El íbero o ibérico fue una lengua paleohispánica (o familia de lenguas) hablada por los íberos en toda la costa mediterránea peninsular. Su extensión iría desde el río Hérault en Francia al norte hasta no más al sur de Porcuna, en Jaén.
Algunos investigadores como Javier de Hoz consideraban al ibérico una lengua franca que se habría extendido gracias al comercio, espoleado por el contacto con los griegos focenses,De Hoz, Javier (2011). Historia Lingüística de la Península Ibérica en la antigüedad. II. El mundo ibérico prerromano y la indoeuroperización. Madrid: CSIC. mientras que otros investigadores consideran al ibérico la lengua materna de un grupo culturalmente heterogéneo. Aspectos históricos, sociales y culturales
Distribución geográfica Los pueblos íberos se extendieron a lo largo de la costa mediterránea de la península ibérica.
Hacia el norte, incluiría el sur de Francia hasta el río Hérault. Los registros más recientes en Francia (ánforas halladas en Vieille-Toulouse, Haute-Garonne)Michel Vidal, J.-P. Magno, «Les inscriptions peintes en caractères ibériques de Vieille-Toulouse (Haute-Garonne)», Revue archéologique de Narbonnaise, 1983, p. 2. se datan hacia la primera mitad del Se han encontrado importantes restos de escritos en Ensérune, entre Narbona y Béziers en Francia, en un oppidum en el que se mezclan elementos íberos y celtas, y algo más al sur en la costa, en Pech Maho.
Hacia el sur, el límite estaría en Porcuna (Ibolka), en Jaén, en la que se han encontrado algunas magníficas esculturas de jinetes íberos.
Hacia el interior es incierta la extensión exacta. Parece ser que en el valle del Ebro hubo una expansión de la cultura hacia el interior, llegando hasta Salduie (Zaragoza) pero no más allá.
De los pueblos prerromanos, se cree que eran de lengua íbera los siguientes: ausetanos (Vic, Gerona), ilergetes (Lérida y Huesca hasta los Pirineos), indigetes (costa de Gerona), layetanos (Barcelona), cossetanos (Tarragona), ilercavones/ilergavones (Castellón y Tarragona), edetanos (Valencia, Castellón y Teruel), contestanos (Valencia, Elche, Cartagena y Albacete), bastetanos (Granada, Almería, Murcia y Albacete) y oretanos (Jaén, Ciudad Real y Albacete). Los túrdulos y turdetanos se consideran habitualmente hablantes del tartesio.
Hipótesis principales sobre su origen El ibérico está considerado habitualmente un idioma aislado. No obstante, tras constatar las diversas afinidades existentes con la lengua vasca y la aquitana, muchos investigadores han propuesto que tales afinidades se justificarían por algún tipo de parentesco, siendo conocida esta teoría como vascoiberismo. Pero también hay muchos otros investigadores que creen que esas afinidades no provienen necesariamente de una relación de parentesco, puesto que las afinidades fonológicas podrían ser debidas a fenómenos de área lingüística entre idiomas que comparten un mismo territorio, mientras que las afinidades de léxico y onomásticas podrían ser debidas al préstamo lingüístico.
Recientemente la arqueogenética ha mostrado que la ascendencia de los pueblos de la antigua Hispania es similar a la de los europeos de la costa norte del Mediterráneo. Al igual que en la mayor parte del resto de Europa meridional, el principal origen ancestral de estos pueblos son primeros agricultores europeos que llegaron durante el Neolítico. El gran predominio del haplogrupo R1b del cromosoma Y, común en toda Europa occidental, es también testimonio de una importante aportación de varias oleadas de pastores esteparios occidentales (predominantemente varones) que se originaron en la estepa póntico-cáspica durante la Edad del Bronce. De hecho, la herencia genética de los habitantes modernos de la península procede en gran medida de los habitantes prerromanos de la península ibérica, que fueron profundamente romanizados tras la conquista de la región por los antiguos romanos. Eso sugiere que el origen de los íberos y de su lengua podría remontarse a los primeros grupos agrícolas que poblaron el sur y centro de Europa procedentes de la península anatolia y que habrían protagonizado una colonización demográfica asociada a la agricultura y también habrían usado rutas marítimas.
Hipótesis norteafricana Esta hipótesis propone que la cultura ibérica procede del norte de África. Estuvo en boga a mediados del , pero actualmente no tiene muchos defensores. Desde el punto de vista lingüístico, Antonio Tovar relacionó el idioma ibérico con las lenguas bereberes. También Adolf Schulten que había colaborado con Tovar defendió esta idea.
Hipótesis contestana Esta hipótesis considera que la diversidad cultural de los pueblos íberos, estimada a partir de datos arqueológicos, debería traducirse también en una diversidad lingüística. Así pues, se postula que la lengua íbera sería en su origen solo la propia de los íberos contestanos (y quizás también de los edetanos, oretanos y bastetanos), que se habrían convertido en los intermediarios privilegiados del comercio con los griegos, y que se habría convertido en la lengua franca del comercio de todos los pueblos que se identifican como íberos. La presencia de antropónimos de filiación desconocida en textos ibéricos de C. Valenciana (Castellón), Aragón, Cataluña y del sur de Francia serían la prueba de la existencia de otras lenguas en estas zonas.300px|miniatura|Las escrituras ibéricas en el contexto de las escrituras paleohispánicas.
Hipótesis pirenaica Esta hipótesis considera que la afinidad entre el ibérico y el aquitano debería traducirse en una proximidad real de su lugar de origen, por lo que postula la existencia de un grupo lingüístico pirenaico producto de la coexistencia milenaria de los grupos humanos de la zona. De las hablas occidentales de este grupo pirenaico procedería la lengua aquitana en la vertiente septentrional y la vasca en su vertiente meridional. La lengua íbera sería fruto de la evolución de las hablas orientales de este grupo, que se habría expandido de norte a sur desde el Pirineo oriental o sus estribaciones hacia el mediodía.
Hipótesis de los Campos de Urnas Esta hipótesis considera que el parentesco entre los idiomas ibérico, vasco y aquitano debería traducirse en términos históricos y culturales en algún factor común que justificaría la expansión de esta familia lingüística en un amplio territorio en pocos siglos. Así pues, se postula que esta familia de idiomas procedería de una capa demográficamente invasiva que formaría parte de la cultura de Campos de Urnas, puesto que en la península ibérica el área de difusión de esta cultura coincide básicamente con el territorio de difusión del ibérico. Sin embargo, análisis arqueogenéticos recientes sugieren que la cultura de los Campos de Urnas podrían estar asociados a pueblos con haplogrupos similares a los de otros pueblos europeos
Hipótesis indigética
Según otra teoría, la lengua ibérica tendría su origen en el norte de la actual Cataluña, donde se documentan las inscripciones ibéricas más antiguas (Ullastret), y su expansión en dirección norte sur se habría producido mediante movimientos de población amplios en tiempos no muy anteriores a los primeros documentos escritos, quizás en el s. a. C., puesto que la lengua íbera aparece homogénea en los textos conocidos, mientras que si se hubiera establecido con mayor antigüedad (ss / aC por ejemplo) su dialectalización debería ser evidente. La presencia de elementos no interpretables como antropónimos ibéricos entre las inscripciones de esta zona no se considera estadísticamente significativa, siendo los antropónimos ibéricos muy frecuentes incluso entre las inscripciones más antiguas.
Extinción thumb|Conquistas romanas en la península ibérica incorporadas como Hispania Citerior e Hispania Ulterior en el año 197 a. C., abarcando la práctica totalidad de los territorios de cultura y lengua íbera. Ya el Tratado del Ebro suscrito en 226 a. C. entre Roma y Cártago, establecía el reparto de la península ibérica en áreas de influencia para las dos potencias a ambos lados del río Ebro, sin embargo la extinción de la lengua íbera es un proceso progresivo que estuvo estrechamente ligado a la posterior romanización de la península ibérica a partir del 197 a. C.
Se considera que el idioma íbero en su forma escrita empleando el signario ibérico desaparece prácticamente hacia el siglo , con escasos testimonios del empleo de la escritura latina con él. Si bien para ese mismo siglo encontramos autores de origen nativo pero plenamente latinizados, como Marcus Valerius Martialis y Licinianus, ambos de Bilbilis, así como el Edicto de Latinidad de Vespasiano (año 74), indicadores del avance y extensión del proceso de aculturación, existen diversos autores clásicos que testimonian el uso de las lenguas locales de Hispania a comienzos del siglo El testimonio más tardío del signario ibérico sería una estela funeraria romana de Requena (Valencia), de entre finales del y principios del ,Dos esgrafiados ibéricos sobre una estela romana de Requena (Valencia), Asunción Martínez Valle, 1993. que presenta en la cara frontal un grafito ibérico con ocho signos.Bilingüismo literario y bilingüismo iconográfico como expresión de la identidad étnica en la Hispania romana, Juan Manuel Abascal Palazón, 2011.
Existiendo diferentes opiniones en torno a su extinción final en su forma oral, algunos especialistas consideran que un término recogido en una carta–encíclica en latín del obispo Severus de Menorca, datada en el 417, "podría tratarse de la última glosa ibérica históricamente documentada".Tres posibles glosas baleáricas, Xaverio Ballester Gómez, 2018. El idioma íbero podría haber sobrevivido marginalmente en algunas áreas remotas hasta el período visigodo (ca. entre el año 500 y el año 700), en opinión de Ramón Menéndez Pidal.Garatea Grau, Carlos (2005) El problema del cambio lingüístico en Ramón Menéndez Pidal, Munich, p.167
Escritura 300px|miniatura|Plomo de Ullastret en signario íbero nororiental dual 300px|miniatura|Cara A del plomo I de La Bastida (Mogente) en signario íbero suroriental. 300px|miniatura|Cara B del plomo de la Serreta (Alcoy) en alfabeto greco-ibérico. Los íberos (o iberos) utilizaron tres escrituras diferentes para representar su idioma. Los contextos arqueológicos más antiguos las sitúan a finales del s. a. C., mientras que las más modernas son de finales del s. d. C.
signario íbero nororiental Variante dual Variante no-dual signario íbero suroriental alfabeto greco-ibérico
Además, existen algunos textos en escritura latina de ibericidad no segura.
Signario íbero nororiental
También conocido como levantino o simplemente íbero por ser con diferencia el signario íbero más usado. Esta escritura presenta signos con valor silábico, para las oclusivas, y signos con valor alfabético, para el resto de consonantes y vocales. Su desciframiento, culminado el 1922 por Manuel Gómez-Moreno, es prácticamente total. Del signario íbero nororiental se conocen dos variantes: la variante dual permite diferenciar los silabogramas oclusivos dentales y velares sordos de los sonoros con un trazo añadido de forma que la forma simple representa a la sonora y la forma compleja a la sorda. Este signario fue adaptado por los celtíberos para escribir su lengua.
Signario íbero suroriental
También conocido como meridional. Este signario también presenta signos con valor silábico, para las oclusivas, y signos con valor alfabético, para el resto de consonantes y vocales, pero se diferencia del signario íbero nororiental, tanto por la forma de los signos como por el valor que los signos representan. El signario íbero suroriental es muy similar al signario tartesio que podría ser su antecedente. Su desciframiento aún no se puede dar por cerrado, puesto que no hay consenso entre los diferentes investigadores que han realizado propuestas concretas. Uno de sus testimonios más conocidos es el plomo I de La Bastida.
Alfabeto greco-ibérico