La batalla de San Juan y Chorrillos fue una acción militar ocurrida el 13 de enero de 1881, en el marco de la guerra del Pacífico. En ella se enfrentaron el Ejército de Chile y el Ejército del Perú.

Esta batalla se desarrolló consecutivamente en Villa, las pampas de San Juan y Santa Teresa, el cerro Marcavilca, el morro Solar y el pueblo de Chorrillos. Después de ocho horas de combates en diversos frentes, el ejército chileno resultó victorioso. Luego de la batalla, hubo incendios y saqueos en Chorrillos y Barranco. También se acordó una tregua, el llamado Armisticio de San Juan, y se efectuaron negociaciones mientras ambos ejércitos hacían preparativos para otra posible batalla, que finalmente se produjo por un confuso incidente que derivó en la batalla de Miraflores, después de la cual las tropas chilenas entraron a Lima y pusieron fin a la tercera campaña terrestre de la guerra.

Fue la mayor batalla librada durante la guerra y una de las más grandes de América del Sur, en lo que concierne al número de combatientes. Según algunos historiadores debió finalizar la Campaña de Lima con este enfrentamiento, ya que los remanentes peruanos en la línea defensiva de Miraflores no estaban en situación de contener el avance chileno.

Antecedentes

Después de asegurado el dominio chileno en Tarapacá, Arica y Tacna, en Chile se discutió el siguiente paso a seguir en la guerra. El gobierno mismo había intentado infructuosamente romper la alianza Perú-Bolivia mediante la oferta de los territorios de Arica como la natural salida al mar. Una fuerte corriente de opinión desconfiaba del éxito de tal "política boliviana" y exigía al gobierno continuar la guerra con la invasión a Lima, pero el presidente de Chile Aníbal Pinto deseaba evitar más muertes y acabar con los costos del esfuerzo bélico. Como una solución intermedia, que debía demostrar al gobierno peruano su incapacidad para defender su territorio y la conveniencia de aceptar las condiciones de paz exigidas por Chile, el gobierno chileno ordenó la Expedición Lynch con orden de cobrar contribuciones a los ricos hacendados de las azucareras e impedir los desembarcos de armas que llegaban desde Panamá. El mismo fin tenía la Expedición a Mollendo. Casi paralelamente se concretó la intervención estadounidense a través de William Evarts, secretario de estado del presidente James Garfield, quien promovió la Conferencia de Arica con el fin de detener el conflicto, que dañaba el comercio y la industria de la región y hacía temer a los EE. UU. una intervención europea en asuntos hemisféricos contraria a la doctrina Monroe. Chile exigía la cesión de Tarapacá, una indemnización monetaria, la devolución del vapor Rímac y la abrogación del Pacto Secreto Perú – Bolivia de 1873. Arica, según las exigencias chilenas, debía quedar en manos de Perú, pero desmilitarizada. Sin embargo, el ministro plenipotenciario de EE. UU. en Bolivia Charles Adams había asegurado a los aliados que en caso de no llegar los beligerantes a un acuerdo durante la conferencia, los EE. UU. impondrían a Chile un arbitraje favorable a los aliados. Por esa razón para los gobiernos de Campero y Piérola era mejor no entregar los territorios ocupados y dejar a los EE. UU. imponer la paz sin cesión de territorios.

Tras el fracaso de la conferencia de Arica, el rechazo boliviano a las ofertas chilenas de dejar la alianza con Perú y la negación peruana a negociar, el gobierno chileno, deseoso de terminar la guerra, decidió la ocupación de Lima.

Desembarco chileno en Chilca

thumb|left|200px|Desembarcos del ejército chileno entre Pisco y Lurín durante la Campaña de Lima. Por la falta de capacidad de transporte marítimo, los desembarcos chilenos debían ocurrir en forma escalonada. El puerto de Chilca, situado 70 kilómetros al sur de Lima, fue elegido como punto de desembarco por estado mayor chileno dado que se pensaba que la presencia de fuerzas peruanas importantes era poco probable.

El 20 de noviembre de 1880 desembarcó en Paracas, cerca de Pisco, proveniente desde Arica, al mando del general José Antonio Villagrán Correas, la 1.ª División del Ejército chileno de 8.800 hombres, embarcada en 15 transportes y las corbetas Chacabuco y O'Higgins. La División fue reforzada con 3500 soldados que llegaron el 2 de diciembre en la corbeta Abtao y la cañonera Magallanes al mando del coronel José Francisco Gana Castro. Esta división debía marchar hacia el norte, pero por falta de medios solo continuó la brigada bajo el mando de Patricio Lynch, y el resto de la división debió volver a Pisco desde donde se reembarcó al norte. Tras este inconveniente, el Jefe del Ejército chileno ordenó el regreso de Villagrán a Chile y su reemplazo por Lynch.

El 22 de diciembre desembarcaron en Curayaco y Lurín 15.000 soldados chilenos y el material de guerra desde 29 transportes bajo la protección de los blindados Blanco Encalada y Cochrane, la corbeta O'Higgins y el transporte Angamos. El 25 y 26 de diciembre llegaron sucesivamente, después de ocho días de marcha, las dos mitades de la brigada Lynch, que se seguían con 24 horas de intervalo para facilitar el aprovechamiento en víveres y agua. Este trayecto de 180 kilómetros se hizo casi sin resistencia peruana, que consistió principalmente en ataques de montoneras locales.

Las tropas chilenas establecieron su campamento en el valle de Lurín que ofrecía agua, forrajes y alimentos a las fuerzas expedicionarias.

El mando peruano envió al coronel Pedro José Sevilla y los Cazadores del Rímac, con 200 jinetes armados con carabinas, a vigilar el avance de los chilenos, enfrentándolos en Yerba Buena (Cañete) y luego en Bujama (Mala). El mando chileno envió a la brigada del coronel Orozimbo Barbosa a enfrentar las tropas peruanas, librándose el combate del Manzano el 27 de diciembre de 1880 donde Sevilla es tomado prisionero.

Las tropas chilenas realizaron confiscaciones de dinero y ganado a los ricos propietarios del valle de Cañete. A su paso liberaron culís que eran mantenidos semi-esclavizados en las haciendas de la zona, los que se pusieron al servicio del ejército y ayudaron en el transporte de material, apertura de senderos, excavación de trincheras, desactivación de minas, atención de los heridos y entierro de los muertos. De las haciendas confiscadas fueron requisados más de seiscientos asnos, los que fueron cargados con sacos, armas y utensilios de cocina.

Reconocimiento del terreno

Para reconocer el terreno, el ejército expedicionario realizó varias expediciones a la zona entre la línea de defensa peruana y Lurín. El mismo jefe de las fuerzas chilenas, Baquedano, salió al terreno tres veces: por el camino a Ate y por la Tablada de Lurín (lado costero). También efectuaron reconocimientos Barbosa y Carlos Wood. El más intensivo fue el de Orozimbo Barbosa, que llevó efectivos de las tres armas (infantería, caballería y artillería), con el fin de dilucidar la factibilidad de un ataque envolvente por Ate.

Combate de La Rinconada de Ate

En La Rinconada de Ate se encontraba, desde el 4 de enero de 1881, el coronel peruano Mariano Vargas con una fuerza de 340 soldados, compuesta por los hacendados y pobladores de la zona armados con fusiles Minié y piezas de artillería. Vargas dispuso su artillería en el cerro Vásquez. El 9 de enero de 1881, la división chilena de Barbosa, llegó a Pampa Grande (Musa, La Planicie) después de una marcha por la quebrada de Manchay desde Pachacámac (Lurín). La división de Barbosa se enfrentó con los hombres de Vargas en el combate de La Rinconada de Ate, logrando la retirada de Vargas hasta el cerro Vásquez, donde la artillería peruana entra en acción pero sin ocasionar pérdidas de consideración a la división chilena, que después de inspeccionar la zona se retira a Pampa Grande.

Preparación de la batalla

Topografía del campo de batalla

thumb|right|400px|Movimientos de las tropas chilenas antes de la batalla, según Francisco Machuca, "Las cuatro Campañas de la Guerra del Pacífico", Tomo 3. La propuesta de J. F. Vergara es el trayecto color naranja.

La franja costera entre el río Rímac y el río Lurín tiene un ancho promedio de 4 kilómetros, y está limitada al este, por las últimas estribaciones occidentales de la cordillera de los Andes, y al oeste, por el océano Pacífico. Casi en su centro corre una línea de cerros que comienza a la orilla del mar con el Morro Solar (de hasta 280 metros de altura), continua con los cerros de Santa Teresa, Zigzag, San Juan, Viva El Perú (todos ellos con una altura de hasta 180 metros) y por último los cerros Pamplona (280 metros) que cierran el paso al norte por el lado este con su conexión al cerro Cascajal. Los flancos son arenosos y de difícil acceso.

La línea semeja vagamente una "W". Al norte de la línea, se ubicaban terrenos de cultivos regados por el río Surco que era extraído del Rímac. Aparte de Lima tenía algunos poblados como Barranco, Miraflores, Teves y Chorrillos.

Al sur de la "W", se extendía una zona arenosa, casi despoblada hasta Lurín, con excepción de "Villa", un poblado a 2 kilómetros al sur de Santa Teresa. Se le llamaba a toda la extensión la "Tablada de Lurín".

Mas al este, existía un camino, a veces solo sendero, desde Manchay hasta Ate y desde allí a Lima. Ese camino pasaba por el lado norte del cerro Monterrico Chico.

La propuesta de José Francisco Vergara

Existieron en el estado mayor chileno dos alternativas para derrotar las defensas peruanas. La de un ataque frontal, propuesta por Baquedano, y la de un movimiento envolvente por el ala derecha chilena, que fue impulsada por el ministro de guerra en campaña José Francisco Vergara.

La propuesta de Vergara consistía en seguir por el valle del Lurín río arriba hasta Manchay y luego seguir al norte a través de terrenos blandos y valles cerrados, sin agua, para llegar al este de Lima por Ate (ver mapa de F. Machuca). Las tropas chilenas llegarían así a las espaldas de las defensas peruanas que, descolocadas, no opondrían una resistencia eficaz.

El plan tenía varias ventajas: evitaba un sangriento ataque frontal, tenía un gran efecto psicológico y facilitaba la captura de los vencidos.

Sin embargo, también existían problemas difíciles de solucionar. El camino no era expedito sino solo huellas en terrenos por los el transporte de cargas pesadas de artillería y bagajes solo podían ser hechas con gran esfuerzo, demora y quizás eran imposibles. Además, no había agua hasta llegar a Lima y en los valles era fácil para el ejército peruano detener la marcha de los expedicionarios en los valles cerrados que debían atravesar.

Finalmente, en un consejo de guerra efectuado el 11 de enero con la participación de Baquedano, José Francisco Vergara, todos los generales, los coroneles Velásquez, Lynch, Altamirano, Lira y el enviado presidencial Joquín Godoy, el estado mayor chileno decidió el ataque frontal. Se argumentó que la marcha directa de Lurín a San Juan era de 17 kilómetros, en cambio la envolvente por Ate era tres veces mayor por caminos arenosos, sin el apoyo de la escuadra, y en una línea muy extendida vulnerable a un ataque por los flancos.

Línea defensiva peruana

Conocido el desembarco chileno en Chilca, Nicolás de Piérola dispuso construir las líneas de defensa al sur de Lima, en San Juan y Miraflores, las que estuvieron bajo la asesoría del ingeniero alemán Máximo Gorbitz y el ingeniero peruano Felipe Arancivia. En el cerro San Cristóbal se construyó una fortaleza llamada "Ciudadela Piérola", encargada al marino Manuel Villavicencio.

La línea de San Juan, de 15 kilómetros de largo, se encontraba a 12 kilómetros de Lima y se extendía sobre las colinas descritas anteriormente. También se fortaleció las alturas del cerro Monterrico, aisladas de la línea de San Juan y de la de Miraflores, que debían repeler un posible ataque chileno según el plan de J. F. Vergara. Las defensas tenían parapetos, fosas y campo de tiro despejado de árboles y cercas que pudiesen cubrir a los atacantes: