La Semana Santa de Almería representa la Pasión, muerte y resurrección de Jesucristo con las procesiones que recorren las calles de la ciudad, acompañadas por penitentes y devotos. La salida procesional de una hermandad durante esta semana recibe el nombre de estación de penitencia. Existen procesiones similares en otras ciudades de Andalucía, España. En la actualidad procesionan 22 hermandades en la Semana Santa almeriense, existiendo en la ciudad otras 5 hermandades de gloria que lo hacen a lo largo del año (Hermandad de la Virgen del Mar, Hermandad de la Virgen del Carmen de las Huertas, Hermandad de la Virgen del Carmen de Pescadería, Hermandad de la Virgen del Rocío y Archicofradía de la Virgen del Rosario). Fue declarada por la Junta de Andalucía Fiesta de Interés Turístico Nacional de Andalucía en 2003, habiendo obtenido el título de Interés Turístico Nacional por el Gobierno de España en el año 2019. Además del incuestionable aspecto religioso, que la convierte en el acontecimiento de esta índole más importante de la ciudad, la Semana Santa supone un fenómeno de carácter sociocultural, turístico y económico de gran importancia en la ciudad.

La Agrupación de Hermandades y Cofradías de Almería es el órgano encargado de la regulación del conjunto de hermandades de la ciudad, fundada en el año 1947. También organiza actividades culturales acerca de estas.

Historia

Orígenes y primeras cofradías El movimiento cofrade almeriense de época moderna arranca de la reorganización institucional que siguió a la incorporación de la ciudad a la Corona de Castilla en 1489. Las capitulaciones conservadas en la Real Chancillería de Granada recogen el marco político y religioso en el que se erigieron la diócesis, las parroquias y los primeros conventos. Las fuentes de esas décadas son escasas y dispersas, de modo que no se conserva una nómina completa de cofradías ni resulta siempre posible separar las asociaciones de fieles de las hermandades penitenciales posteriores.

La noticia más antigua localizada es un testamento de 15 de enero de 1520, conservado en el Archivo Histórico Provincial de Almería, que menciona a cofrades de San Sebastián y de la Virgen del Mar en el entierro de Martín de Betrice. Ambas cofradías aparecen ligadas a funciones funerarias, sin que la documentación conservada permita adscribirlas al ámbito penitencial.

En el ámbito franciscano se documentan la Santa Vera Cruz, citada desde 1561, y la Hermandad del Santo Ecce Homo, constituida en 1651. Esta última concurría con la Santa Verónica a los cortejos del Jueves y el Viernes Santo, y sus reglas obligaban a los hermanos a la asistencia funeraria y a la aportación de cera procesional.

Del mismo entorno conventual proceden las referencias a Jesús Nazareno y a San Juan Evangelista. La imagen de Jesús Nazareno del convento de San Francisco consta documentada desde 1668. La Hermandad de San Juan Evangelista aparece en referencias del siglo XVII y cuenta con constituciones de 1768, que combinan los cometidos funerarios con los procesionales.

A la memoria religiosa de la ciudad pertenece también la tradición del Santo Cristo de la Escucha. Una leyenda sitúa la imagen antigua en Almería durante la ocupación cristiana de 1147-1157 y refiere su hallazgo, ya tras la conquista de 1489, emparedada en una vivienda del entorno de la Almedina, donde se habría oído una voz que repetía «Escucha, escucha». El relato no cuenta con respaldo documental; la primera mención acreditada del Santo Cristo de la Escucha figura en un acta capitular de 1772. La talla antigua desapareció en 1936 y la imagen actual es obra de Jesús de Perceval, de 1941.

El siglo XVIII y el final del Antiguo Régimen Durante el siglo XVIII convivieron en la ciudad cofradías penitenciales, sacramentales, gremiales y de ánimas, junto a asociaciones de piedad interior. Sus obligaciones eran recíprocas: acudían con hachas de cera a los cortejos de otras iglesias, participaban en los entierros y sufragaban el gasto de las funciones de culto.

Las constituciones de la Hermandad de Jesús Nazareno de San Francisco, aprobadas en 1743, detallan ese régimen. Sus hermanos debían alumbrar el Miércoles Santo al Cristo de Cabrilla, del Convento de la Trinidad; el Jueves, a una Soledad vinculada a San Pedro; y el Viernes, a San Juan Evangelista en el propio ámbito franciscano. La Hermandad de San Pedro, establecida en el extinto Convento de la Trinidad desde 1713, acompañaba el Entierro de Cristo con cera, túnicas negras, estandarte y guion. En el último tercio de la centuria se documenta la Preciosa Sangre en la noche del Miércoles Santo, y de Santo Domingo salían el Jueves los pasos del Huerto y de la Columna junto a una Dolorosa.

La Hermandad de la Soledad se fundó en 1772, con reglas aprobadas al año siguiente, y tuvo su sede histórica en Santiago, aunque después conoció etapas en otros templos. No se ha documentado una salida regular suya durante el Setecientos: su actividad fue de culto interior y su primera procesión conocida data de 1876.

La sacramental de San Pedro, formada por miembros de la élite local, ordenaba en 1782 la asistencia con cera a las procesiones de Miércoles, Jueves y Viernes. En 1793 se documenta además un viacrucis en la Almedina, cuyo recorrido dejó huella toponímica en calles como Cruces Alta, Cruces Baja, Duda, Púlpito o Encuentro.

El expediente instruido por la administración civil entre 1796 y 1797 registró catorce asociaciones religiosas en Almería y su entorno inmediato, de naturaleza heterogénea, por lo que la relación no constituye un censo de cofradías penitenciales. En esas mismas fechas seguían celebrándose los ritos funerarios del Santo Entierro, aunque la actual Hermandad del Santo Sepulcro no se erigió hasta 1923.

Durante el siglo XIX aquel entramado sufrió una reducción profunda. El control ilustrado de las reglas y los bienes, la ocupación francesa y, sobre todo, la exclaustración y las desamortizaciones de 1835-1837 privaron a muchas hermandades de sus conventos, sus protectores y sus medios económicos. Las vinculadas a la Trinidad, San Francisco y Santo Domingo perdieron el soporte material de sus cultos y sus procesiones, y la presencia cofrade en la calle quedó reducida durante décadas a expresiones muy limitadas, entre ellas el Santo Entierro, mantenido por iniciativa privada de la familia Vílchez.

La encuesta parroquial de 1854 registró el alcance de esa contracción: de las catorce asociaciones anotadas en 1796-1797 solo subsistían el Santísimo Sacramento del Sagrario, la Virgen del Mar, los Dolores de Santiago y las Benditas Ánimas de San Sebastián. La Soledad, restablecida por sus fieles en 1828-1829, conservó el culto parroquial y volvió a salir en 1876; la Virgen del Mar sobrevivió por el mantenimiento de su templo y su condición de patrona, mientras que las demás desaparecieron o quedaron sin actividad conocida.

Fundaciones y reconstrucciones del primer tercio del siglo XX El primer tercio del siglo XX trajo nuevas fundaciones y reorganizaciones. La Congregación de la Buena Muerte obtuvo autorización en 1911 en la iglesia del Sagrado Corazón, entonces como congregación jesuítica de culto interno. En 1923 se erigió la Hermandad del Santo Sepulcro y Nuestra Señora de los Dolores, que retomó el cortejo funerario tradicional como cofradía de nueva planta, sin continuidad jurídica con las asociaciones que lo habían sostenido en siglos anteriores.

En 1928 se organizó una primera etapa de la Entrada en Jerusalén, entonces llamada Cofradía del Niño Jesús de los Remedios o de los Niños Hebreos, que salió por primera vez en 1929 desde el convento de las Puras. En esas mismas fechas se constituyó la actual cofradía del Encuentro, cuya primera estación, también en 1929, reunió al Nazareno de las Claras y a la Virgen de la Amargura de la Congregación de la Buena Muerte. La tradición local sitúa aquel primer Encuentro en el barrio de la Almedina, aunque las fuentes disponibles no permiten precisar el punto exacto.

También en el periodo de entreguerras se organizó el viacrucis del Cristo de la Escucha, con primera salida en 1929, si bien el cortejo adoptó su forma actual después de la guerra. Por otro lado, se fundó en 1935 la Archicofradía de la Hora Santa en el convento de Santa Clara.</ref>

La guerra civil española interrumpió estas trayectorias. Entre 1936 y 1939 desaparecieron imágenes, pasos y enseres de casi la totalidad de las cofradías almerienses, tanto de las históricas como de las iniciativas surgidas en los años veinte. Esta destrucción explica que gran parte de la imaginería, los estandartes, los bordados y los pasos conservados sean posteriores a 1940.

Posguerra y creación de la Agrupación La posguerra combinó la reconstrucción de las cofradías supervivientes con la aparición de otras nuevas. La Soledad, el Santo Sepulcro, Borriquita, la Hora Santa y el Encuentro rehicieron sus cultos y sus pasos, mientras se fundaban o consolidaban la Hermandad del Amor —surgida del gremio de banca y bolsa—, Estudiantes, Silencio (y sus congregaciones de la Oración en el Huerto, Columna y Jesús del Camino en los años 60) y Prendimiento, así como el proyecto fallido de la hermandad de los Esparteros de Jesús de la Misericordia y Nuestra Señora del Desamparo en la parroquia de San José. En 1951 la Congregación de la Buena Muerte, hasta entonces de culto interno, se reorientó como cofradía de penitencia bajo la advocación de las Angustias y comenzó a procesionar; en los mismos años se recuperó el viacrucis del Cristo de la Escucha.

En 1947 procesionaron seis cofradías: Estudiantes y Encuentro el Miércoles Santo; Amor y Silencio el Jueves Santo; Santo Sepulcro y Soledad el Viernes Santo. Según el relato publicado por la propia entidad, la necesidad de coordinar horarios, itinerarios y trato con las autoridades condujo a constituir el 5 de marzo de ese año la primera junta de gobierno de la Agrupación, presidida por Francisco de Asís Saiz Sanz, hermano mayor de Estudiantes.

Desde entonces la Agrupación asumió la coordinación de horarios, la gestión de la carrera oficial, las sillas y los palcos, la edición de programas, la relación con las instituciones civiles y la organización del pregón, en un marco común para cofradías procedentes de parroquias y barrios distintos. En él se integraron las estaciones de penitencia de la Borriquita y del Prendimiento en 1948 y la de las Angustias en 1951. Cada hermandad conservó sus cultos, su patrimonio, su sede y su régimen interno.<ref name="agrupacion">

La refundación de 1979 y la expansión contemporánea La Agrupación se refundó en 1979 y recuperó el pregón, el cartel y el boletín de horarios e itinerarios. Bajo su coordinación, las ocho cofradías que procesionaban en 1980 pasaron a ser las veintidós hermandades de penitencia y cuatro de gloria integradas en 2022. En ese primer tramo se fundaron el Perdón, en 1980, y la Santa Cena, en 1983; la Borriquita inició una nueva etapa en 1982; y la asociación cultural Macarena, constituida en 1986, alcanzó la condición de hermandad en 1990, año en el que también se fundó la Coronación.

La década de 1990 amplió el mapa cofrade. La Estrella se fundó en 1991 en San Isidro. Pasión se formó en 1993 a partir de la Asociación Amigos de la Semana Santa, con sede en la parroquia de Santa Teresa, y obtuvo la erección canónica en 1995. El Gran Poder nació en 1994 en la parroquia de San Pío X, por transformación en hermandad de penitencia de una anterior hermandad de gloria dedicada a la Virgen del Carmen.<ref name="programa">