El Jardín Botánico de Medellín «Joaquín Antonio Uribe», es una fundación privada sin ánimo de lucro que toma su nombre en honor al naturalista antioqueño Joaquín Antonio Uribe. Se encuentra ubicado en la comuna 4 Aranjuez del distrito de Medellín. Tiene un área de . Cuenta con una colección viva de más de 1000 especies y 4500 individuos. Este complejo incluye el patio de las azaleas, el edificio científico, el orquideorama, la entrada principal, el teatro Suramericana, la casa de las mariposas, un estacionamiento y un centro de comidas.
Reconocido por su labor en investigación y conservación de la flora, el jardín botánico es una entidad emblemática del Valle de Aburrá. En 1985, recibió la distinción de Patrimonio cultural de Medellín y se integró a la Red internacional de jardines para la conservación, trabajando en conjunto con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Fondo Mundial para la Naturaleza y Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
Es centro de una amplia variedad de actividades recreativas, culturales, educativas, deportivas y sociales, facilitadas por su estructura que incluye espacios abiertos, semiabiertos y cerrados. Este lugar se erige como un centro propicio para la interacción con la naturaleza. Además de la diversidad de espacios, es crucial resaltar su accesibilidad, ya que se localiza en una zona de alta concurrencia y relevancia cultural, próxima a la estación Universidad del metro de Medellín, Parque Explora, Universidad de Antioquia, Cementerio Museo San Pedro, Planetario de Medellín, Parque de los Deseos, Casa de la Música, Parque Norte y Casa Museo Maestro Pedro Nel Gómez. Esto permite la creación de espacios de convivencia al exterior, favoreciendo una conexión más fluida con el entorno urbano.
Historia
Los baños del Edén
La fundación del jardín botánico de Medellín se sitúa a finales del , cuando los terrenos que actualmente ocupa empezaron a ser utilizados con un enfoque recreativo, en un establecimiento conocido en ese tiempo como la casa de baños El Edén. Esta propiedad fue inicialmente de don Víctor Arango y posteriormente fue adquirida por las hermanas Emilia y Mercedes Arango P., quienes eran «solteras, mayores de edad y vecinas de este distrito», tal como se menciona en una escritura pública.
La finca se alquilaba a familias de una ciudad que en aquel entonces tenía 40000 habitantes. Era una especie de «estadero», similar a los actuales, que se consideraba un centro de recreo, donde las familias acudían para disfrutar de los baños y degustar la gastronomía popular. Un documento de la biblioteca del actual jardín botánico relata que «los caballeros de la Villa llegaban en coche o a caballo por el camellón de Bolívar o por la carretera del norte, para disfrutar de sus copas con mujeres bellas y generosas, conversar, hacer negocios y establecer alianzas matrimoniales».
Otros documentos compilados por Carlos Mejía Gutiérrez, miembro de la Academia Antioqueña de Historia, ofrecen una visión de la vida social en torno al baño: «La casa de baños El Edén, que se encontraba en el lugar que hoy ocupa el Bosque de la Independencia, disponía de aguas puras y abundantes que surgían de las colinas cercanas de Campo Valdés. En aquel entonces, era propiedad de don Víctor Arango y fue administrada por otros, como José María Arango, quien intentó sin éxito producir las primeras bebidas gaseosas que precedieron a las de Posada Tobón en los últimos años del ».
El Edén comenzó a experimentar un descenso en su popularidad cuando se prolongó la línea del tranvía hasta Bermejal, lo que dio lugar a la creación de establecimientos que atrajeron a los antiguos visitantes de la casa de baños. En ese contexto, se empezaba a gestar una nueva fase en la historia de este espacio.
Bosque de la Independencia izquierda|miniatura|400px|Lago del Bosque de la Independencia, Benjamín de la Calle. Archivo fotográfico de la Biblioteca Pública Piloto, Medellín
Durante los primeros años del , se acercaba el primer centenario de la Independencia de Antioquia. Con el objetivo de conmemorar esta fecha de manera significativa, la región, guiada por sus organizaciones civiles y estatales más prominentes, se organizó para llevar a cabo una celebración inolvidable. Después de un extenso proceso de trámites y reflexiones, así como de otros eventos que también conmemoraron el aniversario, la Junta Organizadora de la Celebración del Centenario y la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín lograron que el gobierno nacional, presidido por Carlos E. Restrepo, aprobara un apoyo económico de $15000 pesos colombianos. De esta cantidad, $5000 pesos se destinaron a los gastos de la celebración y $10000 se transfirieron a la Sociedad de Mejoras Públicas para la compra de un terreno destinado a la creación de un nuevo bosque en Medellín.
Este lugar fue diseñado no solo como un parque de diversiones, sino también como un pulmón que salvaguardara las especies botánicas locales. Según se detalla en un escrito del libro Cien años haciendo Historia de la SMP, el propósito no fue la conservación de un bosque preexistente, sino la creación de un bosque frondoso y compacto a partir de un área de pastoreo.
Los relatos de la época indican que Ricardo Greiffenstein, en su calidad de presidente de la Sociedad de Mejoras Públicas, se lanzó sin dilación a la tarea de encontrar un lote que permitiera la realización del proyecto. Después de analizar varias posibilidades, decidió que la finca El Edén era la opción más idónea, debido a su gran tamaño y a la riqueza de sus fuentes de agua. Así, se llevó a cabo rápidamente la negociación con las hermanas Arango.
Junto a otros personajes, los nombres de Ricardo Greiffenstein y Leocadio Arango sobresalen en el esfuerzo por hacer realidad ese ideal. Las adversidades fueron numerosas y diversas, pero, al mismo tiempo, comienzan a manifestarse los resultados. En este contexto, el 11 de agosto de 1913 se crea el «Bosque Centenario de la Independencia,» que luego adoptó el nombre de «Bosque de la Independencia» y, finalmente, se conoce simplemente como «El Bosque».
La parcela inicial, que más tarde pasó a ser administrada por el municipio de Medellín, se vio complementada por la compra o donación de terrenos y fincas adyacentes por individuos, formando así un área considerable. De este modo, el lugar volvió a ser el núcleo de la actividad recreativa en la ciudad. Relatos de aquel tiempo indican que allí se fundó el primer hipódromo de Medellín, el cual disponía de una pista doble para las carreras de caballos. Se creó un lago aprovechando las aguas disponibles, permitiendo a los visitantes pasear en barcas. Cerca de este lago, se levantó un edificio que albergaba un bar, un restaurante y una pista de baile. En lo que hoy se conoce como el Salón Restrepo, había una pista de patinaje. El Bosque de la Independencia también ofrecía un vivero, canchas de tenis, un trenecito, áreas de juegos infantiles, un zoológico en sus inicios y un servicio de venta de perros y gatos como mascotas.
derecha|miniatura|450px|Lago del Bosque de la Independencia, 1948.
Las historias se expandieron y se inscribieron en la memoria de los habitantes de aquel tiempo. El Bosque se transformó en el escenario de las festividades patrias, siendo sede de competencias náuticas y de pesca, así como de carreras de «encostalados» y concursos con premios en vara. Este lugar se convirtió en el centro de retretas y de representaciones teatrales o folclóricas que se llevaban a cabo en la época en que existía la concha acústica. La ciudad en su totalidad se encontraba en este sitio, que desde entonces fue considerado un auténtico espacio público, al que acudían tanto familias de alta capacidad económica como trabajadores y obreros. Mientras los niños disfrutaban de paseos en «burritas», los adultos se dedicaban a otras diversiones, como el baile que comenzaba a la una o dos de la tarde y se prolongaba hasta el anochecer.
Desde su fundación en 1913 hasta aproximadamente 1963, medio siglo, el Bosque de la Independencia fue un lugar de recreo para los habitantes de Medellín. Sin embargo, con el paso del tiempo, comenzó a declinar, en parte debido al surgimiento de «casas de citas», prostíbulos, en sus cercanías, lo que provocó una crisis en el área. No obstante, sus 235000 varas de extensión, que equivalen a 1181.86 kilómetros; habían sido uno de los espacios más apreciados de la ciudad. Un relato de la época, que se encuentra en la biblioteca actual, señala que «se puede asegurar sin temor a equivocarse que es el mejor paseo de la ciudad y el lugar donde se está más a gusto, porque allí se sana el espíritu de las preocupaciones y el organismo descansa de la asfixia a la que está sometido en el centro urbano, donde se sufre de la más lamentable falta de jardines públicos y paseos arbolados».
Jardín botánico miniatura|250px|Lago del jardín botánico.
A mediados de 1968, se alcanzó un punto de inflexión que marcó el inicio de una nueva etapa. En esos días, la señora Elena Baraya, presidente de la Sociedad Colombiana de Orquideología, regresó de Australia con una noticia sorprendente: Medellín sería la sede de la VII Conferencia Mundial dedicada a este asunto.
Este evento sirvió como el impulso inicial para un proceso que llevó a una reforma sustancial del Bosque de la Independencia. Con este fin, se unieron la Sociedad de Mejoras Públicas, la Sociedad Colombiana de Orquideología, el municipio de Medellín y el Club de Jardinería de Medellín. Juntos, crearon una fundación privada sin ánimo de lucro, que estableció el jardín botánico Joaquín Antonio Uribe, en homenaje al renombrado naturalista antioqueño.
La nueva institución fue inaugurada el 19 de abril de 1972, en el marco de la VII Conferencia Mundial de Orquideología. Este evento se erige como un punto de inflexión en la historia de la ciudad, ya que Medellín se convirtió en el epicentro para 62 delegaciones, tanto nacionales como internacionales, de 16 países, que se dieron cita para presentar las orquídeas más bellas del mundo.
Así, con un comienzo favorable, se dio inicio a la historia del jardín botánico. La nueva entidad se fijó como meta el fomento y desarrollo de las ciencias naturales, especialmente la botánica, a través de la investigación y conservación de la flora. También se propuso establecer condiciones que favorecieran la educación ambiental y la exhibición de la flora colombiana, convirtiéndose en un atractivo turístico y ecológico relevante para la ciudad, además de ser un espacio adecuado para la realización de diversos eventos culturales y educativos. En mayo de 1979, fue declarado Pabellón de Flora y se unió al antiguo Sistema de Parques Nacionales, actualmente conocido como Sistema Nacional Ambiental.
Reconstrucción
Después de sufrir una severa crisis económica que afectó de manera drástica las colecciones, la infraestructura y la operación general del Jardín, la institución comenzó un nuevo periodo. El 1 de marzo de 2005, con el apoyo del entonces alcalde de Medellín, Sergio Fajardo Valderrama, se lanzó el Proyecto de renovación total de la entidad. El respaldo proporcionado por la Junta Directiva, la llegada de una nueva dirección y la integración de un equipo de trabajo que combinó personal valioso ya existente con nuevos integrantes entusiastas, hicieron posible la conceptualización y el desarrollo de las metas de un plan de contingencia, que se implementó simultáneamente con un proceso de transformación física e institucional.