La literatura de Chile hace mención al conjunto de producciones literarias creadas por escritores originarios de ese país; ha sido producida habitualmente en español, aunque existen también autores, principalmente poetas, que utilizan otros idiomas, en particular el mapudungun. Especialmente en el ámbito de la poesía, cuenta con varios escritores de renombre, como Vicente Huidobro, Enrique Lihn, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Nicanor Parra, Pablo de Rokha, Gonzalo Rojas, Jorge Teillier y Raúl Zurita, entre otros. En el campo de la narrativa, destacan también Isabel Allende, Roberto Bolaño, María Luisa Bombal, José Donoso, Jorge Edwards, Pedro Lemebel, Antonio Skármeta, entre otros.
Antecedentes thumb|left|150px|Alonso de Ercilla. thumb|150px|Alonso de Ovalle. thumb|150px|Abate Juan Ignacio Molina. La literatura en Chile se gestó primeramente a través de la conquista y colonización que llevó a cabo el Imperio español durante el en los territorios pertenecientes en la actualidad a Chile. Los conquistadores trajeron consigo a cronistas europeos que tuvieron la función de describir los acontecimientos importantes acaecidos en estos procesos, para posteriormente dar cuenta ante la Corona española. En este contexto se destacó Alonso de Ercilla con su poema épico La Araucana, publicado en España en 1569, 1578 y 1589, y que describe la lucha entre los españoles y mapuches en la Guerra de Arauco. Otra obra que también describió este conflicto fue Arauco domado, escrita por Pedro de Oña, el primer poeta nacido en Chile, y publicada en 1596, y que más tarde, en 1625, sería llevada al teatro por Lope de Vega. A ellas se suma el Purén indómito escrita por Diego Arias de Saavedra en el primer cuarto del . Estas obras fueron creadas para el público lector español.
Destacan también escritores de crónicas, relaciones históricas, tratados científicos, filosóficos y teológicos, entre los que se pueden mencionar a: Jerónimo de Vivar (Crónica y relación copiosa y verdadera de los reinos de Chile, 1558), Alonso de Góngora Marmolejo (Historia del Reino de Chile, 1575), Diego de Rosales (Historia general del Reyno de Chile), Alonso de Ovalle (Histórica relación del Reyno de Chile, 1646), José Perfecto de Salas (Historia Geográfica e Hidrográfica del Reino de Chile, 1760), Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán (Cautiverio feliz, 1673), Miguel de Olivares (Historia de la Compañía de Jesús en Chile, 1738, Vicente Carvallo y Goyeneche (Descripción histórico-geográfica del Reino de Chile, 1796); escritores de temas científicos Juan Ignacio Molina (Ensayo sobre la Historia Natural de Chile, 1782) y teológicos-filosóficos; Alonso Briceño (Celebriores controversias in primum Sentenciarum Scoti, 1638) y Manuel Lacunza (La Venida del Mesías en gloria y majestad).
Más tarde, durante el período colonial y hasta el , sobresalió la labor literaria realizada por las monjas de los conventos chilenos, quienes se caracterizaron por escribir cartas espirituales, diarios, autobiografías y epistolarios. Descollaron Tadea de San Joaquín, Úrsula Suárez y Josefa de los Dolores.
La lectura fue, durante la época colonial, una práctica realizada por una minoría de la sociedad chilena, situación que comenzó a cambiar a partir de la década de 1840, cuando un grupo de intelectuales impulsaron la formación de una sociedad lectora. Este grupo consideraba que la lectura era una herramienta eficaz para civilizar a una nación.
Historia Romanticismo thumb|right|200px|Mercedes Marín del Solar. El romanticismo en Chile, conforme al análisis del crítico literario Cedomil Goic, puede clasificarse en tres generaciones literarias: la de 1837, 1852 y 1867.
La de 1837, denominada también generación costumbrista, se caracterizó por el desarrollo de un costumbrismo con especial énfasis en lo pintoresco y lo realista, abordándolos desde un punto de vista crítico y satírico. En esta generación destacaron Mercedes Marín del Solar, Rosario Orrego, Vicente Pérez Rosales y José Joaquín Vallejo.
La de 1852 o generación romántico-social tuvo una postura más radical a la visión liberal que la generación anterior, presentando el pasado como ejemplo de rectificación del presente. En esta generación sobresalieron José Victorino Lastarria, Salvador Sanfuentes, Martín Palma, Eusebio Lillo, Guillermo Matta y Guillermo Blest Gana.
La de 1867 o generación realista se caracterizó por poseer un enfoque más cercano al realismo que las generaciones anteriores. Descollaron en ella Alberto Blest Gana con su novela Martín Rivas, en la que retrató a la sociedad chilena de finales del , incorporando a la vez el romanticismo característico de sus primeras obras; Daniel Barros Grez, Eduardo de la Barra, Zorobabel Rodríguez, José Antonio Soffia, y Liborio Brieba.
El romanticismo en Chile evolucionó desde los ideales neoclásicos del arte, hasta alcanzar una concepción ligada a la expresión de la sociedad, siéndole añadida la función de orientar el desarrollo ético y moral de la vida pública y privada.
Sociedad Literaria de 1842
La creación de la Sociedad Literaria de 1842, cuyo discurso inaugural fue leído por José Victorino Lastarria el 3 de mayo de 1842, tenía el objetivo de impulsar la formación de la juventud y promover una literatura con identidad nacional, funcional al proyecto político liberal de nación, que proponía la clase ilustrada chilena. También hizo hincapié en la ilustración como factor fundamental del progreso, fomentó la originalidad e impulsó al rechazo de los modelos extranjeros.
Dos polémicas intelectuales que se dieron en la prensa de 1842 influyó en las concepciones que abordó la citada sociedad: la primera, denominada controversia filológica, tuvo relación con una serie de términos y palabras utilizadas en Chile que fueron consideradas repugnables por escritores extranjeros como Pedro Fernández Garfias o Domingo Faustino Sarmiento; la segunda, se dio en torno a diversas posturas adoptadas por escritores como Vicente Fidel López, Salvador Sanfuentes, Jotabeche (José Joaquín Vallejo), Sarmiento y Antonio García Reyes acerca del romanticismo.
La Sociedad Literaria de 1842 duró poco más de un año, hasta el 1 de agosto de 1843, periodo en el cual realizó un total de ochenta y seis sesiones (registradas desde el 5 de marzo de 1842). Su principal logro fue la publicación del Semanario de Santiago, que sería clave en la masificación de las revistas literarias en Chile.
Entre los escritores y políticos que participaron de esta sociedad destacaron Sanfuentes, Jotabeche, Francisco Bilbao, Manuel Antonio Tocornal, Antonio Varas, Aníbal Pinto y Domingo Santa María.
Realismo
El realismo se inició en Chile con la publicación, en 1862, de la novela Martín Rivas de Alberto Blest Gana, y se extendió hasta 1947. Según el escritor y crítico literario Fernando Alegría, tuvo dos corrientes: el realismo romántico y el realismo naturalista, representados respectivamente por Alberto Blest Gana y Luis Orrego Luco.
Estos dos escritores retrataron su época como un período de transición entre el inicio de la emancipación de la herencia colonial y el fin de este proceso con el comienzo de la sociedad capitalista. Sin embargo, respondieron antagónicamente respecto a este cambio: Orrego Luco enfatizó en las consecuencias valóricas que traería consigo la sociedad capitalista, que consideró mayoritariamente negativas, mientras que Blest Gana acogió positivamente esta evolución, llegando a considerar inevitable este desplazamiento de costumbres.
Además de Martín Rivas, Blest Gana destacó por Los trasplantados, publicado 1904, obra en la que analizó el comportamiento de los chilenos radicados en París. Por su parte, Orrego Luco sobresalió por sus ciclos narrativos que describieron la sociedad chilena de aquella época. El primero (1876 - 1929) se denominó Escenas de la vida en Chile e incluyó las obras Playa negra, Un idilio nuevo, Casa grande, y El tronco herido; el segundo, Recuerdos del tiempo viejo, está formado por En familia y A través de la tempestad, publicadas en 1912 y 1914 respectivamente, en las que aborda la segunda mitad de la década de 1880 y principios de la década de 1890.
Otro relevante escritor del realismo fue Baldomero Lillo, que publicó en 1904 la recopilación de cuentos Subterra, en la que describió las precarias condiciones de trabajo en las minas del carbón en Lota durante el fin del y principios del . Subterra tuvo un gran éxito, su primera edición se agotó en tres meses y fue también favorablemente acogida por la crítica de la época. En 1907 publicó Subsole, con cuentos basados en la vida campesina y de los pescadores.
Criollismo
El criollismo fue un movimiento literario nacido a fines del y que perduró durante la primera mitad del . Extensión del realismo, su objetivo era describir de manera objetiva la vida rural para contribuir así a su conocimiento. El criollismo se desarrolló en medio de una tendencia generalizada a privilegiar la ciudad como centro de desarrollo en vez de la vida campesina e interpretó, en palabras de Mariano Latorre, «la lucha del hombre de la tierra, del mar y de la selva por crear civilización en territorios salvajes, lejos de las ciudades». Dotó a personajes de un carácter heroico, aunque su lucha siempre terminaba en derrota. Entre los primeros escritores del criollismo descollaron Alberto Blest Gana, Baldomero Lillo con Subterra y Subsole, y Latorre con Zurzulita, publicada en 1920.
Modernismo
El modernismo es un movimiento literario que se desarrolló entre los años 1880-1920, fundamentalmente en el ámbito de la poesía, que se caracterizó por una ambigua rebeldía creativa, un refinamiento narcisista y aristocrático, el culturalismo cosmopolita y una profunda renovación estética del lenguaje y la métrica. Tradicionalmente, se ha asociado su comienzo a la publicación, por primera vez en Valparaíso el 30 de julio de 1888, de Azul..., de Rubén Darío, a causa de la innegable repercusión del libro en la literatura de Hispanoamérica.
Entre los exponentes nacionales del modernismo, podemos nombrar a: Ambrosio Montt y Montt, Alberto del Solar, Luis Barros Méndez, Leonardo Eliz, Narciso Tondreau, Pedro Antonio González, Clemente Barahona Vega, Julio Vicuña Cifuentes, Ricardo Fernández Montalva, Alfredo Irarrázaval Zañartu, Augusto Winter, Gustavo Valledor Sánchez, Egidio Poblete, Samuel A. Lillo, Abelardo Varela, Marcial Cabrera Guerra, Horacio Olivos y Carrasco, Antonio Bórquez Solar, Zoilo Escobar, Manuel Poblete Garín y Miguel Luis Rocuant, entre otros. Cabe destacar que muchos de los poetas mencionados, fueron incluidos en la antología Selva Lírica.
Grupo literario Los Diez
Los Diez o «Los X» fue un grupo —conformado por arquitectos, escritores, escultores, músicos y pintores chilenos— que protagonizó la escena cultural de Chile entre 1914 y 1924. Fue uno de los grupos más destacados del arte nacional y uno de los principales movimientos intelectuales chilenos del .
El nombre «Los Diez» o «Los X» se originó en una conversación entre el escritor Pedro Prado y el arquitecto Julio Bertrand. En 1914, pese a que Prado pasaba por una situación económica difícil, era un hombre muy alegre y entusiasta. Su socio Bertrand le preguntó si habría otras personas en Santiago que tuvieran esa misma actitud alegre y creativa. «Tal vez buscando, deben haber unas diez», dijo Prado. Bertrand replicó que «[le] gustaría conocerlas». Esto marcó el nacimiento del grupo, comenzando una serie de reuniones en casa de Prado, donde se practicaban irónicamente una serie de rituales, con la simple intención de reírse de ellos mismos y de cultivar la amistad.
Su primera aparición pública fue el 19 de junio de 1916, cuando se celebró la Primera Exposición de Los Diez, con obras de Manuel Magallanes Moure, Alberto Ried y Pedro Prado en el Salón de El Mercurio.
thumb|250px|Manuel Magallanes Moure (1878-1924) y Augusto d'Halmar (1882-1950) en 1906. Integrantes: