miniatura|Representación del de la papisa Juana en el Français 599 de la Biblioteca Nacional de Francia quien, según la leyenda, ascendió al papado como Juan VIII. miniatura|Representación medieval de la muerte de la papisa Juana.

La historia de la papisa Juana trata de una mujer que ejerció el papado católico ocultando su verdadero sexo. Aunque muchos historiadores modernos piensan que su historia es simple ficción,esta papisa fue considerada un personaje real por varios siglos.

Existe controversia sobre el periodo de su pontificado: La mayoría de los autores que consideran que la papisa fue un personaje real (como Friederich Spanheim, Clement Wood, Elizabeth Gould y Marianus Scotus, entre otros) lo sitúan entre 853 y 855 d. C., es decir, entre los pontificados de León IV y Benedicto III. Otros creen que se produjo entre 855 y 857, es decir, el periodo que, según la lista oficial de papas, correspondió a Benedicto III. Algunas versiones afirman que el propio Benedicto III fue la mujer disfrazada. Otros dicen que fue entre 872 y 882, es decir, el del papa Juan VIII.

La historia de la Papisa izquierda|miniatura|La papisa Juana en las cartas del tarot, representada como la ramera de Babilonia.

En síntesis, los relatos sobre la papisa sostienen que Juana, cuyo nombre de pila era Agnes (Inés en español), nació en 822 d. C. en Ingelheim am Rhein, cerca de Maguncia. En su juventud se disfrazó de hombre y trabajó como copista bajo el nombre de Juan el inglés. Cuando asumió el papado, luego de la muerte de León IV (en 853 d. C.), adoptó el nombre de Juan VIII. Luego de su muerte, y al descubrirse que era mujer, algunos escritores comenzaron a llamarle Juana.

Según algunos cronistas tardíos Juana era hija de un monje que formaba parte de los predicadores llegados del país de los anglos para difundir el Evangelio entre los sajones. La pequeña Juana creció inmersa en ese ambiente de religiosidad, y a escondidas de su padre tuvo la oportunidad de poder estudiar, lo cual estaba vedado a las mujeres de la época. Juana pudo aprender griego, lo cual le permitía leer la Biblia, que por aquella época estaba traducida a muy pocos idiomas.

Puesto que solo la carrera eclesiástica permitía continuar unos estudios sólidos, Juana entró en la religión como monje copista, bajo el nombre masculino de Johannes Anglicus (Juan el Inglés), según Martín el Polaco.

En su nueva situación, Juana pudo viajar con frecuencia. En 848 d. C. Johannes Anglicus se fue a Roma, y allí obtuvo un puesto docente. Siempre disimulando hábilmente su identidad, fue bien recibida en los círculos eclesiásticos, en particular en la Curia. A causa de su reputación de erudita, fue presentada al papa León IV y enseguida se convirtió en su secretaria para los asuntos internacionales. En agosto de 853 (según Marianus Scotus), tras la muerte del papa, Juana se hizo elegir su sucesora con el nombre de Juan VIII. Es decir, el primer Juan VIII; no el Juan VIII que aparece actualmente en la lista oficial de pontífices. Dos años después, la papisa, que disimulaba un embarazo fruto de su unión carnal con un "familiar" (familiaris según el Códice Vaticano Latino 3762), comenzó a sufrir las contracciones del parto en medio de una procesión y dio a luz en público. Según Jean de Mailly, Juana fue lapidada por el gentío enfurecido. Según Martín el Polaco, fue asesinada.

La suplantación de Juana obligó a la Iglesia a proceder a una verificación ritual de la virilidad de los papas electos. Un eclesiástico estaba encargado de examinar manualmente los atributos sexuales del nuevo pontífice a través de una silla perforada. Acabada la inspección, si todo era correcto, debía exclamar: “¡Habet!” (“¡Tiene!") Y todos los clérigos presentes respondían: "¡Alabado sea Dios!". Luego procedían a la consagración del Papa electo. La expresión «Duos habet et bene pendentes» (‘tiene dos y cuelgan bien’) fue inventada por el pueblo, a modo de burla ante un rito ya de por sí grotesco. Además, las procesiones, para alejar los recuerdos ignominiosos, evitaron en lo sucesivo pasar por la Via dei Querceti (la Calle de la Papisa), lugar del parto, en el trayecto del Vaticano a Letrán.

Dos versiones La versión de Martín de Opava es la siguiente:

Jean de Mailly, por su parte, dice:

Historia de la leyenda Aunque la opinión más extendida en la actualidad es que se trata de una leyenda, sin embargo, la historia de la papisa fue dada por cierta por la propia Iglesia hasta el . Los revisionistas papales dicen que nunca hubo una mujer Papa. Ellos afirman, por ejemplo, que las sillas perforadas, exhibidas en su apoyo, son «sillas curiales» que simbolizaban el carácter colegial de la Curia romana. Esto último, no obstante, entra en conflicto directo con lo que escribieron muchos clérigos católicos de la Edad Media (ej. Adam de Usk, Félix Haemerlin, etc.) quienes afirmaron que las sillas perforadas se usaban para comprobar el sexo del Papa. Pero no sólo los clérigos católicos afirmaban esto, sino también los humanistas y los hombres de ciencia de la Edad Media. Por ejemplo, en el Liber Chronicarum del físico y humanista alemán Hartmanus Schedel aparece la siguiente información sobre el ritual de verificación del sexo del nuevo papa: “el ánimo de evitar el mismo error fue el motivo de que, por primera vez, SE RECURRIERA AL ASIENTO DE PIEDRA CON EL FIN DE QUE UNO DE LOS DIÁCONOS MÁS JÓVENES PALPARA LOS GENITALES [DEL PAPA] A TRAVÉS DEL AGUJERO QUE HAY EN ÉL” (Hartmanus Schedel, Liber Chronicarum, publicado en 1493 por Anton Koberger, f. 169) .

Los revisionistas papales dicen que ninguna crónica contemporánea a los hechos narrados acredita la historia, y que la lista de papas no deja ningún resquicio en el que se pueda insertar el pontificado de Juana. Sin embargo, el manuscrito más antiguo del Liber Pontificalis, que incluye el siglo IX, el códice Vaticano Latino 3762, contiene la historia de la Papisa en el folio 124v, veamos: “Después de León, Juan, un inglés nacido en Maguncia, reinó durante dos años, siete meses y cuatro días. Murió en Roma, y ​​el papado quedó vacante durante un mes. Él, según se decía, era una mujer, y siendo aún una niña, fue llevada a Atenas vestida de hombre por cierto amante suyo. Avanzó tanto en diversas áreas del conocimiento que nadie pudo igualarla. Después, enseñó el trivium en Roma y tuvo grandes maestros como discípulos y oyentes. Y debido a que su vida y erudición gozaban de gran reputación en la ciudad, fue elegida papa por unanimidad. Pero mientras era papa, quedó embarazada de su familiar. Sin saber la hora de su parto, cuando iba de San Pedro al Letrán, dio a luz en un estrecho pasaje entre el Coliseo y San Clemente, y después de su muerte, según se cuenta, fue enterrada en ese mismo lugar. Como el Señor Papa siempre evita esa calle, muchos creen que lo hace por su aversión a ese suceso. Tampoco está incluida en la lista de los Santos Pontífices, tanto por su sexo femenino como por la inmundicia del asunto.” (Traducción del último párrafo del folio 124v, del manuscrito vaticano 3762 [Vat.lat.3762]). miniaturadeimagen|Último párrafo del folio 124v, del Manuscrito Vaticano Latino 3762 (1142 d. C.), con su respectiva traducción al español. Aunque la antigüedad de este manuscrito es fechada en el 1142 d. C. (287 años después de la muerte de Juana), sin embargo, es el manuscrito más antiguo que existe en la actualidad, del Liber Pontificalis, que incluye el siglo IX. Esto implica que probablemente existieron manuscritos más antiguos, del Liber Pontificalis, que contenían la historia de la papisa pero que fueron destruidos o se perdieron con el paso del tiempo.

Es lo mismo que ocurre con los manuscritos de la Biblia. Aunque los manuscritos más antiguos del Antiguo Testamento, que existen en la actualidad, son los rollos del mar Muerto (300 a. C.), aún así validan la existencia de personajes que existieron más de mil años antes de Cristo (ej. Moisés, Josué, Séfora, etc.) porque se entiende que debieron haber existido manuscritos más antiguos que los mencionaron pero que fueron destruidos o se perdieron con el paso del tiempo.

Los revisionistas papales también argumentan que entre la muerte de León IV, el 17 de julio de 855, y la elección de Benedicto III, entre los cuales sitúa Martín el Polaco a la papisa, transcurrió muy poco tiempo, incluso teniendo en cuenta que el segundo no fue coronado hasta el 29 de septiembre del mismo año a causa del antipapado de Anastasio. Los revisionistas confirman estos datos con documentos oficiales de la época. Pero es precisamente en este punto donde los escritores e investigadores, que apoyan la existencia de la papisa, convergen en que la jerarquía de la Iglesia católica alteró documentación a fin de borrar la existencia de la Mujer Papa. Los mismos clérigos, que mencionaron a la papisa en sus escritos, dan fe de aquella manipulación: "No está incluido este papa en la lista de los sagrados pontífices, por su sexo femenino y por lo irreverente del asunto" (Martín de Opava, Chronicon Pontificum et Imperatum). De hecho, los escritores que consideran que la papisa fue un personaje real (como Friederich Spanheim, Clement Wood, Elizabeth Gould y Marianus Scotus, entre otros) aseguran que León IV murió en el 853 d. C. y que, luego de su muerte, Juana asumió el pontificado.

Los que piensan que es un mito dicen que tal vez fue ideado a partir del sobrenombre de «papisa Juana» que recibió en vida el papa Juan VIII por lo que sus opositores consideraron debilidad frente a la Iglesia de Constantinopla, o quizá por el mismo sobrenombre aplicado a Marozia, autoritaria madre de Juan XI, quien dominaba la iglesia como si fuera un Papa e influía en la política. Otros dicen que el mito remite a las inversiones rituales de valores propias de los carnavales.

En cuanto a la ceremonia de verificación del sexo del Papa en una silla perforada, algunos revisionistas papales en los años 60 decían que se originó en la prohibición de Levítico (21, 20) de que esté «al servicio del Altar» un hombre «con los testículos aplastados», es decir, un eunuco. La idea de que la prohibición conlleva verificar que solo hombres «enteros» accedan al trono papal, estuvo probablemente en el origen de la inspección ceremonial y del testiculum habet. Esta explicación, sin embargo, fue rebatida por la escritora y bibliotecaria norteamericana Elizabeth Gould en 1971: "La razón que da la iglesia para este examen es para evitar tener un eunuco como Papa. Sin embargo, es revelador que el examen entró en vigor en el año 855 d.C., el año en que Benedicto III fue elegido, y Benedicto mismo fue el primero de los Papas en someterse a esta prueba. Si Benedicto sucedió a León IV, como la Iglesia ahora afirma que sucedió, ¿por qué ningún Papa antes de Benedicto tuvo que pasar por ese examen? Esto sólo tiene lógica si el predecesor inmediato de Benedicto, la papisa Juana, fuera la causa de la innovación" (The First Sex por Elizabeth Gould, 1971, página 269).

La historia se conoció a lo largo de la Edad Media. La primera mención conocida se encuentra, como ya dijimos, en el códice vaticano latino 3762, folio 124v, (). El segundo documento en el que aparece la historia de la papisa es la crónica de Jean de Mailly, dominico del convento de Metz, redactada hacia 1255. El relato se propagó muy rápidamente y sobre una gran extensión geográfica, lo que implica que existía con anterioridad y que el dominico se limitó a consignarla por escrito. Hacia 1260, la historia reaparece en el Tratado de las diversas materias de la predicación, de Esteban de Borbón, también dominico y de la misma provincia eclesiástica que Mailly. Pero es sobre todo el relato hecho por Martín el Polaco en su Crónica de los pontífices romanos y de los emperadores, hacia 1280, el que le asegura el éxito.