La batalla de Bomboná o Cariaco (7 de abril de 1822) fue un enfrentamiento militar librado en el contexto de las Campañas del Sur, donde se enfrentaron las fuerzas de la Gran Colombia, lideradas por el Libertador Simón Bolívar, y las del Imperio español, mandadas por el coronel Basilio Modesto García. Los patriotas consiguieron hacerse con el control del campo de batalla, pero sus bajas fueron tan altas que Bolívar debió cancelar su intento de conquistar San Juan de Pasto marchando desde el norte por tierra.

Antecedentes Plan y organización El 9 de octubre de 1821, el Libertador y presidente de la Gran Colombia, Simón Bolívar, salió de Villa del Rosario dejando el poder ejecutivo en manos de su vicepresidente, Francisco de Paula Santander, mientras viajaba por Pamplona y Tunja hacia Santafé de Bogotá. Durante el trayecto estudia los recursos de las provincias neogranadinas y ordena a los gobernadores poner atención a los regimientos de La Guardia que vienen de Santa Marta. A finales de mes, estando en Bogotá, empieza a organizar las fuerzas con las que planea una campaña definitiva contra Popayán. El 15 de diciembre, sale de la ciudad hacia el sur. Llegó a Santiago de Cali el 5 de enero de 1822, pasando revista a la división del general Pedro León Torres en la vecina hacienda de Caloto, dándose cuenta de que no era operativa por tener más de 600 enfermos en los hospitales. Su plan era enviar 900 soldados de los batallones Bogotá y Neiva en el bergantín Sacramento y la fragata Grant. Al día siguiente, debían salir otros 300 en el bergantín Ana y esperando para después otros 1000 reclutas del Cauca y La Guardia. La idea era embarcarse en Buenaventura para viajar a Guayaquil y desde ahí atacar Quito, evitando las enfermedades, guerrillas y deserciones que se producirían si marchaba por Patía, Juanambú y Guáitara. Además, de ese modo aseguraría la soberanía grancolombiana de Guayaquil. En tanto, con 230 soldados, el teniente coronel Joaquín París había ocupado una Popayán, encontrándose una ciudad casi desierta, e inicio conversaciones por una tregua de un mes con el jefe realista en la zona, teniente coronel José María Obando. Dicho oficial fue reprendido por el capitán general neogranadino, Juan de la Cruz Mourgeon y Achet, por haber viajado a Cali y aceptar regalos de Bolívar, y como el coronel Basilio Modesto García no se fiaba del oficial realista, le escribió al capitán general para que no se presentara en Pasto. Ofendido por tal desconfianza, Obando convenció a dos oficiales y unos pocos soldados de entregarse a Bolívar en Popayán, el 7 de febrero.

En Buenaventura, los dos batallones esperaban embarcarse cuando llegaron cartas del general de brigada Antonio José de Sucre avisando que el capitán general neogranadino había salido de la costa de Chocó con la corbeta Alejandro y cuatro buques menores para bloquear la costa. Los patriotas contaban únicamente con el mal armado Ana, así que la ruta marítima se hizo muy riesgosa; sólo se enviaron en el Ana y la Grant 340 reclutas caucanos y órdenes a Sucre de atacar Cuenca para distraer a los monárquicos, que se concentrarían en defender Quito y desprotegerían Pasto.

Bolívar ordenó a que esos cuerpos y La Guardia marcharan por Neiva y Guanacas en dirección a San Juan de Pasto. El 26 de enero, se trasladó a Popayán, pero aún no llegaban los refuerzos de La Guardia y el presidente calculaba que demorarían otro mes, pero el clima podía desgastar completamente a su división en ese lapso. Además, en la villa no había ganados para alimentar a los hombres, así que empezaron a enviar avanzadillas a Patía por Timbío, específicamente la brigada del general Torres. El 15 de febrero, llega a Popayán el general Juan Manuel Valdez con refuerzos; el 3 de marzo otro contingente llega. Gracias a esto, el presidente y su jefe de Estado Mayor, brigadier Bartolomé Salom, les siguieron a Patía el 8 de marzo por la misma ruta. En el viaje, los locales les vendieron alimentos y los guerrilleros se ocultaron en los montes, a la espera de atacar la retaguardia y a los rezagados o cortar las comunicaciones.

Marcha El coronel García, jefe de la 2ª división española, ordenó quemar las cosechas, ocultar los ganados y ejecutar a todo aquel que no deseara evacuar los pueblos por donde pasaban los independentistas. Desde diciembre había fortificado las posiciones del Juanambú, animado la voluntad de resistencia de los locales con la ayuda del obispo de Popayán, Salvador Jiménez de Enciso Cobos y Padilla, reclutando milicias pastusas, recibió ayuda del capitán general desde Quito y desplegó un sistema de inteligencia por el cual sabía la calidad de las tropas republicanas y su ruta.

Los grancolombianos marcharon en tres columnas hasta reunirse en La Alpujarra, a tres días del Juanambú. El 20 de marzo estaban en Miraflores y el día 23 en el río Mayo. Como no encontraron enemigos, siguieron a Venta, abandonando el camino de Berruecos para tomar el de Taminango y descender al Juanambú cerca del paso de Guambucayo. Otras fuentes afirman que cruzaron el río Mayo por el paso Zapatero el día 21 sin ser molestados por guerrillas y recibiendo víveres de los locales. El 11 de marzo construyeron un hospital en Tambo (a cargo del teniente Torres), el 14 en Las Yeguas (teniente coronel Serrada), el 16 en Miraflores (teniente coronel Cruz Paredes), el 19 en Mercaderes (coronel Francisco Luque) y el 25 en Taminango (mayor Conde). Durante la marcha, habían perdido por fiebres 1000 hombres, que debían dejar en esos hospitales con guardias para protegerlos, reduciendo la expedición a 2.000 soldados.

Acorde a Restrepo, el 24 de marzo, los republicanos llegaron al Juanambú, que vadearon aquella tarde. López señala que el cruce fue el 29, produciéndose un combate previo con un destacamento realista que defendía el paso. En cambio, Cevallos afirma que llegaron el 24 y esperaron un par de días antes de cruzar. Por último, Rivas Vicuña dice que el 22 llegaron a Alpujarra y luego al Juanambú, explorando los pasos de Tablón de Gómez y Guambayaco pero los encontraron vigilados. Al atardecer del 24 la vanguardia habría llegado a Burrero, venciendo a la guarnición realista y al día siguiente todo el resto de la tropa cruza a Taminango.

Llegaron a la hacienda Peñol, donde descubrieron un paso cerca del pueblo Burreros, en la confluencia del Juanambú con el Guáitara. El presidente decidió abandonar el camino por Boquerón hacia San Juan y seguir la cuenca del Guambuyaco, tratando de atravesar el Guáitara por otra ruta y llegar a la región de Los Pastos y atacar Quito antes de pasar por San Juan. En tanto, el coronel García salió a Chaguargamba para enfrentarlo, prometiendo al capitán general: «que destruiría con pérdida insignificante de su parte todas las tropas insurgentes, y le entregaría vencido y humillado al que se titulaba Libertador de Colombia». Los independentistas descansaron dos días a orillas del Juanambú, dejaron ahí un hospital y al bagaje guarnecidos por 200 soldados a cargo del teniente coronel José María Obando, luego siguieron al sur. El 28 de marzo, con Bolívar en la hacienda Molinoyaco se le había ordenado al coronel unírsele en ese punto.

Fuerzas enfrentadas Realistas Acorde a su secretario general, coronel José Gabriel Pérez, en una carta al Secretario de Guerra, fechada en Cali, 7 de enero de 1822, el Libertador creía que las fuerzas realistas en Quito, Pasto y Patía eran superiores en número a las propias, estimándolas en 4.000. Sin embargo, parece una exageración, pues al momento de rendirse solamente se entregaron poco más de 2.000 hombres.

Para el día de la batalla, el historiador español Francisco Antonio Encina los rebaja a 1.200. El historiador colombiano Nicolás González Chávez creía que eran 2.300, su colega ecuatoriano Pedro Fermín Cevallos y el político venezolano Felipe Larrazábal los estima en 2.000. José Manuel Restrepo creía que la 2ª división que mandaba García sumaba unos 2.000 hombres, y acorde a los informes del propio comandante español, sus hombres no pasaban de los 2.000. Sin embargo, estaban presentes el 1º batallón del regimiento Aragón, un batallón del regimiento Cataluña y las milicias del batallón Pasto. La primera unidad aportaba 600 veteranos y la segunda 400 plazas de similar calidad, en cambio, los locales aportaban 800 pastusos, estos últimos de excelente calidad como cazadores, pues se movían en su territorio. El diplomático español Mariano Torrente afirma que: «los realistas, de los que tan sólo había 450 hombres disponibles de los batallones de Aragón y Cataluña mezclados con algunas compañías de Pasto». El chileno Francisco Rivas Vicuña estima 2.250 soldados organizados en las tres unidades ya mencionadas. El colombiano Alberto Pinzón Sánchez cree que eran 2.500 efectivos. El venezolano Vicente Lecuna habla de «2.200 partidarios resueltos a morir antes de ceder el terreno». El español Salvador de Madariaga afirmaba: «Obando dijo que los españoles contaban lo menos con tres mil infantes bien armados y 1.000 jinetes. Bolívar lo cuenta, y o él u Obando exageran de un modo extravagante. Hasta el informe oficial de la batalla de Bomboná, escrito desde luego para presentarla del modo más favorable a Bolívar, no da a García más 2.000 hombres; y otros cálculos más fehacientes estiman la fuerza realista en 1.200».

El historiador y militar colombiano José Roberto Ibáñez Sánchez señala un informe sobre el estado de la 2ª división del 24 de abril de 1822. El Aragón contaba con 260 soldados (3 compañías), Cataluña con 167 soldados (2 compañías) y Pasto con 600 milicianos. A estos se sumaban parte del batallón Cazadores de Cádiz con 200 soldados (2 compañías), el escuadrón Invencible con 200 jinetes y 150 milicianos de Túquerres. Considerando que García debió dejar guarniciones en el Juanambú, Genoy y San Juan y asumiendo como correctas sus estimaciones de las bajas propias en la batalla, Ibáñez Sánchez cree que el coronel no debió contar con mucho más de 1000 hombres ese día en Cariaco.

Patriotas A finales de octubre de 1821, el presidente grancolombiano había empezado a organizar las fuerzas con las que deseaba avanzar sobre Popayán. Para ello exigió una leva de 800 hombres en Antioquia y otro tanto entre las de Socorro y Tunja, y 300 a cada una de las provincias de Neiva, Mariquita y Cundinamarca. De este modo, reclutó una fuerza de 4.720 combatientes distribuidos en los batallones de infantería Rifles (a cargo del coronel Arturo Sanders), Vencedor en Boyacá (teniente coronel José Ignacio Pulido), Bogotá (Tcnl. Joaquín París) y Neiva (Tcnl. Pedro Antonio García), cada uno de 1000 plazas, y los escuadrones de caballería Lanceros (Tcnl. Cruz Paredes), Húsares (Tcnl. Laurencio Silva), Cazadores montados (Tcnl. Juan José Flores) y 1º, 2º y 3º de Guías (Tcnl. Calderón y Tcnl. José Carvajal), cada uno de 120 plazas. El 8 de febrero de 1822, el batallón Neiva fue rebautizado como Vargas.

El coronel Pérez sostiene que la expedición republicana sumaba 3.000 hombres, incluyendo 1000 reclutas del Cauca, organizados en los batallones Rifles, Bogotá, Vargas y Vencedor y el escuadrón Guías. Sin embargo, Restrepo afirma que se redujeron de ese número a apenas 2.000 durante la marcha, principalmente por las enfermedades. Por eso, todos los historiadores posteriores no se apartan mucho de esa cifra. Larrazábal prácticamente repite los mismos números y lo mismo Torrente. Encina afirma que eran 1.800 a 1.900 soldados, Pinzón Sánchez que eran menos de 2.000, Lecuna 2.100 y González Chávez 2.700. El coronel republicano Antonio Obando afirma en su Autobiografía que 1.100 soldados entraron en combate, la estimación más baja.