El llamado desastre de Boroa o batalla de Palo Seco fue un enfrentamiento militar librado entre mapuches y españoles en el contexto de la guerra de Arauco, en 1606, con victoria de los primeros.

Antecedentes Llegada del nuevo gobernador

El 22 de enero de 1605, Alonso García Ramón fue nombrado mediante decreto «gobernador propietario de Chile», trasladándose de Lima a Santiago. Su objetivo era realizar los planes de pacificación definitiva del territorio. Contaba con 1.200 soldados españoles, entre los veteranos que ya había en la ciudad y los refuerzos que le acompañaban. Desde noviembre, cada unidad partió al sur diferentes momentos para evitar la falta de víveres. Finalmente, el 23 de diciembre el gobernador llegaba a Concepción.Barros, 2000: 342

García Ramón le ordenó al coronel Pedro Cortés, jefe de los fuertes al sur del río Biobío, dejar a las guarniciones necesarias para defenderlos y marchar a Millapoa con el resto de sus soldados, incluyendo 500 indígenas auxiliares. El gobernador salió de Concepción el 7 de enero de 1606, acampando con sus tropas cerca del fuerte Nuestra de Señora de Halle. En dicha zona, el comisario general de caballería y jefe de las muchas unidades españolas en el área, capitán Álvaro Núñez de Pineda y Bascuñán, había hecho varias correrías y conseguido forzar al toqui Nabalburí a pedir la paz. Una vez llegaron todas las fuerzas requeridas, hubo una reunión de los altos mandos, que decidieron apartar 180 soldados para construir la ciudad de Monterrey de la Frontera, en el valle de Socarrones, cerca del fuerte Halle.Barros, 2000: 342 (nota 29) También se decidió reforzar los fuertes vecinos de Nacimiento y Santa Fe, dejando a cargo de estas labores al capitán Pineda y Bascuñán, quien debía repoblar Angol una vez que llegaran unos esperados refuerzos de Nueva España.Barros, 2000: 342-343

Campaña en Arauco El 15 de enero se realizó una vistosa revista militar del ejército, unos 1.200 soldados españoles, con la esperanza de atemorizar a los caciques vecinos. Se mandó que una división de 500 hombres, dirigida por el coronel Pedro Cortés y el maestre de campo Alonso González de Nájera, marchara por la costa contra Arauco y Tucapel antes de volver al valle central a través de Purén. La segunda, 600 efectivos a las órdenes del propio gobernador y el maestre de campo Diego Bravo de Saravia, avanzaría directamente por los valles centrales. A su lado marchaban varios sacerdotes, incluyendo Luis de Valdivia.Barros, 2000: 343

Los 150 indígenas aliados que estaban en el campamento desertaron sigilosamente, asesinaron a Nabalburí y avisaron a sus congéneres de la campaña. Los mapuches se retiraron a las montañas y a los españoles sólo les quedó quemar chozas y sementeras y robar ganado. Sólo la división de Cortés tuvo un breve combate en el valle de Elicura, pero dispersó a los enemigos sin problema. El 2 de febrero ambas divisiones se reunieron en Purén. García Ramón sabía que miles de enemigos se refugiaban en las ciénagas de Lumaco y Purén, inaccesibles para caballería; con ellos había muchos prisioneros españoles. El nuevo gobernador no se amilanó y atacó el pantano, pero sólo pudo dar muerte o capturar a algunos indígenas, ya que la mayoría huyó. Los hispanos si lograron hacerse con mucho ganado y granos, luego continuaron quemando chozas para atemorizar a los mapuches.Barros, 2000: 343-344

Sin querer dar un respiro a sus enemigos, mientras Cortés saqueaba la zona de Tucapel, García Ramón se adelantó con 300 soldados hasta el río Cautín, a tres leguas de donde estuvo La Imperial. Hizo varias correrías por la zona, dando muerte al toqui Guenchupal, a quien creían el principal jefe de la rebelión.Barros, 2000: 344 Durante su campaña intentó, sin éxito, liberar a los aproximadamente 200 españoles que tenían cautivos los indígenas y que malvivían como esclavos, siendo su suerte una de las principales angustias de sus familiares y de las autoridades en Chile y Perú.Barros, 2000: 344-345 Al final, sólo pudieron rescatar a 20 hombres, 30 mujeres, 2 mulatos y algunos indígenas de servicio, por la fuerza o por negociaciones; muchas mujeres ya tenían hijos con los indígenas y no querían apartarse de su descendencia, que tampoco quería dejar el único mundo que conocían.Barros, 2000: 346

Siguiendo el consejo de sus oficiales, García Ramón fundó en la zona entre las ruinas de La Imperial y Villarrica un fuerte donde pudieran encontrar refugio los españoles que lograran escapar de los mapuches.Barros, 2000: 346-347 Su idea era que sirviera como un primer paso para la reconstrucción de La Imperial. El sitio escogido fue Los Maques, cerca de Maquegua, en una isla formada por la confluencia de los ríos Boroa y Cautín. La fortaleza fue nombrada San Ignacio de la Redención de Boroa.Encina, 1944: 416 Durante 40 días los españoles trabajaron incansablemente a orillas del Cautín, sin indígenas auxiliares, y levantaron el mayor fuerte del país. Defendido por un foso y una sólida empalizada, disponía de amplios galpones y espacio para chozas, pudiendo albergar una gran guarnición. Sus enemigos intentaron asaltarlo dos veces durante la construcción, mientras García Ramón hacia correrías por la zona. En un ataque nocturno que logró penetrar en el interior se distrajeron en saquear las primeras chozas que encontraron, permitiendo al jefe de la plaza, sargento mayor Diego Flores de León, reorganizar a los defensores y rechazarlos. El ataque lo había organizado el toqui Aypinante, quien había reunido un ejército de 3.000 guerreros de las comarcas Toltén, La Imperial y Boroa, pero no se atrevía a enfrentar en batalla campal a los españoles.Rosales, libro V, capítulo xxxv (Vicuña, 1878: 439-441) Las cabezas de los nativos muertos fueron colocadas en escarpias alrededor del fuerte como advertencia.Barros, 2000: 347-348

A fines de marzo, con la proximidad del invierno, el gobernador ordenó el retorno al Biobío. Se dejó como guarnición a 280 soldados al mando del capitán Juan Rodulfo de Lisperguer y Flores.Barros, 2000: 348 Sus órdenes eran esperar hasta el noviembre, cuando llegaran las tropas de relevo.Rosales, libro V, cap. xxxv (Vicuña, 1878: 442) García Ramón creía que los indios de La Imperial estaban atemorizados y que el fuerte sería un primer paso para pacificar la zona, sin embargo, los mapuches no habían dado batalla pero tampoco habían pedido la paz. La verdadera actitud de los indígenas pudo vislumbrarse en la emboscada sufrida el 2 de abril, en el río Colpí o Coipu, afluente del Cautín, ante 1800 indios de Purén. Los españoles vencieron pero perdieron a los prestigiosos capitanes Juan Sánchez Navarro y Tomás Machín. Para empeorar sus ánimos, el gobernador comprobó que Angol no había sido reconstruida y los refuerzos novohispanos eran apenas 55 o 57 españoles al mando del capitán Antonio de Villarroel y el alférez Jusepe de Heredia.Rosales, libro V, cap. xxxvi (Vicuña, 1878: 446-447) García Ramón puso rumbo a Angol con toda su hueste, pero en un paso de montaña muy angosto, donde sus tropas no podían moverse fácilmente, su retaguardia fue atacada por los indígenas. La formaban los novohispanos que no se esperaban tal agresividad de sus enemigos, rompiendo filas rápidamente y dejando 20 muertos, incluyendo Villarroel y Heredia. Los mapuches decapitaron a los muertos y huyeron por las montañas antes que el resto de españoles llegara. Después de la derrota, se hizo obvio que era imposible repoblar Angol.Barros, 2000: 348-349

Entre tanto, el coronel Cortés realizó varias correrías en la costa y fundó un fuerte en el valle de Elicura. A cambio de una aparente paz, liberó a los indígenas del servicio personal, esperando imponerles un tributo cuando la pacificación acabara.Barros, 2000: 349 De hecho, venció a Pelantaro en el paso de Cunipulli, donde 2000 guerreros les salieron al paso, dispersándolos fácilmente.Rosales, libro V, cap. xxxvi (Vicuña, 1878: 443-444)

La anterior derrota no detuvo los planes del gobernador, quien visitó Monterrey y los fuertes costeros a mediados de abril. Volvió a Concepción el 12 de mayo y envió cartas al rey y el virrey, pidiendo refuerzos para la campaña del próximo año, donde esperaba fundar otro fuerte pero a orillas del río Toltén. Esperaba tener pacificado el territorio en unos tres años mediante la construcción de fuertes y ciudades y la llegada de refuerzos.Barros, 2000: 349-350 El padre Valdivia era igual de optimista, pero creía que la pacificación se estaba logrando mediante los indultos otorgados a los indígenas.Barros, 2000: 350

Fuerzas enfrentadas Mapuche Diego de Rosales cuenta que los mapuches reunieron 3.000 infantes y 600 jinetes en las proximidades de Boroa antes de la emboscada.Rosales, libro V, capítulo xxxviii (Vicuña, 1878: 459, 461); capítulo xxxix (Ibídem: 464) Diego Barros Arana afirma que los caciques Aillavilu, Paillamacu y el desertor mestizo Juan Sánchez lograron concentrar 6.000 guerreros venidos de Tucapel y Purén. En cambio, Francisco Antonio Encina reduce las fuerzas mapuche a la mitad, sólo 3.000 guerreros. Este último autor menciona que el gobernador temía que el fuerte fuera asaltado por dos o tres millares de guerreros durante el invierno.

Españoles Respecto a las fuerzas que cayeron en la emboscada, ni las fuentes contemporáneas están de acuerdo. En una carta al rey de enero de 1607, García Ramón decía que fueron 130, según Barros Arana intentaba minimizar el desastre, pues en un informe que el mismo gobernador hizo algunos testigos hablan de 140 y otros de 150. Alonso de Ribera, en otra carta para el monarca escrita en Santiago del Estero, habla de 150 también. Considerando cuantos españoles había originalmente y cuantos quedaron al final del asedio, Barros Arana también apoya la cifra de 150.Barros, 2000: 351-352 (nota 41) Algo en lo que concuerda con el historiador Horacio Lara.Lara, 1889: 17 Por su parte, Rosales da una cifra más elevada, 163 españoles acompañaron a su capitán y murieron.Rosales, libro V, capítulo xxxix (Vicuña, 1878: 460) Por último, la cifra más alta la da González de Nájera con 170 soldados emboscados.González, relación V, capítulo vi (Fernández, 1866: 147-148)

Originalmente, la guarnición española de Boroa se componía de 280 soldados según Barros Arana y Bonilla,Bonilla, 1988: 85 basándose en los datos de González de Nájera.González, relación V, capítulo iv (Fernández, 1866: 137), capítulo vi (Ibídem: 147) Aunque Rosales habla de 300 efectivos divididos en tres compañías a las órdenes de los capitanes Melchor de Robles, Gerónimo de Ureta y Francisco Jil Negrete, prácticamente todos novatos.Rosales, libro V, cap. xxxv (Vicuña, 1878: 441)

Desastre Situación en Boroa Las tribus de la costa siempre se caracterizaron por su belicosidad, pero estaban relativamente tranquilas por las numerosas guarniciones españolas en el área, sin embargo, en agosto empezaron a alzarse animadas por sus vecinos de Purén. Cortés realizó varias correrías en pleno invierno pero sin éxito alguno.

En el interior la situación era peor, pues el capitán Lisperguer debió realizar numerosas correrías a cuatro o cinco lenguas del fuerte para capturar indios y hacerse con numerosas provisiones, tantas que su guarnición no pasaba hambre pero se encontraba permanentemente agotada por las exigencias militares. Al mismo tiempo, llegó a rescatar una quincena de españoles. De hecho, las notas del propio Lisperguer mencionan una expedición del 30 de julio donde se rescataron 15 cautivas y 2 prisioneros.González, relación V, capítulo iv (Fernández, 1866: 139) Fue en aquella época que el capitán empezó a negociar con los caciques locales mediante los prisioneros que tenía, creyendo que había logrado pacificar la zona, haciendo que él y sus tropas tomaran menos precauciones en cada salida.