de Santa María de la Asunción de Castro-Urdiales ()
A finales del y comienzos del aparece en Cantabria el gótico y se desarrollará hasta el . Este se convirtió en el arte burgués y urbano por excelencia, por lo que no es de extrañar que su aparición en tierras montañesas vino propiciada por el desarrollo de las cuatro villas costeras: San Vicente de la Barquera, Santander, Laredo y Castro-Urdiales. La importancia de estas provino de su auge económico y comercial, los fueros concedidos el rey Alfonso VIII de Castilla y su fortaleza internacional a través de la Hermandad de las Marismas, lo que permitió costear la gran arquitectura gótica, ambiciosa y cara.
Innovaciones técnicas como el arco apuntado, la bóveda de crucería o los arbotantes permitieron al gótico crear edificios altos, esbeltos y luminosos al no tener los muros que soportar ya los empujes de las bóvedas, lo que permitió abrir grandes ventanales. Así, destacan la Catedral de Santander, la iglesia de la Asunción de Laredo, la iglesia de Santa María del Puerto de Santoña, la de Santa María de la Asunción de Castro-Urdiales y el monasterio de Santo Toribio de Liébana, que debió sustituir a otra preexistente del .
No obstante la adopción de esta nueva corriente artística y arquitectónica se vio frenada por la importancia de la tradición románica que, como en tantas zonas de España, se dio en Cantabria. Al contrario que otras grandes ciudades, en las que van surgiendo una poderosa burguesía capaz de sufragar parte de las costosas obras góticas, las villas cántabras no van a tener tanta pujanza, máxime cuando en Cantabria los monasterios aún conservarían una gran importancia.
Pero si algo destaca en este periodo de arquitectura regional son las torres defensivas medievales, las casas fuertes montañesas y demás arquitectura popular urbana. De este tipo son el torreón de San Vicente de La Barquera, la torre del Infantado de Potes, la de los Manrique en Cartes o la del Merino en Santillana del Mar.
La arquitectura de los siglos XVI al XVIII
Terminada la Edad Media, se inicia el con una herencia del gótico en Cantabria que es difícilmente borrable. Elementos como la bóveda de crucería pesaron en una tradición arquitectónica montañesa profundamente arraigada, siendo difícilmente desplazada salvo en contadas ocasiones. Un gótico religioso anacrónico se extendió al mundo rural, el cual no se abandonará hasta prácticamente el . Los grandes canteros y arquitectos cántabros no dejaron en su tierra el saber hacer que llevaron al resto de las regiones de España, predominando aquí el arcaísmo y la sobriedad, pero con un énfasis en el equilibrio, la proporción, el buen uso y el empleo de los materiales. La escasa decoración solo fue rota por la escultura funeraria.
miniatura|Iglesia de Santa María Magdalena de Rucandio ()
El exterior de los edificios religiosos se simplifica. Las plantas son de cruz latina, de una sola nave, crucero acusado y cabecera rectilínea. El alzado de la nave es muy simple y la bóveda de crucería gótica pasa a ser en muchos casos estrellada. Perdura la espadaña medieval de ornato simple con más troneras que campanas. En el caso de las torres son de planta cuadrangular de escasa altura. La decoración se reduce a las portaladas, inicialmente en estilo gótico para más adelante adoptar trazas renacentistas: arco de medio punto con dovelas decoradas a modo de casetones, pináculos y columnas platerescas, emblemas y grutescos renacentistas, etc.
Dentro de la arquitectura civil en el , y siguiendo como punto de evolución las casas fuertes y torreones del Medievo, se fue consolidando un tipo de edificio tan típico y genuino en Cantabria como es la casona montañesa solariega. Sus elementos que las distinguen inconfundiblemente son su gran portalada, corrala, torre señera y cuerpo principal con sillería bien labrada y blasón, así como capilla a veces.
Durante el barroco, siglos y , el aspecto general fue similar, variando únicamente la decoración de las portaladas y ciertas zonas del interior de las iglesias, como capillas, sacristías, etc., donde se realizaron bóvedas semiesféricas decoradas con fajas molduras, capulines de iluminación y en alzado pilastras rehundidas.
Dentro de la arquitectura barroca del destacan la iglesia de la Anunciación (o de la Compañía), en Santander; las parroquias de Guriezo y Liendo; la fachada de la iglesia de Ampuero y la iglesia de Miera. Del son la iglesia de San Martín de Tours de Cigüenza, en Alfoz de Lloredo; la capilla del Lignum Crucis, en Santo Toribio de Liébana; la capilla del palacio de Elsedo, en Pámanes; la iglesia de Rucandio, en Riotuerto; y en menor medida la iglesia de San Sebastián de Reinosa. Únicamente en la escultura funeraria se atisbó una decoración acorde con los tiempos.
De este periodo son grandes arquitectos cántabros que fueron referente nacional como Bartolomé de Bustamante, Juan Ribero de Rada, Juan Gil de Hontañón, Diego de Praves, su hijo Francisco de Praves, Juan de Nates o el mismo Juan de Herrera.
La arquitectura del