La arqueología de barcos, arqueología náutica o arqueología naval es el campo de la arqueología que investiga las embarcaciones antiguas, abarcando aspectos técnicos, metodológicos, históricos, culturales y evolutivos. A veces se habla de «arqueología de embarcaciones» dado que no son solo objeto de estudio los grandes navíos sino también embarcaciones de menor tamaño, como las de pesca, de remo y de pala, de vela menores, y embarcaciones lacustres y fluviales adaptadas a este tipo de entornos. miniaturadeimagen|288x288px|Diagrama de las disciplinas de la arqueología marina y campos relacionados. La arqueología naval se considera una rama de la arqueología marina (el estudio de la interacción humana con los mares, lagos y ríos en un contexto arqueológico más amplio, no solo náutico), y, a su vez, abarca el campo de la arqueología de los naufragios, que supone una parte principal de la investigación de los restos navieros.https://www.google.de/books/edition/Encyclopedia_of_Ocean_Sciences/z2-SDwAAQBAJ Aunque muchas veces se usan como sinónimos o de forma intercambiable, la arqueología naval estudia la tecnología, el diseño y la evolución de la construcción naviera, mientras que la investigación de los naufragios se centra también en el momento del hundimiento, la vida a bordo y el comercio a través del cargamento conservado en las ruinas.

Ámbitos de estudio La arqueología de barcos incluye los siguientes temas y ámbitos de estudio:

Arqueología de los naufragios: El estudio y la exploración de los pecios, y de los naufragios en general. Al tratarse sobre todo de vestigios que reposan en el lecho marino, suele combinar técnicas de arqueología subacuática (como el submarinismo y el trato con materiales conservados en entornos de agua salada o dulce) con estudios náuticos, navieros y de historia marítima. Por norma general, también incluyen casos de autohundimiento (hundimientos intencionados, técnicamente no siendo naufragios), que afrontan los mismos desafíos técnicos que supone la investigación submarina. Por otra parte, también se estudian restos de naufragios que a la hora de su descubrimiento se encuentran en aguas poco profundas o en tierra firme (por el retroceso o secado de las aguas debido a actividades humanas o fenómenos naturales). Las embarcaciones de tamaño menores que aparecen cerca de las costas o riberas como consecuencia de la retirada o bajada del nivel del agua en cuerpos de agua menores, suelen ser rescatadas y transportadas a laboratorios para su investigación (y luego exhibición en museos). Sin embargo, el elemento central y más reconocible de la arqueología de naufragios sigue siendo los pecios inamovibles, que sirven como yacimientos arqueológicos permanentes en las profundidades de las aguas. No todos los pecios son accesibles, y muchos se investigan empleando soluciones modernas, tanto mediante el empleo de sumergibles no tripulados como tecnologías desplegadas desde la superficie o en profundidades más adaptadas para el buceo. El naufragio más profundo que se ha localizado es el USS Samuel B. Roberts, que yace a una profundidad de 6865 metros, en el mar de Filipinas; mientras que el hallazgo más profundo explorado por buzos autónomos pertenece al Jolanda, en el mar Rojo, a unos 205 metros de profundidad (la nave en sí está a 145-160 metros bajo la superficie). Teóricamente, expediciones humanas podrían alcanzar algo más de 300 metros de profundidad, pero trabajarían en condiciones extremas que requerirían una preparación no al alcance de la mayoría de buzos. A su vez, muchos pecios se encuentran a poca profundidad (entre pocas decenas y varios metros bajo la superficie), siendo frecuentados, entre otros, por buceadores recreativos. Muchos se convierten en arrecifes de coral y atraen a numerosas especies marinas. Embarcaciones abandonadas: El abandono intencionado de buques es una práctica milenaria que se debe a distintos motivos, como el fin de la vida útil de la embarcación o cambios en las condiciones y características de parajes como bahías, ríos y lagos. En este segundo caso, se trata muchas veces de embarcaciones que quedaron sepultadas en antiguos puertos, marismas o cauces de ríos que se secaron con el tiempo, sin haber sufrido un naufragio trágico. Esta rama investiga más allá de la estructura y características de la nave y su tripulación, también los cambios climáticos, naturales y medioambientales que se han producido con el tiempo y que han afectado la interacción humana con los medios marinos. Al tratarse muchas veces de un entorno terrestre, se emplean métodos arqueológicos tradicionales, que pueden incluir la prospección de la superficie, el cribado (o tamizado) y en algunos casos la excavación. Por otro lado, se estudian embarcaciones históricas abandonadas tras haber alcanzado en fin de su vida servible (como alternativa menos costosa al autohundimiento y al desguace). Aunque la práctica de abandono de barcos se sigue practicando en la actualidad, siendo una rama de la arqueología, la investigación se centra siempre en embarcaciones y aspectos históricos. Estudio de barcos enterrados: Trata de las embarcaciones históricas enterradas en tierra firme de forma intencionada y organizada, mayormente con fines ceremoniales (rituales y funerarios). Combina la arqueología de barcos con campos como la arqueología funeraria y la antropología de la muerte. Incluye especializaciones en culturas concretas, como la vikinga y la del Antiguo Egipto. En estas civilizaciones, el uso de barcos funcionales para el entierro (no solo réplicas ornamentales) ofrece la posibilidad de ahondar en el estudio de las embarcaciones usadas en estas épocas para la navegación marítima y fluvial. Estructuras portuarias: Siempre y cuando guardan relación directa con la construcción y reparación de los barcos. Se encuentran en antiguos astilleros y muelles, y pueden incluir, a modo de ejemplo, las naves de atarazana (y su contenido), piezas de embarcaciones, rampas de lanzamiento y herramientas de construcción que arrojan luz sobre la fabricación y reparación de los barcos a lo largo de la historia. Cabe destacar que el estudio más amplio de estos entornos, como la arquitectura de los puertos, su dinámica y la interacción humana con el mar a través de los oficios allí ejercidos, son parte de la arqueología marina en general, pero no de la arqueología naval, que se centra en el estudio de las embarcaciones. Restos en iconografía y textos: La exploración arqueológica y estudio de representaciones de embarcaciones en pinturas, monedas, relieves y documentos escritos antiguos. Se consideran hallazgos que contribuyen considerablemente a disciplinas como historia naval, historia del comercio marítimo, y demás campos relacionados. Arqueología experimental: La reconstrucción y navegación de réplicas exactas para entender la tecnología del pasado. Muchas veces se basa en evidencias documentales, yendo de la mano con la investigación a partir de textos e iconografía, y otras veces se trata de recreaciones a partir de hallazgos arqueológicos físicos, que pueden proporcionar la base fáctica para el proceso de construcción de una embarcación de características (idealmente) idénticas a la original. Evolución constructiva: Estudio de las técnicas de carpintería de ribera y los cambios en el diseño naval a través de manuales, restos conservados en diques secos y piezas reutilizadas en construcciones.

Ejemplos por tipología

Quizá el más famoso en la actualidad es el pecio del RMS Titanic, el transatlántico naufragado en 1912 tras chocar con un iceberg en el Atlántico norte. Sus restos se encuentran a 3821 metros de profundidad, divididos en dos grandes secciones (proa y popa) separados por unos 600 metros de distancia. Desde su descubrimiento en 1985, ha sido objeto de numerosas expediciones arqueológicas y se han extraído más de 5500 objetos (partes de la estructura, vajilla, ropa y efectos personales). Se han usado sonares, magnetómetros y fotogrametría en 3D para crear un mapa arqueológico digital que detalla la posición de cada pieza en el lecho marino. También se han realizado estudios de degradación, sobre todo la corrosión microbiana como elemento clave en la descomposición del casco de acero y las placas de hierro; y se han monitoreado daños estructurales, evaluando el deterioro físico de la nave en función del tiempo y documentando el colapso de algunas secciones, como una parte de su famosa barandilla de proa.

En términos de la arqueología clásica, entre los más emblemáticos destaca el pecio de Anticitera, hundido en el frente a las costas de la isla Anticitera (Grecia). Fue descubierto en 1900 a unos escasos 45 metros de profundidad. Su gran notoriedad se debe al hallazgo del fragmento de un dispositivo tecnológico notablemente avanzado para la época —el mecanismo de Anticitera— considerado la computadora analógica más antigua de la historia y utilizado para predecir posiciones astronómicas y eclipses. El barco transportaba además elaboradas estatuas de bronce y mármol, joyas, cristalería y monedas que reflejan el comercio de la época romana, todos ellos formando un hallazgo arqueológico de gran valor histórico.

A su vez, el pecio de Dokós, datado entre y (período heládico), es considerado el sitio de un naufragio más antiguo jamás hallado (tanto submarino como en general), famoso por su enorme cargamento de cerámica intacta, que forma la totalidad del hallazgo. Descubierto en 1975 (y excavado a gran escala a principios de los años noventa), ha sobrevivido a la nave, cuya estructura de madera se habría deshecho por completo a lo largo de los milenios. Por norma general, las cargas perdidas en el océano no forman necesariamente parte de la arqueología naval (en todo caso, de la marítima), salvo cuando forma parte del lugar de un naufragio, como en este caso, constatado tanto por la disposición de las piezas (la distribución tridimensional de artefactos pesados funciona como un «molde» del casco desaparecido) como por las dos masivas anclas de piedra halladas en el lugar, que han dado pie a una investigación de la evolución de la arquitectura y el equipamiento naval en la Edad del Bronce.

Se trata de lugares en las profundidades marinas que reúnen a varias embarcaciones, hundidas en un evento concreto (normalmente de un conflicto bélico naval) o a lo largo del tiempo (sitios peligrosos para la navegación). En el caso de la guerra naval, la mayoría de estos parajes se encuentran frente a las costas de ciudades que fueron objetivo de los ataques. Las aguas del Báltico frente a la costa de Copenhague, Dinamarca, por ejemplo, concentran a numerosos pecios medievales, resultado tanto de naufragios (como es el caso del Svælget 2, la mayor coca medieval jamás encontrada y posiblemente la mayor construida), como de acciones deliberadas con el objetivo de bloquear la salida del puerto (como los hundimientos de barcos de bloqueo realizados por los hanseáticos en la guerra contra la Unión de Kalmar).

Los cementerios submarinos pueden encontrarse a grandes profundidades o en aguas poco profundas. Un famoso ejemplo de cementerio de barcos en las profundidades marinas se encuentra en el mar Negro, donde durante un proyecto de arqueología submarina se descubrió a decenas de pecios con un muy buen nivel de conservación (entre los hallazgos se encuentran remos y detalles de carga intactos). El lugar guarda más de 2500 años de historia naval, abarcando épocas del Imperio bizantino, el Imperio otomano y civilizaciones de la Antigua Grecia. Los restos descansan a más de 150 metros bajo la superficie acuática; a esta profundidad escasean la luz y el oxígeno, lo que impide la proliferación de ciertos organismos marinos que normalmente se alimentan de la madera.