Translatio imperii o traslatio imperii («traslado del imperio» o «transferencia de dominio», en latín) es un concepto historiográfico originario de la Edad Media, en el que la historia se ve como una sucesión lineal de transferencias de un imperium que inviste poder supremo en un gobernante único, un «emperador» (o a veces incluso varios emperadores, por ejemplo, el Imperio romano de Oriente y el Sacro imperio romano de Occidente). Translatio imperii es una expresión que se utilizó en distintos contextos como justificación de la legitimidad de un poder imperial por transferencia de un poder similar preexistente.Jacques Le Goff (1969) citado en Gabriela Dalla Corte, La Traslatio Imperii, en Poder local, poder global en América Latina, pg. 44 En palabras de J. G. A. Pocock: «Translatio imperii es en varias formas la antítesis de la Decadencia y Caída... implica que el imperio se ha transferido de mano en mano y de lugar en lugar, de los romanos a los griegos [es decir, del Imperio romano al Imperio bizantino‍] y de los griegos a los francos [es decir, al Imperio carolingio‍] (ambos permaneciendo romanos) y de tal forma habría sobrevivido».The historiography of the translatio imperii, en Barbarism and Religion: Barbarians, savages and empires, Vol. 4, pg. 127:

El concepto está estrechamente vinculado al de translatio studii (el movimiento geográfico del aprendizaje). Se cree que ambos términos tienen su origen en el segundo capítulo del Libro de Daniel de la Biblia hebrea (versículos 39-40).

Sacro Imperio Romano Germánico Uno de estos contextos fue el cambio del poder desde el Imperio carolingio al Sacro Imperio Romano Germánico.

Otón I, duque de Sajonia, impuso su hegemonía en Alemania, dificultando las transmisiones hereditarias de los demás ducados y, sobre todo, contando con el apoyo de la Iglesia. Intervino en la península itálica controlando la elección papal. Su victoria contra los húngaros (magiares de las estepas del sur de Rusia que se asientan en Hungría e inician incursiones de saqueo por Alemania, Italia y Francia) propició su coronación en Roma por parte del Papa Juan XII (962). El Imperio, por lo tanto, pasó de estar ubicado en Francia a estarlo en Alemania. Otón logró, además, la transmisión hereditaria del Imperio, que cada vez se concebía más como una monarquía alemana.

Otón III, nieto del anterior, intentó volver al sueño de un imperio con capitalidad en Roma, que desde ahí pudiese controlar los reinos periféricos. Su sueño murió con él, y sus sucesores (Enrique II de Baviera, Conrado II y Enrique III el Negro) tuvieron que concentrarse en reafirmar su dominio en Alemania, donde los ducados habían aprovechado la ausencia del emperador para recuperar poder.

Esta translatio imperii antecede al desarrollo de la teoría política que defendía que la sociedad debería ser dirigida por una sola auctoritas (autoridad, voluntad), a la que se someterían las distintas potestas (ejercicio práctico del poder), tal y como ocurría en el ser humano. Las discrepancias venían a la hora de definir quién debía ser el poseedor de la auctoritas: la Iglesia (sacerdotium) representada por el Papado, o el poder laico de los aristócratas (regnum).

Las principales teorías al respecto fueron el agustinismo político (expuesto por Gelasio I ya en el y que sostenía la superioridad eclesiástica sobre la real) y el cesaropapismo (desarrollada en torno al año 800 en el contexto del Imperio Carolingio), que defendía que la jefatura gubernamental debía detentarla el emperador mientras que la Iglesia debía ocuparse de asuntos de carácter espiritual.

A partir de este marco teórico, las circunstancias políticas de cada momento hicieron que pesara más una u otra opción. Durante la primera mitad del se llegó a un momento en que tanto el Papado, fortalecido por la reforma gregoriana, como el Imperio, se vieron con fuerzas para imponer su visión respecto a la jefatura política de la cristiandad, y que desembocó en la llamada querella de las investiduras.

Translatio imperii es la expresión con la que en el se justificaba el poder del Emperador frente al Papa (poderes universales). Viene a decir que el poder del Imperio es mucho más antiguo que la Iglesia, por lo que el poder del Emperador es superior al del Papa, refiriéndose con esto a una supuesta herencia directa del Imperio romano. Es decir, creen que ellos son los herederos directos del Imperio, por eso los emperadores se hacen llamar augustos, y que el poder propio de Roma ha pasado a Alemania, de ahí esa translatio.

La repercusión medieval de esta idea tiene orígenes en San Agustín, que equipara la historia de la humanidad con los seis días de la creación y las seis edades de la vida, así como el pasaje del Libro de Daniel (el sueño de Nabucodonosor)2, 31 ss., 7, 3 ss. que describe los cuatro reinos que se sucederán en el mundo. El motivo de ese traslado es la decadencia de cada reino, por lo que la primacía y el derecho pasan a otro, renovados y sin los vicios de que se habían cargado en la época anterior. Los reinos medievales se consideran herederos del Imperio romano, pero sin sus defectos paganos; igualmente se considera heredera la Iglesia, que se instala en Roma para redimir su pasado pecador. Tanto el poder religioso como el político reclaman la herencia de esta translatio; en teoría, el estado ideal sería aquel en que los dos se combinaran de manera armoniosa.

En este sentido es citado a menudo el prólogo del Cligès de Chrétien de Troyes, un ejemplo más de los muchos que reflejan esta idea, ya sea en la jurisprudencia o en la literatura. Según el autor francés, tanto la “caballería” como la “clerecía” han pasado de Grecia a Roma y de esta a Francia. Ambos conceptos son inseparables y se identifican con la translatio imperii y la translatio studii. Los reyes medievales se crean genealogías que hacen remontar sus orígenes a héroes míticos de la cultura grecorromana, dando la impresión de una continuación histórica que lleva inevitablemente a su autoridad presente. De la misma manera, se ponen de moda versiones traducidas y noveladas de las obras clásicas (Romance de Eneas, Roman de Troie, etc.), donde los personajes se comportan como caballeros de una corte medieval, demostrando que se trataba del mismo tipo de sociedad.

Imperio Incaico Originalmente, se concebía que la legitimidad de la Conquista y la ocupación española del territorio andino radicaban en las Bulas Alejandrinas, a partir de las cuales se elaboró el Requerimiento. La lógica era la siguiente: como Dios era el creador de la Humanidad entera, la Iglesia Católica fundada por su Hijo tenía la misión universal de evangelización, y su líder, el papa Alejandro VI, había delegado a la Monarquía Hispánica el deber de cumplirla en el continente americano a través de las empresas de conquista. Si los líderes nativos se negaban a "conocer la fe verdadera" (como hizo Atahualpa arrojando la Biblia), el casus belli era justo. En este caso, fue Francisco Pizarro el encargado directo de liderar y supervisar la anexión del Tahuantinsuyo para permitir la entrada de misioneros que evangelizaran a la población.

Sin embargo, está justificación de translatio imperii se tornó insuficiente. Los españoles, como parte de la herencia del Derecho romano, necesitaban una cesión explícita que pudiera traducirse en un acto jurídico formal. El problema era que tanto Huáscar, último emperador inca, como Atahualpa, caudillo victorioso de la guerra civil incaica, fueron ejecutados en 1533 antes de emitir cualquier sentencia, dejando en un área gris tanto la legitimidad como la magnitud de la incipiente presencia hispana. Se obtuvo una sentencia formal con la apresurada coronación de Túpac Hualpa en el mismo año, aunque insatisfactoria pues falleció muy tempranamente, sin siquiera haber pisado la capital inca, además de que los propios españoles estuvieron moviendo los hilos para su ascenso. Fue sucedido por Manco Inca Yupanqui, quien terminó rebelándose en 1536 y fracturó aún más las lealtades dentro de la casa real inca y otras noblezas andinas, complicando la urgencia de rastrear a un individuo de quien extraer indiscutiblemente la legitimidad. Por su actitud rebelde, Manco Inca fue sucedido en 1537 en Cusco por Paullu Inca, representante de una nobleza inca dócil ante los españoles. Manco Inca fue finalmente derrotado y fundó un nuevo reino en Vilcabamba. A pesar de que la nobleza inca remanente en Cusco fue la génesis del Consejo de los 24 nobles electores Incas del Cusco, el gobierno español prefirió extraer su legitimidad de la estirpe refugiada en Vilcabamba en reconocimiento a su lucha y su mayor poder de negociación.

Sayri Túpac, segundo soberano de Vilcabamba tras la muerte de Manco Inca, luego de negociar con el virrey Andrés Hurtado de Mendoza durante el 5 de enero de 1558 en la Ciudad de Los Reyes, entregaría los derechos de su corona al Rey de Castilla, renunciando a sus reclamos como soberano del antiguo Imperio Incaico y así obtener la paz con los españoles y convertirse al Catolicismo; a cambio, recibió el perdón del “superior gobierno”, obtuvo títulos sobre tierras y rentas, el reconocimiento de la primogenitura de su linaje y la obtención de la Encomienda del Valle de Yucay (Mayorazgo de Oropesa).Incas, virreyes y presidentes del Perú, Gustavo Siles (1970).Juan de Betanzos y el Tahuantinsuyo. Nueva edición de la Suma y Narración de los Incas, Rodolfo Cerrón-Palomino (2016). Posteriormente, su sucesor Titu Cusi Yupanqui, ratificaría esta transferencia con la firma del tratado de Acombamba. miniaturadeimagen|367x367px|Una de las Efigies de los incas o reyes del Perú, en el que los Reyes de España son retratados como herederos de los derechos de los Emperadores Incaicos. Está aplicación del Translatio Imperii, para los Reinos del Perú, fue invocado como la herramienta de legitimidad, por parte del Imperio español, para su dominio en el Virreinato del Perú, en tanto que, a partir de estos tratados, se da la incorporación del Tahuantinsuyo en la Monarquía Española, con el reconocimiento oficial de la Casa real incaica, los cuales consideran a los monarcas de España como Reyes del Perú, lo que incentivaría la lealtad y estabilidad para la monarquía española.