El Principado de Serbia (en serbio: Kneževina Srbija, escrito en alfabeto cirílico: Кнежевина Србија) fue un Estado que existió entre los años 1815 y 1882. Fue fundado después de la Segunda Insurrección Serbia en 1817 y existió hasta 1882, cuando fue proclamado el reino de Serbia.

Antecedentes El bajalato de Belgrado era a finales del siglo y principios del un territorio limitado fundamentalmente por el río Drina al oeste, el Danubio y el Sava al norte, y los territorios búlgaros al este. Su principal actividad económica era la cría de ganado, sobre todo porcino, su exportación, actividad a la que se dedicaban los dos caudillos principales de los alzamientos serbios que llevaron al establecimiento del principado autónomo a comienzos del siglo . Los cerdos se criaban libres en los grandes bosques de roble del territorio; la agricultura, secundaria frente a la ganadería, se practicaba en los claros forestales, y sus productos se dedicaban al consumo interno. La región era deficitaria en grano, que se importaba de las llanuras húngaras del norte. La sociedad se organizaba en clanes, denominados «zadruga», que componían algunas familias, normalmente emparentadas.

Al frente de la administración de la unidad administrativa estaba el bajá, representante del sultán otomano, que residía en Belgrado. Como territorio fronterizo que era, contaba con una serie de guarniciones de jenízaros. Unos novecientos cipayos, que normalmente residían en las poblaciones grandes, se repartían el grueso de las tierras en calidad de feudos, que explotaban pero no podía legar. Los campesinos tampoco poseían las tierras que trabajaban, pero las disfrutaban en usufructo, como arrendatarios. Los notables de los pueblos estaban encargados de la recaudación de los impuestos tanto para los cipayos como para el sultán, que no eran nada onerosos. La administración otomana era indirecta y la población serbia tenía escaso contacto con ella. El campo era totalmente serbio; los elementos foráneos (turcos, judíos y griegos), se concentraban en las ciudades. Los pueblos gozaban de amplia autonomía: elegían un señor (knez), al igual que cada distrito elegía otro superior (oborknez). Estos notables eran los intermediarios entre la Administración imperial y los cipayos y los campesinos. La región carecía de aristocracia, eliminada por los turcos. El desbaratamiento de este sistema administrativo a finales del siglo fue la causa principal de las rebeliones que originaron el surgimiento del principado autónomo serbio. En efecto, a finales del siglo y principios del siguiente, el debilitamiento de la autoridad del sultán permitió a un conjunto de notables musulmanes y proscritos imponerse como supuestos «protectores» de los campesinos, a los que sometieron a nuevos tributos (se mantuvieron los que pagaban a los cipayos), transformándose en la práctica en una especia de señores feudales paralelos al sistema administrativo tradicional.

En el siglo , los austriacos ocuparon durante unos treinta años (1718-1739 y 1788-1791) un territorio que coincidía aproximadamente con el sanjacado de Belgrado —llamado habitualmente Serbia—, al que otorgaron cierta autonomía en la gestión de los asuntos locales, que mantuvo el sultán otomano Selim III cuando recuperó el territorio, tanto para ganarse el favor de la población a sus reformas como para evitar nueva emigración serbia al vecino Imperio austriaco. Según lo pactado con los austriacos, Selim expulsó a los revoltosos jenízaros del sanjacado y perdonó a los que habían combatido en las filas austriacas. Las medidas del sultán permitieron que la última década del siglo fuese de paz, lo que contrastaba con la guerra casi incesante de las anteriores y con la inestabilidad de otras regiones otomanas balcánicas. La provincia gozaba de bastante autonomía, mantenía el comercio con los austriacos y se gobernaba casi como una confederación de pueblos. El sultán permitía a los serbios portar armas y recaudar impuestos. El territorio contaba por entonces con unos cuatrocientos mil habitantes, un 10 % de los cuales eran musulmanes, concentrados en las ciudades. Los jenízaros, sin embargo, buscaron el amparo del vecino pachá de Vidin, Pazvantoğlu, rebelde al gobierno del sultán. Desde la provincia vecina, corrían el territorio belgradense. Amenazados por los jenízaros entregados al pillaje y por el rebelde Osman Pazvantoğlu que señoreaba territorios vecinos y se había coligado con aquellos, los serbios y el sultán se aliaron para hacerles frente. El pachá permitió la formación de unidades militares serbias con jefes nativos para combatir a los rebeldes; la liga resultó temporalmente efectiva y en 1798 los rebeldes fueron vencidos.

La campaña napoleónica en Egipto y Siria, sin embargo, debilitó al Gobierno otomano y extendió la rebelión de jenízaros y bandas armadas por las provincias. La pacificación de la región, casi completada por entonces, con las sucesivas derrotas de los rebeldes por la colaboración de las fuerzas gubernamentales y las auxiliares formadas por la población cristiana para acabar con los abusos de los alzados, quedó desbaratada. El Gobierno otomano tuvo que pactar con los jenízaros y permitirles volver al territorio belgradense; teóricamente, debían respetar la autoridad del Gobierno regional, pero pronto infringieron esta condición y sumieron el territorio nuevamente en el caos. El Gobierno constantinopolitano, alarmado por la derrota de los musulmanes a manos de las milicias cristianas serbias, ordenó que el pachá volviese a admitir a los jenízaros en el territorio. Los rebeldes al gobierno constatinopolitano se apoderaron del sancajado de Belgrado en 1804, tras asesinar al pachá, que había enviado sus fuerzas contra Pazvantoğlu. Los jenízaros sometieron el sanjacado al saqueo, que afectó tanto a los serbios como a los cipayos; estos se rebelaron, pero fueron vencidos. Los notables serbios solicitaron entonces el socorro del sultán, que amenazó a los jenízaros con enviar contra ellos un ejército no musulmán. Para impedirlo, aquellos decidieron asesinar a los notables serbios; pretendían así desbaratar la formación de las milicias que habían combatido tan eficazmente contra ellos y Pazvantoğlu. El asesinato de setenta notables desató la rebelión de la provincia, aterrorizada por los desmanes de los jenízaros.

La primera rebelión serbia (1804-1813)

La rebelión serbia, acaudillada esencialmente por proscritos que encuadraron a los campesinos, en realidad fue una lucha entre los jenízaros rebeldes a la autoridad del sultán, que empleaban también tropas serbias, y los notables insurrectos, que contaron también con la colaboración de los terratenientes cipayos. El primer grupo de rebeldes en alzarse contra los jenízaros que se habían adueñado de la provincia fue el de Karađorđe Petrović, un comerciante de ganado y notable de la región de Šumadija, en febrero de 1804. Surgieron varios núcleos de fuerzas serbias contra los jenízaros, que en febrero de 1804 aceptaron a Petrović como jefe. Las disputas internas entre los caudillos rebeldes, sin embargo, fueron continuas; cada uno trataba de mantener su poder, normalmente basado en una comarca o población.

A finales de ese año, los jefes serbios lograron expulsar a los jenízaros del bajalato, pero, en los combates, acabaron además con la estructura administrativa, fiscal y militar otomana en el territorio. La debilidad del Gobierno le impidió sofocar las revueltas en la provincia y, al no poder emplear otras tropas que los brutales irregulares bosnios, transformó el alzamiento contra los jenízaros, que, en principio, buscaba la restauración del régimen reformista del sultán, en una guerra de independencia. Karađorđe Petrović, el caudillo de la primera y fallida primera insurrección serbia.|izquierda|miniatura|150px Los rebeldes buscaron la ayuda de las potencias europeas; Rusia convenció a Petrović para que rechazase los intentos otomanos de conciliación pero, cuando Napoleón la invadió en 1812, se apresuró a pactar con los otomanos. Rusia se había conformado con que Constantinopla restaurase la autonomía del sanjacado; Petrović rechazó el tratado, en cuya redacción no había participado, y el Gobierno del sultán se aprestó para aplastar la rebelión, pese a las promesas hechas a los rusos. El rechazo a la vuelta del gobierno otomano llevó a los rebeldes a emprender la expulsión de la población musulmana de la región, lo que no sirvió para impedirlo; la milicia que defendía el territorio insurrecto fue vencida en el verano de 1813. Entre agosto y octubre, los otomanos recobraron el territorio. Parte de los rebeldes huyó al extranjero, tanto a Austria como a Rusia. Las represalias de las tropas otomanas, fundamentalmente albanesas y bosnias, fueron brutales: se quemaron aldeas, hubo matanzas, empalamientos y toma de esclavos. A la pérdida de población se sumó el hundimiento de la economía, con el desbaratamiento del comercio con Austria. El Gobierno otomano infringió el tratado con Rusia e impuso el control directo de la provincia, a la que regresó la población musulmana, que también se vengó de los desmanes sufridos durante la fallida rebelión.

La segunda rebelión serbia (1815)

En abril de 1815, estalló una segunda rebelión, encabezada esta vez por Miloš Obrenović, uno de los jefes de la primera. De nuevo, los rebeldes no combatían en principio contra el sultán, sino contra los abusos que cometían los que ostentaban el poder en la provincia. En principio y hasta que Rusia intervino el 30 de septiembre, los otomanos enviaron dos ejércitos, uno desde Bulgaria y otro desde Bosnia a los límites del territorio rebelde. Tanto los alzados como el Gobierno imperial se mostraron pronto dispuestos a negociar y las conversaciones entre las dos partes comenzaron en noviembre. Merced a los acuerdos alcanzados en 1815 y 1816, la provincia recuperó su autonomía y Obrenović quedó como representante del territorio ante el sultán, con el título —no hereditario— de príncipe. Rusia asumió el papel de protectora del territorio, si bien Francia, el Reino Unido y, en especial por su vecindad, el Imperio austriaco, también gozaron de influencia. El territorio controlado por Obrenović, que coincidía con el del bajalato, ocupaba 24 440 km². Por entonces, el territorio dominado por los rebeldes, muy boscoso, contaba con unas nueve ciudades principales, tres menores, siete pequeñas y unos mil cuatrocientos pueblos y aldeas, inmersos en el denso bosque. La capital se fijó en Kragujevac.

En octubre de 1826, Rusia logró el reconocimiento explícito de la autonomía serbia en la Convención de Akkerman. Para el Gobierno otomano, la firma de la convención fue una mera treta para ganar tiempo, pues no tenía intención de aplicarla. La falta de cumplimiento hizo que Rusia le declarase la guerra en abril de 1828; el conflicto concluyó con el Tratado de Adrianópolis de septiembre de 1829.

La guerra de independencia de Grecia y la posterior guerra ruso-turca de 1828-1829 alargaron las negociaciones serbo-otomanas, que se centraron en el mantenimiento de la autonomía de la región. La derrota otomana en ambas contiendas hizo que el sultán finalmente concediese una autonomía legal al territorio en 1830. Los insurrectos griegos trataron de que los serbios participasen en un levantamiento general cristiano en los Balcanes contra los otomanos, pero Obrenović lo consideró una temeridad y rehusó participar. Petrović, que regresó a Serbia en julio de 1817 para hacerlo, fue asesinado por orden de Obrenović. El homicidio originó la enemistad entre las dos familias, que formaron las dinastías rivales que se disputaron el trono hasta 1903. Ese mismo año, una asamblea formada por sus partidarios le hizo príncipe hereditario de Serbia, pero el Gobierno otomano no lo reconoció como tal hasta 1830.

Principado autónomo otomano Príncipes de Serbia Miloš Obrenović (1815-1839), primer reinado. Milan Obrenović II (1839) Miguel Obrenović III (1839-1842), primer reinado.