El Cap Arcona fue un transatlántico alemán que operaba en la línea entre Hamburgo y Sudamérica. Fue hundido al final de la Segunda Guerra Mundial, el 3 de mayo de 1945, en la bahía de Lübeck y en su interior perdieron la vida 4.500 prisioneros de los campo de concentración de Neuengamme y Stutthof. Junto con este navío, en el mismo ataque fueron hundidos los barcos Athen, Deutschland y Thielbeck, cargados del mismo modo; el total de víctimas fue de 7 500 personas.Watson, Robert, The Nazi Titanic: The Incredible Untold Story of a Doomed Ship in World War II, Da Capo Press, 2016
La tragedia, ignorada aún hoy en día por el mundo, según algunos provocada a propósito por fuerzas de las SS en el ocaso del nazismo, censurada por los ingleses y franceses, constituye una de las mayores tragedias marítimas de la historia alemana y del mundo, junto al , el y el , ocurridos en el mismo escenario bélico con solo meses de diferencia.
Historia miniaturadeimagen|izquierda|Planos del Cap Arcona. miniaturadeimagen|izquierda|Maqueta del Cap Arcona. miniaturadeimagen|izquierda|Botadura del transatlántico alemán Cap Arcona, 14 de mayo de 1927.
Construido en los astilleros Blohm & Voss de Hamburgo, el Cap Arcona fue botado el 14 de mayo de 1927. Su nombre hace referencia al cabo Arkona en la isla de Rügen. Considerado la "reina del Atlántico Sur", el Cap Arcona, un vapor rápido de 27.572 toneladas de carga, era la nave insignia de la flota de transatlánticos de la HSDG (Hamburg-Südamerikanische Dampfschifffahrts-Gesellschaft) de Hamburgo. Un buque muy lujoso, esbelto, de propulsión acoplada a tres chimeneas rojas y blancas. Su silueta era muy semejante al . En su interior, ningún detalle estaba dejado al azar: mobiliario de excelente factura, suite real, camarotes victorianos, jardín de invierno, gimnasio y cancha de tenis.
Un buque excepcional que sirvió de plató de decorado, en 1942, para la versión alemana de una película de propaganda nazi sobre el naufragio del RMS Titanic, dirigida por Herbert Selpin.
Durante 12 años, el Cap Arcona realizó ininterrumpidamente los fabulosos cruceros que le dieron reputación. En 1933 era el orgullo del Tercer Reich y navegaba con bandera nazi por todos los océanos. El 25 de agosto de 1939 fue destinado al servicio de guerra. Tras la invasión de Polonia, el vapor fue amarrado al muelle en el puerto de Danzig (Gdansk) y utilizado como vivienda flotante de la Kriegsmarine.
En 1944, ante el avance de las tropas soviéticas, el buque recibió la misión de transportar soldados entre Danzig y Copenhague, pero los motores se averiaron durante la travesía. Fue remolcado entonces a un astillero escandinavo, donde los repararon y pudo regresar a Alemania. Cuando ancló en la bahía de Lübeck (puerto alemán del mar Báltico), el 14 de abril de 1945, el Cap Arcona estaba casi inservible. La Kriegsmarine decidió, pues, restituirlo a la compañía marítima Hamburg-Süd.
Origen de las víctimas thumb|Una identificación, un pasaporte y una carta de prisionero de guerra utilizados por un exmiembro de la tripulación del barco SS Cap Ancona.
Mientras se encontraba anclado en la bahía de Lübeck, se convertiría en la segunda tragedia marítima, por número de fallecidos, más grande de la historia, porque el 14 de abril de 1945, Heinrich Himmler, Reichsführer de las SS, dio la orden de que ningún prisionero del campo de concentración de Neuengamme llegara con vida a manos de los aliados para evitar juicios futuros.
Para que las atrocidades de los campos de exterminio quedaran ocultas para siempre, las SS decidieron hacer desaparecer a todos los deportados antes de que llegaran los aliados. Comoquiera que la eliminación de los cuerpos iba demasiado lenta, decidieron vaciar entonces los campos de concentración y sacar a los deportados por las carreteras y someterlos a infernales marchas a pie hasta el puerto de Lübeck.
Así, cuando el 4 de mayo de 1945 las tropas aliadas llegaron al campo de concentración de Neuengamme (el más grande de Alemania, a 25 kilómetros de Hamburgo), estaba completamente vacío. Sin embargo, desde 1938 hasta mayo de 1945 había recibido aproximadamente 106.000 deportados de todas las nacionalidades, ante todo franceses y rusos. Allí fueron encerrados, particularmente, unos 11.000 franceses, de los cuales sólo sobrevivieron algunos centenares.
Las “caminatas de la muerte” adquirieron dimensiones trágicas y constituyeron para las SS, en esos últimos días de la guerra, un medio terriblemente eficaz de exterminar a los últimos supervivientes de los campos de concentración. Muchos detenidos fueron pasados por las armas, asesinados en las cunetas de un disparo en la nuca. Pero algunos lograron resistir a los golpes, la sed y el hambre, esperando al fin de la guerra para salir del infierno. Por su parte, tras haber liberado el campo de concentración de Bergen-Belsen, el 15 de abril de 1945, las tropas aliadas estaban horrorizadas por el genocidio que habían descubierto.
Mientras tanto, los dirigentes nazis, que buscaban a cualquier precio un modo de borrar toda huella de los deportados, decidieron amontonarlos a bordo de los buques, encerrarlos allí y hundirlos en alta mar.
Karl Kaufmann, jefe nazi del distrito de Hamburgo, ordenó a los oficiales de las SS trasladar a Lübeck, donde se encontraba anclado el Cap Arcona, a los deportados, a pie por las carreteras. Los cargueros Thielbek, Athen y Deutschland, presentes en la bahía, serían también preparados para cumplir el mismo siniestro objetivo. El 18 de abril de 1945, las SS subieron a bordo del Cap Arcona e informaron a los oficiales de que se estaba preparando una “operación especial”, sin dar mayores precisiones.
El capitán Heinrich Bertram y el capitán del Thielbek, John Jacobsen, fueron llamados a tierra, donde se les explicó en detalle el proyecto de exterminio. Jacobsen regresó a bordo y reveló a su tripulación toda la verdad sobre la "operación especial". Señaló que tanto el capitán Bertram como él se habían negado a concretarla. Al día siguiente, a Jacobsen le quitaron el mando de su buque.
Embarque de las víctimas thumb|El Cap Ancona en el año 1937.
Entre 19 al 26 de abril de 1945, más de 11.000 deportados llegaron a pie al puerto de Lübeck, y la Cruz Roja sueca intentó en vano negociar su rescate con Himmler.
El embarque comenzó el 20 de abril. El SS-Sturmbannführer Gehrig ordenó a Fritz Nobmann, capitán del carguero Athen, llevar a 2300 deportados y 280 oficiales de las SS y kapos a bordo y transferirlos al Cap Arcona, anclado a cuatro kilómetros en alta mar. Nobmann se negó; pero, amenazado con ser fusilado, se resignó a obedecer. Las SS y los kapos hicieron subir a bordo a los deportados a golpes. Unas horas más tarde, el Athen abandonó el puerto y se dirigió hacia el Cap Arcona. Al llegar al lugar, el capitán del Cap Arcona, Heinrich Bertram, se negó a embarcar a los detenidos. El Athen permaneció en alta mar toda la noche y tuvo que regresar al muelle a la mañana siguiente, el 21 de abril, sin haber podido transferir a los deportados.
El SS-Sturmbannführer Gehrig comunicó al comandante de las SS Max Pauly la negativa del capitán Bertram. A su vez, Pauly transmitió la noticia al general de las SS, jefe de la Gestapo de Hamburgo, el conde Bassewitz-Behr, y este al Gauleiter Karl Kaufmann, comisario del Reich para la Marina.
La noche del 21 de abril, Karl Kaufmann envió a su asesor personal, el SS-Hauptsturmführer Horn, a encontrarse con John Egbert, presidente del directorio de la compañía marítima Hamburg-Süd, propietaria del Cap Arcona, para decirle que el capitán Bertram debía obedecer las órdenes de embarcar a los "prisioneros de guerra". En caso contrario, sería fusilado. En ese momento, estaba claro para todos que el Cap Arcona sería hundido con los deportados a bordo y que se había decidido su destino.
Pasaron cinco días, y el 26 de abril, el vicecomandante Lewinski y el SS-Sturmbannführer Gehrig subieron a bordo del Cap Arcona. El capitán Bertram intentó, sin éxito, negociar con ellos, quienes le dieron el siguiente ultimátum: o autorizaba inmediatamente al Athen a amarrar junto al buque y transferir a sus prisioneros, o sería juzgado ante una corte marcial y fusilado. El capitán Bertram cedió finalmente. Comandados por el oficial de las SS, Kirstein, los militares quitaron todos los chalecos salvavidas, así como los bancos o las banquetas que podían utilizarse como balsas, y los guardaron bajo llave en el pañol.
Durante varios días, el Athen navegó entre el puerto de Lübeck y el Cap Arcona. Excepto los deportados políticos, todos los prisioneros permanecieron uno o dos días a bordo del Thielbek, antes de ser transferidos al Cap Arcona a través del Athen. Finalmente, subieron a bordo 6500 deportados y 600 guardias de las SS. Para los prisioneros, la visión era surrealista. Agotados tras su interminable caminata, recorrieron la crujía decorada con alfombras persas y se dispersaron por los elegantes restaurantes victorianos. Luego fueron amontonados a razón de 20 por camarote. Para hacer más espacio, sacaron de los camarotes su precioso mobiliario, pero dejaron las mullidas alfombras y los cuadros en las paredes.
Sin embargo, rápidamente el lujoso barco se transformó en un verdadero infierno. Todos los días morían allí de 20 a 30 deportados, ya sea por enfermedades, hambre, sed o el hacinamiento. Casi no había comida ni bebida. Una lancha traía a diario agua potable y regresaba a Lübeck con los muertos. Los guardias se ensañaban particularmente con los prisioneros rusos. En vista del hundimiento, el número de oficiales de las SS se redujo gradualmente y fueron reemplazados por miembros del ejército de tierra de entre 55 y 60 años de edad, y de la infantería de marina.
El Athen realizó su último viaje al Cap Arcona el 30 de abril de 1945, esta vez para sacar prisioneros del buque, tan superpoblado que incluso los SS no podían soportar más los muertos amontonados y el mal olor.
Además, se habían llevado a cabo negociaciones con la Cruz Roja sueca, y se había llegado a un acuerdo para facilitar el rescate de los detenidos franceses. A los ojos de los nazis, la derrota era un hecho consumado. Con esta medida de clemencia respecto de algunos detenidos, esperaban una reducción de las sanciones que sin duda les impondrían los países vencedores. Algunos prisioneros aprendieron rápidamente algunas palabras en francés para tratar de engañar a los guardias y abandonar el barco. Muchos fueron fusilados cuando un último interrogatorio en francés reveló su verdadera nacionalidad.
En total, 2000 deportados franceses y residentes del imperio colonial francés lograron salir, el 30 de abril, del Cap Arcona y el Thielbecky fueron llevados a Suecia para ser hospitalizados. Algunos detenidos franceses se negaron a abandonar los camarotes del Cap Arcona y del Thielbeck, considerando que las condiciones de supervivencia en los demás barcos eran aún más azarosas. Sin saberlo, habían firmado así su sentencia de muerte.
El 30 de abril de 1945, los deportados se enteraron de que Adolf Hitler se había suicidado y que Berlín había sido ocupada por las tropas soviéticas y que la guerra prácticamente había terminado. Desde hacía cinco días, pontones y varias barcazas de desembarco trasladaban a Lübeck a medio millar más de deportados famélicos (hombres, mujeres y niños) procedentes del campo de concentración de Stutthof, cerca de Danzig, en Polonia, con destino al Cap Arcona.
Preámbulo de la tragedia miniaturadeimagen|derecha|Un avión inglés Typhoon 1 B como el usado en el ataque.
De repente, el 3 de mayo, mientras submarinos alemanes maniobraban en la bahía de Lübeck y se preparaban para disparar los mortales torpedos destinados a hundir el Cap Arcona, irrumpieron los tanques británicos. Los alemanes se pusieron a cubierto para combatir.