El Teatro Eslava es un local de espectáculos de Madrid, situado en la calle del Arenal, entre la Puerta del Sol y Ópera, en uno de los espacios más céntricos de la capital de España. Promovido por el empresario Bonifacio Eslava, sobrino del músico Hilarión Eslava, el edificio original, un pequeño salón, fue diseñado y construido por el arquitecto Bruno Fernández de los Ronderos y se inauguró el 30 de septiembre de 1871,Revisando las efemérides de la prensa madrileña, el cronista Pedro de Répide recoge la noticia de que el Salón Eslava se inauguró con un concierto a cargo de los pianistas Zabalza, Mendizabal y Compta, seguido de dos comedias: Como el pez en el agua y No siempre lo bueno es bueno. con el nombre de Salón Eslava y capacidad para un millar de espectadores.Fue reformado en 1873 (Leyva), 1915 (Martínez Sierra), 1956 (Escobar) y 1979 (Trapote). En 1998, siendo ya discoteca Joy Eslava, sufrió un aparatoso incendio, aunque solo se dañaría seriamente la cúpula, que tuvo que ser restaurada, perdiéndose los frescos originales. Llegó a ser muy popular como plataforma de las diversas facetas del teatro popular, desde el «género chico» a la revista,En el Eslava debutó en 1926, la popular vedette Celia Gámez. aunque también llegó a estrenar a autores como Arniches, Gala, Lorca o Valle Inclán. A lo largo de su historia el Teatro Eslava ha contado con empresarios como Felipe Ducazcal, Gregorio Martínez Sierra o Luis Escobar, y estuvo cerrado en varias ocasiones. En 1981, tras un periodo como local de cabaret —con estrellas como Concha Velasco y Norma Duval— se convirtió en la macrodiscoteca Joy Eslava, que luego pasó a ser el Teatro Joy Eslava.

Historia El viejo Eslava thumb|Proyecto de Fernández de los Ronderos en 1870, para la fachada del Teatro Eslava de Madrid. Museo Municipal de Madrid. Un insólito depósito de pianos miniaturadeimagen|Soledad Yuste y Malpica, viuda de Bonifacio Eslava, 1906. El viejo Eslava del pasadizo de San Ginés, número 3, nació como "edificio destinado a depósito y montura o conclusión de pianos y calcografía musical", así figura en la licencia solicitada por Bonifacio Eslava, sobrino del reconocido músico y compositor Hilarión Eslava, Bonifacio será reconocido con una de las máximas distinciones de la monarquía, ya que se le concederá el Toisón de oro por crear la primera fábrica de pianos en España, “Pianos Eslava”, al mismo tiempo que crea la editorial musical “Eslava”. El empresario Bonifacio Eslava encargó al arquitecto Fernández de los Ronderos un modesto teatrito con puerta al pasadizo de San Ginés. El supuesto depósito partió de una nave rectangular con una sala para conciertos. Tras una última revisión municipal el 14 de agosto de 1871, el Ayuntamiento le dio licencia para el 20 de diciembre. Pero las prisas por estrenar el nuevo salón adelantaron la fecha de inauguración al 30 de septiembre de ese año.

Martínez Olmedilla describe el Salón Eslava "destartalado y mezquino", un café-teatro que a pesar de las posteriores mejoras y ampliación seguiría siendo "desgarbado y feote". Lo cierto es que el Café Granada, abierto por Bonifacio Eslava como parte de la obra del edificio y con acceso a la sala, era un lujoso reclamo para el público de la época. Pero al parecer las veladas musicales no resultaban rentables y en 1873, Eslava alquiló el salón al empresario José Leyva, que integró el Granada en el cuerpo del teatro, adaptando el pequeño coliseo a los gustos del momento (los cafés-teatro para teatro por horas). La obra completaba el proyecto de Fernández de los Ronderos con una distribución en dos pisos, dos elegantes escaleras y una capacidad para mil doscientos espectadores, distribuidos en sus 364 butacas de rejillas, en la platea, doce palcos para seis personas en cada piso y 672 asientos de gradas de platea y principal. El techo y la embocadura del escenario se le encomendaron a Antonio Vallejo, las decoraciones a López, Viviani y Bielsa, y el telón —representando "Un sueño de Beethoven" — a Ferri y Bussato, (según recoge un estudio de Carmen Simón Palmer publicado en 1965). Con el tiempo, café y salón se harían tan populares que el libreto de La Gran Vía —estrenada en 1886— lo inmortalizó en el cantable:

Leyva, decidido a convertir al Eslava en líder de la sicalipsis, barajando el "juguete cómic" con la"zarzuela liger", le robó al teatro de la Comedia a Ricardo Zamacois, el gran cómico del momento, y completó la compañía con Ramón Rosell y Antonio Riquelme. En 1881 se trajo también a José Mesejo. miniaturadeimagen|Matilde Yuste y Malpica, sobrina nieta de Hilarión Eslava, 1895. En la última década del , Díaz de Escovar y Lasso lo describen en su Historia del Teatro Español como «un teatro muy bonito y espléndidamente decorado, con una compañía excelente y un empresario muy rumboso». Siguiendo el contexto el «rumboso» empresario resulta ser Eduardo López que, al perder a la tiple Rosa Fuertes al inicio de la temporada de 1894-95, se hace con Luisa Campos, robándosela al Teatro Apolo, desde donde había cautivado al público madrileño.

Vicente Lleó, el faraón thumb|left|180px|Julia Fons y el tenor González interpretando respectivamente a "Lota" y "El Casto José", en el estreno en el Eslava (1910). Tras una breve pero intensa estancia en el Eslava del tándem Loreto Prado y Enrique Chicote, con momentos históricos como el estreno de A las puertas de la Gloria, drama de Martínez Viérgol, en el que Loreto vivió con tanta intensidad la muerte de la protagonista, de angina de pecho, que sufrió un pequeño colapso... Tomó la dirección del local el valenciano Vicente Lleó, maestro del «género chico». Fue un periodo «memorable» según lo califica Olmedilla, a pesar de coincidir con el "trust teatral" que Lleó y el músico Amadeo Vives habían formado codirigiendo tres grandes locales del momento, el Teatro de la Zarzuela (feudo de Vives), el Teatro Cómico y el propio Eslava. Recién disuelto el "trust", Lleó llevó a las tablas del viejo Eslava una obra musical suya con libreto de Guillermo Perrín y Miguel de Palacios, La corte del faraón, estrenada el 21 de enero de 1910. Aquella copia castiza de la opereta francesa Madame Putiphar y un cartel de señoritas como Julia Fons, Carmen Andrés y María López Martínez, con el refuerzo de un cómico como Ramón Peña y la ocurrencia de Manuel Fernández Palomero, que Lleó convirtió en el irresistible Ay! ba, llenaron durante dos temporadas seguidas las arcas del Eslava. Explica Olmedilla que el "río de oro se convirtió en catarata" cuando, agotado "el caudal del Nilo" Lleó puso en escena El conde de Luxemburgo en adaptación de Juan José Cadenas. El autor y empresario, que en esos días llegó a fundar un diario, La Noche, con Antonio Palomero como director, decide que es el momento de ampliar el aforo, se embarca en obras y gastos sin límite... Pero ni el renovado Eslava ni una gira americana en busca de dinero pudieron salvarle de la ruina. El faraón valenciano murió en Madrid, en una modesta casa de huéspedes de la calle Augusto Figueroa, coincidiendo con el estreno en el Apolo de su Ave, Caesar!.

Periodo Martínez Sierra (1916-1926) thumb|Catalina Bárcena y Ricardo de la Vega en el primer acto de «La adúltera penitente», comedia del dramaturgo del siglo de Oro Agustín Moreto, adaptada por María Lejárraga, con ilustraciones musicales del maestro Turina, y estrenada en el Eslava. Fotografía de Kaulak, publicada en La Esfera (01-01-1917).

La asociación, profesional y sentimental, del astuto y emprendedor Gregorio Martínez Sierra con la actriz Catalina Bárcena escogió las tablas de un Eslava agotado por la sicalipsis. El cambio supondría un interesante capítulo en la evolución de la dramaturgia española del primer cuarto de . Así, el 24 de diciembre de 1916, inició su andadura el "Teatro de Arte", precursor de las fórmulas teatrales de ensayo que Gregorio había traído de su viaje a París en 1905, y que en la década de 1920 ampliaría Cipriano Rivas Cherif ("Teatro de la Escuela Nueva", "El Mirlo Blanco", "El Cántaro Roto" y "El Caracol"). La obra que abrió el ciclo fue El reino de Dios, un drama escrito por María Lejárraga, firmado por Martínez Sierra e interpretado por la Bárcena. Pero el proyecto del nuevo empresario del Eslava era tan amplio como ecléctico, alternando géneros tan variados como el drama, la comedia, las variedades, el teatro para niños o la pantomima. Todo ello reforzado con la colaboración de músicos como Manuel de Falla, Conrado del Campo, Pablo Luna, María Rodrigo o Jacinto Guerrero y escenógrafos de nuevo cuño como Rafael Barradas, Manuel Fontanals y Sigfrido Burmann, el único que tenía experiencia anterior en escenografía, al haber trabajado con Max Reinhardt.

Aunque la mayoría de la producción literaria salió del escindido círculo familiar entre Gregorio y María de la O, el empresario dio cancha a otros autores y proyectos: Felipe Sassone que triunfó con A campo traviesa, Eduardo Marquina con El pavo real (en realidad un cuento de Oscar Wilde), el fracaso de Lorca con El maleficio de la mariposa y, como auténtica revelación, la puesta en escena de "La Argentinita" de la 'farsa mímica' en dos cuadros compuesta por Falla y presentada en el Eslava el 7 de abril de 1917, El corregidor y la molinera (luego El sombrero de tres picos).

El escenario de un crimen Habiendo aceptado Martínez Sierra la comedia Los gorriones del Prado del casi novel Alfonso Vidal y Planas, "autor bohemio y un tanto desequilibrado", se presentó el dramaturgo bilbaíno Luis Antón de Olmet con intención de saltarse el turno y estrenar primero. No aceptó el empresario y se puso en escena la comedia de Vidal, con un rotundo fracaso, atribuido por el autor de Los gorriones del Prado al sabotaje promovido por Olmet, impaciente por estrenar su obra. Así las cosas, y estando Olmet en el Eslava el 2 de marzo de 1922, dando los últimos toques al inminente estreno de su obra El capitán sin alma, cuenta la prensa de la época que apareció Alfonso Vidal en el teatro y, tras una discusión y muchas voces e insultos (y con el agravante de una mujer por medio), usó su pistola Star del calibre 9 para 'defenderse de Olmet' que intentaba estrangularle. Poco después, Luis Antón de Olmet fallecía en la Casa de Socorro. miniaturadeimagen|María Berenguer Yuste, 1918. Durante este largo periodo de éxitos continuos y donde era común ver a miembros de la familia Borbón y al mismísimo Alfonso XIII, ocupando el palco del proscenio, palco reservado siempre a la familia Eslava, el teatro pasó a manos de los hijos y sobrinos de Bonifacio Eslava, siendo el encargado de gestionar el patrimonio el primogénito varón de la dinastía, de nombre también Bonifacio, Bonifacio San Martín Guichot, pero que se le conocería como a su padre por Bonifacio Eslava. Con él, el negocio crecería y abriría una serie de joyerías y un salón de juego, todos negocios exitosos que junto al teatro harían que fuera un reconocido empresario. Nunca dio el salto a empresario teatral, el lujoso y reconocido teatro siempre fue propiedad de la familia Eslava, pero la explotación empresarial siempre estuvo en manos de terceros. Una vez fallece en 1934, Bonifacio, su viuda Soledad Yuste Malpica, dama aristocrática de la sociedad madrileña queda al cargo de la gestión de un importante patrimonio y del Eslava.

Al final, Alfonso Vidal y Planas, condenado a 12 años de cárcel, solo cumplió 3.Siguiendo el anecdotario de Martínez Olmedilla, un oscuro fatum persiguió a Vidal y Planas. Estando en Almería poniendo en escena Santa Isabel de Ceres con la compañía de Alfonso Tudel, "la bellísima actriz Conchita Robles fue asesinada en escena por su esposo, que se suicidó seguidamente". Pero el Eslava quedaría maldito, Martínez Sierra se fue a hacer las Américas y el viejo teatro entró en un periodo oscuro del que no saldría hasta 1926, cuando la vedette argentina Celia Gámez montó allí su cuartel general, que abandonó con los primeros cañonazos del golpe de Estado de julio de 1936.