thumb|400px|right|El gobierno de las Misiones Guaraníes hasta 1800, año de la pérdida de su propia autonomía, recobrada en 1803 hasta 1805, 1810 a 1811, 1815 hasta 1819, 1821 hasta 1841 y por último, en 1954 en adelante, y el reparto de sus territorios. La historia de Misiones se caracteriza por la creación de las misiones jesuíticas guaraníes (que evangelizaron a las poblaciones nativas originales en el ), la posterior disolución de la organización creada por los jesuitas tras ser estos expulsados, la consecuente despoblación del territorio, y finalmente su repoblación a partir de fines del .
La actual provincia argentina de Misiones se llama así, pues, por ser el principal de los territorios remanentes que integraron aquellas misiones jesuíticas.
Historia colonial
La provincia estuvo poblada por etnias del grupo lingüístico ye como las de los cáingang, que sobre el 1000 d. C. fueron desplazados por los mbyás, y los xokleng. Hacia el comenzó la expansión de la cultura guaraní procedente de la Amazonia.
Los avá o guaraníes pertenecían a una de las razas más extraordinarias del Nuevo Mundo, eran inquietos guerreros y conquistadores que practicaban el canibalismo. Se hallaban, cuando los europeos pisaron por primera vez estas tierras, en un estadio cultural neolítico, con inicios una agricultura avanzada, una ganadería primitiva, la organización urbana en aldeas formadas por chozas multifamiliares y conocimientos avanzados en el trenzado, la alfarería y el tejido.
El vocablo “guaraní“ significa “Guerrero” haciendo alusión al carácter belicoso de este pueblo. Se referían a sí mismos como “avá” (hombre), al considerarse seres superiores frente a los otros grupos indígenas. Los guaraníes constituían una rama del grupo Tupí Guaraní y poblaban la Paraguaria. Ruy Díaz de Guzmán dice que algunas tribus guaraníes tenían incluso ropas de paño. Eran dinámicos y ambiciosos. Como los antiguos judíos iban a buscar lejos de sus tierras solariegas nuevos escenarios para su indiscutible espíritu de aventura y de trabajo. De esta manera llegaron a explotar y extender su dominación sobre gran parte del centro y del Sur de la América, pero no constituyeron un imperio, como los Mexicas y los Incas. El primer europeo en llegar a la región fue Sebastián Gaboto que, remontando el río Paraná en diciembre de 1527, halló los saltos de Apipé, los que no pudo pasar, situados en lo que en épocas coloniales sería el límite de Misiones y Corrientes, parte actual de esta última.
Álvar Núñez Cabeza de Vaca
En 1541, Álvar Núñez Cabeza de Vaca llegó a las cataratas del Iguazú en su viaje desde la isla de Santa Catarina hasta la villa de Asunción del Paraguay.
Arribaría a dicha isla, en el territorio que entonces era llamado La Vera o Mbiazá y que correspondía a la gobernación del Paraguay y actualmente es parte del estado brasileño de Santa Catarina.
Desde la mencionada isla de Santa Catalina arrancó en un viaje por tierra, a lo largo de casi cinco meses, con el propósito de llegar a la entonces villa y fuerte de Asunción del Paraguay, sede de la gobernación del Río de la Plata. Guiado por indígenas tupís guaranís cruzó con su expedición por la selva misionera, varios ríos de la Cuenca del Plata y las montañas de la Sierra Geral. Fue el primer europeo que describió las cataratas del Iguazú, cuya zona se halla poblada desde hace más de 10 000 años:
Pronto entró en conflicto con los capitanes y colonos españoles establecidos en Asunción que, alentados por Domingo Martínez de Irala, rechazaban la autoridad del gobernador y sus proyectos de organizar la colonización del territorio olvidándose de perseguir los quiméricos tesoros de los que hablaban los mitos indígenas.
Su propósito de erradicar la anarquía y domeñar a los insurgentes provocó que los descontentos se sublevaran en 1544 y enviaran a Cabeza de Vaca a España acusado de abusos de poder en la represión de los disidentes (como el incendio de Asunción en 1543). En realidad, por haber exigido el cumplimiento de las Leyes de Indias, entre otras medidas poco políticas: Asunción del Paraguay era conocida como «El paraíso de Mahoma», por la extendida práctica de la poliginia, que Cabeza de Vaca intentó erradicar. El Consejo de Indias le desterró a Orán en 1545. Pena que, quizá, no llegó a cumplir pues Cabeza de Vaca recurrió la sentencia y siguió peleando hasta el final de su vida con el propósito de ver restablecido su honor, ya no su hacienda.
Gobernación de las Misiones Guaraníes
Las Fundaciones
En el la Compañía de Jesús llegó a la zona. Estos jesuitas iniciaron su actividad creando reducciones. En pocos años, llegaron a crear 30 pueblos, en donde los guaraníes, que ya empezaban a practicar la agricultura, terminaron de adoptar el sedentarismo.Los jesuitas crearon la llamada "Provincia de las Misiones" que tenía como límite oriental la Línea de Tordesillas y como límite septentrional (aproximado) el paralelo 20ºS (al este del río Paraná sus límites efectivos septentrionales venían dados por el río Paranapanema o Paranapané, es decir, toda la región llamada La Pinería o Guayrá.
El Guayrá o la Pinería, era la extensa región comprendida entre los ríos Iguazú, Paraná y Tieté (o Añembý, río que separaba a los guaraníes ―aliados de los españoles― de los tupí ―aliados de los portugueses― y la línea del Tratado de Tordesillas. El ámbito de acción jesuita se desarrolló en es territorio más reducido entre los ríos Paraná, Iguazú, Tibagí y Paranapanema. Hacia esa región fueron enviados los sacerdotes jesuitas José Cataldino y Simón Mazetta (según otras fuentes: Maseta, Masseta, Maceta y Masceta), quienes salieron de Asunción el 8 de diciembre de 1609 enviados por el obispo Lizárraga y por el gobernador Hernandarias con instrucciones del provincial jesuita Diego de Torres Bollo para hacer apostolado en la extensa región del Guayrá. Estos padres fundaron las reducciones de Nuestra Señora de Loreto del Pirapó y San Ignacio Miní I en 1610 a orillas del río Paranapanema, junto al río Pirapó la primera y en la zona llamada Itambaracá la segunda.
En 1612 fueron enviados al Guayrá los sacerdotes Antonio Ruiz de Montoya y Antonio de Moranta, quien se enfermó y regresó a Asunción desde Mbaracayú. Ruiz de Montoya continuó hacia el Guayrá y luego se le unió el sacerdote Martín Xavier Urtaner (o Urtazu). Cataldino y Urtaner rigieron San Ignacio Miní y Mazeta y Ruiz de Montoya a Loreto. En 1622 Ruiz de Montoya fue designado Superior de la Misión del Guayrá como sucesor de Cataldino, ese año ambos jesuitas y el padre Diego de Salazar fundaron la reducción de San Francisco Javier sobre el río Tibajiba (hoy río Tibagí) en la región llamada Ibitirambetá o Tayaty, quedando en ella Cataldino.
La reducción de San José fue fundada en 1625 entre el río Ivaí (o Huybay) y el Tibagi en la región de Tucuty por Ruiz de Montoya y Simón Masseta, quien quedó en ella. Junto a Cristóbal de Mendoza (quien quedó en la reducción), Ruiz de Montoya fundó también en 1625 la reducción de Encarnación I en la región de Nivatinguí al este de San Javier.
Simón Mazeta fundó Apóstol San Pablo en 1626 sobre el río Iñeay (o Inia), en el límite de las regiones de Tayaty y Tayaoba. Luego Ruiz de Montoya fundó una reducción en tierras del cacique Tayaoba, pero fue destruida inmediatamente, persistió y logró establecer en 1627 Siete Arcángeles entre los tayaobas.
En la región de los gualachíes, Ruiz de Montoya junto con Francisco Díaz Taño (quedó en ella) fundaron Purísima Concepción (o Inmaculada Concepción) en 1627. Ese año se produjo la primera incursión de bandeirantes en el Guayrá al atravesar el río Tibagí, pero el padre Cristóbal de Mendoza logró contenerlos para que no ataquen a los reducidos.
Ruiz de Montoya junto con Cristóbal de Mendoza fundaron San Miguel (1627) en el Ibianguy o Ibitirucú, y junto a Pedro Mola (quedó en ella) fundó San Antonio (1627) en el Ibiticoy.
Santo Tomás (1627) fue erigida por Francisco Díaz Taño en el lugar en donde se hallaba un cementerio, en el que se había difundido la creencia que estuvo allí el apóstol Santo Tomás en su paso hacia la India.
Jesús y María (1628) fue fundada por Ruiz de Montoya y Simón Mazeta (quedó en ella), destruida por los bandeirantes fue reedificada en 1629 y trasladada cerca del río Ivai por Ignacio Henard y vuelta a destruir en 1630.
La última reducción fundada en el Guayrá fue San Pedro en los Pinares (1628) entre los gualachíes por José Cataldino.
El éxodo del Guayrá
Las reducciones del Guayrá fueron objeto de ataques por parte de los bandeirantes provenientes de São Paulo, quienes esclavizaban a los nativos para venderlos en las haciendas. Estos ataques comenzaron a partir de 1627 cuando los bandeirantes cruzaron el río Tibagí que era el límite de las misiones del Guayrá, en un primer momento para capturar a los indígenas no reducidos,Donato, 1996: 333. La expedición Manuel Morato, por ejemplo, incluía 900 blancos y 2200 tupíes, y capturó almas según las crónicas de la época (1629). pero en 1629 la reducción de San Antonio dio refugio a un cacique fugado de los esclavistas, lo que dio el motivo para el ataque de los bandeirantes a esta reducción, luego fueron destruidas San Miguel y Jesús y María la que fue reedificada y trasladada. Los sobrevivientes tuvieron que emigrar, con destino incierto en algunos casos. En 1630 los bandeirantes regresaron atacando la reducción de San Pablo, mientras que la de Encarnación fue despoblada ante el temor de un ataque. Ambas reducciones desaparecieron.
Luego, en 1630, fue destruida la de San Javier y abandonada la reducción de San José ante el temor de un ataque, los evacuados se reunieron en una villa cerca de Loreto. Ante el ataque bandeirante, los pueblos de la región de Tayaoba: Arcángeles, Santo Tomás y Jesús y María fueron evacuados por los jesuitas hacia el Salto del Guayrá en donde se unieron al éxodo, quienes quedaron en ellos fueron esclavizados. Atacaron luego las dos reducciones de la región de los gualachíes: San Pedro y Concepción. Este episodio de la historia inspiró la película: La Misión, de Roland Joffé.
Los sobrevivientes del Guayrá concentrados en las dos únicas reducciones que permanecían sin atacar (Loreto y San Ignacio Miní), a fines de 1631, siendo dirigidos por el padre Antonio Ruiz de Montoya protagonizaron el éxodo guayreño, en el que 12 000 indígenas en 700 balsas viajaron río abajo por el Paranapanema y luego por el Paraná. Los bandeirantes destruyeron las dos reducciones tres días después de la partida del éxodo. Cerca del Salto del Guayrá los encomenderos de Ciudad Real del Guayrá intentaron impedir la expedición, pero debieron desistir; los indígenas atravesaron por tierra los saltos del Guayrá en donde perdieron gran parte de sus embarcaciones y allí se les unieron 2000 guaraníes provenientes de las reducciones del Tayaoba dirigidos por el padre Pedro Espinosa. Desde allí Ruiz de Montoya, a petición del regidor de Santiago de Jerez, envió a los padres Diego Rançonnier, Justo Vanfurk y Mansilla a evangelizar la región de Itatín.
Tras grandes penurias divididos en grupos que avanzaron por tierra y por el río, lograron llegar a las reducciones de Natividad del Acaray y Santa María del Iguazú en donde recibieron auxilios para continuar luego por el Paraná hasta que en marzo de 1632 refundaron San Ignacio Miní y Nuestra Señora de Loreto a orillas del arroyo Yabebirí. Solo lograron llegar 4000 guaraníes. Los misioneros emigrados quedaron a las órdenes de Pedro Romero, superior de las Misiones del Paraná y del Uruguay hasta que Ruiz de Montoya fue nombrado superior de todas las misiones en 1636.
thumb|355px|Localización de las misiones jesuíticas guaraníes en los actuales territorios de Argentina, Paraguay y Brasil.