Hans Böhm o Hans Behem, "El tamborilero de Niklashausen" (Helmstadt, Baja Franconia, Baviera, Alemania, 1458-Wurzburgo, Alemania, 19 de julio de 1476), conocido asimismo como "El flautista de Niklashausen", "Hans el flautista" ("Pfeiferhannes"), "Pfeiferhänslein" o simplemente "Henselin" (diminutivo de "Hans" en alemán), fue pastor, músico y predicador. Inició en 1476 el movimiento llamado "Peregrinaje a Niklashausen".

thumb|300px|El Flautista de Nicklashausen. Grabado en Las Crónicas de Nuremberg de Schedel, 1493.

En la primavera de 1476, el hasta entonces desconocido pastor de ganado Hans Böhm convocó a los campesinos de las regiones aledañas a una peregrinación a la pequeña iglesia de Niklashausen. En nombre de la Virgen María les prometió el indulto de sus pecados. Presagió además la igualdad social de todos los seres humanos, la instauración de la propiedad colectiva y el advenimiento del juicio de Dios para castigar la vanidad y la insaciable avaricia de los príncipes y dignatarios eclesiásticos.

Su prédica tocó de lleno el espíritu popular e inmediatamente entusiastas partidarios lo veneraron designándole como "el Santo jovenzuelo" y "el Profeta". Expandieron su mensaje y en el corto período de tres meses se movilizaron unos 70.000 seguidores.

Todo ello provocó gran consternación entre las autoridades eclesiásticas y seculares. Por orden del Príncipe-obispo de Wurzburgo, Rodolfo II de Scherenberg, Hans Böhm fue arrestado, procesado y condenado a muerte por herejía. El 19 de julio de 1476 fue quemado en la hoguera. La revuelta campesina que siguió es considerada por los historiadores como un precedente del llamado "movimiento de los calzados atados o ligados" ("Bundschuh-Bewegung") y de la "Guerra de los campesinos alemanes".

Niñez y origen

El patronímico "Böhm", que en la Alta Edad Media se escribía más bien "Behem", "Beheim" o "Böheim", es un indicio plausible de que los ancestros de "Hans Behem" eran originarios de Bohemia. En efecto, durante las guerras husitas entre 1415 y 1435 hubo un gran flujo de refugiados desde Bohemia hacia Franconia. La mayoría de tales bohemios ("Behem") se instalaron como indigentes en Franconia, ocupando así los más bajos niveles de la jerarquía social. Hans "Behem" o "Böhm" provenía de ese paupérrimo medio. Había nacido en 1458 en Helmstad, hoy en día apenas un punto en el mapa en las proximidades de Wurzburgo, en la Baja Franconia. Poco se sabe con certeza de su niñez, aparte de que habría crecido como huérfano bajo la protección de asociaciones comunales y que debió luchar duramente por su subsistencia, sufriendo en carne propia la precariedad de los desposeídos de la Alta Edad Media.

En los días festivos, Hans Böhm solía mezclarse entre la gente y escuchar en la iglesia o en las tabernas las conversaciones de los adultos de los valles del Meno sobre Dios, el mundo, el sufrimiento de los necesitados, los herejes, los husitas (partidarios de Jan Hus), los pecados mortales de las autoridades tanto seculares como eclesiásticas, etc.

Durante sus tareas de pastoreo, Hans Böhm reflexionaba sobre esos temas y la condición humana. Paulatinamente se abrió camino en su espíritu la idea de un orden más justo, más agradable a Dios. Recorriendo con su rebaño aquí y allá, aprendió a comunicar eficazmente con la gente, al tiempo que sus ideas tomaban forma.

Había llegado a ser conocido, como pastor y como tamborilero, en numerosos pueblos situados entre Wurzburgo, Wertheim y Tauberbischofsheim. Su vida, empero, hubiera transcurrido en la insignificancia y caído en el olvido de no haber tomado, en la Cuaresma del año 1476, la decisión de comenzar a predicar.

La iluminación

Dos tipos de vivencias personales explicarían el nacimiento de su vocación de predicador. Ambas son plausibles, si bien Hans Böhm, probablemente bajo los efectos de la tortura, confirmó y negó a la vez la una y la otra.

thumb|120px|Mantegna: María y el niño (alrededor de 1450).

La visión de la Virgen María

En todas sus prédicas Hans Böhm relataba su experiencia de la visión de María. En franco desafío a los cargos que se le imputaban, de sus deposiciones durante el proceso se desprendía un escenario concluyente: luego de la Cuaresma del año 1476, regresó al campo de pastoreo. A la hora de dormir acampó en una cueva en las cercanías de su rebaño, meditando sobre la exuberancia de los carnavales. Temeroso de Dios y arrepintiéndose de sus pecados, se quedó dormido junto al fuego, y en sueños se le apareció la Virgen María. La visión le advirtió que prontamente recaería el juicio de Dios sobre los pecadores y le encomendó la tarea de reunir al pueblo al frente de la pequeña Iglesia de Niklashausen en acto de arrepentimiento. Los creyentes que viniesen para adorar con humildad su imagen, obtendrían la remisión de sus pecados, al igual que aquellos que emprendieran peregrinajes a Roma para visitar al Santo Padre.

thumb|left|120px|Moretto, Un santo monje (1530).

La influencia de un monje

Durante su proceso, Hans Böhm confesó también que su decisión se habría originado a raíz de conversaciones mantenidas con un monje. No se sabe con claridad quién era el personaje que había ejercido la influencia decisiva: ¿se refería al clérigo local, quien aprovechándose de sus dotes oratorias buscaba insuflar vida a las peregrinaciones? ¿O se trataba del monje de una orden mendicante arrestado al mismo tiempo que Hans Böhm?

A través de las conversaciones mantenidas con dicho personaje, Hans Böhm se había enterado de la existencia del "Santo Padre de la orden de los pies descalzos" que en años anteriores había recorrido Franconia. El carisma de este "Santo Padre" era tal, que luego de escucharlo, muchos fieles habrían destruido voluntariamente sus bienes terrenales y abandonado sus pertenencias para consagrarse a una vida más acorde con los preceptos divinos. Contando con el apoyo de su interlocutor espiritual y con la fuerza de convicción de su propia utopía social, Hans Böhm anhelaba seguir el ejemplo del referido "Santo Padre".

El período de prédica

En la cuaresma del año 1476 Hans Böhm había madurado su decisión. Deseaba procurar a la Humanidad un mundo mejor por intermedio de la adoración de María. En algún momento entre el cuarto domingo de Cuaresma (Domingo de Laetare, el 21 de marzo) y el día del descubrimiento de la cruz (Inventio Crucis, el 3 de mayo) - los relatos difieren en cuanto a la fecha exacta - Hans Böhm se instaló delante de la pequeña iglesia de Niklashausen y en presencia de los sorprendidos habitantes quemó su tambor y efectuó su primera prédica, convocando a la peregrinación y anunciando el advenimiento de un nuevo orden mundial.

El mensaje se expandió como un reguero de pólvora. En el lapso de una semana llegaron a Niklashausen peregrinos de todos los alrededores para implorar la piedad de María y escuchar al joven predicador. Este los exhortó a liberarse de sus pecados para construir un mundo mejor y, en tanto que prueba tangible de expiación, solicitó la ofrenda de joyas, pulseras y pañuelos de seda, de zapatos puntiagudos y objetos suntuarios.

Una parte considerable de las ofrendas recibidas, principalmente las consistentes en vestidos y ornamentos personales, instrumentos de música y juguetes, siguieron el camino del tambor de Hans Böhm: a la vista de todo el mundo fueron incinerados en la hoguera. Tras esa simbólica manifestación de expiación, el joven predicador expuso a los peregrinos las ideas centrales del nuevo reino de Dios sobre la tierra:

La avaricia de los nobles y de los prelados eclesiásticos se verá aniquilada prontamente por obra de un inflexible tribunal divino. Cada uno debe ganar sus medios de subsistencia a través del trabajo manual y compartirlos fraternalmente con los más necesitados. Las diferencias entre los estamentos sociales serán abolidas, así como las rentas y los servicios personales. La propiedad privada y señorial de los campos, praderas, terrenos de pastoreo, bosques y aguas debe transformarse en propiedad colectiva.

thumb|300px|Hans Böhm predicando a peregrinos (Ilustración de la Crónica de Fries, primera mitad del siglo XVI).

Esas osadas visiones de tinte comunista despertaron la admiración popular y atrajeron de más en más peregrinos. Hacia fines de mayo de 1476, el Conde Juan III de Wertheim informó a Diether von Isenburg, arzobispo de Maguncia, que crecientes masas de peregrinos se dirigían hacia Niklashausen, donde un joven carismático habría tenido la visión de la Virgen María. El arzobispo, que indudablemente compartía la preocupación del Conde de Wertheim, solicitó al Príncipe-obispo de Wurzburgo que tomase sin demora el caso entre sus manos. Wurzburgo estaba más cerca del lugar de las peregrinaciones y el joven predicador de Helmstadt era súbdito de esta ciudad.

Los obispos no tenían en realidad ningún motivo válido para oponerse a la realización de peregrinaciones a la pequeña iglesia de Niklashausen. En efecto, la iglesia había sido consagrada en 1344 a la Virgen María. Desde 1353 había obtenido, de parte de las autoridades dependientes del papado en Aviñón, la correspondiente carta de indulgencia (littera indulgentiale). Tal documento había sido ratificado por el arzobispo de Maguncia, Gerlach von Nassau, el 12 de abril de 1360 y en virtud del mismo se conferían 40 días de indulgencia para todo tipo de pecados a quienquiera que peregrinare a Niklashausen para implorar la Gracia de María. A consecuencia de la labor de Hans Böhm, el modesto marco de dicha peregrinación se había dislocado totalmente en muy pocos días.

De acuerdo al historiador de Wurzburgo Lorenzo Fries, hacia junio de 1476 se había establecido un gigantesco campamento en Niklashausen, que albergaba unas 40.000 personas, ello sin contar los flujos de las llegadas y salidas diarias. A título de comparación cabe notar que la misma ciudad de Wurzburgo tenía en esa época alrededor de 5.000 habitantes. Los peregrinos, en su gran mayoría hombres, mujeres y niños de origen campesino, provenían no sólo de valles vecinos, sino de, más en más, de toda Franconia, Baviera, Turingia, Suabia, Renania e incluso de Alsacia.

Al comienzo, Hans Böhm se dirigía a los peregrinos sólo los domingos y días de fiesta, subido encima de un barril o de una batea boca abajo. Pero ya durante junio debió encender la hoguera ritual varias veces por semana, y para poder tener una vista de la multitud presente, sus prédicas las hacía desde las ventanas ubicadas en los altillos de los edificios.

Así, mientras que en junio de 1476 las ofrendas se acumulaban en la pequeña iglesia de Niklashausen, los obispos de Maguncia y Wurzburgo presenciaban consternados, que en territorios sometidos a su autoridad se habían establecido de manera permanente peregrinaciones masivas respecto de los cuales ellos nada sabían.

Kilian von Bibra, consejero del Obispado de Wurzburgo, decidió enviar a Niklashausen a dos clérigos experimentados y con sólidos conocimientos bíblicos, con la finalidad de desacreditar al joven predicador y hacerlo aparecer como un charlatán frente a la multitud. En repetidos duelos verbales, Hans Böhm pudo poner a prueba sus cualidades oratorias. La justeza y pertinencia de su argumentación, que le permitió poner en aprietos a clérigos versados en cuestiones teológicas, tomó desprevenidos a los enviados.