La mayor actividad de los balleneros vascos se dio en los siglos y . Esta práctica tuvo lugar en un principio en las costas del mar Cantábrico, y la especie que se cazaba era la ballena franca. La caza intensiva en las costas hizo que los vascos perfeccionasen sus sistemas de caza hasta lograr llegar primero al mar del Norte y progresivamente a Islandia y más tarde a las costas de Labrador y Terranova (Canadá). Además de ballenas también buscaban comerciar con pieles y, sobre todo, pescar bacalao. Todo este comercio y relación con los pobladores locales tuvo como consecuencia la aparición de sendas lenguas criollas o pidgin: el vasco-islandés en Islandia y el algonquino-vasco en Terranova y Labrador. A raíz del inicio de esta actividad por parte de las flotas neerlandesas, británicas y alemanas, la ballena franca comenzó a desaparecer del golfo de Vizcaya.Joseba A. Bontigui, Jugando con ballenas: la ballena franca o ballena de los vascos.

La caza de la ballena La caza de la ballena franca tenía la ventaja de que una vez muerta, esta no se hundía, como ocurría con otras especies. Esto supuso que se utilizasen principalmente dos técnicas para cazarlas.

Caza en el Cantábrico La caza se en las costas del Cantábrico, para lo cual se disponía de atalayas en las que un vigía observaba el paso de las ballenas. En el momento adecuado daba un aviso al puerto de tal forma que los arrantzales (pescadores) se subían a sus txalupas (botes), tras lo cual se iniciaba una carrera por arponear primero a la ballena, ya que el primero obtenía ciertos privilegios en la venta del animal, derivándose de ello disputas entre los distintos pueblos costeros.

La temporada de caza tenía lugar tras la vuelta de sus cuarteles de alimentación en el mar del Norte en otoño, entre octubre y mayo. Sobre todo estaban presentes desde noviembre a marzo, que eran los meses que duraban los contratos de las compañías para la caza de ballenas (Ciriquiaín, 1961; Castañón, 1964). En las tres primeras décadas del , se pagaron al monasterio de Santa María de Caión (La Coruña) los diezmos correspondientes a las ballenas capturadas (Canoura, 2002) y su distribución temporal muestra una presencia constante y no un simple tránsito de ejemplares a otras latitudes. Las ballenas entraban en los meses de octubre a noviembre hacia los puntos más interiores del golfo de Vizcaya, más tarde entre diciembre y enero se desplazaban hacia alta mar y hacia el oeste, hasta llegar a las costas de Galicia en los meses de abril a mayo. En un principio, los balleneros vascos esperaban a que apareciesen ante sus puertos, pero posteriormente y ante la progresiva escasez de ballenas fueron persiguiéndolas por toda la costa cantábrica mediante una navegación de cabotaje, perfeccionando así sus técnicas.

Años después, lo aprendido en costas cercanas lo emplearon para llegar a Islandia y Terranova en busca de bacalao y las otrora abundantes ballenas.

Motivos para la estancia en aguas cantábricas Ya que la mayor parte de los ballenatos de menor tamaño de esta especie son capturados en el primer bimestre del año (Canoura, 2002), la presencia de ballenas francas en las aguas del Cantábrico se correspondería con la época de partos y periodo inmediatamente posterior. Esto permite suponer que es probable que los partos tuvieran lugar en las proximidades y no que fuesen ejemplares de paso hacia latitudes más meridionales.

Cabría suponer que los partos pudiesen tener lugar en las resguardadas rías gallegas, teniendo en cuenta que el padre Martín Sarmiento aseguraba en el que penetraban en la ría de Pontevedra.

Si las rías fuesen lugar de concentración de ballenas, los balleneros vascos se hubiesen establecido allí, en lugar de haberlo hecho en la Costa de la Muerte, o en la de Lugo, que presentan una línea costera mucho más expuesta. En contra de esta hipótesis parece situarse la opinión del licenciado Molina, que en 1550 decía que en Caión y Malpica hay muchas ballenas.

Por lo que se deduce que no necesitaban abrigos especiales para parir, y todo el mar Cantábrico sería lugar adecuado para los partos, preferiblemente las zonas costeras, dada la estrechez de la plataforma continental, lo que las haría más fácilmente detectables desde la costa.

Número de ballenas capturadas thumb|Cachalote varado en la playa de Zarauz el 26 de agosto de 2011 La actividad ballenera tradicional fue desapareciendo con las ballenas a lo largo del . Es más difícil si cabe conocer el cese de la actividad en los puertos vascos, ya que se continuó cazando ballenas en Terranova, y en Vizcaya y Guipúzcoa se arponearon ocasionalmente ballenas a lo largo del .

Entre 1517 y 1662 los pescadores de Lequeitio cazaron 45 ballenas, de las cuales 7 eran crías. Entre 1637 y 1801 los pescadores de Orio cazaron 55 ballenas. Entre 1728 y 1789 pescadores de Guetaria cazaron 12 ballenas, y los años anteriores una media de 4 a 10 por año. El 14 de mayo de 1901 se caza la última ballena franca en Orio, aunque se mató con dinamita, ya que no quedaban vestigios de la técnica tradicional, en honor a lo cual se compuso una canción.

(Canción) Mila bederatzieun da lenengo urtean Maiatzaren amalau garren egunian Orioko erriko barraren aurrian. Balia agertu zan beatzik aldian.

Aundia ba zan ere azkar ibilian. Bueltaka an zebilen jun da etorrian. Ondarra arrotuaz murgil igarian. Zorriak zeuzkan eta aiek bota nahian.

Ikusi zutenian ala zebilela beriala jun ziran treñeruen bila. Arpoi ta dinamitak eta soka bila. Aguro ekartzeko etzan jende hila

Bost treñero juan ziran patroi banarekin. Mutil bizko bikain guztiz onarekin. Manuel Olaizola eta Loidirekin. Uranga, Atxaga ta Manterolarekin.

Baliak egindako salto ta marruak ziran izugarri ta ikaratzekuak atzera egin gabe ango arriskuak arpoiakin il zuten an ziran angoak.

Bost txalupa jiran da erdian balia gizonek egin zuten bain naiko pelia. Ikusi zutenian il edo itoa legorretikan ba zan biba ta txaloa.

Amabi metro luze gerria amar lodi Buztan pala lau zabal albuetan para bi. Ezpañetan bizarrak beste ilera bi orraziak bezala ain zeuzkan ederki.

Gorputzez zan mila ta berreun arrua. Beste berreun mingain ta tripa barruak. Gutxi janez etzegon batere galdua. Tiñako sei pezetan izan zan saldua.

Gertatua jarri det egiaren alde. Au orrela ez ba da jendiari galde. Biotzez pozturikan atsegintsu gaude. Gora oriotarrak esan bildur gabe. (Traducción - Causa de la muerte)

En el año de mil novecientos uno día catorce de mayo delante de la barra de Orio apareció, a eso de las nueve, una ballena.

Si bien era grande, se movía ágilmente. Ahí andaba a vueltas yendo y viniendo removiendo la arena al sumergirse, pues tenía piojos y trataba de deshacerse de ellos.

Enseguida que vieron que así andaba, fueron en busca de las traineras, de arpón, dinamita y sogas. Para traerlo rápido no era gente adormecida.

Fueron cinco traineras cada una con su patrón. Con hombres adiestrados y fornidos. Con Manuel Olaizola y Loidi, con Uranga, con Atxaga y con Manterola.

Los saltos y gritos que daba la ballena eran inmensos y terribles. Sin que les amedrentaran aquellos riesgos, la mataron con el arpón los que allí estaban.

Rodeando a la ballena cinco chalupas. Dura pelea la que libraron aquellos hombres. Cuando la vieron muerta o ahogada, se oyeron desde tierra vivas y aplausos.

De largo doce metros, la cintura, diez de grueso. La pala de la cola cuatro de ancho, a los lados dos palas. En los labios, las barbas tenía en dos hileras; tan bien ordenadas como un peine.

Mil doscientas arrobas tenía el cuerpo. Otras doscientas la lengua y el contenido de las tripas, por falta de comer no estaba perdida A seis pesetas por barril fue vendida.

He contado lo que ocurrió en favor de la verdad. Preguntad a la gente si no fue así. Estamos satisfechos de corazón. Decid sin miedo vivan los oriotarras.

Caza en Canadá La segunda técnica se utilizaba en la caza en alta mar (tanto en el mar Cantábrico como en las expediciones a Terranova). Esta técnica se hizo necesaria debido a la paulatina extinción de la ballena en las costas cantábricas, lo que provocó la necesidad de adentrarse en el mar. Para esta caza en alta mar se formaba una expedición financiada por cofradías, ayuntamientos o adinerados; y todos ellos con un objetivo común: poder comercializar los productos que se extraían de la ballena.

Aprovechamiento de la ballena La caza de una ballena causaba una gran rivalidad entre los diferentes puertos pesqueros, ya que los productos extraídos de la misma daban jugosas ganancias.

La principal fuente de ganancia estaba en la grasa del animal, posteriormente convertida en aceite a la que se denominaba saín. Se utilizaba en el alumbrado y ardía sin desprender humo ni dar olor, y las barbas, que constituían uno de los escasos materiales flexibles de la época. La carne apenas se consumía en España, pero se salaba y se vendía a los franceses. Los huesos servían como material de construcción, adorno y para la elaboración de muebles. El escaso uso de los productos perecederos (carne de la ballena) se debe a que la venta en el interior de España era muy dificultosa, ya que hasta 1750 no hubo caminos carreteros que comunicasen la costa con la Meseta. Aparte de que cuando se construyeron, el transporte se hacía a lomos de mulas o carros, cogiendo nieve por el camino en invierno. Por lo que era muy poco práctica su venta.

Todo el comercio y la elaboración de productos daba un gran impulso a la economía vasca; sobre todo a aquellos pueblos que se encontraban en las rutas de comercialización de esta materia.

Al otro lado del Atlántico La presencia de los balleneros vascos al otro lado del Atlántico fue especialmente patente en Red Bay, Labrador, desde donde se fletaban al menos 15 barcos por temporada destinados a la caza de las ballenas que se encontraban migrando entre las costas del Labrador y de Terranova.

Si bien al principio se pensaba que los pescadores vascos tan solo pescaban bacalao en esas costas, las investigaciones llevadas a cabo por Selma Huxley sacaron a la luz la existencia de toda una industria ballenera asentada ya en el siglo XVI en Canadá. Sus investigaciones, primero documentales y luego arqueológicas junto a James Tuck y al arqueólogo subacuático Robert Grenier, posibilitaron el hallazgo de numerosos restos de balleneros vascos en Terranova. Entre ellos, el mejor documentado es probablemente el de la nao ‘’San Juan’’ (1565), que está siendo reconstruida a partir de estas investigaciones en el proyecto Albaola en Pasajes. Este descubrimiento posibilitó un trabajo arqueológico sin precedentes hasta el momento, sacando y registrando una a una todas las piezas de la estructura del barco, la carga y los objetos que pertenecieron a los marineros, además de una chalupa ballenera que se hundió junto con la nao.

Esta presencia supuso una gran influencia de los vascos sobre el territorio, la cual se mantiene hasta la actualidad, ya que muchos de los nombres de las ciudades, calles, personas, etc. son en euskera. Otro ejemplo de esta influencia la podemos ver en la inclusión de la ikurriña en el escudo de San Pedro y Miquelón.

Además, en Red Bay podemos encontrar el Museo de los balleneros vascos, en el cual se expone la chalupa casi íntegramente conservada, puesto que estuvo atrapada en una nao vasca que naufragó en las costas del Labrador.

Historias y leyendas sobre los balleneros