Rufino Jacinto de Elizalde (Buenos Aires, 16 de agosto de 1822 - Buenos Aires, 13 de marzo de 1887) fue un político y diplomático argentino, ministro de Relaciones Exteriores de los presidentes Bartolomé Mitre y Nicolás Avellaneda.
Biografía Elizalde nació en Buenos Aires el 16 de agosto de 1822. Vivió sesenta y cinco años, hasta el 13 de marzo de 1887. Por la rama paterna fue nieto de José Martínez de Elizalde, un navarro que llegó al Río de la Plata en 1780 procedente de la villa de Oyan, cerca de Pamplona. La esposa de éste, su abuela María Ignacia González, fue una porteña perteneciente a una de las más antiguas familias de comerciantes españoles de la colonia. Un hijo de ambos que fue su padre, Rufino José, participó de las invasiones inglesas y la guerra de la independencia como oficial de ejército y marcó con su ejemplo el destino patriótico de su hijo mayor. Esa carrera militar al servicio de la patria naciente lo llevó al padre de Elizalde a la frontera con los portugueses y al sitio de Montevideo. Por la rama materna, Elizalde fue también descendiente de vascos, aunque tuvo por ese lado un abuelo realista. De hecho, el próspero comerciante porteño Francisco de Beláustegui, nacido en Forn, Vizcaya y llegado a Buenos Aires en 1783, votó porque subsistiera el Virrey en el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810. Nunca aceptó el casamiento de su hija Petrona con el patriota que lo sitió en Montevideo. De esta unión nacieron ocho hijos en la casa de la calle del Parque, siendo Rufino Jacinto el mayor. Todos se criaron en este hogar políticamente diverso, de padre patriota, rivadaviano y liberal y madre de ascendencia realista y rosista.
Formación y primeras actuaciones públicas
Hijo del militar Rufino José de Elizalde y de Petrona Beláustegui, en 1843 Elizalde se graduó en derecho civil y en 1846 se recibió de abogado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, pagando sus estudios con su propio trabajo. El joven abogado practicó derecho en Buenos Aires con su hermano Francisco y con su padrino y tío político por el lado materno, Felipe Arana, quien fuera Ministro de Relaciones Exteriores de Juan Manuel de Rosas. Felipe Arana le transferiría la atención de los asuntos mercantiles y jurídicos de su suegro, y a la vez abuelo de Elizalde, Francisco de Beláustegui, persona muy allegada al gobernador Juan Manuel de Rosas. En esos años, Elizalde frecuentaba San Benito de Palermo, donde se encontraba entre los invitados de Manuelita Rosas, junto con su amigo Bernardo de Irigoyen.
Su actuación en esa época fue contradictoria, ya que se escribía con jóvenes de todas las tendencias, desde notorios rosistas como Bernardo de Irigoyen, el hijo del gobernador de Entre Ríos Justo José de Urquiza —a quien reprochaba haberse puesto en contra de Rosas, aún en privado— hasta otros enrolados claramente en el Partido Unitario, como su hermano Francisco Elizalde, José Mármol y Ángel de Elía. De acuerdo a las investigaciones del historiador Bernardo González Arrili, Elizalde habría sido íntimamente partidario de los unitarios y seguidor de las ideas de Esteban Echeverría. Otros autores afirman que una indignada misiva a Diógenes de Urquiza cuando se estaba preparando el Pronunciamiento del año 1851 estaba orientada a engañar la vigilancia de los rosistas, ya que íntimamente habría compartido las ideas del caudillo entrerriano.DE LA VEGA MARZARI, TOMÁS (2017) "Rufino de Elizalde: La evolución de su pensamiento político". Trabajo de Investigación para la cátedra Historia Argentina I UNCuyo, FFyL.
El Estado de Buenos Aires
Apenas producida la caída de Rosas en la batalla de Caseros, en 1852, se apresuró a felicitar al general Urquiza, y se convirtió en uno de sus contertulios habituales durante el tiempo en que este estuvo en Buenos Aires. Fue nombrado asesor general y Defensor de pobres y ausentes.
Inmediatamente después de la Batalla de Caseros se fundó el Partido Liberal, del que Elizalde fue parte, y los seguidores de Bartolomé Mitre proclamaron que Buenos Aires debía ser cabeza e inspiración de la institucionalización federal del país. Fue uno de los fundadores del Club del Progreso, del cual fue presidente durante cuatro períodos seguidos; este no era un club social sino un verdadero partido político, claramente enfrentado a la postura de Urquiza. A fines de ese año fue teniente de Guardias Nacionales en la defensa de la ciudad contra el sitio al que la sometió el general Hilario Lagos y luego, en 1854, fue elegido diputado del Estado de Buenos Aires y fue fiscal de Estado. Durante las violentas elecciones de 1857, fraguó una acusación de conspiración contra la oposición federal y cerró seis diarios opositores; esa fue su principal actividad en ese período, con lo que consiguió un lugar como senador provincial. Poco antes de la batalla de Cepeda de 1859 acusó de sedicioso al periódico federal La Reforma Pacífica, dirigido por Nicolás Calvo, que pretendía que la provincia se reincorporara a la Nación Argentina, y también lo cerró.
Después del Pacto de San José de Flores fue convencional constituyente en 1860 y, como firme aliado de Bartolomé Mitre, lo acompañó como ministro de hacienda en su gobernación. Después de la batalla de Pavón, fue elegido senador nacional, pero no ocupó el cargo por mucho tiempo.
Ministerio de Relaciones Exteriores
En 1862, al asumir la presidencia, Mitre lo nombró su ministro de Relaciones Exteriores. Su primera medida importante, después de reemplazar los embajadores de la Confederación en Europa, fue rechazar los tratados de alianza con Chile y Perú, anunciándoles el inicio de una política de sumisión a los intereses europeos, especialmente ingleses.•
En abril de 1863, el general uruguayo Venancio Flores, con la colaboración de Elizalde y otros miembros de su partido, organizó una invasión a su país. Recibió del gobierno argentino cientos de armas y una cañonera para trasladarse hacia Uruguay, y apenas llegó, recibió abundantes refuerzos desde Buenos Aires, Corrientes y Brasil. El presidente Bernardo Berro se quejó al gobierno argentino del apoyo oficial a la invasión, pero Elizalde contestó, que el gobierno argentino era neutral y no ayudaba oficialmente a Flores, y que las armas eran "vendidas por particulares", aunque la realidad era que habían sido pagadas por el gobierno argentino. Cuando el ejército uruguayo capturó un barco argentino que estaba descargando armas, Elizalde exigió la devolución del barco y de las armas, una disculpa oficial y el arresto del oficial que había hecho la captura; Berro no respondió al abuso.
Con la ayuda del ejército brasileño, Flores derrotó a las fuerzas del gobierno en Mercedes y en Salto. Poco después, la flota brasileña —aprovisionada en Buenos Aires— destrozó la ciudad de Paysandú, fusilando a continuación a todos los oficiales y muchos soldados de la defensa. Los brasileños sitiaron a Montevideo desde el río y el ejército de Flores hizo lo mismo desde el Cerrito, consiguiendo la rendición del gobierno legal.
Poco antes de la caída de Montevideo, el presidente paraguayo Francisco Solano López había pedido permiso al gobierno argentino para pasar a través de Corrientes para ayudar al gobierno legal uruguayo. La Argentina había permitido pasar por su territorio a las tropas brasileñas y las de Flores, de modo que López pretendía hacer uso de la misma neutralidad para cruzar territorio correntino y atacar a Brasil. La respuesta de Elizalde fue enojarse cínicamente por el pedido, ya que su neutralidad le permitía hacer diferencias, y exigir una disculpa de López. Por toda respuesta, este declaró la guerra al gobierno de Buenos Aires. Pero cuando su representante llegó a Buenos Aires, ya la guerra estaba en marcha: los paraguayos habían tomado las ciudades de Corrientes y Uruguayana, iniciándose así la guerra de la Triple Alianza.
Mitre declaró la guerra a López, alegando que Corrientes había sido atacada sin declaración de guerra, aun cuando Elizalde y Mitre sabían que la declaración venía en camino. Unos días más tarde, Elizalde firmó con los representantes de Brasil y Uruguay el Tratado de la Triple Alianza, que en su parte pública declaraba que se estaba en guerra contra López, no contra el Paraguay. Pero tenía también una parte secreta, en que se estipulaba el reparto de cerca de la mitad del territorio paraguayo entre el Brasil y la Argentina, además de preverse elevadas indemnizaciones. El tratado permaneció secreto hasta 1867, cuando se hizo público. Muchos políticos argentinos y extranjeros denunciaron la injusticia de una guerra que se decía era contra un tirano, pero que llevaba al reparto de territorio por parte de los vencedores.•
En 1867, Elizalde dio un paso crucial en su carrera al lanzar su candidatura presidencial, aunque esta decisión iba en contra de la realidad política del momento. De acuerdo con los deseos manifiestos del presidente Mitre, Justo José de Urquiza consideró un acto patriótico respaldar el gobierno de continuidad que proponía la candidatura de Elizalde. Sin embargo, la situación en las provincias era de gran agitación, y se esperaba que la sublevación en Córdoba se sumara a la reacción contra Buenos Aires. El presidente provisional Marcos Paz se sentía sin autoridad suficiente y exigió el regreso del presidente desde Paraguay, quien en ese momento recibía el consejo de Elizalde en relación con la crisis. Finalmente, Mitre retornó en febrero de 1867 y permaneció en Buenos Aires, logrando sofocar la rebelión. En julio, volvió al frente de batalla, dejando la situación política bajo control. No obstante, en el marco de las elecciones de renovación presidencial, el presidente provisional Paz complicó la labor de los ministros nombrados por Mitre, lo que provocó que el 4 de septiembre de 1867 renunciaran los titulares de Interior, Instrucción Pública y Relaciones Exteriores con el objetivo de “poner fin al malestar que afectaba la administración”. Marcelino Ugarte asumió la cancillería en lugar de Elizalde, mientras continuaban la guerra con Paraguay, los conflictos civiles en las provincias y la epidemia de cólera en Buenos Aires.
Invitado a pronunciarse sobre las candidaturas presidenciales liberales en un momento en que Elizalde parecía ser el candidato con mayores probabilidades, Mitre redactó el 28 de noviembre de 1867 su “testamento político” desde Tuyu-Cué. En este documento expresó su decisión de no respaldar a ningún candidato, permitiendo así que el pueblo se expresara con libertad. Esta postura desconcertó a Elizalde, quien, no obstante, la aceptó en una carta enviada a Mitre el 9 de diciembre de 1867, aunque dejó claras sus discrepancias respecto a las condiciones del proceso electoral, la calidad de los gobiernos provinciales encargados de elegir y el impacto del rol de Mitre en dicho proceso. En una carta posterior, del 16 de diciembre, Elizalde añadió: “La cuestión electoral depende en su mayor parte del estado de la guerra del Paraguay. Si termina antes de la elección, y bien, como ya se tiene certeza, no habrá lucha con algunas candidaturas”. Los partidarios de la candidatura de Sarmiento aprovecharon la oportunidad para actuar con mayor libertad, lo que dio lugar a la primera contienda electoral auténtica en el país.