thumb|400px|Principales líneas de avance del ejército sublevado en el Frente Norte entre marzo y septiembre de 1937. La guerra civil española en Cantabria fue parte de una contienda que se desarrolló en España entre el 18 de julio de 1936 y el 1 de abril de 1939. Para Cantabria, entonces erigida como provincia de Santander, la guerra civil transcurrió entre 1936 y 1937. Tras el fracaso de la sublevación en la región, se sucedieron diversos bombardeos sobre la capital, Santander, durante los últimos meses de 1936, y más regularmente en 1937 por la aviación del ejército sublevado. Sin embargo, las acciones militares propiamente dichas se llevaron a cabo concretamente entre agosto y septiembre de 1937. El resultado fue la victoria del ejército franquista y la consiguiente anexión de la cornisa cantábrica a la zona sublevada.

Elecciones del 16 de febrero de 1936

Las elecciones generales españolas del 16 de febrero de 1936 dieron la victoria al Frente Popular que obtuvo algo más del 60% de los diputados electos. Los resultados de estos comicios en Cantabria confirmaron su tendencia conservadora dando el triunfo a la derecha con cinco diputados (56,44% de los votos) frente a los dos diputados del Frente Popular (43,55% de los votos).

Golpe militar de julio de 1936

thumb|250px|Mapa de España a los dos meses de la rebelión militar (agosto-septiembre 1936).

El 18 de julio de 1936, Cantabria se mantuvo fiel al Gobierno legítimo de la República, pese a su tradicional carácter conservador, manifestado por última vez en las elecciones de febrero de aquel año, que dieron como resultado la designación de cinco diputados de la derecha, frente a uno socialista, Bruno Alonso, y otro de Izquierda Republicana, Ramón Ruiz Rebollo.

La principal fuerza militar de la región, que se encontraba en el Regimiento de Valencia número 23, enclavado en Santander, tenía como mando al coronel García Argüelles, hombre partidario de la rebelión. Había recibido varias visitas de emisarios falangistas, instándose a que se sumase al alzamiento o bien, a que les entregase las armas del cuartel. El mismo 18 de julio se concentraron en diferentes puntos estratégicos de la ciudad contingentes de la Falange, próximos al millar, apenas sin armamento. La actitud vacilante del coronel Argüelles a la espera de ser confirmada la sublevación, la presencia en la bahía de Santander del buque de guerra Jaime I, que amenazaba con cañones al cuartel del Alta, y la estrecha vigilancia de elementos obreros sobre los aledaños del Regimiento, contribuyeron al fracaso de la conspiración. También se ha señalado al jefe provincial de Falange, Martín Ruiz Arenado, como uno de los principales responsables del fracaso de la sublevación por su actitud apática.

Las autoridades republicanas ordenaron el traslado a Santander del destacamento militar adelantando en Santoña, mandado por el coronel José García Vayas. De inmediato salieron de Santoña varias unidades a ocupar los pasos de montaña en el límite de la provincia. De esta forma, la provincia de Palencia, segura aliada en los planes de los sublevados, consolidó el frente republicano de la cornisa cantábrica junto a Asturias, Guipúzcoa y Vizcaya.

El 20 de julio se produjo un tiroteo en Saro entre derechistas locales y milicianos forasteros (dos izquierdistas resultaron heridos de gravedad, muriendo uno más tarde; los derechistas se echaron al monte).Obregón Goyarrola, Fernando; República, guerra civil y posguerra en el Valle de Carriedo (1931-1947). Por otra parte, en Reinosa fueron interceptados tres falangistas de Torrelavega que se dirigían a Burgos para conseguir el bando publicado por la Capitanía de esta ciudad para entregárselo al coronel Argüelles; tras un tiroteo murieron dos de los falangistas, siendo herido y apresado el tercero.Gutiérrez Flores, Jesús. Guerra Civil en Cantabria y Pueblos de Castilla, p. 113.

El 21 de julio llegó la noticia de la organización de una columna armada que se dirigiría hacia Burgos para frenar una columna rebelde que supuestamente se dirigía a Santander. Mientras, la UGT y la CNT declararon la huelga general que paralizó la vida ciudadana. Por la tarde llegaron noticias desde Reinosa, donde habían muerto el alcalde socialista y 18 guardias civiles. En Potes, una columna de milicianos de Santander fue rechazada por falangistas. Más de una docena de falangistas de un grupo que se había concentrado en Castro-Urdiales, ante el fracaso de la sublevación, se echaron al monte en Guriezo y Sámano, donde murieron tres de ellos en un enfrentamiento con carabineros y milicianos castreños que iban a detenerlosSolla Gutiérrez, Miguel Ángel. La sublevación frustrada: los inicios de la Guerra Civil en Cantabria. Edit. Universidad de Cantabria, Santander, 2005. p. 157.

El 22 de julio partieron de Santoña 150 soldados al mando de García Vayas hacia Santander. A su vez, el coronel Argüelles ordenó a las fuerzas derechistas que fueran al cuartel del Regimiento Valencia para ser armadas. Sin embargo, en una jugada maestra, Olazarán consiguió que Argüelles cediera el mando del regimiento a García Vayas confeccionando una falsa orden del Ministerio de la Guerra, orden que el coronel Argüelles acató. Los falangistas abandonaron Potes rumbo a Palencia y los milicianos entraron en la villa.

El 25 de julio, García Vayas tomó el mando del cuartel del Alta, asegurando para la República una provincia con la que los golpistas contaban de antemano; tan solo pueblos aislados de Valderredible como Espinosa de Bricia quedaron en manos rebeldes, mientras que las autoridades cántabras controlaron zonas del norte de Castilla: de hecho se dieron pequeños combates en las zonas de Aguilar de Campoo (Palencia) y Medina de Pomar (Burgos).Obregón Goyarrola, Fernando; República, Guerra Civil y Posguerra en los Valles del Pas (1931-1950), edit. el autor, Maliaño, 2009; pág. 102.

Los sublevados tenían confianza en el triunfo, pues se veían favorecidos por una prensa parcial, profundamente católica y conservadora, como eran los periódicos de El Diario Montañés (incautado el 20 de julio de 1936) y La Atalaya, además del apoyo de los sectores conservadores de la población.

La vida colectiva se desarrolló sin cambios aparentes, continuaron los espectáculos públicos en la capital, solamente requisas de coches, la incautación de la SAM, el traspaso de la dirección de los periódicos a comités obreros y las detenciones de personas sospechosas proclives a la sublevación que llenaron la prisión provincial y el penal de El Dueso, más el buque Alfonso Pérez, habilitado nuevamente como barco-prisión (ya lo había sido después de la Revolución de Asturias de 1934), determinaron los acontecimientos relevantes tras la sublevación del 18 de julio. Siendo asesinadas numerosas personas por el simple hecho de ser de derechas.

De julio de 1936 a septiembre de 1937

El 27 de julio, el Frente Popular designó en su seno un Comité de Guerra para centralizar las actuaciones que se llevasen a cabo en la provincia. Sus primeras acciones se dirigirían a detener los actos de los «incontrolados».

Con el nombramiento de Olazarán como gobernador civil el 11 de agosto de 1936 comenzó un proceso de reconstrucción de la autoridad, que se había deslizado fuera de los cauces tradicionales. A mediados de agosto se creó un sistema mixto para la administración de la provincia, basado en el Frente Popular y el Comité de Guerra. Durante este mes se alcanzó la cifra de 1100 detenidos en la provincia, para los que los centros de detención resultaron insuficientes, habilitándose el buque Alfonso Pérez en el puerto de Santander.

Para finales de agosto, la región contaba con unos 800 voluntarios divididos en cinco columnas: la columna del puerto de Los Tornos (300 hombres al mando de José Villarías); la columna del portillo de La Sía (al mando de Cieza, comunista); la columna del puerto del Escudo (unos 100 hombres); la columna de Reinosa (unos 200 hombres al mando de Navamuel); y la columna de Potes (compuesta por unos 150 hombres).Alcalde, Juan J., Milicias Anarquistas y Anarcosindicalistas en la Guerra Civil Española 1936-1939, p. 213.

El 7 de septiembre, las funciones militares pasaron a depender de la Comisaría de Defensa de Bruno Alonso. Ya a mediados de septiembre comenzó el racionamiento, forzado por el bloqueo naval de la flota franquista en el mar Cantábrico y agudizado por los refugiados procedentes de la provincia de Burgos y de la de Palencia.

En septiembre y octubre, fuerzas de la región (parte de ellas regulares del Regimiento Valencia) combatieron cerca de Éibar y en Oviedo. A finales de octubre unos 3000 hombres se situaron en el frente provincial.

A mediados de octubre, según noticia publicada en El Cantábrico el día 21, las autoridades crearon una zona internacional bajo protección diplomática cerca de Suances, habilitando un hotel al que se rodeó con una tapia y alambre de espino en la carretera del faro, y que fue custodiado por la Guardia de Asalto. En él se refugiaron ciudadanos de Alemania, Argentina, Bélgica, Bolivia, Brasil, Checoslovaquia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Grecia, Italia, México, Perú, Reino Unido, Suiza, Uruguay y Venezuela, así como españoles derechistas.Gutiérrez Flores, Jesús. Guerra Civil en Cantabria y Pueblos de Castilla, p. 118.

A mediados de noviembre, se encargó de la defensa de la provincia al II Cuerpo de Ejército (parte del Ejército del Norte), al mando del teniente coronel García Vayas. Para finales de año, unos 16 000 hombres se encargaron de la defensa de la provincia, encuadrados en diferentes unidades militarizadas.

En el mes de diciembre, el ejército republicano lanzó una ofensiva en territorio burgalés cuyo objetivo era alcanzar la línea Orbaneja del Castillo-Logroño, pero la operación fue desbaratada.

La quietud de la ciudadanía de Cantabria en este primer año de guerra civil se vio ocasionalmente interrumpida por las incursiones de la aviación franquista, siendo la más grave la realizada el 27 de diciembre de 1936 por 18 aviones, que produjo 67 muertos entre población civil inocente. Como represalia, ese mismo día fueron ajusticiados por un grupo de milicianos 156 presos falangistas y requetés del Alfonso Pérez, el barco que se habilitó como prisión en la dársena de Maliaño.

El 8 de febrero de 1937, el Consejo Interprovincial de Santander, Palencia y Burgos sustituyó a la Junta de Defensa de Santander.

El 29 de marzo, el ejército republicano lanzó una ofensiva cuyo objetivo era el páramo de La Lora, cortando las comunicaciones entre Burgos y el frente de Vizcaya. Lorilla y Sargentes de la Lora (Burgos) cayeron en manos republicanas.

Pero con la entrada de la primavera de 1937, la situación cambió radicalmente. El general Franco, al desistir de conquistar Madrid, dirigió su estrategia hacia la toma del reducto republicano del Norte, importante por su potencia industrial y para unificar la línea de frentes.

Comienzo de la campaña del Norte

La campaña del Norte se desarrolló entre abril y noviembre de 1937 y tuvo como fecha decisiva la rotura del Cinturón de Hierro con la caída de Bilbao, el 19 de junio. Ello trajo consigo una masiva afluencia de refugiados vascos a Cantabria, que puso al descubierto la escasez de abastecimientos para la población, no solo por el número de refugiados llegados (en torno a unos 160 000), sino también por el bloqueo naval de la armada franquista, que dificultaba la principal vía de aprovisionamiento de víveres. Dicha escasez afectó no solo a los alimentos, sino a todo tipo de mercancías; así, ante la falta de papel y tinta, el 27 de junio las autoridades suspendieron los tres periódicos regionales supervivientes (El Cantábrico, El Diario Montañés y La Voz de Cantabria) y crearon una sola cabecera, La República, que salió a la calle entre el 29 de junio y el 24 de agosto de 1937.