La economía del comportamiento es el campo de estudio de los fundamentos psicológicos (cognitivos, emocionales y sociales) de la ciencia económica, es decir, una profundización analítica en la comprensión de los procesos de decisión de los agentes.

La introducción de determinantes psicológicos y restricciones cognitivas supuso una expansión y revisión metodológica de los supuestos axiomáticos de la teoría económica clásica, donde tradicionalmente se asumía que las elecciones de los agentes se correspondían con un modelo de optimización racional perfecta bajo un procesamiento de información sin fricciones.

La investigación conductual analiza las desviaciones sistemáticas del modelo neoclásico incorporando formalmente nociones de preferencias sociales, límites en la capacidad de cómputo y el uso de atajos heurísticos. Para robustecer sus modelos predictivos, la disciplina utiliza e integra de manera formal los hallazgos empíricos y teóricos de campos adyacentes como la psicología, las neurociencias, la sociología y las ciencias cognitivas.

Dentro de los principios fundamentales que articulan la economía conductual, se destacan:

Racionalidad limitada: Marco de modelado macro y microeconómico en el cual se asume que las decisiones de los agentes están acotadas por restricciones cognitivas de orden anatómico, limitaciones en el tiempo de computación disponible y el acceso imperfecto a la información. En lugar de implementar algoritmos de optimización global inaccesibles, los agentes recurren a procedimientos heurísticos y de satisfacción pragmática adaptativa (*satisficing*), utilizando cajas de herramientas cognitivas ecológicamente eficientes. Estas limitaciones se integran en el análisis de la organización industrial y el diseño de políticas públicas para dar cuenta de las ineficiencias de mercado y la asimetría informativa estructural. Aversión a la pérdida (Teoría de los Prospectos): Principio unificado por Kahneman y Tversky que demuestra que el dolor psicológico derivado de sufrir una pérdida económica es asimétricamente superior al placer obtenido por una ganancia de la misma magnitud exacta, influyendo de forma sistemática en las decisiones bajo riesgo e incertidumbre. Ponderación de Probabilidades e Invarianza Compuesta: Sesgo cognitivo por el cual las personas tienden a sobreponderar de forma no lineal las probabilidades muy bajas (exagerando riesgos o beneficios improbables como las loterías) y a subponderar las certezas medias y altas, un fenómeno modelado mediante funciones paramétricas de un solo factor en finanzas aplicadas. Arquitectura de la elección: Estructuración sistemática del entorno en el que se presentan las alternativas a un agente económico, la cual ejerce una influencia estadísticamente significativa sobre la decisión final sin restringir formalmente el conjunto de opciones disponibles. Sesgo cognitivo y Heurísticas: Atajos y distorsiones del pensamiento que operan de manera automática e inconsciente, entre los que destaca la Falacia de la Conjunción, donde los individuos asumen erróneamente que la combinación específica de dos eventos es más probable que un único evento generalizado debido al principio de representatividad. La atención «es la asignación selectiva de un recurso mental escaso y competitivo a ciertas tareas de procesamiento de información, excluyendo otras. Si bien la mayor parte de esta asignación ocurre automáticamente (y a menudo sin ser consciente), un agente debe tener el potencial de ejercer control sobre un recurso mental para que su asignación se considere atencional». Estados Viscerales y Brechas de Empatía: Dinámicas en las que el comportamiento se altera drásticamente debido a impulsos fisiológicos inmediatos (ej. antojo, excitación sexual, miedo), provocando un error cognitivo crónico en el que el individuo en un estado pasivo ("frío") es incapaz de anticipar sus propias elecciones en un estado activo ("caliente"). Jerarquías Cognitivas: El principio de que el pensamiento estratégico humano posee límites acotados por niveles de inducción intelectual. En situaciones de interacciones competitivas o de un solo tiro, los agentes distribuyen su comportamiento predictivo en una jerarquía acotada, donde el promedio poblacional se estabiliza empíricamente cerca de 1.5 pasos de razonamiento, desviándose del ideal abstracto del equilibrio clásico. Incentivos de Veracidad Eficientes (Mecanismos de Veracidad): El desarrollo de algoritmos diseñados para inducir respuestas honestas y decodificar la certidumbre de los datos cuando los criterios objetivos no son directamente medibles o la opinión de la mayoría está sesgada de origen. Auto-señalización e Identidad (Self-signaling): Teoría de elección interna en la que se propone que los agentes económicos no actúan de forma puramente utilitaria o hedonista, sino como observadores diagnósticos de su propia conducta, recolectando acciones pasadas como señales internas para edificar su propia identidad moral o sentido de autodisciplina. Sesgo de Proyección: Error sistemático de juicio por el cual los agentes sobreestiman el grado en que sus preferencias futuras se parecerán a sus estados viscerales, emocionales o de consumo actuales, afectando las decisiones de consumo a largo plazo y la evaluación de la utilidad descontada.

Entre los referentes más importantes de la economía conductual, sobresalen Herbert Simon, Ernst Fehr, George Loewenstein, Daniel Kahneman, Vernon L. Smith, Amos Tversky, Richard Thaler, Dan Ariely, Colin Camerer, Drazen Prelec, Matthew Rabin o Nava Ashraf.

Historia

En la economía clásica, la teoría económica tuvo una relación cercana con la psicología. Por ejemplo, Adam Smith escribió un importante texto describiendo los principios psicológicos de la conducta individual: The Theory of Moral Sentiments. Por su parte, Jeremy Bentham escribió extensivamente sobre los fundamentos de la utilidad.

Los economistas comenzaron a distanciarse de la psicología durante el desarrollo de la economía neoclásica, a medida que buscaron redefinir la disciplina como una ciencia natural, con explicaciones de la conducta económica deducidas de supuestos sobre la naturaleza de los agentes económicos. El concepto de homo economicus fue desarrollado, y la psicología de esta entidad era fundamentalmente racional. Sin embargo, las explicaciones psicológicas continuaron apareciendo en el análisis de muchas figuras importantes en el desarrollo de la economía neoclásica, como por ejemplo: Francis Edgeworth, Vilfredo Pareto, Irving Fisher, y John Maynard Keynes.

La psicología había desaparecido hacía tiempo de las discusiones económicas a mitad del . Varios factores contribuyeron al resurgimiento de su uso poco después y al desarrollo de la economía conductual (consultar: El asunto de la racionalidad económica). Los modelos sobre la utilidad esperada y la utilidad descontada comenzaron a ganar amplia aceptación, al generar hipótesis verificables sobre la toma de decisiones bajo incertidumbre, y sobre el consumo intertemporal, respectivamente. Un cierto número de anomalías observadas y reproducibles cuestionaron esas hipótesis.

Además, durante los años 1960, la psicología cognitiva comenzó a describir el cerebro como un dispositivo de procesamiento de la información (en contraste con los modelos conductistas). Los psicólogos especializados en este campo, como Ward Edwards, Amos Tversky, y Daniel Kahneman, comenzaron a comparar sus modelos cognitivos de toma de decisiones bajo riesgo e incertidumbre, con los modelos económicos de conducta racional.

La que probablemente sea la publicación más importante en el desarrollo de las finanzas conductuales, fue escrita por Kahneman y Tversky en 1979. Este documento, "Prospect theory: Decision Making Under Risk", usaba técnicas de psicología cognitiva, para explicar un cierto número de anomalías documentadas en la toma de decisiones económicas racionales. El refinamiento matemático de estos supuestos corrió a cargo de teóricos de la economía como Matthew Rabin, quien aportó el primer modelo formalizado de equidad y reciprocidad en la teoría de juegos conductual, así como una demostración matemática de los fallos lógicos del teorema de la utilidad esperada ante la aversión al riesgo en pequeñas escalas.

Paralelamente, la formalización matemática del aprendizaje estratégico avanzó con el desarrollo del modelo de Atracción Pesada por Experiencia (EWA) por Colin Camerer, unificando las dinámicas de refuerzo cognitivo dentro de los entornos interactivos. Asimismo, la teoría microeconómica del mercado laboral integró determinantes conductuales mediante las investigaciones de Ernst Fehr sobre la rigidez salarial derivada de los salarios de eficiencia, la aversión a la inequidad y el rol del castigo altruista en el sostenimiento de la cooperación humana.

Otros hitos en el desarrollo de este campo incluyeron diversas concurridas conferencias en la Universidad de Chicago (consultar: Hogarth y Reder, 1987), así como una edición especial en 1997 del respetado Quarterly Journal of Economics dedicado al tema de la economía conductual.

Fundamentos La teoría básica de la demanda de los consumidores se basa en tres supuestos: Los consumidores prefieren claramente unos bienes a otros ; Los consumidores se enfrentan a restricciones presupuestarias ; Dadas sus preferencias, sus rentas limitadas, y los precios de los diferentes bienes, deciden comprar las combinaciones de bienes que maximizan su satisfacción (utilidad). Más generalmente, el modelo principal de comportamiento microeconómico asume que los individuos toman decisiones tal que maximizan su función de utilidad, usando la información disponible, y procesando esta información apropiadamente. Sin embargo, las investigaciones de economía conductual parecen sugerir que los individuos se desvían de los modelos estándar en tres aspectos: Preferencias no estándar ; Creencias no estándar ; Toma de decisiones no estándar. Se ha podido observar que, en el laboratorio, los individuos son inconsistentes en el tiempo, muestran preocupación por el bienestar de los demás,Charness, Gary; & Rabin, Matthew. (2002). Understanding Social Preferences with Simple Tests. Department of Economics, UCB. UC Berkeley: Department of Economics, UCB. Retrieved from: http://escholarship.org/uc/item/3d04q5smFehr, E., & Gächter, S. (2000). Fairness and retaliation: The economics of reciprocity. The journal of economic perspectives, 159-181. premian y castigan a los demás con base en sus intenciones, y exhiben una actitud hacia el riesgo que depende de encuadres y puntos de referencia.Kahneman, D., & Tversky, A. (1979). Prospect theory: An analysis of decision under risk .Econometrica: Journal of the Econometric Society, 263-291. Estos hechos, entre otros comprobados en psicología, han hecho replantearse los supuestos de racionalidad prevalente, utilizados en la economía ortodoxa.

Metodología