El monasterio de Santa Clara se encuentra en Moguer, provincia de Huelva (España). Está incluido como bien de interés cultural de los Lugares Colombinos.

Es el monumento colombino más destacado de Moguer. Su abadesa Inés Enríquez, tía del rey Fernando el Católico, apoyó el viaje descubridor en la corte. A la vuelta del viaje descubridor, Cristóbal Colón y el resto de moguereños, pasaron la primera noche en su iglesia cumpliendo el voto realizado en alta mar cuando una tempestad estuvo a punto de hacer zozobrar la Niña.

Fue fundado en 1337, para monjas clarisas, por Alonso Jofre Tenorio, primer señor de Moguer y primer patrono del monasterio.

El convento se divide en dos grandes espacios: el recinto religioso y las viviendas. En cuanto al primero, forman parte de él diversas estancias como la capilla "de profundis", antiguo panteón de las clarisas, donde se conserva un artesanado mudéjar del . La iglesia es la parte más noble del edificio, tratándose de un templo gótico-mudéjar de tres naves separadas por arcos apuntados, siendo la nave central más ancha y larga que las laterales, y estando coronada por un ábside poligonal. A los pies de la iglesia se encuentra el doble coro, alto y bajo, donde se encuentra la sillería nazarí, obra del única en su estilo.

En cuanto a la residencia conventual, está formada por diversos claustros en torno a los que se distribuyen las dependencias. Destaca, el claustro de las Madres, cuya arquería baja, del , conforma el claustro más antiguo de Andalucía. A su alrededor se encuentran los dormitos, pabellón de dos plantas del , con artesanado renacentista, el refectorio, sala rectangular de bóveda apuntada, la cocina, que conserva una enorme chimenea del , la enfermería renacentista, etc.

Por lo que respecta a las obras de arte mueble, destacan obras como el retablo mayor, obra de mediados del de Jerónimo Velázquez; en escultura, los sepulcros de los Portocarrero, enterramientos labrados en mármol en el , que representan los cuerpos yacentes de 9 personas en tres solideos; el retablo de la Circuncisión del Señor, de Martínez Montañés, procedente del desaparecido convento de San Francisco de Huelva; la Virgen del Amor Hermoso, del ; el Niño Jesús de las Lágrimas, del , obra de La Roldana; el relieve gótico inglés del Ecce Homo, del ; la Inmaculada Concepción del ; o el Cristo Atado a la Columna, renacentista; en pintura, la decoración pictórica de las puertas del coro, del , el mural de San Cristóbal () la Anunciación del , la Virgen Franciscana y el Descendimiento de Cristo (), la Sagrada Estirpe () o la Dormición de la Virgen y el Bautismo de Cristo, ambos del ; en las artes suntuaras, los libros de coro del , el conjunto de dalmáticas de los siglos y , y otras obras.

El monasterio está catalogado como Monumento Nacional desde 1931. Es el monasterio más grande de Andalucía y su claustro de las Madres es el más antiguo de Andalucía, y de los más antiguos de España.

Historia miniatura|Túmulo sepulcro de los primeros Señores (I, III y VIII Señor) El monasterio de Santa Clara de Moguer fue fundado por Alonso Jofre Tenorio, Almirante Mayor de Castilla, y su mujer Elvira Álvarez para religiosas clarisas entre 1337 y 1338. La licencia de fundación concedida por el Arzobispo y Cabildo Hispalenses el 13 de octubre de 1337, y la donación señorial del terreno a las monjas para la construcción del edificio el 11 de abril de 1338, son los dos únicos hechos documentados que confirman la erección del monasterio, a falta de la carta fundacional que no se ha conservado. El asentamiento de 105 frailes y monjas franciscanas en Moguer obedeció al prestigio de los conventos de la Orden de San Francisco establecidos en Sevilla después de 1248, y, en concreto, al interés del Almirante Jofre Tenorio de convertir la aldea de Moguer en una próspera villa, fortaleciendo el concejo con el fuero y franquicias de Sevilla e instalando las primeras comunidades religiosas.

El monasterio se construyó en una loma próxima a la villa, denominada "Campo de Santa Clara", integrándose en el casco urbano gracias a la nueva tendencia urbanística iniciada a finales del , y al auge demográfico de la población. Durante siglos influyó en la vida social, económica, cultural y religiosa de la comarca. Sus patronos, los Portocarrero, estuvieron íntimamente ligados a él por motivos materiales y espirituales, por contar entre las clarisas con miembros femeninos de su linaje, y, en síntesis, por convertir la iglesia conventual en panteón de la familia.

La fama y el prestigio alcanzados por el monasterio de las clarisas de Moguer hicieron de este cenobio, entre los siglos y , un foco de expansión de otros conventos de la misma Orden fundados o reformados en Andalucía: Santa Inés de Sevilla (1374), Santa Clara de Jaén y Córdoba, Santa Clara de Gibraltar (1586), Alcalá de Guadaíra (1597), Priego, Santa Clara de Osuna (1611), y Jerez de los Caballeros.

Los fundadores y sus sucesores, los Portocarrero, enriquecieron el patrimonio económico del monasterio con donaciones y exenciones. Papas y reyes le concedieron privilegios de todo tipo, lo que unido a las concesiones hechas por muchos particulares vinculados a dicho monasterio, hicieron que se convirtiera en un importante y respetable centro de poder, con propiedades repartidas por la villa de Moguer y su término, Condado de Niebla, Gibraleón, incluso fuera de la Comarca, como por ejemplo Alcalá del Río (en cuya tierra se encontraba el cortijo del almirante), Cazalla, Puebla, etc. A lo largo del el monasterio incrementó su patrimonio gracias a la adquisición de nuevos bienes, cuyas rentas contribuyeron a afianzar el carácter "capitalista" de su hacienda. En las centurias siguientes la situación fue degradándose basta culminar con la crisis económica provocada por la desamortización eclesiástica, a partir de 1835. Entonces le fueron expropiadas 411,68 hectáreas de tierra repartidas por diferentes términos de las actuales provincias de Huelva y Sevilla.

La medida económica de Mendizábal fue el detonante de la total extinción de la comunidad clarisa del monasterio a principios del . En sus mejores momentos, el monasterio de Santa Clara reunió un número considerable de religiosas: entre los años 1354 y 1761, varió entre diez a quince. La cota más alta fue alcanzada en 1591 con cincuenta y cinco religiosas, y la más baja en 1884 con solo tres. Con la desaparición de las clarisas, el monasterio de Santa Clara fue ocupado por la Congregación de Esclavas del Divino Corazón, establecimiento promovido por el cardenal Spínola. El cardenal recibió la propiedad del monasterio de manos de la duquesa de Alba, María del Rosario Falcó y Osorio, en 1903, pasando ésta al Obispado de Huelva en 1954, al crearse ese año la nueva diócesis. miniatura|Vista del monasterio

La congregación llegó a Moguer en 1898, instalándose al principio en dos casas particulares. A partir de 1902 se trasladó a Santa Clara, que seguía estando habitado por tres clarisas ancianas y enfermas. La última abadesa, sor Ana Carrasco y Viva, falleció en julio de 1903. Las monjas de la Congregación de Esclavas del Divino Corazón instalaron en este complejo conventual un colegio femenino, así como el noviciado que funcionó desde 1930 hasta el traslado de la comunidad a Sanlúcar la Mayor (Sevilla) en 1955. Con la llegada de los PP. Capuchinos a Moguer en 1956, como administradores de su única parroquia, el monasterio de Santa Clara recuperó el ambiente franciscano de épocas pasadas, al convertirse en la residencia de los nuevos inquilinos. En 1961 la Orden instaló en él su Colegio de Filosofía, reuniendo hasta veintitrés capuchinos. En 1975 abandonaron el edificio, trasladándose a una vivienda ubicada en el interior de la parroquia. Hasta hace unos años el monasterio de Santa Clara fue la sede del Museo Diocesano de Arte Sacro de Huelva.

Desde 1963 el monasterio de Santa Clara ha venido siendo sometido a importantes obras de restauración y consolidación. Las más recientes se incluyen dentro del Plan Colón 92 de la Junta de Andalucía destinado a la recuperación integral de los edificios vinculados al Descubrimiento de América. El monasterio fue declarado Monumento Nacional en 1931. Incluido dentro del conjunto histórico artístico Lugares colombinos.Decreto 553/1967, de 2 de marzo, por el que se declara conjunto histórico artístico el sector denominado «Lugares Colombinos» en la provincia de Huelva. BOE nº 69 de 22/03/1967. También tiene protección integral en base al Plan General de Ordenación Urbana.

Vinculación americana La vinculación americana del monasterio de Santa Clara se inicia en los momentos previos al primer viaje colombino. Las cuatro estancias de Cristóbal Colón en Palos de la Frontera y Moguer, entre 1485 y 1493, quedaron íntimamente relacionadas con personas y estamentos concretos de ambas villas. Los contactos del genovés con este monasterio de clarisas fueron decisivos para la culminación de su proyecto de descubrimiento. Su abadesa, Inés Enríquez, tía del rey Fernando el Católico jugó un papel protagonista en la aceptación del plan colombino por parte de los monarcas. Consta documentalmente que la abadesa de Santa Clara mantuvo relación epistolar con el Almirante, y cómo éste, veló e hizo decir una misa de acción de gracias en la iglesia conventual la madrugada del 16 de marzo de 1493, al regreso de su primer viaje, cumpliendo así con el "voto" enunciado por la tripulación de la carabela La Niña el jueves 14 de febrero de aquel año cuando una tormenta amenazó con hundir la nave a la altura de las Azores. miniatura|Monumento a Cristóbal Colón junto al monasterio El monasterio de Santa Clara era desde los tiempos inmediatos a su fundación un centro religioso de reconocido prestigio en las altas esferas de la Corte, donde profesaron mujeres de los linajes más señeros de Castilla. Además, el control que durante siglos había ejercido sobre la economía local como titular de abundantes rentas y prebendas lo convirtieron en un importante foco de atracción debido a su estatus privilegiado; o lo que es lo mismo, en un auténtico centro de poder con posibilidad para influir en el ánimo real y en la toma de decisiones de la administración en general. Colón, gran devoto de la orden franciscana, comprobó personalmente el arraigo del monasterio de Santa Clara en la comarca, y sus relaciones con la Corona. Como persona hábil y oportunista que era no desaprovecharía una ocasión semejante. En varias ocasiones los moguereños fueron testigos de la presencia del genovés en la villa acompañado por el guardián del Monasterio de La Rábida, fray Juan Pérez. Según el padre Bartolomé de las Casas, el monasterio de Santa Clara gozaba de una gran devoción y popularidad entre la marinería del Condado. La carabela propiedad los Hermanos Niño, que participó en el viaje de descubrimiento, botada en el Puerto de la Ribera de Moguer hacia 1488, fue bautizada oficialmente con el nombre de Santa Clara, aunque ha pasado a la historia con el calificativo que hace referencia al apellido de sus propietarios.

Existen ciertas relaciones y analogías estilísticas entre el monasterio de Santa Clara y la arquitectura hispanoamericana. Las iglesias fortificadas de los conventos mexicanos de Huejotzingo, Tula, Acolman, Tepeaca, Cholula, Acatzingo, Cuernavaca, Yuriria, Atlatlahucan, Xochimilco, etc, tienen sus antecedentes inmediatos en Santa Clara de Moguer, San Antonio Abad de Trigueros, San Bartolomé de Villalba del Alcor, la iglesia del castillo en Aracena, o San Isidoro del Campo en Sevilla.