La Sección Femenina (SF) fue la rama femenina del partido Falange Española de las JONS, y posteriormente de FET y de las JONS. La Sección Femenina fue constituida en Madrid en 1934, y llegó a funcionar durante cuarenta años, siendo disuelta tras la muerte de Francisco Franco y el consiguiente desmontaje del régimen dictatorial.

Fue dirigida desde su nacimiento hasta su liquidación por Pilar Primo de Rivera, hermana del fundador de Falange. Impregnada su jefa nacional de un ferviente catolicismo, la rama femenina de la Falange adoptaría las figuras de Isabel la Católica y santa Teresa de Jesús como modelos de conducta y símbolos de su acción. En su momento, la Sección Femenina llegó a tener un poder casi monopolístico al constituir el único órgano femenino de encuadramiento y acción que existía en la dictadura franquista.

Su papel era el de la formación y adoctrinamiento de las mujeres, siendo la propaganda y las comunicaciones unas de las tareas que según el falangismo eran consideradas femeninas. Este cometido estaba centrado principalmente en educar a las mujeres para mantenerse en el ámbito privado siendo madres y amas de casa, supeditadas al hombre y bajo una perspectiva ideológica fascista, católica y nacionalsindicalista.

Historia thumb|250px|Pilar Primo de Rivera (segunda por la derecha), participando en una reunión en la Alemania nazi (1941). La Sección Femenina fue organizada oficialmente el 12 de julio de 1934 como rama femenina del partido Falange Española de las JONS, e inspirada en otras organizaciones fascistas como la Fasci Femminili o la Liga Nacionalsocialista de Mujeres. La Falange había sido fundada un año antes por José Antonio Primo de Rivera, que situó a su hermana Pilar al frente de la organización. Durante la Segunda República española, las militantes de la Sección Femenina realizaron tareas de apoyo a la militancia masculina del partido, especialmente visitas a los presos de Falange y a sus familias, así como tareas de enlace entre los presos y la calle (mensajes, consignas, etc.). La organización tenía unas 2500 militantes hacia julio de 1936, más tarde pasaron a ser 400.000 integrantes hacia el 1938.

Durante la primera época las mujeres que se unieron a Falange procedían mayoritariamente de las clases media o alta, y lo hicieron desde una situación politizada y convencidas de su entrega al proyecto político falangista. Pese a la naturaleza misógina y antifeminista de la ideología fascista, se permitió a las mujeres entrar en política como algo puntual hasta que fuera derrocada la Segunda República.

Guerra civil thumb|250px|Voluntarias de la Sección Femenina en Zumaya, 1939. thumb|250px|Reparto de comida por mujeres de la SF. El estallido de la guerra civil supuso un importante impulso para la organización y se convirtió en la organización femenina más importante de todo el bando sublevado. Sus actividades aumentaron de forma considerable pasando a desempeñar un gran número de servicios: por ejemplo, dedicándose a prestar apoyo a las familias de los caídos del bando sublevado o a los presos del partido, confeccionando banderas y ropa y realizando actividades de proselitismo político. Fueron progresivamente adquiriendo protagonismo en la retaguardia de las poblaciones conquistadas por los sublevados, organizando la asistencia básica a la población (ranchos de comida para los niños, ropa, sanidad, reparto de cartillas de racionamiento, etc.) en competencia con el Auxilio Social, creado para estas funciones por Mercedes Sanz Bachiller.

En octubre de 1937 la SF organizó el Cuerpo de Damas Enfermeras Españolas, que contó con 8.000 mujeres voluntarias de servicio en hospitales militares, enviadas tras realizar un curso intensivo de formación especializada organizado por la Delegación Falangista de la Salud.

En enero de 1937 la SF celebró su primer Consejo Nacional, que empezó el día 6 y fue clausurado tres días después.

No obstante, en la zona sublevada existían otras agrupaciones femeninas además de la Falange, como las margaritas del movimiento carlista. La confirmación institucional le llegó a la Sección Femenina en 1937, tras el decreto de Unificación que estableció un partido único —falangistas y carlistas fueron unificados en FET y de las JONS— y la disolución de todos los demás movimientos políticos: la Sección femenina de Falange se convertía así en la única rama política de mujeres que existiría en la zona sublevada, absorbiendo también Auxilio social.

El decreto de unificación, sin embargo, no soterró los conflictos existentes entre las distintas facciones. Dentro de la Sección Femenina surgida tras la «unificación» existían tres corrientes que estaban en discordia entre sí: falangistas, jonsistas y carlistas. Las antiguas margaritas carlistas eran las que más resistencia mostraron a la integración, mientras que las camisas viejas constituían un auténtico ejército de reserva que, paradójicamente, disponían de menos poder que otros grupos dentro de la propia SF. Los servicios tanto en los hospitales de campaña como en los hospitales de retaguardia (la llamada Delegación de Asistencia a Frentes y Hospitales) quedaron bajo control de las antiguas margaritas, lo que provocó no pocos conflictos con otras militantes falangistas que se veían excluidas de ejercer servicios en este ámbito por parte de las margaritas. A pesar de estos problemas, la Sección Femenina atravesó un importante crecimiento durante la contienda. Si unos meses después del comienzo de la guerra civil la SF ya tenía unas 60 000 militantes, en abril de 1938 el número había aumentado hasta unas 400 000; un año después, en abril de 1939 (coincidiendo con el final de la contienda) la militancia había aumentado hasta alcanzar las alrededor de 900 000 miembros, lo que supuso su máximo histórico.

En 1938 se creó el Servicio Exterior de la SF durante el Segundo Consejo Nacional, bajo la dirección de María Josefa Villamata. Esta sección de la SF tenía el objetivo de coordinar y centralizar la ayuda que se recibía del exterior. Después de la guerra el Servicio Exterior siguió funcionando y se dedicó a organizar grupos de la Sección Femenina en el extranjero y a hacer propaganda y difusión política. Según sus documentos contaba con delegaciones en 30 países y unas 4000 afiliadas en el extranjero. Organizaba círculos culturales femeninos, los albergues internacionales de verano, organizaba viajes de Coros y Danzas, facilitaba la tramitación de becas y estableciendo lazos con asociaciones extranjeras y nacionales como el Instituto de Cultura Hispánica y la Dirección General de Relaciones Culturales, especialmente en América Latina y Filipinas. Las delegaciones extranjeras se prohibieron durante o después de la Segunda Guerra Mundial en la mayoría de países.

Hacia 1939 la SF había logrado establecer estrechos vínculos con la Alemania nazi y la Italia fascista; durante el periodo que duró la guerra varias delegaciones de la Sección Femenina realizaron tres viajes a Alemania y un viaje a Italia. A su vez, comitivas de las organizaciones femeninas nazis realizaron visitas de la España franquista. Reflejo de la cercanía con Alemania es el hecho de que dos jerarcas de la SF eran medio alemanas: Clara Stauffer y Carmen Werner Bolín.

Durante la contienda Primo de Rivera llegó a crear una oficina de Prensa y Propaganda de la Sección Femenina, a cargo de la simpatizante nazi Clara Stauffer.

Régimen franquista Tras el final de la Guerra civil, a finales de 1939 la estructura orgánica de la Sección Femenina fue reorganizada.El Decreto del 28 de diciembre de 1939 designó a Auxilio Social las labores de beneficencia y a la Sección Femenina la función de formación de las mujeres. Este decreto señalaba las funciones de SF en tres apartados: Movilización, encuadramiento y formación de la mujer; formación política y educación profesional de la mujer; y formación de hogar dentro de los centros dependientes del Estado.

Pilar Primo de Rivera organizó la estructura interna de la Sección Femenina dividiéndola en varias secciones, que se extendían también a otros organismos de FET y de las JONS. De todas ellas, las principales eran: Hermandad de la Ciudad y el Campo, Servicio Exterior, sección femenina del Sindicato Español Universitario y la rama femenina dentro del Frente de Juventudes. No obstante, la labor del Auxilio Social supuso algún que otro enfrentamiento con la Iglesia Católica. En enero de 1945, tras algunos enfrentamientos, logró arrebatarle al Frente de Juventudes su rama femenina y que esta pasase a integrarse en la Sección Femenina como una sección juvenil.

La rama femenina de Falange dispuso de ramificaciones en el exterior. En la Alemania nazi, la líder de la Sección Femenina fue Celia Giménez, personaje destacado en los círculos españoles en Berlín durante la Segunda Guerra Mundial, que ejerció como enfermera en un hospital alemán y llegó a realizar labores propagandísticas.

Cuando se creó la División Azul 146 mujeres de la Sección Femenina viajaron como enfermeras en el recién creado Cuerpo de Damas Auxiliares de Sanidad Militar, bajo la dirección de Mercedes Milá Nolla.

Franco llegó a ceder un monumento nacional, el castillo de la Mota de Medina del Campo (Valladolid), como sede central de la Sección Femenina. En 1939, tras el final de la contienda, Franco prometió restaurar el castillo y donarlo a la Sección Femenina para que fuese usado como centro de formación. Tras varios años de obras, el 29 de mayo de 1942 se produjo el acto de inauguración. Por ser su sede central, este constituyó el edificio más emblemático de la Sección Femenina, aunque durante los siguientes cuarenta años la organización acumuló un gran patrimonio de bienes inmuebles, prácticamente en todas las provincias españolas. Otro edificio emblemático que fue empleado por la Sección Femenina fue el Castillo-Palacio de Magalia, en Ávila.

En los primeros años del franquismo se consolidó su papel institucional, al serles encomendado el Auxilio Social —heredero del anterior Auxilio de Invierno— y sobre todo, el control exclusivo de la formación femenina, centrada sobre todo en la instrucción de las jóvenes para ser buenas patriotas, buenas cristianas y buenas esposas. El papel secundario y de sometimiento de la mujer respecto al varón fue recalcado con el paso de los años, y quedó explicitado por Pilar Primo de Rivera en el V Consejo Nacional celebrado en Barcelona en 1941: "Las Secciones Femeninas respecto a sus jefes tienen que tener una actitud de obediencia y subordinación absoluta. Como es siempre el papel de la mujer en la vida, de sumisión al hombre".

Por decreto del 28 de diciembre de 1939, Franco también les entregó el control exclusivo del Servicio Social de la Mujer, émulo fascista del servicio militar masculino. Este decreto también confiaba la formación de las mujeres a la SF, estuviesen o no afiliadas a la organización: aquellas que estuviesen afiliadas a la Sección Femenina recibirían una formación específica y de carácter «profesional», mientras que las no afiliadas recibirían esta «formación» a través del Servicio Social. Unos años después de su instauración, en 1941, 282 224 mujeres cumplieron el Servicio Social realizando distintas labores bien en el Auxilio Social o bien en otros ámbitos —como hospitales, escuelas, orfanatos, comedores infantiles o bibliotecas—. En fechas posteriores llegaron a realizar este servicio hasta un 90% de las mujeres que estaban obligadas a realizarlo.