thumb|250px|Bernardo O'Higgins. O'Higginista es la denominación utilizada para referirse, en sentido general, al partidario o seguidor del patriota chileno Bernardo O'Higgins, pero en sentido histórico se refiere a un bando o partido político específico, activo en las décadas de los años 1820s y 1830s. El grupo se articuló tras la forzada abdicación de O'Higgins, en enero de 1823, en apoyo a su figura personal y en reivindicación de su liderazgo.
Historia Ante la sucesión de una serie de gobiernos inestables en el período conocido como Organización de la República, se articuló el grupo. Estaba basado principalmente en los antiguos funcionarios del derrocado gobierno y los oficiales militares que habían participado, junto a O'Higgins en las Guerras de Independencia Hispanoamericana.
En 1826 existió un conato de sublevación o'higginista en la guarnición de Chiloé. Por la misma época miembros del grupo repartieron proclamas entre las tropas acantonadas en otras áreas, al tiempo que informaban epistolarmente a O'Higgins de sus actividades. Alrededor del mismo tiempo, los O'higginistas, en combinación con los pelucones y estanqueros, actuaron en contra de los gobiernos pipiolos, como el del general liberal Ramón Freire.
El ideal de los O'higginistas era la reimplantación de un régimen de gobierno fuerte y centralizado, como el que había practicado el propio O'Higgins. Para esto sus principales figuras, el antiguo realista y ex ministro de Hacienda de O'Higgins, José Antonio Rodríguez Aldea, y el general José Joaquín Prieto, participaron, conjuntamente con el líder estanquero Diego Portales, en las convulsiones y conspiraciones que llevaron a la caída de los liberales en la Batalla de Lircay.
Sin embargo, y pese a haber actuado coordinadamente, Portales terminaría por imponer su criterio, contrario al regreso de O'Higgins a Chile. Aunque dos O'higginistas llegaron a ser presidentes, Francisco Ruiz Tagle y el general Prieto, el poder del partido sería cada vez más tenue y su reivindicación principal, un segundo gobierno de O'Higgins, terminaría por volverse irrealizable. En 1831 el grupo publicó un éfimero periódico, El O'Higginista, de tres ediciones.
Ideas políticas de los O'higginistas El grupo o'higginista no se caracterizó por la sistematización o enunciación de una ideología política elaborada. Su pensamiento se puede resumir como la suma de dos ideas complementarias: Afirmaban la necesidad de reafirmar el principio de autoridad, mediante la existencia un gobierno fuerte y centralizado. Creían que la persona más indicada para realizar esta tarea era O'Higgins.
Ideas políticas de O'Higgins Las ideas políticas de O'Higgins son generalmente vistas como propias de la ilustración: independentistas, republicanas, democráticas y liberales (por poner un ejemplo: Cheyre, Juan: «Ponencia Inaugural» y Riveros, Luis: «Clase Magistral») Renato Valenzuela, por su parte, sugiere que su obra puede ser considerada como «fundacional» tanto en lo político como en lo militarRenato Valenzuela, «EL LIBERTADOR BERNARDO O'HIGGINS Y SU CONTRIBUCIÓN AL DESARROLLO INSTITUCIONAL DE CHILE».
Sin embargo, y a pesar de haber ya sea implementado o mantenido la implementación previa de algunas de las más sentidas demandas del sector liberal (más tarde llamados en Chile pipiolos) —tales como, y entre otras, la declaración de independencia de España, el mantenimiento de la libertad de comercio, la abolición de los títulos de nobleza y el mayorazgo; y la restricción de la influencia de la iglesia sobre el estado— lo que le costó la enemistad de sectores que se consideraban aristocráticos y eclesiásticos,A History of Chile 1808-1994. CollierS. y SaterW. su gobierno llegó a ser también percibido como hostil a un elemento central del liberalismo: la desconfianza hacia los gobiernos fuertes.
Además de eso, y durante su vida misma, O'Higgins fue acusado por quien fuera su gran oponente político José Miguel Carrera y sus partidarios de numerosas deshonestidades personales y políticas. Acusaciones que son a veces incluso contradictorias, tales como, por ejemplo, de haber estado al servicio de la autocracia y tener intenciones monárquicas al mismo tiempo que se lo acusaba de ser «jacobino», es decir, oponente extremo del sistema monárquico. (Véase, por ejemplo, José Miguel Carrera: «Manifiesto a Los Pueblos de Chile»«Manifiesto que hace a los pueblos de Chile el ciudadano José Miguel Carrera» (Montevideo, 1818).).
Lo anterior ha dado lugar a un profundo debate. En los extensos archivos de decretos, correspondencia, y otros documentos del general, que suman más de 30 tomos, se pueden encontrar desde valoraciones positivas de ideas liberales hasta expresiones de autoritarismo, pasando por aparentes proyectos de instauración de una monarquía constitucional. Estos documentos suelen ser de discurso y tono divergente, dependiendo de su carácter privado o público. Estas discrepancias han dado lugar tanto a diferentes intentos de explicación como a descripciones diametralmente opuestas de su pensamiento:
Lorenzo y Samorano argumentan (Chile y América, ayer y hoyLORENZO S., Santiago, y ZAMORANO G., Manuel «CHILE y AMÉRICA, ayer y hoy». Ed. Sociedad Ediciones Pedagógicas Chilenas Ltda. Stgo. 1971.) que las ideas políticas de O'Higgins se modificaron con el tiempo. Al comienzo de la revolución habría sido un convencido del sistema republicano democrático, pero los hechos pronto le demostraron que no era posible establecer ese sistema.
Autores con una orientación jurídica hacen notar que la ilustración no era únicamente republicana o democrática, que el Siglo de las Luces fue, en su mayoría, dominado por un igualmente ilustrado despotismo paternalista. Bernardino Bravo Lira,«Ejército y Estado de Derecho en Chile: siglos XVI al XX». hace notar que el nuevo Estado no supuso una ruptura con las formas del sistema legal anterior tal como se había establecido en Chile sino una prolongación de este: «La imagen del presidente militar que se acuña en esta primera fase del Estado de Derecho es muy fuerte. Resiste incluso a una primera transformación del mismo en presidente gobernante de la época siguiente. Sobrevive a la independencia y a una segunda transformación, esta vez, del presidente de la audiencia en presidente de la república, y aún se prolonga hasta la primera mitad del siglo XIX. De hecho, salvo contadas excepciones, desde 1609 hasta 1851, todos los presidentes de Chile fueron hombres de armas, militares en la mayoría de los casos, pero también marinos» (p.22), y que la diferencia central entre ese nuevo estado ilustrado, como se manifestó en áreas hispánicas y lusitanas, y el sistema anterior no es la democracia, sino un cambio en la manera de concebir el propósito del gobierno: «Bajo el signo de la Ilustración se amplían sus fines más allá de la justicia, para incluir la así llamada felicidad de los vasallos o ciudadanos, esto es, la preocupación por mejorar sus condiciones de vida.» (op.cit. p.23) Agrega, en su República Ilustrada que el propósito era llegar «al ejercicio de la democracia después de un período de renovación social que rehabilitara al pueblo para la gestión directa de sus intereses; así, esta obra de preparación y de aprendizaje político, incumbía al gobierno, a esa dictadura suya (se refiere a O'Higgins) que había empezado a ejercer en el hecho y que la constitución había confirmado en el derecho». Para ahondar, compárese esa posición con la enunciada por Kant.¿Qué es la Ilustración? http://www.usma.ac.pa/web/DI/images/Eticos/Kant.%20Qué%20es%20la%20Ilustración.pdf (Conviene notar que Bravo ve la República Ilustrada como concretándose en el periodo de Portales). Gabriel Salazar (reciente Premio Nacional de Historia) haciendo notar, entre otras apreciaciones, que O'Higgins solía describir la realización de elecciones y la acción de las corporaciones representativas como manifestaciones de anarquía, caracteriza al gobierno de O'Higgins como un «militarismo cesarista de nuevo tipo».Gabriel Salazar, Construcción del Estado en Chile, Editorial Sudamericana, p.161, Santiago, 2005. Autores como Ricardo Donoso y Julio Alemparte hacen notar la existencia de sugerencias pro monárquicas durante el gobierno de O'Higgins. Aducen las conocidas preferencias monárquicas de José de San Martín, a quien consideran un superior de O'Higgins en el ámbito secreto de la Logia Lautaro, y sobre todo las instrucciones entregadas al representante de Chile en Londres, Antonio José de Irisarri:
Parece haber aquí una confusión entre la Logia Lautaro, de Buenos Aires, de la cual San Martín era fundador, y la Logia Lautarina, de Santiago de Chile, de la cual O'Higgins era fundador. Las dos eran independientes entre sí, y por lo tanto, cualquiera que fuera la posición que ambos próceres ocuparan en ellas, no se puede decir que uno fuera «superior» del otro. Acerca de las supuestas tendencias monárquicas de San Martín, hay que notar que este las negó.Por ejemplo: Carta de San Martín a don Joaquín Echeverría:
Lima, 11 de mayo de 1822.
Mi querido amigo :
A pesar que hace un siglo no tengo carta de U. tomo pluma para recordar a U. nuestra antigua amistad. Garcia del Río me escribe le dijo U. me había remitido un libelo infamatorio que había salido en Buenos Aires contra mí, el cual no he recibido.- Desearía infinito que si tiene U. otro a La mano, me lo envie para divertirme un rato, pues en la revolución ya ha curtido uno su espíritu para sufrir esto y mucho mas.
En la situación en que yo me encuentro es necesario embozarse en una túnica de filosofía para no aburrirse; y a la verdad que, bien mirado mi estado, es preciso reirse o desesperarse. En Buenos-Aires paso por un desobediente por no haber querido, como el Gobierno me rnandó, sacar los gastos de la expedición, y no haber marchado con la división de los Andes a meterme en la guerra de los montoneros, abandonando el principal objeto que era la expedición al Perú. En Chile, excepto un corto número de hombres que me conocen y son amigos míos, dicen que soi un desagradecido, que después que he tomado a Lima no he querido enviar un solo cuartillo para socorrer sus necesidades a cuenta de la expedición; que he disuelto el Ejército de ese Estado, que se halla en esta; que he querido apoderarme de su Escuadra, y otras sonseras de esta especie, que excepto don Bernardo y un par de docenas de hombres, las creen a puño cerrado. En el Perú, cuando estaba en el mando activo, y aun ahora en el día, qne soi un tirano, que mi objeto es coronarme y que los voi a dejar por puertas. En fin, mi amigo, aquí tiene U. a este pobre capellán que después de once años de pellejerías no ha hecho más que granjearse el odio universal.-Afortunadamente mi carácter tiene un cuerpo de reserva para todos estos males, que es decir que algún día conocerán si he hecho bien o mal; a pesar de que cada día la fibra se laza, y no deja de causar alguna impresión en mi espíritu tanta ingratitud.
Ya he molestado a U. bastante, pero me he desahogado un poco.- Adiós mi querido amigo, no deje U. de escribirme; y crea lo es y será siempre suyo.-. José de San Martín.
(citado por Juan Bello, Biografía de O'Higgins). Otro grupo de autores afirma que O'Higgins era republicano. Una de las pruebas que se presenta es la autodefinición de O'Higgins como tal en una carta enviada por el general al Departamento de Estado de Estados Unidos, con motivo de la alarma producida en dicho país por la publicación en la prensa de Buenos Aires de noticias referentes a la posible instauración de monarquías en Sudamérica. Los periódicos porteños incluían a Chile en estas maniobras: