thumb|Relieve de una corbita romana encontrada en las ruinas de Cartago. La disputa en el control del comercio marítimo entre ambas naciones llevó a que se ensayaran, en diversos acuerdos, repartos de áreas de influencia en el Mediterráneo.
Los tratados entre Roma y Cartago son de fundamental importancia para la comprensión de las relaciones, no solo diplomáticas, entre las dos ciudades más importantes del Mediterráneo occidental por aquellos tiempos. Estos pactos revelan los cambios en la forma en que Roma se percibía a sí misma y en la percepción que Cartago tenía sobre Roma, y revelan la diferencia entre apariencias y realidad: lo que probablemente para ambas ciudades significaba la diferencia entre la guerra y la paz, la victoria y la destrucción, que cambiaron la historia del Mediterráneo y en cierto modo de toda la civilización occidental, fuertemente influida por la Roma Imperial.
Como ciudades estado que pasaron a ser imperios, Roma y Cartago encontraron necesario regular sus intereses recíprocos y respectivas zonas de influencia. Durante siglos, operaron juntas como aliadas. Sus intereses y métodos de expansión eran, en efecto, simétricos entre sí: Roma no se entrometía en el mar, comprometida como estaba, primero, en defenderse de sus enemigos cercanos: samnitas, etruscos, galos y griegos, y después, en conquistarles. Cartago, sin un verdadero ejército ciudadano y encallada en Sicilia por los griegos, se mostró indecisa con respecto a su política expansionista: mientras el partido aristocrático se inclinaba a expandir el poder de la ciudad por tierra, sometiendo a los territorios vecinos, el partido mercantil estaba más interesado en explotar nuevas rutas comerciales.
Si bien esta simetría no sería suficiente para contener las hostilidades, gracias a cuatro tratados principales, estipulados y aceptados por ambas potencias, las relaciones entre Roma y Cartago siguieron un camino de recíproca tolerancia durante varios siglos.
Contexto
Cartago
thumb|Ruinas de Cartago
Cartago fue fundada en el 814 a. C. por colonos fenicios de Tiro, que llevaron consigo la adoración al dios de la ciudad, Melqart. Según la tradición, la líder de los colonos era Dido ―conocida también como Elisa―, fugada de Tiro por razones políticas. Ya en el los marineros y comerciantes de Cartago eran conocidos a lo largo de todo el Mediterráneo occidental, y caricaturizados en las comedias griegas. En el , tras una serie de conquistas militares, Cartago controlaba extensos territorios en el golfo de Sirte, en la actual Libia, por el este, y gran parte de las costas de Numidia e Iberia, por el oeste. Las costas de Cerdeña y Córcega se hallaban bajo control cartaginés cuando la ciudad-estado intentó, mediante tres guerras entre el 408 y el 307 a. C., conquistar Sicilia. Estas guerras no fueron suficientes para controlar la isla, ampliamente colonizada por los griegos. Principalmente interesada en el comercio, los ciudadanos solo estaban obligados a ejercer el servicio militar para defender a la propia ciudad en caso de amenaza directa. Esta ausencia de una fuerza ciudadana propia obligaba a que el ejército estuviera compuesto sobre todo por soldados extranjeros, como libios, hispanos, galos o griegos.
Roma
thumb|Ruinas de Roma
Roma fue fundada apenas setenta años después que Cartago (753 a. C.), según Marco Terencio Varrón. En los primeros cinco siglos de su historia, Roma se vio envuelta en una extenuante serie de guerras con sus vecinos, lo cual llevó a la especialización del ejército romano, inicialmente formado por pastores y campesinos, en la guerra terrestre. Más que a través del comercio, la economía romana creció mediante el control económico sobre sus enemigos vencidos: imposición de tributos, redistribución de tierras conquistadas. En ocasiones utilizaron a sus enemigos sometidos como aliados militares (foederati). Roma dependía de la flota griega o etrusca para el comercio marítimo.
Complementariedad En el una gran línea dividía el comercio del Mediterráneo: los mares Egeo, Adriático y Jónico estaban controlados principalmente por las ciudades marítimas griegas, situadas en Grecia, Asia Menor y, después de Alejandro Magno, también en Egipto. El Mediterráneo occidental era la zona comercial de los cartagineses, con la excepción del mar Tirreno, donde Cartago compartía las aguas con los etruscos y con las colonias griegas del sur de Italia.
Cartago, como potencia naval, utilizaba principalmente los beneficios obtenidos en el comercio para financiar la guerra. Roma, potencia terrestre, utilizaba los botines conseguidos en la guerra para pagar bienes procedentes del comercio.
Vino a crearse, por tanto, una extraordinaria complementariedad económica y política que, de mantenerse, habría permitido probablemente el desarrollo conjunto de las costas del norte y sur del Mediterráneo, algo que sin embargo no ocurrió.
Primer tratado
thumb|350px|Principales áreas de influencia en el Mediterráneo occidental hacia el 509 a. C.
El primer tratado entre las dos ciudades-estado fue establecido en el año de la fundación de la República de Roma, el 509 a. C. La datación es de Marco Terencio Varrón, y difiere ligeramente de la que ofrece Polibio.Polibio, Historias, III, 22, 1. El historiador griego, por su parte, sitúa la fecha del tratado durante la primera guerra médica, al mismo tiempo que Jerjes cruzaba el Helesponto ().Polibio, Historias, III, 22, 2.
El derrocamiento de Tarquinio el Soberbio se produce durante la guerra con la vecina ciudad de Ardea. Nace así la república romana y sus primeros cónsules. Derrocado un rey etrusco, Roma necesita asegurar sus aprovisionamientos, garantizados en su mayor parte por mercaderes griegos y, sobre todo, etruscos: la ciudad etrusca de Caere y su puerto, Pirgi, suplían por entonces a Roma. Los romanos, por tanto, buscaron el apoyo de los cartagineses, quienes ya operaban en Caere, como demuestra el hallazgo en Pirgi de las llamadas «láminas de Pirgi», escritas tanto en etrusco como en fenicio.
Al mismo tiempo, Cartago estaba comprometida en combates con las colonias griegas del Mediterráneo occidental. Las ciudades griegas en la costa meridional de Italia y oriental de Sicilia complicaban el comercio cartaginés con las poblaciones del interior. En Iberia y Provenza, Cartago competía con las colonias focenses. Tras la batalla de Alalia, en la que los cartagineses, aliados a los etruscos, derrotaron a una armada griega, Córcega y el Tirreno pasaron a manos etruscas, mientras Cerdeña y la parte occidental de Sicilia quedaban bajo control púnico (la parte oriental de Sicilia permanecería en manos de los griegos durante varios siglos más). Dos decenios más tarde, en el 510 a. C., Cartago tuvo que enfrentarse a las incursiones espartanas en el oeste de Sicilia.
Texto Γίνονται τοιγαροῦν συνθῆκαι Ῥωμαίοις καί Καρχηδονίοις πρῶται, κατὰ Λεύκιον Ἰούνιον Βροῦτον καὶ Μάρκον Ὡράτιον, τοὺς πρώτους κατασταθέντας ὑπάτους... ταῦτα δ΄ἔστι πρότερα τῆς Ξέρξου διαβάσεως εἰς τὴν Ἑλλάδα τριάκοντ΄ἔτεσι λείπουσι δυεῖν. ἃς καθ ὅσον ἦν δθνατὸν ἀκριβέστατα διερμηνεύσαντες ἡμεῖς ὑπογεγράφαμεν.[...]. ἐπὶ τοῖσδε φιλίαν εἶναι Ῥωμαίοις καὶ τοῖς Ῥωμαίων σύμμαχοις καὶ Καρχηδονίοις καὶ τοῖς Καρχηδονίων σύμμαχοις μὴ πλεῖν 'Ρωμαίους μηδὲ τοὺς Ῥωμαίων συμμάχους ἐπέκεινα τοῦ Καλοῦ ἀκρωτερίου, ἐὰν μὴ ὑπὸ χειμῶνος ἢ πολεμίων ἀναγχασθῶσιν ἐὰν δέ τις βίᾳ κατενεχθῇ, μὴ ἐξέστω αὐτῷ μηδὲν ἀγοράζειν μηδὲ λαμβάνειν πλὴν ὅσα πρὸς πλοίου ἐπισκευὴν ἢ πρὸς ἱερά, ἐν πέντε δ'ἡμέραις ἀποτρεχέτω. Τοῖς δὲ κατ'ἐμπορίαν παραγινομένοις μηδὲν ἔστω τέλος πλὴν ἐπὶ κήρκι ἢ γραμματεῖ. Ὅσα δ' ἂν τούτων παρόντων πραθῇ, δημοσίᾳ πίστει ὀφειλέσθω τῷ ἀποδομένῳ, ὅσα δ΄ἂν ἢ ἐν Λιβύῃ ἢ ἐν Σαρδόνι πραθῇ. Ἐὰν Ῥωμαίων τις εἰς Σικελίαν παραγίγνεται, ἧς Καρχηδονίοι ἐπάρχουσι, ἴσα ἔστω τὰ Ῥωμαίων πάντα. Καρχηδόνιοι δὲ μὴ άδικείτωσαν δῆμον Ἀρδεατῶν, Ἀντιατῶν, Λαρεντίνων, Κιρκαιιτῶν, Ταρρακινιτῶν, μηδ'ἄλλον μηδένα Λατίνων, ὅσοι ἂν ὑπήκοοι ἐὰν ὡς πολέμιοι εἰς τὴν χώραν εἰσελθῶσιν, ἐν τῇ χώρᾳ μὴ ἐννυκτερευέτωσαν. (Polibio, Historias, III, 22)
Habrá alianza entre romanos y cartagineses y sus aliados respectivos con estas condiciones: no navegarán los romanos y sus aliados más allá del Bello Promontorio, a no ser que los impela alguna tempestad o fuerza enemiga, y, en caso de ser alguno empujado por fuerza, no le será lícito comprar ni llevarse nada, excepto lo que sea necesario para mantenimiento del barco o para el culto de sus dioses, y partirá en el plazo de cinco días. Los que vengan a comerciar no pagarán derecho alguno más que el del pregonero y el del escribano. En todo lo que sea vendido en presencia de éstos, la fe pública servirá de garante al vendedor, bien se efectúe la venta en África o bien en Cerdeña. Si algún romano aportase a aquella parte de Sicilia en la que dominan los cartagineses, guárdesele en todo igual derecho. Los cartagineses no ofenderán a los ardeatos, antiatos, laurentinos, circetas, tarracinetas, ni otro pueblo de los latinos que obedezca a los romanos. Se abstendrán de hacer agravio a las ciudades aliadas, aunque no estén bajo la dominación romana. Si tomasen alguna, la restituirán íntegra a los romanos. No construirán fortalezas en el país de los latinos y, si entran en esta tierra como enemigos, no pernoctarán en ella.
Condiciones a Roma
Con el tratado del 509, citado por Polibio, Roma y sus aliados se comprometían a no navegar más allá del «Bello Promontorio» (en el golfo de Cartago), a menos que a ello les obligara una tormenta o el acoso de navíos enemigos.Polibio, Historias, III, 23, 1-3. en cualquier caso, si esto ocurría, solo podrían adquirir lo necesario para efectuar reparaciones en sus barcos o llevar a cabo ceremonias religiosas. Además, deberían volver a partir en un plazo de cinco días.Polibio, Historias, III, 22, 5-7. Los comerciantes solo podrían operar en Cerdeña y África bajo el control de subastadores, para garantía del vendedor. En la Sicilia cartaginesa, sin embargo, los romanos gozarían de los mismos derechos que los cartagineses.Polibio, Historias, III, 22, 10.
Es de destacar que Cartago considerara África y Cerdeña como territorios propios, mientras que especificara que solo controlaba el territorio no griego de Sicilia.Polibio, Historias, III, 23, 4-5.
Estas limitaciones no parecen haber representado un problema para Roma. Es probable que a Roma le interesara tener la cobertura naval púnica contra una flota siracusana cada vez más intrusiva. La república acababa de nacer, y se veía inmersa en un constante conflicto contra los pueblos itálicos, y con los etruscos, quienes intentaron restaurar su control sobre Roma en la persona de Lars Porsena. La ciudad no tenía por entonces intereses expansionistas al sur del Lacio y, en cualquier caso, la marina comercial italiana era inexistente.
Condiciones a Cartago En el tratado del 509, Cartago y sus aliados se comprometían a no atacar una serie de colonias del Lacio «sometidas a los romanos», así como a no atacar a ciudades independientes.Polibio, Historias, III, 22, 11. En caso de conquista, Cartago debería restituirlas intactas a Roma.Polibio, Historias, III, 22, 12. Los cartagineses no podían construir fortalezas en el Lacio, ni tampoco pernoctar allí.Polibio, Historias, III, 22, 13.
Como se puede extraer del texto, Roma solo consideraba al Lacio como territorio propio, mientras que no se hace referencia a la Campania, y sobre todo no se menciona Etruria.Polibio, Historias, III, 23, 6.
Cartago no podía permitirse operaciones militares en el Lacio, comprometida como estaba en la guerra contra los griegos. La ciudad púnica estaba principalmente interesada en tutelar el tráfico comercial y marítimo en su esfera de influencia propia, más que en interferir en regiones menos rentables, distantes pero ricas, como la costa ibérica. En definitiva, ambas ciudades simplemente plasmaron por escrito sus limitaciones.
Análisis