Cristo crucificado es una obra realizada por la fundición Malingre hacia 1916. Está ubicado en el cementerio de San Francisco de Orense (Galicia, España).
Historia Manuel Malingre El panteón de la familia Malingre Lamas, en el que se encuentra la estatua de Cristo crucificado, alberga los restos del fundador de la fundición Malingre: Manuel Malingre Parmentier. Este empresario nació en 1834 en Souvret, un municipio de reducidas dimensiones ubicado en Charleroi (Henao, Bélgica):
El padre de Manuel, Casimiro, ejerció por un tiempo el oficio de fabricante de clavos, si bien, ante la decadencia que esta profesión comenzó a experimentar a finales del primer tercio del siglo , tomó la decisión de enfocar su negocio hacia la fundición de hierro, considerablemente más lucrativo y ya extensamente desarrollado en países como Francia y Gran Bretaña, este último más avanzado gracias a la industrialización, proceso que el país galo tardó en adoptar debido a la ausencia de una siderurgia potente, con la notable excepción de ciertos enclaves donde había talleres especializados en laminado y pudelado, situación que cambiaría con la llegada del ferrocarril. Tanto Casimiro como su hermano Emmanuel se trasladaron a Francia para trabajar en fundiciones de hierro, comenzando esta nueva andadura profesional en Alès, donde nacieron varios de sus hijos; Emmanuel, tras haber pasado varios años viviendo en dicho departamento francés, se mudó con su familia a España, concretamente a Barcelona, instalándose en el barrio de San Martín de Provensals, entonces una de las áreas más desarrolladas de la industria de Cataluña, hecho que deja patente el vínculo de la familia Malingre con la industria metalúrgica española con anterioridad a Manuel. Casimiro continuó viviendo en Alès, específicamente en el barrio de Brouzen, y trabajando en la fábrica Tamaris, en la que consta que ejercía de fundidor en 1849, laborando también en Aveyron para 1852, desde donde pasaría a Asturias para trabajar en la fábrica armamentística de Trubia. Manuel contrajo matrimonio con Inés Ludeña Álvarez-Laviada, natural de Gijón, cuando ambos contaban 22 años. La capital de Asturias vivía en aquel entonces un desarrollo considerable gracias a la inauguración del ferrocarril de Langreo y a la extracción de carbón en el Valle del Nalón, destacando particularmente la fundición La Begoñesa, fundada en 1857 por dos industriales belgas (Julio Kesler y Christian Frederix), la cual mantenía relaciones comerciales con empresas locales, una de ellas denominada Laviada y Cía., lo que podría implicar un nexo entre los Malingre y los Laviada. Tras la muerte de Inés en 1894, Manuel contrajo segundas nupcias en 1897 con Antonia Rodríguez Lage, joven que atendía uno de los molinos de harina propiedad de Parmentier en la parroquia orensana de La Loña, si bien Manuel no solo se dedicó a la empresa privada puesto que también intervino en política, iniciando su participación en 1873, año en que se produjo la proclamación de la Primera República española. Su primer cargo fue el de concejal del Ayuntamiento de Orense bajo la alcaldía de Cándido Cerreda Pérez; este periodo, el cual culminaría en 1874, trajo consigo extensas reformas en la capital tales como la inauguración de la escuela gratuita para adultos. La carrera política de Parmentier se vería interrumpida con motivo de la alta inestabilidad política, no regresando a su puesto de concejal hasta 1885, año a partir del cual seguirá en el ayuntamiento de forma continuada hasta 1889, volviendo en 1895 para retirarse en 1901 y vivir completamente retirado de la vida pública hasta su deceso en 1916.
Origen Se desconoce tanto el año como el nombre del artífice del panteón, aunque lo más probable es que el mismo se erigiese en torno a 1916 por ser este el año de la muerte de Parmentier. No obstante, cabe también la posibilidad de que la tumba no fuese construida con motivo del deceso de Manuel sino años antes, pues el fundador de la fundición podría haber levantado su túmulo mucho antes de su fallecimiento con el fin de poder ver cómo sería su lugar de reposo final, si bien, en caso de ser esta hipótesis cierta, lo más plausible es que se preocupase de construir el panteón después de 1896, año en que se jubiló y dejó la fundición en manos de sus herederos, o quizá con posterioridad a 1901, cuando abandonó el mundo de la política y se retiró de la vida pública para vivir en el práctico anonimato, pues habría dispuesto de tiempo suficiente no solo para el contrato de esta obra sino para supervisar la misma, pues en calidad de fundador de una de las industrias más importantes de Orense, dedicada en parte al ornato de espacios públicos, tal vez habría querido asegurarse de que su túmulo reunía las mínimas condiciones de respetabilidad así como un nivel artístico acorde a su estatus, siendo 1915 una fecha altamente probable ya que el 9 de marzo de dicho año otorgó testamento ante notario. Sin embargo, la simpleza ornamental del panteón pone en duda la intervención de Parmentier y plantea la tesis de que la tumba pudo haber sido encargada por sus descendientes con el único fin de dotar a la sepultura de las características artísticas suficientes como para albergar los restos de Manuel con la dignidad exigida en la rígida sociedad de comienzos del siglo . Teniendo en cuenta que la franja temporal más probable para fechar el panteón es el periodo 1896-1916, lo más probable es que este último año sea en torno al cual se llevó a cabo la construcción al ser Manuel el primer miembro de la familia Malingre que recibió sepultura en este túmulo, pues en caso de que el padre de Parmentier hubiese sido enterrado en esta tumba, la misma habría tenido que ser levantada en torno a 1857 ya que su deceso se produjo el 25 de noviembre de dicho año. Puesto que lo más plausible es que la tumba date de aproximadamente 1916, tanto la verja que la rodea como la escultura de Cristo crucificado muy probablemente se fechan en torno a este año, marcando su instalación casi con toda seguridad el fin de las obras, que pese a ser de autoría anónima, casi con total certeza fueron acometidas por algún cantero local no necesariamente de renombre dada la sencillez de la labor de talla, más funcional que artística.
Debido a que la estatua fue facturada por Malingre, la misma no llegó a tener precio de venta alguno más allá de los costes de fabricación ya que el receptor de la pieza era el propio fabricante, caso contrario a la labor de tallado de la piedra del panteón, cuyo precio sin embargo se desconoce debido a la inexistencia del contrato de obra. Cabe destacar que en torno a 1916 la fundición tenía a sus espaldas más de cuarenta años de historia además de ser entonces una de las empresas más potentes de toda la provincia, si bien la industria era mayormente conocida en la época por la creación de maquinaria y piezas artísticas más enfocadas a la funcionalidad que a la estética, como tapas de alcantarilla, jarrones, farolas, etc., aunque hay constancia de que la compañía facturó lápidas conmemorativas, verjas y cruces al menos entre finales del siglo y comienzos del . Aunque no se conoce el precio pagado por el sepulcro, sí se puede estimar la cantidad desembolsada por el terreno donde se levantó el panteón; para 1902 cada metro cuadrado de la zona más exclusiva del cementerio se vendía a perpetuidad por 100 pesetas, una cifra elevada que denotaba la especulación llevada a cabo por el ayuntamiento mediante la compra de parcelas de labranza por escaso valor para ampliar la necrópolis y su reventa por cuantías muy superiores que suponían la obtención de generosas plusvalías, por lo que el terreno donde se asienta el panteón, de aproximadamente 3 m², habría costado en torno a 300 pesetas ya que se encuentra en una zona que para comienzos del siglo debía de ser considerada de primer nivel dada su excelente ubicación, próximo al mausoleo de Ruperto García, el más grande y lujoso del cementerio, y a gran distancia del área reservada para enterramientos civiles, entonces socialmente denostados por el hecho de estar reservados para suicidas y no católicos.
Vicisitudes thumb|Garita principal del antiguo Cuartel de San Francisco (anterior a 1987). Claustro de San Francisco de Orense. Cabe destacar que la estatua corrió riesgo de ser robada e incluso destruida poco antes de la guerra civil, durante la Segunda República española, pues el Ángel adorador, ubicado en el tejado del mausoleo de la familia Ferro Martínez y realizado en hierro fundido al igual que el Cristo crucificado, fue sustraído poco antes del estallido de la contienda, siendo el hurto advertido supuestamente por los enterradores cuando al llegar al camposanto notaron la falta de la escultura; tras descubrirse a los autores del robo mientras huían con la pieza en un carro tirado por vacas, se les indicó que si la devolvían a su lugar no se tomarían acciones legales, a lo que los ladrones accedieron. Se desconoce el motivo por el que se produjo el robo de esta obra, aunque resulta probable que los ladrones se la llevasen con el fin de venderla ya que el comprador podía obtener grandes beneficios al fundirla y destinar el material a otros menesteres, como la fabricación de piezas de cerrajería o cocinas, entonces muy demandadas, resultando desconcertante a su vez el hecho de que no se llevasen en su lugar el Cristo crucificado, pues el mismo se hallaba entonces y ahora en un lugar mucho más accesible ya que, a diferencia de la estatua del ángel, no corona ninguna estructura sino que se encuentra emplazado casi al nivel del suelo. De igual modo, tanto esta como las demás obras de la necrópolis estuvieron a punto de ser retiradas del lugar, y por tanto, de tal vez perderse para siempre a finales del siglo cuando en 1998 se planteó el cierre del cementerio debido al estado de abandono en el que se encontraba, si bien el poeta José Ángel Valente logró evitar la clausura y desmantelamiento del recinto, quedando el mismo definitivamente protegido tras ser declarado Bien de Interés Cultural el 11 de febrero de 2000. Cabe reseñar que durante más de un siglo el Ejército ocupó el cercano Claustro de San Francisco, originalmente parte del desaparecido Convento de San Francisco y reconvertido en 1843 en cuartel a causa de la desamortización, pasando a denominarse Cuartel de San Francisco hasta 1987, año en que el mismo cesó sus operaciones militares. Durante décadas fue costumbre que, en las guardias nocturnas, los centinelas efectuasen disparos contra la escultura del Ángel adorador, ya fuese por diversión o porque tal vez, a causa de la escasez de luz, la confundían en ocasiones con un asaltante ya que al ser de tamaño natural y estar dispuesta sobre un tejado podía ser tomada fácilmente por un intruso, siendo habitual también que los guardias disparasen contra cualquier sombra que advirtiesen o cuando las ramas de los árboles eran sacudidas por el viento, de modo que varias de las otras estatuas del camposanto, incluido el Cristo crucificado, pudieron haber sufrido idénticas agresiones puesto que algunas presentan desperfectos consistentes con impactos de bala, como el Ángel pensativo en el panteón de la familia Rodríguez Vilanova, obra de Victorio Macho, si bien la escultura del panteón de los Malingre Lamas no parece mostrar evidencias de disparos.
Autoría Fundición Malingre