Felipe de Rábago y Terán (Tresabuela, 12 de mayo de 1722-después de 1769) fue un militar español que ejerció como capitán de dos presidios de la frontera septentrional del Virreinato de Nueva España, en el territorio de la actual Texas. Mandó primero el presidio de San Francisco Xavier de Gigedo, entre 1751 y 1752, y después el de San Luis de las Amarillas, más conocido como presidio de San Sabá, entre 1760 y 1769. Durante este segundo destino reconstruyó en piedra la fortificación, ordenó reconocimientos hacia los ríos Concho y Pecos y sostuvo el establecimiento de dos misiones para los apaches lipanes.

Su trayectoria quedó marcada por los asesinatos cometidos en la misión de Candelaria en 1752. Fue acusado de estar implicado, perdió el mando y permaneció sometido a investigación durante años, pero en 1760 el procedimiento fue anulado y recuperó el servicio. Las interpretaciones sobre el episodio han cambiado: una tradición historiográfica muy crítica dio paso, desde comienzos del siglo , a estudios que revisaron el expediente judicial y el contexto político sin considerar resuelta la autoría material o intelectual de los crímenes.

Origen y nombramiento

Rábago nació en Tresabuela, en la actual Cantabria, el 12 de mayo de 1722. El expediente conservado por el Portal de Archivos Españoles confirma su lugar de origen y su posterior condición de capitán comandante del presidio de San Sabá. Antes de su primer destino había reunido capital mediante el comercio entre Ciudad de México y Zacatecas, pero no consta una carrera castrense regular. La documentación estudiada por Allan J. Kuethe y José Manuel Serrano Álvarez sitúa su nombramiento en marzo de 1750 y lo presenta como un caso poco corriente de designación directamente respaldada desde la corte para un puesto remoto.

El virrey formalizó el 11 de marzo de 1751 su nombramiento como capitán del recién creado presidio de San Francisco Xavier de Gigedo, próximo a las misiones franciscanas del río San Gabriel. Debía reclutar y mandar cincuenta soldados, proteger los establecimientos y promover un asentamiento estable. Llegó a la zona en diciembre de 1751 y, durante las primeras semanas de 1752, inspeccionó las misiones y propuso trasladarlas hacia el río San Marcos. La insalubridad del paraje y las dificultades de abastecimiento eran problemas reales, pero la iniciativa abrió una disputa sobre la autoridad militar, la disciplina de la tropa y el control cotidiano de los poblados misionales.

San Xavier y el proceso de 1752

miniatura|izquierda|La destrucción de la misión de San Sabá, atribuida a José de Páez, hacia 1758-1765. El ataque representado ocurrió en 1758, antes de que Rábago asumiera el mando del presidio.

La fricción con los franciscanos se agravó con las denuncias sobre la conducta de los soldados y con la pretensión del capitán de subordinar la actividad misional a las necesidades del presidio. El 19 de febrero de 1752 se dictó una excomunión temporal contra la guarnición; Rábago cumplió la penitencia y fue absuelto antes del 1 de marzo. La secuencia es relevante porque la sanción eclesiástica había terminado más de dos meses antes de los crímenes que desencadenaron su caída.

El 11 de mayo de 1752 fueron asesinados en la misión de Nuestra Señora de la Candelaria el franciscano Juan José de Ganzábal y el soldado Juan José Ceballos. Rábago comunicó los hechos al virrey cuatro días después. Las sospechas se dirigieron contra él por sus enfrentamientos previos, por declaraciones de testigos y por las relaciones de dependencia existentes dentro de la guarnición. Fue apartado del mando y quedó detenido mientras se instruía una causa extensa y cambiante. La presentación contemporánea de fray Mariano Francisco de los Dolores, publicada en una edición documental moderna, formuló una acusación abiertamente hostil; los editores advierten que debe leerse como el testimonio de una parte enfrentada al capitán. El catálogo de PARES conserva la descripción del expediente sobre los desórdenes y delitos investigados en San Xavier.

La causa no produjo una condena firme. En 1759 se permitió a Rábago salir bajo una fianza de 4000 pesos y recurrir en Ciudad de México. El 7 de junio de 1760 las actuaciones fueron invalidadas y quedó libre de los cargos, lo que hizo posible su vuelta al servicio. Esa resolución cerró el proceso administrativo y penal, pero no demuestra por sí sola qué responsabilidad tuvo en los hechos. Los estudios de 2007 y 2024 discrepan sobre el valor de las declaraciones inculpatorias: el primero mantuvo una lectura muy severa, mientras que el segundo subrayó las coacciones a testigos, la irregularidad procesal y el choque entre autoridades civiles y religiosas.

Mando en San Sabá

Reconstrucción del presidio

miniatura|Detalle del mapa de la frontera septentrional elaborado por José de Urrutia y Nicolás de la Fora en 1769, con la localización de San Sabá.

El 7 de junio de 1760, el mismo día en que terminó su causa, Rábago fue elegido para sustituir a Diego Ortiz Parrilla al frente del presidio de San Luis de las Amarillas. El puesto, levantado en 1757 junto al río San Sabá, había quedado aislado después de la destrucción de la cercana misión de Santa Cruz de San Sabá por una coalición indígena el 16 de marzo de 1758. En su apogeo, entre 1758 y 1763, fue el presidio de mayor guarnición y coste de Texas y una pieza de la política española frente al comercio y la influencia francesa en el norte de la provincia.

Rábago llegó el 30 de septiembre de 1760 y tomó posesión al día siguiente. Sustituyó la empalizada de madera por un recinto rectangular de piedra y mortero, protegido por bastiones y un foso. Los trabajos comenzaron a finales de 1760, ocuparon la mayor parte de 1761 y pudieron prolongarse hasta 1762. La nueva obra recibió el nombre de Real Presidio de San Sabá. Además de su función defensiva, servía como base de patrullas y como punto de distribución de víveres, animales y municiones en un territorio donde las distancias y la irregularidad de los suministros condicionaban cualquier operación.

miniatura|izquierda|Acceso actual a la reconstrucción parcial del presidio de San Sabá. Los muros visibles no son la fábrica original del siglo .

El capitán impulsó varios reconocimientos hacia el oeste. En uno de ellos se exploró el corredor del Concho y su enlace con la cuenca del Colorado; en otra salida, realizada en 1761 con cuarenta hombres durante veinticuatro días, la partida alcanzó el Pecos. Estas marchas buscaban conocer los desplazamientos de los apaches, localizar rutas y recursos hídricos y proyectar la presencia española más allá del presidio. No fueron campañas de ocupación permanente, pero ampliaron la información geográfica disponible para la administración fronteriza.

Misiones para los apaches lipanes

Rábago defendió la creación de establecimientos para los apaches lipanes fuera de San Sabá. El 23 de enero de 1762 se fundó la misión de San Lorenzo de la Santa Cruz, junto al río Nueces, con una escolta de veinte soldados. El 6 de febrero se abrió más al sur Nuestra Señora de la Candelaria del Cañón, atendida por el misionero Diego Jiménez y protegida por otros diez. En pocos días se reunieron centenares de lipanes, aunque su presencia fue inestable y las autoridades no concedieron a las fundaciones un respaldo duradero.

miniatura|Sitio de la misión de San Lorenzo de la Santa Cruz, establecida en 1762 con apoyo financiero y militar de Rábago.

El proyecto combinaba evangelización, diplomacia y seguridad: las autoridades esperaban fijar a grupos lipanes en torno a las misiones y reducir sus incursiones, mientras que estos podían utilizarlas como refugio y punto de aprovisionamiento frente a sus adversarios del norte. La diferencia de objetivos dificultó la permanencia. Rábago sostuvo los establecimientos con tropa, ganado y fondos; la investigación de Kuethe y Serrano calcula que desembolsó más de 12 000 pesos de sus propios recursos. San Lorenzo sobrevivió a ataques y penurias durante varios años, mientras que Candelaria tuvo una existencia más precaria.

Inspección de Rubí y traslado

El marqués de Rubí inspeccionó San Sabá el 27 de julio de 1767 durante su revista general de los presidios de la frontera. Encontró una posición costosa, aislada y difícil de abastecer. Sus recomendaciones formaban parte de una reforma más amplia que pretendía reducir y reorganizar la línea defensiva novohispana. La visita no cerró inmediatamente el puesto, pero confirmó que su emplazamiento era insostenible en los términos en que había funcionado hasta entonces.

En junio de 1768 Rábago retiró la guarnición de San Sabá sin esperar una autorización definitiva y la trasladó a San Lorenzo, adonde llegó el día 22. La medida acercaba los soldados a la misión y a mejores recursos, pero contravenía las órdenes que mantenían formalmente el presidio en su lugar. El 1 de abril de 1769 fue sustituido por Manuel Antonio de Oca y Alemán. La guarnición abandonó definitivamente San Lorenzo en 1771, y la reorganización posterior eliminó el papel que San Sabá había desempeñado como avanzada septentrional.

Últimos años

Las noticias sobre el final de Rábago son contradictorias. Una versión antigua, todavía reproducida por algunas obras de consulta, situó su muerte en San Luis Potosí en julio de 1769. La edición revisada de Spanish Texas descartó esa noticia: documentó que alcanzó Ciudad de México, ingresó en la Orden de Santiago y concluyó que probablemente murió en la capital en 1770. El expediente de pruebas para su admisión en la orden permanece en el Archivo Histórico Nacional.

Kuethe y Serrano propusieron en 2024 otra reconstrucción, según la cual regresó a España y dispuso la creación de un mayorazgo en el entorno de Cádiz. Al no haberse localizado una partida de defunción que resuelva la discrepancia, solo es seguro que seguía vivo después de dejar el mando en abril de 1769. Por esa razón, las fechas y lugares más precisos deben considerarse hipótesis historiográficas.

Interpretaciones historiográficas

La imagen de Rábago estuvo dominada durante mucho tiempo por el relato del franciscano Juan Agustín Morfi, quien lo presentó como responsable de la degradación de las misiones de San Xavier. Buena parte de la historiografía del siglo mantuvo ese juicio y leyó su rehabilitación de 1760 como resultado de influencias políticas. El artículo de Donald E. Chipman y Luis López Elizondo de 2007 aportó nueva documentación biográfica y corrigió varios datos, aunque conservó una valoración muy crítica de su conducta en 1752.

El estudio de Kuethe y Serrano de 2024 amplió el marco de análisis. Los autores relacionaron el conflicto con el avance de una administración borbónica más militarizada y regalista, revisaron las declaraciones obtenidas durante la causa y plantearon que Rábago pudo haber sufrido una prolongada persecución institucional. También destacaron su aprendizaje como comandante, la reconstrucción de San Sabá, las expediciones y la inversión realizada en las misiones del Nueces. Esta reevaluación no elimina las acusaciones contemporáneas ni establece quién ordenó los asesinatos; muestra, en cambio, que el expediente admite interpretaciones distintas y que su actuación posterior no puede reducirse al escándalo de San Xavier.

Conservación documental y material

La documentación sobre sus mandos se encuentra dispersa entre el Archivo General de Indias, el Archivo Histórico Nacional, el Archivo General de la Nación de México y colecciones texanas. El Briscoe Center for American History conserva correspondencia y expedientes relativos a San Sabá y a la administración virreinal entre 1760 y 1769.