thumb|right|400px|La Batalla de Waterloo por William Sadler. Una batalla se podría definir como un combate entre dos o más contendientes en donde cada uno de ellos tratará de derrotar a los demás. Las batallas tienen lugar más a menudo durante las guerras o las campañas militares y normalmente pueden ser bien definidas por el espacio, el tiempo y la acción llevada a cabo. Las guerras y las campañas son guiadas por la estrategia mientras que las batallas son las fases en las que se emplea la táctica. El estratega alemán Carl von Clausewitz manifestó que "el empleo de batallas para ganar el fin de la guerra" era la esencia de la estrategia.

Antiguamente, también era denominado batalla el centro de un ejército, distinguiéndolo así de la vanguardia de este y de su retaguardia. Aunque, también antiguamente se usaba batalla para definir cada uno de los grupos en los que era dividido un ejército. |"Las batallas son monótonas repeticiones del mismo absurdo espectáculo y en muy pocas puede señalarse el triunfo del ingenio sobre la fuerza".|

Características de una batalla thumb|right|320px|Sitio de Gravelinas, donde se produjo la Batalla de Gravelinas, con una victoria española sobre las tropas francesas que obligó al rey francés a firmar la paz, y desistir de su invasión de Italia. Esta batalla se produjo después de la batalla de San Quintín, y en honor a esta victoria, el rey Felipe II mandó construir el Monasterio de El Escorial. El historiador militar británico Sir John Keegan sugirió una definición ideal de batalla como "algo que ocurre entre dos ejércitos dirigidos por la moral para luego desintegrarse físicamente alguno de ellos" aunque los orígenes y los resultados de muchas batallas raramente pueden ser resumidos así.

La "acción" de una batalla se fundamenta en cumplir un objetivo — el objetivo ideal es la victoria pero la estrategia y las diversas circunstancias que pueden darse suelen precisar un compromiso. Se estima que un contendiente logra la victoria cuando su adversario se ha rendido, ha huido, ha sido forzado a retirarse o bien se ha vuelto militarmente ineficaz. Sin embargo, una batalla puede acabar en una victoria pírrica que finalmente favorezca al contendiente derrotado. Si no se cumple ningún objetivo de la batalla, el resultado se considera un empate. Un conflicto en el que uno de los bandos alcanza involuntariamente un objetivo suele terminar convertido en una insurgencia.

Hasta el la mayoría de las batallas han sido de corta duración, durando un día o menos — La Batalla de Gettysburg y la Batalla de Leipzig fueron excepcionalmente largas llegando a durar tres días. Esto fue debido principalmente a la dificultad de avituallar a un ejército en el campo de batalla. La típica forma de prolongar una batalla era llevar a cabo un asedio. Las mejoras en el transporte y la guerra de trincheras, incrementaron la duración de las batallas hasta semanas y meses, como se pudo observar durante la Primera Guerra Mundial. No obstante, en una batalla larga la rotación regular de unidades permitía que los períodos de combate intensivo a los que se veía sometido un soldado a nivel individual tendieran a ser más breves.

Las batallas pueden ser a pequeña escala, involucrando a un bajo número de individuos, quizás dos brigadas, o bien a gran escala, implicando así a ejércitos enteros donde miles de soldados luchan a la vez. El espacio que ocupa una batalla depende de la capacidad ofensiva de las armas de los combatientes. Hasta el advenimiento de la artillería y las aeronaves, el espacio donde se desarrollaba una batalla no iba más allá de donde alcanzaba la vista. Además, la profundidad del campo de batalla también ha aumentado en la guerra moderna, con unidades de respaldo en las retaguardias — suministro, artillería, enfermería, etc. — que exceden en número a las tropas de combate de avanzada.

Por lo general, las batallas son una multitud de combates individuales donde el individuo sólo experimentará una pequeña parte de los acontecimientos. Para el soldado de infantería, puede ser muy difícil distinguir entre un combate como parte de un asalto menor o como parte de una ofensiva mayor, y muy improbable que sea capaz de anticipar el curso de la batalla. Muy pocos soldados de la infantería británica que estuvieran presentes en el Primer día del Somme, 1 de julio de 1916, habrían anticipado que ellos estarían luchando en esa misma batalla en menos de cinco meses.

Espacio de batalla Espacio de batalla es un término militar moderno para definir aquella estrategia unificada que integra y combina las fuerzas armadas con el teatro militar de operaciones, incluyendo todos los ámbitos: tierra, mar, aire, información y espacio. Esto implica a su vez tener en cuenta y comprender todos aquellos factores y condiciones necesarios para obtener la máxima fuerza de combate, la máxima protección o las máximas garantías de éxito en la ejecución de una misión. Dichos factores implican el conocimiento pleno de las fuerzas aliadas y enemigas, de las instalaciones, del clima, del terreno y del espectro electromagnético dentro de las zonas donde se va a desarrollar la acción.

Factores que influyen en una batalla El desarrollo de una batalla y su resultado se ven influidos por diversos factores. El número de hombres, los comandantes de cada ejército y las ventajas debidas al terreno se encuentran entre los factores más importantes. En términos generales, podemos describir los siguientes: Moral. Las batallas que han tenido lugar a lo largo de la historia han demostrado que el estado de ánimo y la calidad de las tropas son a menudo más importantes que la cantidad. Las guerras médicas, por ejemplo, nos muestran como un ejército con una moral superior puede vencer frente a las desventajas numéricas, especialmente en la Batalla de las Termópilas. Un buen ejemplo de lo contrario es la Batalla de Gaugamela. La calidad del ejército viene determinada por el estado de ánimo, el cual dependerá del espíritu de las tropas, el equipo y el entrenamiento que hayan recibido dichas tropas. Una unidad que cargue sin ningún tipo de disciplina pero con la moral elevada puede llegar a salir victoriosa del enfrentamiento. Esta táctica fue eficazmente empleada por el ejército de la Revolución francesa. Armamento. Las armas y las armaduras también pueden llegar a ser un factor decisivo, pero no siempre es así, como se pudo observar en las guerras de Independencia de Escocia, donde los escoceses vencieron a los ingleses a pesar de poseer un armamento muy inferior. Disciplina. La disciplina dentro de las tropas es otro factor muy importante. En la Batalla de Alesia, los romanos, a pesar de encontrarse en inferioridad numérica, vencieron gracias a la férrea disciplina de su entrenamiento. Terreno. Las batallas también pueden decidirse por el terreno en el que se desarrollan. Capturar un terreno elevado, por ejemplo, ha sido la estrategia principal en innumerables batallas. Un ejército que se asienta en un terreno elevado obliga al enemigo a trepar, lo cual desgasta y sitúa al ejército en una posición de inferioridad. Además, es físicamente más fácil atacar desde una posición elevada que desde una posición inferior. Aunque este factor ha perdido importancia en la guerra moderna con el advenimiento de las aeronaves, el terreno aún puede ser vital para el camuflaje, especialmente para la guerra de guerrillas. Generales. Los generales y los comandantes también juegan un papel decisivo durante el combate. Julio César y Napoleón Bonaparte fueron ambos generales excelentes cuyos ejércitos tuvieron un éxito legendario. Un ejército que puede confiar en las órdenes de su líder con convicción de su éxito siempre tendrá un estado de ánimo superior que un ejército que duda cada movimiento. Los británicos en la Batalla de Trafalgar, por ejemplo, achacan su éxito a la reputación del famoso almirante Lord Nelson. Estrategia. La estrategia empleada en una batalla puede ser decisiva como demostró Aníbal en la Batalla de Cannas teniendo muy pocas bajas frente a un enemigo superior en número. Dentro de estrategia quedaría englobado el orden de batalla.

Tipos de batallas thumb|right|La Batalla de Gettysburg, 1-3 de julio de 1863, por Currier e Ives. Las batallas pueden tener lugar en tierra, mar o aire. Mientras que las batallas navales son anteriores al , las batallas aéreas apenas tienen un siglo de historia, siendo la más emblemática la Batalla de Inglaterra en 1940. Durante la Segunda Guerra Mundial, las batallas navales y terrestres se han convertido en un soporte aéreo. De hecho, durante la Batalla de Midway, cinco portaaviones fueron hundidos sin necesidad de que las flotas entrasen en contacto directo.

Hay diversos tipos de batallas: Una "batalla de encuentro" es una batalla premeditada, donde ambos contendientes se enfrentan en el campo de batalla sin haber preparado su ataque o su defensa. Una "batalla de desgaste" pretende infligir una mayor pérdida al enemigo que la sufrida por uno mismo. Muchas batallas de la Primera Guerra Mundial fueron intencionadamente (Verdún) o involuntariamente (Somme) batallas de desgaste. Una "batalla de paso adelante" tiene como objetivo principal acabar con las defensas del enemigo exponiendo los flancos, que quedan en una posición vulnerable y así pueden ser destruidos. Una "batalla de circunvalación" — el Kesselschlacht del Blitzkrieg alemán — rodea al enemigo en una bolsa (es prácticamente igual a una batalla envolvente a mayor escala, pero rompiendo una brecha por las líneas enemigas para colarse por ellas avanzado rápidamente, y a poder ser sin obstáculo hasta finalizar el movimiento de tenaza). Una "batalla envolvente" implica un ataque por uno o por ambos flancos. El ejemplo clásico es la doble envolvente de la Batalla de Cannas. Una "batalla de aniquilación" es aquella en la que la parte derrotada es destruida en el campo de batalla, como ocurrió con la flota francesa en la Batalla del Nilo. Una "batalla decisiva" es de particular importancia, bien porque pone fin a las hostilidades, como en la Batalla de Hastings, bien porque determina un momento decisivo entre los contendientes, como en la Batalla de Stalingrado. Una batalla decisiva puede tener un gran impacto tanto a nivel político como a nivel militar, cambiando el balance del poder y las fronteras entre países. El concepto de "batalla decisiva" se hizo popular con la publicación en 1851 de Edward Creasy The Fifteen Decisive Battles of the World. Los historiadores militares británicos J.F.C. Fuller (The Decisive Battles of the Western World) y B.H. Liddell Hart (Decisive Wars of History), entre muchos otros, han escrito libros al estilo del trabajo de Creasy.

Diferencias entre las batallas terrestres a lo largo de la historia