Joaquín Arturo Soria y Mata (Madrid, 15 de diciembre de 1844-Madrid, 6 de noviembre de 1920) fue un urbanista, constructor, geómetra y periodista español, conocido por el diseño y desarrollo de la ciudad lineal de Madrid, cuya arteria principal lleva su nombre en el actual distrito de Ciudad Lineal.
Biografía
Hijo de una familia liberal de origen aragonés (su padre era de Bijuesca), nació sin embargo en la calle del Caballero de Gracia de Madrid, el 15 de diciembre de 1844. Tras estudiar bachillerato ingresó en la academia de Manuel Becerra para preparar su ingreso en la Escuela de Caminos de la capital de España. Alumno distinguido con Becerra, fue sin embargo vetado por uno de los miembros del tribunal que le examinó al que Soria había puesto en ridículo.Calvo y García —que en su biografía de Soria sitúan el suceso hacia 1863—, relatan que habiendo ya superado el examen «con brillantez», uno de los miembros del tribunal pidió al aspirante «que desarrollase la ecuación de los diámetros conjugados de la elipse». La originalidad del proceso de cálculo iniciado por Arturo Soria llevó al examinador a advertirle que iba errado; pero, para su bochorno, el examinando concluyó correctamente el desarrollo, lo que dejó al tribuno en entredicho, bochorno que provocó el veto del joven Soria. No sería la última ocasión en la que la brillantez (y probablemente la ideología liberal del geómetra urbanista en abierta oposición al régimen político de Isabel II de España) fueron saboteadas por el influyente «clan de los ingenieros» y los continuos problemas que tuvo a lo largo de su vida con el Ministerio de Fomento. La arbitrariedad académica sumió a Arturo Soria en un periodo de febril enfermedad, mientras su maestro, el propio Becerra, retaba a duelo al «miembro del tribunal implicado en el vergonzoso proceso».
En 1863 ganó por oposición una plaza en el Cuerpo de Telégrafos e inició su preparación para el ingreso en la entonces recién creada Escuela del Catastro. Funcionario en las oficinas de Estadística del ferrocarril del Mediodía, trabaja además dando clases de Matemáticas y comienza a colaborar con los grupos que pretenden liberar la presión de la censura isabelina.
El conspirador y el político Durante 1865 y 1866 colabora con su amigo Felipe Ducazcal, imprimiendo pasquines revolucionarios contra el gobierno monárquico y asistiendo a las reuniones conspiratorias de la facción liberal en un gimnasio de la calle de la Cueva. El 22 de junio de 1866, implicado en la sublevación del cuartel de San Gil, lucha junto a su maestro, Manuel Becerra en las barricadas de la Cuesta de Santo Domingo. Sofocada la revuelta, ayuda a ponerse a salvo a algunos de los conspiradores más reconocidos.
Tras este romántico episodio se concentra en concluir su preparación para ingresar a un puesto en el Catastro (Escuela Superior de Operaciones Geográficas), y concluido en 1867 su periodo de prácticas en Navalcarnero es destinado a La Granja, donde continuó operando como correo de enlace, recibiendo la correspondencia de los cabecillas revolucionarios huidos a Ostende, París y Londres. que entregaba a una de las criadas de Manuel Becerra en su casa de Madrid.
Con el triunfo de la Revolución de 1868 fue enviado a Lérida con el cargo de Secretario del Gobierno Civil de esa capital catalana, y en 1869 a Orense, donde pudo sofocar la revuelta del levantamiento federal del 2 de octubre de aquel año. Por tal servicio, se le ofrece la Gran Cruz de Isabel la Católica (máxima condecoración civil de la época), pero Soria la rechazó. El 27 de marzo de 1870 es trasladado de Orense al Gobierno Civil de la Coruña. En ese periodo publica el folleto dedicado a su invento llamado Teodolito impresor-automático para mejorar la precisión en las mediciones angulares catastrales.
En este mismo año de 1870, después de su estadía orensana, pasa a ocupar el mismo cargo de secretario del Gobierno Civil de La Coruña, siendo iniciado en la masonería en la logia coruñesa La Herculina nº 10, llegando a poseer el grado 3.º, maestro masón.
En 1871 fue destinado a la Secretaría del Gobierno Superior Civil de Puerto Rico, donde su oposición a los criollos esclavistas y su gestión para la puesta en práctica de la nueva legislación sobre la abolición de la esclavitud en la que trabajaba Manuel Becerra, supusieron finalmente su forzada dimisión y retorno a España.Ha quedado noticia de que «su gestión permitió liberar a trescientos cincuenta y cinco esclavos de las manos de traficantes y hacendados». Si bien, recién llegado a la Península fue nombrado representante en Cortes en el distrito portorriqueño de La Quebradilla donde permanece solo hasta la primavera de 1873. Con el final de la Primera República española en 1874, abandonó la vida política (que no retomaría hasta dieciséis años después).
Tranvías, teléfonos y otros inventos
La atracción que el ferrocarril tuvo para Arturo Soria le llevó a preocuparse por su estudio y aplicaciones a partir de 1873, año en que se retiró de la vida política, con especial dedicación hasta 1886, año en que dimitió en la dirección de la empresa de Tranvías de Estaciones y Mercados (TEM), presentada por Soria en 1876 y creada en marzo de 1878.También en esta ocasión su retirada atendió a razones ideológicas, cuando la inyección de capital del grupo belga Charleroi en la compañía tranviaria había llevado al conjunto general de accionista a modificar los objetivos hacia una explotación exclusiva para viajeros, traicionando su filosofía como enlace nocturno entre las estaciones ferroviarias y los principales mercados de abastos de Madrid, además del servicio de viajeros durante el día.
El abandono del «sueño tranviario» (que nunca llegó a arraigar en la capital española tal y como Soria lo concibió), le llevó a desarrollar otro de los proyectos en los que ya llevaba trabajando: el teléfono. A partir de la expansión y perfeccionamiento del modelo experimental de Alexander Graham Bell, Soria solicitó al gobierno español del momento (1876-1880) la concesión de «la que hubiera sido la primera red telefónica del mundo».Que pudo ser la primera red telefónica del mundo es una afirmación aparentemente exagerada que sin embargo queda respaldada por el hecho de que el propio Bell, que había patentado en 1876 su modelo de teléfono en Estados Unidos, no formó su propia compañía, la Bell Telephone Company, hasta el 9 de julio de 1877.Alejandro Graham Bell. Cabezas, José Antonio. Susaeta Ediciones S.A Vidas Ilustres Barcelona, España ISBN 84-305-1109-1 pág. 20. «El Comité de Recompensas de la Exposición (Exposición Conmemorativa del Primer Centenario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos) estudia detenidamente el aparato, que ya había sido patentado y mejorado por Bell en 1876 con el número 174.465».
El proyecto se enfrentó primero a la lentitud burocrática y luego al recelo de que un individualista como Arturo Soria —y su conocida, inquebrantable y personal ideología— controlase un instrumento tan prometedoramente poderoso. Ante la ausencia de respuesta oficial y a través de su amistad con Cristino Martos, Soria consiguió entrevistarse en 1880 con Cánovas, presidente del consejo de ministros de Alfonso XII. De poco sirvió que el político le diera su visto bueno, pues poco después fue destituido (febrero de 1881). Por fin, un concurso convocado para otorgar la licencia de explotación de una red telefónica, desestimó el proyecto de Soria, y concedió el privilegio de su ejecución a otro peticionario, un banquero. Las inútiles protestas del emprendedor y futuro urbanista, fueron desestimadas por las supuestas «elevadas pretensiones» de su proyecto y, una vez más, por la perfidia del «clan de los ingenieros». No serviría de consuelo a nadie que los accidentes e imperfecciones que rodearon al intento de montaje del proyecto seleccionado acabaran provocando su modificación y finalmente su rechazo y olvido.
Entretanto, y a raíz de las inundaciones de 1879 en Murcia, Soria había puesto en circulación un folleto presentando un dispositivo de aviso a la población en previsión de la crecida de ríos, ramblas y avenidas, con tiempo suficiente para controlar la riada con medidas urgentes. Al parecer, la única respuesta fue la indiferencia oficial general.
Otro invento, este de carácter instrumental y como asistente a los trabajos de imprenta, fue un teodolito que imprimía automáticamente los datos de los ángulos en caracteres tipográficos.
El urbanista
Accionista y colaborador del diario El Progreso (portavoz del Partido Progresista-Democrático, de ideología republicana), Soria se desarrolló a partir de 1882 como articulista científico.Estudiosos y biógrafos coinciden en el especial valor de esta colección de trabajos periodísticos para conocer la verdadera dimensión intelectual, social y científica de Arturo Soria. El 22 de enero de 1882 se publica un artículo titulado Cosas de Madrid, considerado como el primero de una sucesión de ellos que conformarán la carta de presentación de su gran proyecto vital: la Ciudad Lineal.
Confesando la influencia del «organismo de Spencer» y haciendo suyo el lema de Ildefonso Cerdá «Urbanizar el campo, ruralizar la ciudad», Soria fue elaborando una solución urbana para resolver los problemas de higiene, hacinamiento y transporte que atenazaban a las ciudades de la época.En un artículo dedicado al Madrid Futuro, advierte sobre la necesidad de prevenir el imparable crecimiento de las ciudades, citando como ejemplo Berlín que en veinte años había pasado del medio millón de habitantes a algo más del doble, y augurando similar futuro para Madrid. Cierto es que la capital española no alcanzó más que 576.538 habitantes transcurridos los veinte años siguientes a la publicación de aquel artículo, pero no menos cierto fue la absoluta e irracional falta de planificación para abordar el más mínimo crecimiento. (ver cifras, análisis y conclusiones en Calvo y García) Su propuesta partía de la idea de una ciudad articulada a ambos lados de una ancha vía central de unos 50 metros, provista de un ferrocarril o tranvía, y de longitud ilimitada, en constante crecimiento. Con el tren (ferrocarriles y tranvías) como elemento vertebral de la ciudad, la calle central concentraría los servicios públicos para los ciudadanos y las viviendas. La infraestructura incluiría estanques, jardines y servicios municipales (contra incendios, de limpieza y seguridad, centros sanitarios). En el subsuelo, se instalarían las conducciones de gas y agua, además del vapor destinado a la calefacción en habitaciones y cocinas, y un tubo neumático para recibir cartas y paquetes sustituyendo al tradicional cartero. Además de un cable eléctrico para el transporte de fuerza motriz y para la producción de luz y entre los más nuevos avances, se incluirían un hilo eléctrico conectado con la autoridad más próxima, y un hilo telefónico de uso público general, «para hablar con todo el mundo».
«Intermezzo» cubano En 1886, con el producto de la venta de sus acciones en la empresa de Tranvías de Estaciones y Mercados (TEM), Soria se instaló en la Quinta de Maudes, en Chamartín de la Rosa, donde investigó y se documentó sobre las Aguas artesianas, subterráneas y corrientes en la provincia de Madrid, a partir del estudio así titulado por Joaquín Jiménez Delgado. Tres años después, en julio de 1889 viajó a Cuba, como Inspector de Aduana en La Habana y luego ocupando diversos cargos de gestión administrativa en la Comisión de la Intervención General del Estado en la isla, de la que regresó en 1890 para ocupar similares cargos en el Ministerio de Ultramar, relacionados con Filipinas y como jefe de aduanas de la Dirección de Hacienda. Finalmente dimite para dedicarse al proyecto de la Ciudad Lineal.
La Ciudad Lineal