La Unión Monárquica Nacional (UMN) fue un partido político español de ideología neoconservadora y monárquica, fundado en abril de 1930 como sucesor de la Unión Patriótica, el partido oficial de la dictadura de Miguel Primo de Rivera. Impulsada por antiguos ministros del régimen, junto con José Antonio Primo de Rivera y otros destacados colaboradores de la Dictadura, la formación defendía el legado del primorriverismo, propugnaba el fortalecimiento del poder ejecutivo y la instauración de una monarquía de carácter autoritario. Aunque integrada mayoritariamente por sectores conservadores, también incorporó a un relevante grupo de representantes de la derecha radical.

La UMN desarrolló una intensa actividad política durante la denominada «Dictablanda» del general Berenguer y fue el principal intento de articular una fuerza política destinada a preservar la obra de la Dictadura de Primo de Rivera. Tras la proclamación de la Segunda República en abril de 1931 y el exilio de la mayor parte de sus dirigentes, el partido desapareció de facto. Sus principales dirigentes se integrarían posteriormente en Renovación Española, mientras que José Antonio Primo de Rivera acabaría fundando Falange Española.

Historia

Fundación Tras haber aceptado el rey su dimisión, el general Primo de Rivera anunció antes de salir de España que «los ex ministros de la Dictadura publicarán un manifiesto, dirigido al país, que yo reputo de gran eficiencia. Creo que si estos ex ministros acuden a las elecciones sacarán más votos que ninguna otra organización política». El 10 de febrero el periódico La Nación, que había sido el órgano oficioso de la Dictadura, publicó una nota de Primo de Rivera en la que este daba libertad a los afiliados a la Unión Patriótica a integrarse en otras organizaciones «siempre que no sean opuestas al credo, fines y normas de conducta de esta» y asignaba a UP la tarea de preparar a la gente para actuar en política «de un modo abstracto, dentro siempre de nuestro lema: Patria, Religión y Monarquía». La nota concluía diciendo: «Es, pues, el momento de afirmar nuestra fe en los principios originarios: recia y sana formación de la ciudadanía en el exaltado amor a España, en la fervorosa devoción a Dios y su Iglesia y en la adhesión a la forma de gobierno monárquica, como hija de la tradición y del derecho nacionales».

La persona designada por Primo de Rivera para dirigir la nueva organización impulsada por los exministros de la Dictadura fue Rafael Benjumea y Burín, conde de Guadalhorce. Su finalidad principal sería defender la obra de la Dictadura. Así lo expuso José Calvo Sotelo el 8 de febrero, tras haberse reunido con el rey Alfonso XIII acompañado de José Yanguas Messía y de Eduardo Callejo de la Cuesta: «Existe una obra realizada por la Dictadura que es preciso defender y sostener... como el problema de Marruecos, los Estatutos provinicial y municipal, la consolidación del presupuesto, el mantenimiento del principio de autoridad y el fomento de las obras públicas».

Los exministros celebraron una primera reunión el 14 de febrero de la que dio cuenta la prensa conservadora. ABC informó de que todos ellos se mostraban satisfechos de haber sido, «cada uno dentro de su esfera, colaboradores leales del marqués de Estella». Sin embargo, la iniciativa para formar el nuevo partido no la tomó ninguno de los exministros sino Fernando Gallego de Chaves Calleja, marqués de Quintanar. Durante una estancia en Salamanca redactó una especie de petición dirigida al general Primo de Rivera en la que los firmantes consideraban su deber «congregarse en forma de partido político, que con las condiciones esenciales de católico y monárquico, y teniendo su atención especialmente puesta en el campo y en el labrador, principales fuentes de la economía nacional, se ajuste a las directivas emanadas de V.E. [...] y rogar a V.E. les acaudille». Nada más volver a Madrid el marqués de Quintanar buscó el apoyo al proyecto del conde de Guadalhorce y de Calvo Sotelo, los dos ministros civiles más destacados de la Dictadura, dando cuenta de su gestión por carta, con fecha de 25 de febrero, a Primo de Rivera. En la misma le decía que el conde de Guadalhorce había aceptado «el caudillaje de esta fuerza política» si así lo decidía el propio general y que también se había puesto en contacto con su hijo, José Antonio Primo de Rivera, quien había dado «su asentimiento a todo», lo mismo que Calvo Sotelo. También le contaba su entrevista con José Gabilán, presidente del Comité Ejecutivo de la Unión Patriótica.

El 15 de marzo Calvo Sotelo, acompañado de Felipe Lazcano, se entrevistó con el general Primo de Rivera, en su habitación del Hotel du Pont-Royal de París donde residía desde que había abandonado España. Al parecer Calvo Sotelo logró convencerle para que se presentara a las elecciones encabezando el nuevo partido que promovía el marqués de Quintanar. Al terminar la entrevista quedaron en reanudarla antes de que Calvo Sotelo regresara a Madrid, momento en el que el ex Dictador le daría una carta a Calvo Sotelo que podría servir de base para publicar un manifiesto. Pero el general Primo de Rivera falleció en la mañana del día siguiente, 16 de marzo, víctima de la enfermedad que padecía desde hacía tiempo.

Paradójicamente, la muerte del general Primo de Rivera aceleró el proceso de fundación del nuevo partido que defendiera la obra de la dictadura. El 24 de marzo se reunían los exministros en casa de uno de ellos, José Yanguas Messía, junto con José Gabilán, en representación de la Unión Patriótica, y con José Antonio Primo de Rivera. Al parecer allí se acordó que el nuevo partido, que se definía como «monárquico constitucional», se llamaría Unión Monárquica Nacional. Una semana después, el 1 de abril, los jefes provinciales de la Unión Patriótica se reunieron en Madrid para debatir «la forma en que la Unión Patriótica, como organización y los elementos que la representan individualmente, debieran sumarse al nuevo partido Unión Monárquica Nacional». A la reunión también asistieron los exministros Guadalhorce, Yanguas, Callejo y Galo Ponte.

Al acudir todos los exministros a un funeral por Miguel Primo de Rivera el 3 de abril de 1930, dos meses después de haber abandonado el poder, aprovecharon para firmar el manifiesto del nuevo partido. Las figuras más destacadas eran José Calvo Sotelo, Ramiro de Maeztu, José de Yanguas Messía, Eduardo Callejo de la Cuesta, Galo Ponte y Escartín, el marqués de Quintanar, Manuel Delgado Barreto, director de La Nación, el presidente del comité ejecutivo de Unión Patriótica, José Gabilán, el hijo del dictador, José Antonio Primo de Rivera y el conde de Guadalhorce, que se convertiría en jefe del partido, por deseo del fallecido dictador. Su militancia se nutrió de funcionarios, exministros de la dictadura, empresarios e ingenieros. Entre los firmantes del manifiesto aparecen cerca de cuarenta miembros de la nobleza, además del marqués de Quintanar y el conde de Guadalhorce: el marqués de Albayda, el conde de los Andes, el duque de Bailén, el conde de Figols, el marqués de Sotelo, el marqués de Valdecilla, el vizconde de Salcedo-Bermejillo, etc. Otras personalidades que firmaron el manifiesto fueron José Pemartín, José María Pemán, Joaquín Bau y Vicente Gay.

Ausencias significativas entre los firmantes del manifiesto fueron la del exministro de la Dictadura Eduardo Aunós (que acabaría fundando su propio partido: el Partido Laborista Español) y la de José María Gil Robles, que había colaborado estrechamente con Calvo Sotelo en la elaboración del Estatuto Municipal de 1924. Este último lo justificó en una carta remitida al conde de Guadalhorce en la que le decía: «adherirse al núcleo de los exministros equivaldrá a suscribir toda la obra de la Dictadura, en la cual hay ciertamente mucho bueno, pero también no poco malo». El conde le respondió: «Yo le invito a reflexionar porque conozco la sinceridad de sus principios y de su noble proceder». También declinó firmar Pedro Armero Manjón, conde de Bustillo, que había sido alcalde de Sevilla por nombramiento del Dictador.

El manifiesto decía, entre otras cosas, lo siguiente:

La sede del partido era la misma que la de la Unión Patriótica, sita en el Paseo de la Castellana, número 14. El secretariado del nuevo partido estaba encabezado por Santiago Fuentes Pila (secretario), José Antonio Primo de Rivera (vicesecretario primero) y José Medina Togores (vicesecretario segundo) y formaban parte de él, entre otros, José Ibáñez Martín, Ricardo Oreja Elósegui, el marqués de Quintanar y Julio Palacios.

Expansión La asamblea constitutiva de la Unión Monárquica Nacional se celebró el 7 de julio, tras obtener por fin el permiso del gobierno del general Berenguer que en sucesivas ocasiones había suspendido todos los actos de propaganda política. Los reunidos asistieron previamente a una misa en la Iglesia de Santa Bárbara (Madrid) en honor del general Primo de Rivera. La Asamblea eligió por aclamación como presidente del partido al conde de Guadalhorce. Tras los discursos pronunciados por Ramiro de Maeztu, el conde de Montseny y José María Pemán tomó la palabra el conde de Guadalhorce para exponer de forma sucinta las ideas del partido. Volvió a insistir en «dar al Poder Ejecutivo las armas precisas para poder sostener el orden a todo trance, para poder evitar los abusos de los Parlamentos y las dictaduras irresponsables de los jefes de grupo». En lo económico defendió «una intervención de orden corporativo constante y una intervención metódica, prudente y circunstancial del Estado». El programa del partido lo sintetizó en: «orden, trabajo y cultura». Concluyó diciendo: «la vida es, sobre todo, y por encima de todo, voluntad. Y el que no tiene voluntad propia y no la sabe imponer, tendrá forzosamente que vivir de la voluntad ajena y será avasallado, tiranizado, maltratado».

El corporativismo que defendían los umenistas fue recogido, por ejemplo, en el Manifiesto, fechado el 28 de agosto de 1930, de la Unión Monárquica Nacional de Orense, cuyo líder indiscutido era el exmaurista José Calvo Sotelo. En él se hablaba de unas «Cortes integradas por representantes de los intereses económicos, culturales y sociales, capacitados por profesionales para legislar con acierto sobre los múltiples y complejos problemas de la gobernación del país». El Manifiesto también abogaba por un «Gobierno que anteponga el bien de la patria y de todas las clases y modalidades que la integran, a los impulsos de doctrinalismos especulativos o de ambiciones partidistas».

Tras su constitución como nuevo partido en la asamblea del 7 de julio, la Unión Monárquica Nacional, a diferencia de los partidos del turno, desplegó una intensa campaña de movilización ciudadana, con actos públicos por toda España. En ocasiones tuvieron que hacer frente a manifestaciones hostiles de liberales y de republicanos que se saldaron con incidentes graves en algunos lugares, como en Lugo, donde cinco personas resultaron heridas de diversa consideración por la actuación de la fuerza pública que se vio obligada a intervenir.