La villa romana La Olmeda es una villa romana situada en el municipio español de Pedrosa de la Vega, en la provincia de Palencia, comunidad autónoma de Castilla y León. El yacimiento fue declarado bien de interés cultural el 3 de abril de 1996.
Se trataba de una explotación agrícola en la que se diferencian dos fases cronológicas; por un lado, una villa del que perduró hasta finales del y, por otro, la reedificación de la misma en el , en un contexto de recuperación que vivió su mejor momento entre los gobiernos de Constantino I y Teodosio I el Grande, hasta que fue destruida y abandonada en el .
Sus restos se descubrieron en 1968, durante unos trabajos en tierras propiedad de Javier Cortes, quien comenzó su excavación de manera privada. En 1980 el yacimiento desbordó sus posibilidades por lo que llegó a un acuerdo para la donación del yacimiento y las fincas sobre las que éste se encuentra con la Diputación Provincial de Palencia: se creó una Fundación, que se encarga desde entonces de su gestión, y se construyó una cubierta para los restos que posibilitó su apertura al público en 1984. Tras un concurso para una nueva adecuación del yacimiento, en el que resultaron ganadores los arquitectos Paredes y Pedrosa, el nuevo edificio abrió al público en abril de 2009. Al año siguiente recibió el premio Europa Nostra.
El edificio principal de la villa presenta planta cuadrada con cuatro torres angulares de planta octogonal en la fachada sur y cuadrada en la norte. En el centro hay un patio que en origen fue un peristilo pero más tarde se sustituyeron las columnas del lado sur por una arquería de ladrillo y los restantes lados se cerraron con muros. El edificio de los baños, unido a la vivienda a través de un corredor, presenta dos zonas: por un lado una gran habitación circular, cuyo uso se desconoce, y por otro el vestuario, a través del cual se accede a las distintas salas de baño: frigidarium, tepidarium y caldarium. Entre los restantes hallazgos cabe destacar las tres necrópolis encontradas, que han proporcionado más de 700 tumbas pertenecientes a distintos periodos y abundante material arqueológico gracias a los ajuares.
Posiblemente el mayor atractivo de la villa lo constituye el conjunto de mosaicos que pavimenta sus suelos, considerado como uno de los más importantes de España. De todos ellos destaca el mosaico situado en el oecus de la casa, compuesto por una gran cenefa y una escena central con tres temas distintos: una escena de caza, la leyenda del descubrimiento de Aquiles por Ulises cuando el primero estaba oculto en la isla de Esciros, y una cenefa en la que aparecen varios medallones con retratos y una representación de las estaciones del año. Una selección de los materiales hallados en las excavaciones está expuesta en el museo monográfico sobre La Olmeda que en 1984 se instaló en la iglesia de San Pedro en Saldaña.
Localización y accesos
El acceso al conjunto arqueológico se realiza a través de un vial al que se llega mediante desvío en el punto kilométrico 55 de la carretera autonómica CL-615 (Palencia-Riaño), a la altura de la localidad de Gañinas de la Vega.
Historia Contexto histórico thumb|La crisis del provocó una revalorización de la tierra. En la imagen, escena de cosecha en un relieve procedente de Augusta Treverorum (Tréveris)
En el las constantes luchas por el poder, las razias de los pueblos germánicos en el Rin y el Danubio, la guerra en Oriente o la epidemia de peste provocaron una crisis en el Imperio romano en la que aparecieron problemas políticos, militares, sociales y económicos. La crisis agrícola y minera afectó a la industria por la escasez de materias primas y los desastres políticos provocaron el descenso de la población, afectando a las actividades productivas. Esto conllevó menos ingresos para el Estado, cuyos intentos de compensarlo, aumentando los impuestos, agudizaron aún más la crisis. El resultado de todo ello fue la desaparición del comercio internacional existente hasta entonces; las rutas con Oriente se vieron afectadas por los persas y las rutas europeas por los movimientos de los germanos. El comercio interior también sufrió esa falta de seguridad, la alta fiscalidad y la pérdida de confianza en el Estado. thumb|En época bajoimperial, el número de villas rústicas aumentó notablemente. En la imagen, la villa de Almenara-Puras En época bajoimperial se llevaron a cabo una serie de reformas para atajar los problemas anteriores y así, bajo Diocleciano, se reordenó el sistema fiscal para aumentar la recaudación final, debido al coste del creciente número de tropas y de funcionarios necesarios para garantizar la administración del Imperio. Asimismo, el edicto de pretiis rerum venalium, de 301, pretendía establecer precios máximos a los bienes como medida contra la inflación y la subida de precios. Regulaba el precio de productos agrícolas y artesanales y las tarifas a percibir por cada una de las actividades profesionales.
Sin embargo, todos esos factores determinaron un descenso de los elementos que integraban la economía desarrollada; se volvió a los intercambios basados en el trueque y la economía sufrió una ruralización, volviéndose a tomar la tierra como único valor seguro de riqueza. Los rendimientos agrícolas cayeron debido a la intranquilidad social existente y el comercio quedó reducido exclusivamente a los objetos de lujo que adquirían los grandes propietarios. Las ciudades sufrieron un importante descenso demográfico y de la vida ciudadana y los curiales y la aristocracia municipal prefirieron irse a vivir a sus villae en el campo, donde disponían de grandes propiedades agrícolas y de talleres artesanales para sus propias necesidades; es decir, se hicieron autosuficientes en producción y consumo. El interior de Hispania fue una de las zonas más propicias para estos latifundios bajoimperiales, pues la vida urbana no había alcanzado el desarrollo que tuvo, por ejemplo, en la costa mediterránea.
Historia de la villa thumb|Hispania y el sur de la Galia entre 409 y 429, con la división territorial debida a las invasiones germánicas, apreciándose cómo la Tarraconense se mantenía bajo teórico dominio imperial Se trata de una explotación agrícola en la que se diferencian dos fases cronológicas distintas. Por un lado, existió una villa fundada a finales del que perduró hasta finales del , momento de crisis económica y social, y, por otro, la reedificación de la villa, de nueva planta y en un lugar distinto, durante el , que perduró hasta mediados del y fue destruida y abandonada posiblemente en el . Esta segunda fase se inserta en el contexto de recuperación iniciado en época de Diocleciano y su sistema de Tetrarquía, que vivió su mejor momento durante el gobierno de Constantino I y sus hijos, a principios del , y bajo el gobierno de Teodosio I, a finales del mismo siglo. A este momento constantiniano-teodosiano pertenece el mayor esplendor de la villa. El conjunto de la explotación constaba de dos partes: la villa urbana, residencia señorial del latifundista (la parte excavada), y la villa rústica, residencia de los trabajadores, ya fueran esclavos o colonos, además de estancias de almacén y cuadras. Esta segunda parte no está localizada y puede estar ya destruida debido a la precariedad de su construcción.
Socialmente, se trataba de un núcleo aristocrático que constituía una dinastía familiar de terratenientes, cuyos retratos se observan en el mosaico principal. Contaba con mucha fuerza en la organización política y social, tanto del mundo romano como en tiempos godos, al ser, poco a poco, sustituidos por la aristocracia de origen germánico. La cultura de este dominus se englobaba dentro de la tradición clásica, con fundamentos literarios y mitológicos antiguos, algo normal en esta clase social resistente al proceso de cristianización, que en la villa tan solo está constatado en una inscripción dedicada a Marciana sobre una pieza de cerámica.
Se desconoce el nombre de los distintos propietarios que se sucedieron durante los siglos y , pero la riqueza de los restos hallados ha sugerido algunos nombres como el del general Asturius, dux de la Tarraconense entre 441 y 443. Sin embargo, y a pesar de las inscripciones halladas, continúa el anonimato de la villa.
Descubrimiento y musealización La Olmeda se descubrió en el verano de 1968, en el transcurso de unos trabajos para reducir un pequeño alto en unas tierras de labor propiedad de Javier Cortes. Durante los mismos, se observaron los restos de una serie de construcciones en un alto y el 5 de julio, al investigarlos, llegaron hasta los 65 centímetros de profundidad, donde hallaron pavimento de mosaico.
Ante su descubrimiento, se paralizaron los trabajos y se planificó una excavación arqueológica para empezar ese mismo verano, con el permiso del Ministerio de Educación. La fórmula de excavación elegida fue la de excavación privada, en la que la financiación total corría a cargo del excavador, ponía todo lo hallado a disposición de los investigadores y su dirección estaba en manos de un arqueólogo profesional, a la vez que se reconocía al excavador como propietario del yacimiento. Se encargó la dirección de los trabajos al entonces catedrático de arqueología de la Universidad de Valladolid Pedro de Palol y llevó a cabo la consolidación inicial de los mosaicos un equipo dirigido por Antonio Díaz Pintiado. Más tarde se incorporó Domiciano Ríos, a quien posteriormente han correspondido los trabajos de conservación del yacimiento, especialmente los mosaicos. Asimismo, en esos primeros años, Javier Cortes llevó a cabo él mismo la construcción de los primeros edificios protectores y las visitas.
En 1980, la extensión del yacimiento desbordó las posibilidades del excavador por lo que llegó a un acuerdo con la Diputación Provincial de Palencia, creando una Fundación que es la que, desde ese momento, se encarga de la gestión y financiación de los trabajos en la Villa. El equipo de conservadores quedó bajo dirección de Domiciano Ríos, siendo asimismo constituido por José María Sánchez, Manuel Franco y Vicente Bartolomé. Entre 1981 y 1984, año de inauguración de la Villa, se llevaron a cabo los trabajos de construcción de una cubierta para el yacimiento y una pasarela que permitiera la visita, a la vez que se restauraba la futura sede del museo. Este, en sus inicios, estaba habilitado en la vivienda del descubridor, cumpliendo la función de tener los materiales encontrados a disposición de los investigadores, pero, al crearse la Fundación, se decidió trasladar a la antigua iglesia de San Pedro, en Saldaña, donde se halla desde 1984.
En 1988 se hizo cargo de la dirección de las excavaciones José Antonio Abásolo Álvarez, también catedrático de la Universidad de Valladolid, y Miguel Nozal, arqueólogo de Saldaña, como subdirector. El yacimiento continuó excavándose, ampliándose tanto el cerramiento como la pasarela. Comenzó la tarea de divulgación, mediante libros, guías, folletos, que se complementaron desde 2001 con productos de merchandising. En 2004 se abrieron al público las termas y se convocó el concurso para la nueva adecuación del yacimiento, resultando ganadores los arquitectos Paredes y Pedrosa. El 3 de abril de 2009, tras casi cuatro años de obras, se reabrió la Villa al público con el nuevo edificio.
La villa y su territorio miniaturadeimagen|alt=Entorno de la villa romana de La Olmeda|Entorno de la villa romana de La Olmeda, basado en los estudios del arqueólogo saldañés Miguel Nozal. El yacimiento arqueológico de La Olmeda se encuentra en las cercanías de la localidad de Pedrosa de la Vega, en la zona central de la provincia de Palencia. Su emplazamiento se sitúa en la llanura fluvial del río Carrión, a unos 888 m s. n. m., en una zona por la cual discurren varios arroyos en sentido norte-sur.